No todas las campañas de Almanzor se dirigieron contra los reinos cristianos del norte. Almanzor también se afanaba en mantener el protectorado que el califato de Córdoba ejercía sobre los bereberes del actual Marruecos. Ya había ordenado una campaña entre septiembre del 979 y enero del 980 para combatir a los ziríes. Según el Dikr:

La vigésimocuarta fue la campaña de Algeciras.

En el año 75 se sometió el país de los Masmuda, en la otra orilla, a al-Mansur.

En esta ocasión, como en la anterior Almanzor se desplazó a Algeciras en agosto del 985 y desde allí envió a su primo a combatir la rebelión del idrisí Al-Hassan ben al-Qassim Gannun.

La rebelión de Al-Hassan ben al-Qassim Gannun (984-985), el último emir idrisí

Al-Hassan ben al-Qassim Gannun era un emir idrisí que dominaba en Arcila y al-Basra y se había rebelado en varias ocasiones contra el califa al-Hakam II y fue obligado a exiliarse en el 975/976 por el háyib Ya’afar al-Mushafí para así asegurar la sucesión de Hisham II. Los fatimíes de Egipto le acogieron y le prometieron su apoyo para recuperar sus posesiones en el Magreb,​ a cambio de que se sometiese a la autoridad religiosa del califa fatimí.​

En el 984, regresó al Magreb protegido por los fatimíes y ziríes y recuperó efímeramente el poder —proclamándose incluso califa— antes de caer derrotado a manos del general omeya enviado por Córdoba en agosto.​ El califa fatimí al-Aziz había favorecido su regreso desde Egipto al Magreb para librarse de los idrisíes y sus partidarios, que consideraba peligrosos.​

Al-Hassan ben al-Qasim Gannum obtuvo el apoyo de Buluggin ben Ziri, quien había sido derrotado por las tropas de Almanzor en el 979. Pero Buluggin falleció repentinamente y su hijo y sucesor al-Mansur no prestó al apoyo prometido por su padre al rebelde. En consecuencia, no logró apenas apoyos y su revuelta fue un fracaso. Se refugió en la fortaleza inexpugnable, al-Aqlam con sus escasos partidarios.

Almanzor envió a su hijo ‘Abd Allah y a Muhammad ben Ahmad ben Yabir como encargados del dinero y a su primo Abu-l-Hakam ‘Amr ben ‘Abd Allah ben Abi ‘Amir, llamado ‘Askalaya, como responsable militar. Tras desembarcar en Ceuta, ‘Askalaya se unió con Zirí ben ‘Atiyya y con los Banu Jazar de los bereberes magrawa y fueron a combatir a al-Hassan ben Gannum.

Hassan, asediado, pidió el perdón y ‘Askalaya se lo concedió. El rebelde fue llevado a Córdoba pero allí Almanzor no quiso ratificar el perdón concedido por su primo. Escogió a un grupo de su guardia y ordenó que saliesen al encuentro del prisionero y lo matasen. Así lo cuenta el Majafir:

Lo encontraron en las proximidades de la segunda posta; lo apartaron del camino y le cortaron la cabeza; enterraron su cuerpo y se llevaron la cabeza. Contó quien fue testigo de su muerte que un viento huracanado se abatió de repente sobre ellos, tirándoles de bruces y arrancando la ropa de sus cuerpos. Se llevó el fardo de Hassan y no lo pudieron encontrar después. Se oscureció el horizonte sobre ellos hasta que llegaron a temer por sus vidas. El lugar de la muerte de Hassan es conocido hasta hoy, y este relato de ha conservado entre ellos. Su muerte tuvo lugar en yumada I del año 375.

Poco después, en yumada II de se mismo año, Almanzor también ordenó ejecutar a su primo ‘Askalaya.