Artículo de Ricardo Romaniega García

La reciente película de Akelarre (con 9 nominaciones a los Goya 2021) o la ya mítica Las brujas de Zugarramurdi de Alex de la Iglesia (2013) han resucitado en lo últimos años el interés por las brujas en nuestro país y el trato que se hizo de ellas en la Edad Moderna. En 2021 se celebra el cuarto centenario de un proceso casi desconocido pero relevante en la historia de Castilla y sus brujas, íntimamente relacionado con el archiconocido Proceso de Zugarramurdi donde destaca la figura de Alonso de Salazar y Frías que el mismo denominó como la Tragedia de Pancorbo.

En el aniversario de este hito histórico nos acercaremos a conocer un poco más sobre este relevante proceso de brujería, sus consecuencias, el porqué de su controversia y conoceremos más a fondo la figura de Alonso de Salazar y Frías, un burgalés protagonista de Zugarramurdi y Pancorbo que cambio el concepto de la brujería en la España del siglo XVII.

La conocida como Tragedia de Pancorbo aconteció en 1621, cuando ocho personas fueron ajusticiadas por brujería en la localidad por el poder civil. Hasta aquí parece un proceso más como los que tenemos en nuestro imaginario de la típica quema de brujas que hizo la tan “malvada” Inquisición. Pero si decimos que esta institución intentó parar el proceso o que se trata de una de las últimas condenas a muerte de brujería en Castilla y, quitando algunos procesos como los de Huesca o Cataluña, de toda España o que un inquisidor trato de barbarie lo que había pasado en Pancorbo. Ya no parece un proceso más y lo convierte en un hito que recordar, donde la racionalidad se debería haber impuesto a la superstición y que dicho raciocinio fue defendido por aquellos que menos te esperas.

Documentación encontrada y consultada

Al comienzo de esta pequeña investigación para rememorar este aniversario nos encontramos con la poca documentación que se encuentra disponible sobre este hecho. Existe un pequeño dosier en el Archivo Histórico Nacional (AHN, Inq. leg. 1679, exp. 2, núm. 4, f. 33 (Tribunal al Consejo 11-10-1623)), una mención importante en el libro El abogado de las brujas: brujería vasca e Inquisición española” del célebre investigador de la brujería Gustav Henningsen, y alguna mención en artículos de prensa de La Vanguardia y La Rioja. Agradecer a los profesores de la Universidad de Burgos, Sonia Serna y Óscar Melgosa, su disposición y ayuda sobre la búsqueda de información de este proceso.

Al indagar más en el proceso nos encontramos una documentación muy escasa. El archivo diocesano de Burgos donde se podrían guardar las actas de fallecimiento de Pancorbo no recoge muertes anteriores a 1656. El Archivo Histórico Provincial (al que agradezco su disposición y ayuda) no tiene actas judiciales de esa época para Pancorbo. Además se trata de una época complicada ya que durante los siglos XVI y XVII, Burgos y Pancorbo entraron en bastantes pleitos para saber quién era el encargado de administrar justicia, Pancorbo se incorporó al señorío de Burgos en el siglo XIV. En el propio archivo del Ayuntamiento de Pancorbo no se ha encontrado documentación al respecto de esas fechas, ni actas judiciales ni censos de esas fechas que puede facilitar la investigación sobre la ejecución de 8 personas, algo muy normal en este tipo de documentos  y periodos. 

La Tragedia de Pancorbo

La tragedia de Pancorbo se produjo en 1621 cuando ocho personas fueron quemadas por los delitos de brujería por la justicia civil de la propia localidad. La Inquisición española y Alonso de Salazar y Frías intentaron parar el proceso y “salvar” a estos reos. Él mismo pidió a las autoridades locales parar el proceso de inmediato, que le entregaran las actas para ser analizadas con detenimiento y a los acusados que estaban pendientes de sentencia. Consiguió así que le entregaran a cinco personas y todas las actas de sus procesos; tres personas ya habían sido ajusticiadas.

Salazar siguió con la investigación para aclarar los hechos pero la Suprema (nombre con el que se conocía al Consejo de la Suprema Inquisición de Madrid) le dijo a él y al Tribunal de la Inquisición al que pertenecía (Logroño), que no se metiera en este asunto. Salazar tuvo que devolverlo todo a su proceso original para que se “hiciera justicia”. Las autoridades locales así lo hicieron y solo once días después fueron quemadas cuatro mujeres y un hombre por el delito de brujería, declarando siempre su inocencia1.

En el informe que redactó a sus superiores calificó el proceso como “una miserable tragedia2. Este hecho no quedó en agua de borrajas, ya que la Suprema tomó nota de las quejas de Salazar y, en consecuencia, decidió actuar con mayor decisión en los casos de brujería que dieran a partir de ese momento ¿Cómo se puede entender que un inquisidor salve a las brujas? ¿Qué sucedió a partir de la Tragedia de Pancorbo?

Alonso de Salazar y Frías en el proceso de Zugarramurdi

Para entender lo que sucedió en la villa de Pancorbo hay que remontarnos unos años y comprender el contexto histórico del momento. En noviembre de 1610 el Tribunal de la Inquisición de Logroño realizó el auto de fe más famoso de la historia de España: el de las brujas de Zugarramurdi. Tras una ardua investigación y con 53 condenados por brujería, 11 serán los ajusticiados por este “delito” (5 de ellos en efigie al estar ya fallecidos). Este hecho, tan popular y conocido hoy en día, desencadenó en su momento una investigación única y pionera en el mundo, llevada a cabo por el inquisidor burgalés Alonso de Salazar y Frías, nuestro amigo de Pancorbo.

¿Quién fue este Inquisidor apodado el abogado de las brujas? Alonso de Salazar y Frías nació en una familia de comerciantes y abogados burgalesa en 1564, completando sus estudios de derecho canónico en Salamanca y Sigüenza. Tras ser nombrado sacerdote, se unió a la Inquisición en 1609.

En 1610 formó parte del Tribunal de Logroño que llevó el proceso de Zugarramurdi pero difería mucho de sus colegas (los otros principales inquisidores del proceso fueron Alonso Becerra y Juan del Valle Alvarado), votó en contra y una vez se aprobó la sentencia (Salazar había entrado hacia unos meses en el Tribunal y no participó de los interrogatorios) pidió la revisión del caso e informó de sus objeciones sobre el proceso y la brujería en general. Él no creía en la existencia de brujas y que estas prácticas eran engaños y fraudes alimentados por la ignorancia del pueblo llano y que eran más un problema social y moral que uno “demoniaco”3.

La Suprema le hizo caso y le encargó una revisión del caso. Salazar se recorrió los pueblos de la cuenca del Ezcurra, los del valle del Baztán, gran parte de Navarra y las tres provincias vascas con un Edicto de Gracia. 2000 personas se intentaron aprovechar de la amnistía y acusaron a otras 5000 de brujería4. Sabedor de esta situación quiso investigar más y concluyó que la mayoría de las declaraciones y los hechos eran falsos (vuelos nocturnos, aquelarres, etc.) Declaró en conclusión que “no hubo brujos ni embrujados hasta que se comenzó a tratar y escribir de ellos”.

El Tribunal de Logroño fue uno de los más importantes de Castilla, ya que tenía una amplia jurisdicción incluyendo la actual Rioja, Navarra, las tres provincias vascas y gran parte de la actual provincia de Burgos.

Consecuencias de las investigaciones de Salazar y la Tragedia de Pancorbo.

Tras esta investigación, casi científica, redactó un informe en 1614 que la Suprema utilizó de base para dictar una instrucción sobre brujería que consiguió que desde esa fecha las muertes por brujería fueran una excepción, como ocurrió en Pancorbo siete años después. O las 300 supuestas brujas ahorcadas en Barcelona, pero es que en el resto de Tribunales de la península se tardaron unos 20 años en aplicar las medidas dictadas desde la Suprema por los casos del de Logroño.

Salazar se encargó de elaborar un informe detallado de todo lo sucedido en los procesos de brujería desde las nuevas instrucciones de 1614 hasta 1623, en él hace especial hincapié en la Tragedia de Pancorbo, poniéndola como ejemplo de lo que no debe suceder nunca y donde según él, la vacilación de la Suprema al revisar el caso e imponer su autoridad le costó la vida a ocho personas. Será este informe y el ejemplo de esta localidad burgalesa lo que haga que la Inquisición reaccione e intervenga en todos los procesos por el delito de brujería, consiguiendo así un hito histórico: se abolió la quema de brujas en todo el imperio español cien años antes que el resto de Europa.

La brujería tenía una particularidad, era un delito perseguido tanto por los tribunales civiles y episcopales como por la Inquisición, es decir la jurisdicción era de muchos órganos y esto fue lo que ocurrió en Pancorbo en 1621, ya que fueron quemados por el tribunal civil, no por la Inquisición. Y aunque ésta tenía derecho a examinar los procesos, aquí no quiso entrar, como hemos visto, provocando la muerte de ocho personas pero también una reacción de dicha institución por la cual, y otra vez gracias a Alonso de Salazar y Frías, a partir de 1623 todos los procesos serán estudiados minuciosamente consiguiendo que las penas mortales por brujería sean casi inexistentes desde entonces. El Tribunal de Logroño no condenó a muerte en persona ninguna persona por brujería entre 1615 y 1700.

Se puede decir que la Inquisición salvó desde ese momento a miles de hombres y mujeres que iba a ser ejecutados por los jueces civiles y eclesiásticos de cada localidad al frenar iniciativas propias de estas justicias, se cambiaron las penas e incluso se indultó a mucha gente que, sí hubiera sido por los poderes públicos, hubieran muerto en la hoguera. Se puede decir que a partir de ese momento la Inquisición defendió a las “brujas” ante la justicia seglar.

Podemos concluir diciendo que la Tragedia de Pancorbo es un hito histórico en los procesos de brujas, por ser una excepción en un mundo de cambio, adelantado a su época a toda Europa donde destaca la figura del inquisidor burgalés Alonso de Salazar y Frías. En este aniversario de tan importante proceso debemos recordar su figura y su labor humanista.

La brujería para la Inquisición en el siglo XVII

Lo descrito hasta ahora tiene poco que ver con la idea tradicional que se tiene de la Inquisición española, una de las instituciones más temidas del mundo por sus actos, se debe decir que la fama que hoy en día tiene esta “temible” institución viene dada por la Leyenda Negra que se extendió por toda la Europa de la Edad Moderna de cualquier cosa “española”. Es cierto que la Inquisición cometió actos temibles, pero no muy diferentes a otras instituciones de este tipo que había en esa época. Lo que se tiene que decir y aquí queda claro es que con la brujería fue de las más laxas y compresivas del momento.

La Inquisición española apenas tuvo interés en la brujería, se dedicó a otras herejías que consideraba más peligrosas como protestantes, mahometanos o judíos, con ellos si fue lo dura que la fama le da. Para hacernos una idea desde 1478 hasta 1522 se condenaron a la hoguera 40 supuestas brujas5. A partir de esta fecha, en 1526, la Inquisición decidió que todos los procesos contra brujas deban tener un seguimiento y ser remitidos al inquisidor general (no siempre se siguieron los normas) y llevar una concienzuda investigación donde la mayoría de las penas serán menores. Excepto alguna excepción o si el juez civil o eclesiástico no siguiese su obligación y no enviara las actas para su revisión a la Inquisición e hicieran un juicio sumario, se puede decir que la muerte por brujería fue muy escasa en el territorio español.

El problema es que, para iniciar un proceso, solo era necesaria una denuncia, se arrestaba al acusado y luego venían las pruebas, aunque muchos fueron absueltos o condenados a penas menores, sufrieron todo el proceso solo por una denuncia, que en muchas ocasiones era falsa o por interés propio. Las penas a las que sometían podían ser:

  • Relajación: Entregadas a las autoridades civiles para su ejecución (la Inquisición no podía matar por su condición cristiana)
  • Reconciliación: readmisión en la iglesia tras cumplir penas
  • Renunciar a la herejía
  • Prisión o galeras
  • Penas económicas

Esta metodología tan especial en el proceso de brujería será llevada casi por igual por todos los tribunales de los territorios hispanos, ya que la Suprema era el único tribunal que tenía jurisdicción en todos ellos. Las preguntas eran muy concretas y buscaban que demostraran un elemento clave para acusar de brujería. Para acusar de brujería se tenían que dar tres cosas: un pacto con el diablo, participar en un aquelarre donde se hubiera denigrado la fe cristiana y haber usado poderes sobrenaturales6.

Se puede decir que la mayoría de las condenas que se dan por brujería en este tiempo están encaminadas a reprochar y reconducir una actividad que era poco moral para el resto de la población en el siglo XVII, podemos hablar una especie de “escarmiento” más que de una sentencia penal.

La supuesta bruja tenía un perfil claro para la sociedad de esta época, normalmente era una mujer mayor, con algún defecto físico o psíquico para la sociedad del momento, marginal (viuda, soltera o que no formaba parte del entramado social de la población), conocimiento del medio rural (como herbología), consumo de sustancias alucinógenas como la belladona o el estramonio y un perfil débil. Esto lleva a la sociedad a fijarse en ella y mostrar hacia esa persona impulsos agresivos, ya que es un perfil de persona débil que tenía muy difícil defenderse de la masa social.

Las personas podían ser acusadas por brujería por hechos como practicar curaciones con plantas, la fama que les había impuesto la sociedad, utilización de sortilegios, amenazas que se hubieran cumplido. También se les acusaba de hacer muñecos para maleficios, invocar al diablo, hacer tratos con él o cometer homicidios. Muchas de las acusaciones eran grupales por considerar las reuniones que tenían como aquelarres. La realidad era distinta, tras muchas de estas acusaciones había un interés sexual por parte de hombres, envidias, marginalidad e intereses propios por hacer que la otra persona acabara en la cárcel.

En Castilla apenas se documenta la presencia de brujería y procesos contra ellas. Esto viene entendido porque en la sociedad castellana y en sus cuentos populares la bruja es representada como un ser cómico y absurdo, alejado de las prácticas demoníacas que le atribuyen en otros territorios: tenemos aquí otra explicación de la relación de la sociedad y el trato que se le da a las brujas.

En conclusión vemos que la Inquisición persiguió la herejía de la brujería y que se abrieron muchos procesos pero que la mayoría de ellos fueron investigados con una alta profesionalidad y por ello muchos acabando desestimándose y otros en penas leves, las condenas a muerte tiene un porcentaje muy pequeño dentro estos procesos. Se puede decir que la Inquisición española fue tremendamente represiva e injusta con otras herejías como los judíos, protestantes o mahometanos pero muy compresiva y eficaz con la brujería. Estos tenían al “enemigo en casa” y fueron los tribunales de justicia local los encargados de condenar a muerte a estas personas.

Conclusiones de la Tragedia de Pancorbo

La Tragedia de Pancorbo debe de ser tratada como un hecho relevante dentro de la historia de la persecución de brujas en Castilla, a la altura de otros procesos mucho más conocidos. Se trata del ejemplo perfecto de una época de cambio donde la racionalidad se imponía a la superstición. Vemos como las autoridades locales y los propios lugareños (alguien les tuvo que acusar) estaban ancladas en un pasado que la Inquisición, con el gran trabajo de Alonso de Salazar y Frías, había superado aprendiendo de sus propios errores. La Tragedia de Pancorbo fue un hecho clave para entender a la sociedad del momento y explicar el momento de cambio que se estaba produciendo. En su cuarto centenario debemos dar el valor a lo que significa este proceso y entenderlo en su contexto, dando relevancia al trabajo de Alonso de Salazar y Frías, salvando muchas vidas en el futuro y adelantándose un siglo al resto del mundo.

Si hubo o no brujas en Pancorbo forma ya parte del misterio y la tradición de este milenario pueblo de la Castilla más antigua. Recordar que en el castillo de Santa Marta de la localidad existe el conocido como Pozo de las Brujas. Que cada persona tome su propia idea de todo lo que hemos contado. Tal vez si hubo brujas o solo fue el reflejo de la sociedad temerosa del siglo XVII.


  1. Henningsen, Gustav; eHumanista: Journal of Iberian Studies, ISSN-e 1540-5877, Vol. 26, 2014, pág. 145.
  2. Ibídem
  3. Arroyo Martín, Francisco: Brujería en la España del siglo XVII. El proceso de Zagarramurdi. 2009
  4. Ibídem pág. 143
  5. Ibídem pág. 142
  6. Arroyo Martín, Francisco: Brujería en la España del siglo XVII. El proceso de Zagarramurdi. 2009

El autor

Ricardo Romaniega García. Nació en Burgos en 1993 y estudió Historia y Patrimonio en la Universidad de Burgos además de un máster en la Universidad de Salamanca sobre estudios avanzados en Historia.

En ocasiones escribe algún articulo para un blog llamado Conquista la Historia. Trabajó unos años en la Cartuja de Miraflores. En la actualidad es informador turístico para Sodebur y Adeco Bureba en Pancorbo.

Bibliografía

  • Archivo Histórico del Ayuntamiento de Pancorbo.
  • Archivo Histórico Provincial de Burgos.
  • AHN, Inq. leg. 1679, exp. 2, núm. 4, f. 33 (Tribunal al Consejo 11-10-1623).
  • Arroyo Martín, Francisco: Brujería en la España del siglo XVII. El proceso de Zagarramurdi. 2009
  • Henningsen, Gustav: El abogado de las brujas: brujería vasca e inquisición española; Alianza; 1983.
  • Henningsen, Gustav: eHumanista: Journal of Iberian Studies, ISSN-e 1540-5877, Vol. 26, 2014, págs. 133-152.
  • Lara, María: Brujas, magos e incrédulos en la España del siglo de oro; Alderabán; 2013.