La exhumación de una veintena de tumbas de la necrópolis del yacimiento de ‘El Picacho’, en Olmos de Peñafiel, está arrojando una inesperada luz sobre un periodo histórico aún oscuro en Castilla y León. Tradicionalmente se ha creído que el valle del Duero sufrió un proceso de despoblación a partir del siglo VII y sobre todo tras la invasión musulmana en el VIII, pero los análisis de carbono 14 realizados a los restos óseos de tres individuos revelan la persistencia de enterramientos en este paraje vallisoletano precisamente en esa época y hasta el siglo IX. «No hay un abandono de la población», subraya el medievalista Iñaki Martín Viso, director del grupo de investigación de la Universidad de Salamanca (USAL) que ha datado los huesos.

La teoría de la despoblación de la meseta del Duero se remonta al siglo XIX en Portugal, pero cobró fuerza a mediados del siglo XX cuando el reputado medievalista Claudio Sánchez Albornoz dio forma a la idea basándose en la lectura de antiguos textos como las crónicas asturianas escritas a finales del siglo IX. Según estos relatos, toda esta zona estaba despoblada antes de ser ocupada por los reyes asturianos y pasar a formar parte del reino asturiano, que después se convertiría en asturleonés. «La idea se popularizó mucho porque de alguna manera venía a subrayar un nuevo punto de partida de Castilla, que era el epítome de España y que además se realizaba a través de la presencia de pequeños propietarios libres», explica Martín Viso antes de recordar que Sánchez Albornoz era un liberal en un sentido decimonónico del término que llegó a ser presidente de la República en el exilio y que defendió una idea política donde también los pequeños propietarios agrarios constituían un elemento fundamental.

A partir de los años 60 y 70, estos planteamientos comenzaron a ponerse en duda con las aportaciones que realizó el prestigioso filólogo e historiador Ramón Menéndez Pidal sobre esos textos, continúa explicando el profesor titular de Historia Medieval de la USAL. Se llevó a cabo entonces una lectura más contextual de dichas crónicas, escritas para justificar la expansión del reino de Asturias, y se planteó la idea de una colonización del territorio llevada a cabo desde el norte. Según esta hipótesis, tras la conquista musulmana y el abandono de los bereberes en el 742 se mantuvo una población en el lugar, aunque en un estado primitivo y la posterior colonización asturiana transformó la sociedad.

Colapso y regeneración política

«Nosotros vamos más allá. En los últimos 20 años diversos investigadores hemos ido elaborando teorías que plantean directamente la presencia de población, sin colonización. Yo expongo en algunos trabajos que podríamos entender estos procesos que se abren en los siglos VIII y IX en la meseta del Duero en términos de colapso y de regeneración política», explica el medievalista de la USAL.

Colapso, porque se perdió la complejidad social que antiguamente existía y las élites perdieron poder. Sin embargo, las comunidades locales, los campesinos, se vieron mucho menos afectados en estos tiempos convulsos. A juicio de Martín Viso, la situación que se vivió en la meseta del Duero podría compararse con otros casos altomedievales, como lo que sucedió en Britania tras los romanos o incluso a escala más global, con el fin del mundo maya clásico o lo que ocurrió en las sociedades del Próximo Oriente al final del Bronce, con la invasión de los pueblos del mar.

Este historiador no cree que hubiera una llegada masiva de pobladores desde el norte. «Lo que hay es una llegada del poder político, el asturiano, con Alfonso III y sus sucesores», remarca. Este territorio sin autoridad central pasó a formar parte de un reino y la sociedad local cambió. Martín Viso resume estos complicados procesos políticos con una imagen fácil de entender: «Estas gentes jugaban en los siglos VIII y IX en Regional y cuando llegan los asturianos empiezan a jugar en Primera».

Un yacimiento clave

De forma fortuita, El Picacho ha confirmado con pruebas materiales esta permanencia de población en esos siglos aún poco conocidos. La iniciativa de excavar este yacimiento surgió del Ayuntamiento de Olmos de Peñafiel, que tenía interés por conocer qué había en ese lugar donde la tradición ubicaba una antigua ermita. La intervención arqueológica realizada por el grupo Red Cultural y financiada por la Junta de Castilla y León descubrió la necrópolis de un asentamiento cuya ubicación se desconoce. «Es muy probable que se encuentre en la propia localidad de Olmos de Peñafiel», apunta Martín Viso. Los investigadores pretenden ahora ampliar las excavaciones y realizar una amplia prospección en la zona para verificar si están en lo cierto.

Yacimiento de El Picacho
Yacimiento de El Picacho (vista aérea)

Este antiguo cementerio se encuentra en un cerrete sobre la localidad vallisoletana, en una localización significativa que pudo tener un carácter simbólico. «Es un lugar muy visible, donde puede que hubiera una pequeña edificación que podría ser una iglesia», indica el medievalista de la Universidad de Salamanca. Precisamente en la época en la que se han datado los restos óseos aparecieron las primeras iglesias dentro de asentamientos rurales, que se convirtieron en focos de identidad de las poblaciones. Los huecos de poste descubiertos en el lugar apuntan a la antigua existencia de una pequeña iglesia construida con materiales perecederos, pero sería necesario continuar investigando el lugar para corroborarlo.

Al grupo que dirige Martín Viso también le gustaría contar con el apoyo económico de la Junta de Castilla y León para llevar a cabo análisis de isótopos sobre los restos óseos exhumados. Estos estudios serán claves para conocer la dieta de los fallecidos y saber si eran poblaciones autóctonas o venidas de otros lugares.

A juicio de este experto de la Universidad de Salamanca, ‘El Picacho’ puede ser un yacimiento clave que ayude a resolver el problema histórico al que se enfrentan los historiadores cuando estudian la Alta Edad Media en Castilla y León. «Hemos desechado la idea de la despoblación, pero necesitamos saber más sobre las poblaciones que habitaron esta región tras la conquista islámica de 711 y la mal llamada repoblación. ‘El Picacho’ nos acerca a unas sociedades hasta ahora muy poco visibles».

Martín Viso remarca el interés por abandonar clichés historiográficos y conocer cómo se vivía en la meseta del Duero en esos siglos. «Precisamente se habla de despoblación porque no vemos lo que estamos acostumbrados a ver: a las elites que construyen edificaciones monumentales o disponen de archivos documentales. No vemos a la población que no tiene esos recursos y probablemente en esos siglos es lo que hay. No tenemos otro estrato que ése».

«Vamos a conocer mejor a esos grupos -añade- y ver esos procesos que nos interesan mucho de cómo se crea la identidad local a partir de la construcción de iglesias o de las necrópolis, lugares de memoria, de recuerdo, un punto de anclaje de una comunidad».