Para la mayoría de los madrileños la Sierra de Madrid es ese lugar cercano al que ir los fines de semana a relajarse, a descansar, aprovechando su amplia oferta de alojamientos rurales con encanto.

Pero las sierras del norte de Madrid, las de Somosierra y Guadarrama, fueron durante siglos, entre mediados del siglo VIII y el 1085, la frontera real entre los dominios de musulmanes y cristianos.

Por esta razón se creó una sistema de atalayas que permitía vigilar y alertar de las incursiones cristianas contra los dominios andalusíes de la actual provincia de Madrid.

Las atalayas complementaban la labor de las alcazabas como las que presumiblemente existían en Buitrago de Lozoya, Uceda (ya en la provincia de Guadalajara), Manzanares el Real, Madrid, Torrejón de Ardoz y Alcalá de Henares (aunque los castillos que hoy en día se conservan son construidos tras la Reconquista).

El principal impulsor de esta infraestructura defensiva fue el emir omeya Muhammad I. De Este a Oeste podemos intuir una línea de atalayas que impedían el paso hacia Talamanca y Madrid, las ciudades más importantes de la zona.

A grandes rasgos existían tres caminos para atravesar el Sistema Central: el que cruzaba por el actual puerto de Somosierra; otro que lo hacia a través de Segovia por el puerto de la Fuenfría; y el camino principal, el Balat Humayd o Balathomé, que unía Toledo con Simancas, pasando por Colmenarejo, Guadarrama y, ya en la sierra de Guadarrama, por la Venta de Tablada (Fayy Humayd) para descender por los bosques de El Espinar.

Las atalayas musulmanas comparten características constructivas. Son torres cilíndricas con muros de mampostería y acceso por encima del nivel del suelo. Se construían alejadas de los núcleos de población y en cotas superiores a los 800 metros, altura suficiente para controlar fácilmente el entorno. La distancia entre una y otra no era grande para que fuese posible la comunicación entre ellas en caso de observar peligro en la zona. Cuando esto ocurría, se ponía en marcha un sistema de alerta con señales ópticas: fuego por la noche y humo o el reflejo de espejos por el día.

Un primer grupo de atalayas parece articulado en torno a la localidad de Talamanca del Jarama, hito militar de importancia en la época, al mismo nivel que Madrid. Talamanca fue el objetivo de numerosas acometidas cristianas entre los siglos IX y XI. Hoy en día, de su muralla de época musulmana se conservan solo dos lienzos el oeste, y dos torreones de planta cuadrada en las puertas sur y oeste, además de la puerta de la Tostonera.

Las atalayas de esta zona serían, de este a oeste, las siguientes. La atalaya del Torritón o Torreotón en el término municipal Torremocha del Jarama. Se localiza dentro de la finca conocida como Casa de Oficios, a unos dos kilómetros al sur de la población en el paraje denominado El Castillo, aunque también se le conoce como La Granja o Torritón que está a la orilla del río Jarama.

A continuación se encuentra la atalaya de Torrepedrera o de El Berrueco se encuentra en lo alto de un cerro de más de 1.000 metros de altitud dentro del término municipal de El Berrueco, junto a la carretera que conduce al embalse de El Atazar. Declarada Bien de Interés Cultural en 1983, ha sido restaurada por completo y es utilizada por el servicio forestal contra incendios. Destaca por el uso en su construcción de piedra de tipo pedernal, prácticamente sin desbastar, y tiene como otras torres de la zona un ligero perfil troncocónico.

Es de planta circular, con un diámetro de 3,3 m, un perímetro de 19,24 m, una altura de 9 m y un espesor del muro de 1,5 m. El primer piso está relleno, y al segundo, a unos 2,25 m de altura, para dificultar el acceso al enemigo, se accede hoy día fácilmente por una escalerilla de manos.

Atalaya de Torrepedrera o de El Berrueco (Madrid)
Atalaya de Torrepedrera o de El Berrueco (Madrid)

La tercera del recorrido es la atalaya de Arrebatacapas, en del municipio de Torrelaguna. Situada en un bonito entorno natural, no es posible acercarse completamente a ella, pues se encuentra vallada. Es la mejor conservada y la de mayor altura.

De estructura cilíndrica aunque con una leve tendencia tronco-cónica, consta de un perímetro exterior de 19 m y una altura aproximada de 13 m, aunque en la actualidad presenta uno o dos menos debido a su estado de ruina.

Está construida con hiladas de mampostería y argamasa mezclada con piedras para rellenar las rocas.

La única entrada está ubicada a unos 2,5 m del suelo. El interior estaba dividido en tres pisos separados por un suelo de madera con un hueco en el que estaba situada una escalera de mano.

Atalaya de Arrebatacapas en Torrelaguna (Madrid)
Atalaya de Arrebatacapas en Torrelaguna (Madrid)

La cuarta es la atalaya de Venturada que se encuentra en la carretera que conduce a la Urbanización de Cotos de Monterrey, en el mencionado municipio de Venturada. Es una torre de mampostería, con pocos vanos, de planta circular de 5,7 metros de diámetro y de una altura aproximada de 9,1.

Atalaya de Venturada (Madrid)
Atalaya de Venturada (Madrid)

Algo más al sur, en está la atalaya de El Vellón. Es una construcción de piedra, planta circular de 6,3 metros de diámetro y una altura aproximada de 9,2 metros.

Atalaya de El Vellón (Madrid)
Atalaya de El Vellón (Madrid)

Por último, en este primer grupo, las más meridional sería la atalaya de El Molar. La original está desaparecida y en su lugar existe un puesto moderno de observación.

El segundo grupo de atalayas defendía la parte occidental. Se conservan solo dos atalayas. La atalaya de del Collado de la Torrecilla en Hoyo de Manzanares y la atalaya de Torrelodones.

De la primera quedan solo algunos vestigios y se localiza dentro del campo de maniobras de la Academia del Cuerpo de Ingenieros de Hoyo de Manzanares.

La segunda, situada en una mole granítica a orillas de la A-6 fue muy restaurada en 1928. Actualmente es propiedad del Ayuntamiento.

Atalaya de Torrelodones (Madrid)
Atalaya de Torrelodones (Madrid)

Como vemos, el norte de Madrid tiene otros alicientes para ser visitado. Más allá de lujos como sus coquetas casas rurales o los hoteles con jacuzzi en la Sierra de Madrid, la zona merece también una visita por su legado histórico de época altomedieval.