El viernes 9 de agosto concluyó la sexta campaña de excavaciones en el yacimiento altomedieval de Revenga (Burgos) que se ha centrado en los espacios dedicados a la producción, la elaboración de cerámica, los talleres y el trabajo con hierro.

Se ha excavado en una zona de unos diez metros cuadrados y se ha delimitado ese espacio de trabajo en el que los moradores del poblado generaban los materiales, instrumentos y herramientas para su abastecimiento. Es un espacio rodeado por las viviendas, ha explicado Karen Álvaro, una de las investigadoras y directora de la excavación, que arrancó en el año 2014.

Karen Álvaro recuerda que el yacimiento de Revenga es singular pues muestra el hábitat del mundo rural no romano, cómo vivían poblados periféricos al margen de los circuitos romanos, de Clunia o incluso del cenobio de San Pedro de Arlanza. El asentamiento de Revenga funcionaba de manera autónoma, se dedicaban a la explotación del bosque, a la agricultura y la ganadería y producían su propia cerámica y sus utensilios.

De ahí la importancia de ahondar en el conocimiento de esa zona destinada a la producción, en la que se han encontrado restos cerámicos y algunos de hierro, como clavos. Se ha podido definir un taller y se ha excavado para sacar a la luz un horno, que ya había aparecido el pasado año. También se ha descubierto una covacha, un especie de casa o construcción baja y humilde, pero derrumbada y que se estudiará en próximas campañas pues este año ya no ha dado tiempo.

La investigación llevada a cabo hasta ahora ha permitido saber que el asentamiento estuvo ocupado desde el siglo V hasta el siglo XIII, cuando sus moradores se marcharon a Canicosa, Quintanar y Regumiel. «Tenemos todo el eje cronológico para ver la evolución», lo que hace también más complicado la datación con precisión y encontrar los límites entre las fases de asentamiento.

La gente vivió y produjo allí desde un primer momento y fue construyendo sobre construcciones existentes y reutilizando materiales, así que los límites a veces están difusos. Los restos cerámicos, los materiales metálicos, los restos vegetales o la tierra ayudan en las labores de datación y, lo que no se puede concretar sobre el terreno, se hace en los laboratorios para poder saber si una determinada construcción corresponde al siglo V, VI o VII, que es la época en la que se enmarca el trabajo actual.

El yacimiento de Revenga y su excavación

El yacimiento de Revenga ocupa una extensión de dos hectáreas. La necrópolis rupestre se recuperó en una primera fase. Lo que hace excepcional al yacimiento es precisamente la existencia de ese poblado anexo a la necrópolis que ayuda a llenar un vacío histórico, el de los pobladores altomedievales de asentamientos periféricos al mundo romano.

Se tiene información sobre las necrópolis, pero no sobre el mundo de los vivos, así que este proyecto está ayudado a dar a conocer a la gente invisible de la historia. De ahí su relevancia científica y el hecho de que el yacimiento se haya convertido en un foco de referencia en investigación en el ámbito internacional. Científicamente es muy conocido, pero no tanto en el ámbito divulgativo.

El proyecto de excavaciones está liderado por la Universidad de Barcelona, a la que pertenece Karen Álvaro, y cuenta con un presupuesto de unos 10.000 euros, que financia la Junta de Castilla y León, la Diputación de Burgos y el Comunero de Revenga. Se realizan campañas de entre 10 y 15 días y, en esta ocasión, se ha contado con dos alumnos que están realizando sus tesis y otros diez en prácticas, más las investigadoras titulares.