La Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua (ILCYL) ha culminado los trabajos de edición del Fuero de Brañosera (Estudio y edición crítica), documento considerado la primera carta puebla de España.

Fechado en el año 824, constituye uno de los escasos, antiguos y completos testimonios existentes relacionados con la repoblación castellana altomedieval y con el origen de la organización municipal española actual.

Una de las principales conclusiones académicas de esta publicación sitúa a Palencia como eje clave en los orígenes del español. “El fuero de Brañosera tiene un puesto de honor para el estudio del nacimiento del romance castellano en la provincia de Palencia, aspecto contemplado por primera vez en esta edición con carácter monográfico”, subraya en la introducción el paleógrafo y diplomatista José Manuel Ruiz Asencio (Universidad de Valladolid), coordinador de la edición junto al historiador del Derecho Félix Martínez Llorente (Universidad de Valladolid) y los filólogos José Antonio Bartol (Universidad de Salamanca) y José Ramón Morala (Universidad de León).

Se trata de un documento muy antiguo que trata esencialmente de la repoblación de una zona de la montaña palentina con la llegada de cinco familias traídas por el conde Munio Núñez y a las que se concede una tierra para vivir, además de exenciones militares y económicas, como no tener que hacer vigilancia en la frontera con los moros o pagar unos tributos medidos, asumibles. El fuero de Brañosera no tiene todavía naturaleza de carta de municipalidad, pero es su embrión y constituye una pieza clave en el estudio de la familia condal castellana por la rama materna de Fernán González.

El documento lo dio a conocer por primera vez en 1615 el obispo Prudencio de Sandoval, benedictino, emparentado con el Duque de Lerma. Lo halló en un viejo pergamino del siglo XII, escrito en visigótica, que se encontraba en el archivo del Monasterio de San Pedro de Arlanza.

Hasta el siglo XX no se dudó de la autenticidad esencial de la carta puebla. Pero gracias al desarrollo de la ciencia diplomática –representada por el francés Lucien Barrau-Dihigo– y los avances en el conocimiento de la historia del Derecho medieval español –Sánchez-Albornoz, García Gallo, Martínez Díez– se ha podido determinar que el fuero de Brañosera no ha llegado a nosotros en su estado primigenio, sino que ha sufrido varias interpolaciones literarias que no afectan al contenido esencial.

Se conocen cuatro ediciones del fuero: Prudencio de Sandoval (año 1615); José Antonio Llorente (1807); Luciano Serrano (1925) y Gonzalo Martínez Díez (2005)– que han servido a los estudiosos de cada período para profundizar en el conocimiento del documento.