En la Capilla de la Virgen de los Reyes de la catedral de Sevilla, junto a los restos del rey Fernando III el Santo (1217-1252), se encuentra dentro de una urna, desde 1979, la espada Lobera que perteneció a dicho rey.  La tradición atribuye a esta espada poderes mágicos y dice que perteneció al conde de Castilla Fernán González. Existe otra espada, también llamada Lobera e igualmente atribuida a Fernando III el Santo, custodiada por Patrimonio Nacional en la Armería de Palacio Real de Madrid.

El famoso infante y escritor medieval castellano don Juan Manuel cuenta en su Libro de armas como Fernando III, en su lecho de muerte, daba como única herencia al infante don Manuel (padre de don Juan Manuel) dicha espada:

«Fijo, vos sodes el postrero fijo que yo hobe de la Reina Doña Beatriz, que fue muy sancta et muy buena mugier, et sé que vos amaba mucho. Otrosí, mas non vos puedo dar heredat ninguna….. mas dovos la mi espada Lobera, que es cosa de muy grant virtud et con que me fizo Dios a mi mucho bien».

La espada estaba en manos de don Juan Manuel el 29 de agosto de 1326 en la victoria castellana sobre las tropas del reino de Granada de la batalla de Guadalhorce. En un momento dado de la batalla, consigna la Crónica de Alfonso XI que ante la delicada situación castellana en retaguardia, el hermanastro de don Juan, don Sancho Manuel de Castilla, tomó la espada Lobera y pronunció una oración antes de entablar combate.

Asimismo, en 1340, en la batalla del Salado, el infante volvió a empuñar el arma, tal y como cuenta la misma crónica:

«Entonces el Rey envió decir a Don Joan, fijo del infante Don Manuel, con un caballero, que po que no pasaban él e los de la delantera el río. Et un escudero que decían Garci Jufre Tenoryo, fijo del Almirante que mataron los moros en la flota, et era vasallo del Rey et iba en la delantera, dixo a este Don Joan que la su espada lobera, que el dicía que era la virtud, que más debía hacer en aquel día».

Por otro lado, según disposición del rey Alfonso X, hijo de Fernando III, desde 1255, cada año, el día 23 de noviembre, en conmemoración de la reconquista de la ciudad de Sevilla en 1248, se saca en procesión la espada en manos del alcalde de la ciudad empuñándola por la punta pues sólo un rey puede hacerlo por la empuñadura.

Todos los años el 23 de noviembre se celebra una procesión cívica por las gradas y las naves catedralicias donde esta espada es portada por el Alcalde o Intendente de la ciudad, mientras el concejal más joven portal una réplica del Pendón de San Fernando. En esta procesión, que culmina con un solemne Te Deum ante el altar mayor de la Catedral de Sevilla, el Deán porta bajo palio el relicario que contiene las reliquias de San Clemente, en recuerdo de que en la festividad de dicho santo fue reconquistada la ciudad de Sevilla a los musulmanes.

San Fernando III en procesión por Sevilla

San Fernando III en procesión por Sevilla

Por lo tanto nos encontramos que aunque en la historia y en las tradiciones que han llegado hasta nosotros sólo se habla de una espada Lobera, realmente al menos hubo dos. Una pasó a la familia del infante don Juan Manuel y se mantuvo en su linaje hasta que el el siglo XV pasó  a manos de la Armería de Segovia de los Reyes Católicos y se han conservado hoy en día en la Real Armería de Madrid.

La otra espada Lobera sería la que Alfonso X depositó en el sepulcro de su padre Fernando III y que ha permanecido allí desde entonces.

¿La espada Lobera de Fernán González?

Lo que nos atañe de esta historia es su atribución legendaria al conde de Castilla Fernán González. Se cuenta que el rey Fernando III, en su juventud, acudió al monasterio de San Pedro de Cardeña, donde se hallaba el sepulcro del conde castellano (sic) y obtuvo su espada. Esta noticia es recogida por el obispo de Pamplona, Prudencio de Sandoval, y por fray Gonzalo de Arredondo. Y así lo dice también Francisco de Berganza en su obra Antigüedades de España sobre la historia del monasterio publicada en 1719:

«estando el Santo Rey para ir á la conquista de Sevilla, determinó llevar la espada y el guión de nuestro conde, confiado en que por estos medios Dios le había de entregar la ciudad de Sevilla y le había de dar victoria contra los moros.»

Como podemos ver son datos tardíos de escritores de los siglos XVII y XVIII por lo que no existe mucho fundamento histórico. Además, se cita que el sepulcro estaba en San Pedro de Cardeña cuando en realidad se encontraba en el monasterio de San Pedro de Arlanza. Desde el siglo XIX, en el que Enrique de Leguina y Vidal, barón de la Vega de la Hoz, escribió su obra Espadas históricas (1898) se sabe que la espada que se conserva en Sevilla no es del siglo X1. Lo mismo se puede decir de la conservada en Madrid: Ambas son del siglo XIII luego ninguna pudo pertenecer al conde Fernán González.

Las dos espadas llamadas Lobera

El origen de su nombre no está muy claro. Se discute si es un nombre propio o bien es el nombre un tipo de espada llamada así porque se llevaba con una vestimenta llamada loba o bien porque era una espada de caza.

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Espada Lobera de Fernando III de la Real Armería de Madrid. Sig. G-21

Espada Lobera de Fernando III de la Real Armería de Madrid. Sig. G-21

 

 

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La espada Lobera de Sevilla es de tipo de cruz, con arriaz recto y dimensiones aproximadas de 975 mm de longitud por 160 mm de anchura. Se puede encontrar una completa descripción en el siguiente artículo: La Espada de Fernando III el Santo de María Isabel Herráez Martín.

Al igual que la anterior, parece ser un arma del siglo XIII con adiciones posteriores y podría bien ser la que colocó Alfonso X en el sepulcro de su padre. La espada ha sido restaurada en varias ocasiones, una de ellas en 1454 por el espadero Juan de Talavera. Se puede consultar toda su historia en el libro Espadas Históricas2.

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Simbología y taumaturgia de la espada Lobera de Sevilla

Fernando III aparece representado, en varias ocasiones, con ella en la mano derecha en lugar del cetro, símbolo del poder real y habitual en otros retratos de monarcas. En la mano izquierda lleva el globo celeste con una cruz, alegoría del universo cristiano.

retrato de Fernando III el Santo

Retrato de Fernando III el Santo

A la espada Lobera se le han atribuido todo tipo de poderes. Ya en la descripción de la capilla de 1345 se dice que “e los que quieren guarecer del mal que tienen, besan en aquella espada y son guaridos”. Se creía que hacía invencible a todo aquel que la portara, y en este sentido la utilizó Fernando de Antequera contra los musulmanes en Zahara el 1 de septiembre de 1407, y luego, victorioso, en solemne procesión por las calles de Sevilla hasta la catedral, la devolvió a las propias manos del rey santo. Volvió a hacerlo en 1410 para la conquista de Antequera.

Otra espada atribuida a Fernán González

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Espada atribuida a Fernán González de Garcí Vargas

 

 

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Para liar aún más las cosas: en este artículo de Luciano Huidobro y Serna nos habla de otra espada conservada en la Biblioteca Colombina de la catedral de Sevilla y que es atribuida también a Fernán González. Es una espada de acero, sencilla, larga, estrecha y puntiaguda.

Esta espada fue llevada por Garcí Pérez de Vargas durante la conquista de la ciudad de Sevilla. A su lado dice que existe una nota con la siguientes redondillas:

De Fernán González fui

De quien recibí el valor,

Y no adquirí menor.

De un Vargas a quien serví.

Soy la octava maravilla

en cortar moras gargantas.

No sabré yo decir cuántas;

Más sé que gané a Sevilla.

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1. Leguina y Vidal, Enrique de: Espada históricas (1898), pág. 99

2. Se puede consultar en línea en https://archive.org/details/espadashistrica00hozgoog