Un siglo después de la Crónica Najerense, la Primera Crónica General, mandada compilar por Alfonso X el Sabio, recoge los hechos legendarios de la vida de Sancho II centrándose en el cerco de Zamora y aportando numerosas novedades.

Por ejemplo, en esta versión el principal instigador de los hechos será su hermana doña Urraca y exculpa por completo a Sancho (que realmente había atacado a sus hermanos). Además nos habla de cómo Alfonso abandonó Toledo engañando a al-Ma’múm; el reto que hubo entre los castellanos, representados por Diego Ordóñez, y los zamoranos, representados por los hijos de Gonzalo Arias, tras la muerte de Sancho; etc.

Asimismo el Cid cobra un enorme protagonismo tanto durante el asedio: haciendo de mensajero ante doña Urraca, siendo desterrado brevemente y asesinado al traidor Vellido Dolfos; como al recibir al nuevo rey Alfonso, a quien obligó a hacer la jura de Santa Gadea en Burgos acerca de que no había ordenado ni participado en la muerte de su hermano Sancho.

829. El capítulo de cómo el rey don Sancho tomó a la infante donna Elvira su hermana la villa de Toro et la meatat del infantado, et la otra meatat a donna Urraca

Pues que el rey don Sancho ovo tomados los regnos a sus hermanos, quiso otrossí toller a sus hermanas las tierras que les diera su padre, porque l’dixieron que dizien ellas que se dolien mucho del rey don Alfonso porque andava fuído et desterrado, demás que tenie él que por consejo d’ellas avie él salido de la mongía, et mayormientre por donna Urraca que era la mayor et más sesuda et que amava él mucho.

Et empós aquello fuesse el rey don Sancho con toda su hueste pora Toro, et tomóla a la infante donna Elvira, con la meatat que tenie dell infantadgo; et a donna Urraca la otra meatat d’esse infantadgo como dixiemos.

Después d’aquello, envió dezir a la infante donna Urraca que l’diesse Çamora, et él que l’darie en qué visquiesse et quanto oviesse mester. Et ella enviól’ dezir que gela non darie por ninguna guisa, pues que su padre gela diera. Estonces sus vassallos del rey don Sancho consejáronle que se fuesse pora Burgos et folgasse ý ell ivierno, et que guisasse su companna de cavallos et de armas et de lo que oviessen mester; et quando entrasse el verano, que fuesse cercar Çamora.

El rey don Sancho fízolo assí; et envió sus cartas d’allí por toda la tierra, que fuessen todos ayuntados, cavalleros et peones, en Sant Fagund el primer día de março. Quando los de la tierra vieron las cartas que les enviava el rey don Sancho su sennor, non osaron fazer ý ál, ca maguer el rey don Sancho era moço assí que estonces le vinien las barvas, era muy fuerte et temienle mucho las yentes. Agora diremos del fecho de Çamora cómo acaeció.

830. El capítulo de cómo el rey don Sancho cercó Çamora

Andados VI annos del regnado de don Sancho, rey de Castiella, de León, de Gallizia et de Portogal —et fue esto en la era mill et C annos, et andava otrossí estonces ell anno de la Encarnación del Sennor en mil et LXII, et el de Henric emperador de Roma en XIIII— aquell anno que aquí dezimos, pues que todas las yentes fueron ayuntadas en Sant Fagund el día que les el rey don Sancho mandara, plogo a él mucho, pues que lo sopo; et con el grand plazer que ende ovo, segund cuenta la estoria, alçó las manos a Dios et dixo dos veces: «¡Loado sea a ti, Sennor!¡Loado sea a ti, Sennor, que me as dado los regnos que fueran de mío padre!» Pues que esto dixo, mandó pregonar por toda la çibdad de Burgos que saliessen todos a aguardar su senna.

Et el día que salieron de Burgos fueron albergar a Frómesta. Otro día passaron por Carrión; mas non quiso ý albergar el rey, et fuesse pora Sant Fagunt do estava toda su hueste atendiéndol’, et posó él fuera de la villa. Et desque fue passada la primera ora de la noche, mandó mover toda la hueste et andar, et andidieron tanto que al tercer día llegaron a Çamora, et posaron en la ribera de Duero.

Et mandó el rey pregonar por toda la hueste que estidiessen todos quedos et en paz, et que non fiziessen mal en ninguna cosa fasta gelo él mandasse. Después de aquello, cavalgó el rey con todos los de su mesnada, et fue andar en derredor de la çibdad, et vio cómo estava en penna tajada, et los muros fuertes et las torres otrossí fuertes et espessas, et de la otra parte el río Duero que l’ corrie al pie; et dixo a aquellos que andavan con él: «Agora veet cómo es esta villa fuerte; yo creo que l’ non podrien dar batalla moros nin cristianos; et si yo ésta pudiesse aver de mi hermana por aver o por camio, cuedaría seer sennor de Espanna.» Agora diremos cómo fizo después d’esto el rey don Sancho.

831. El capítulo de cómo el rey don Sancho envió dezir a su hermana donna Urraca que l’ diesse Çamora

Pues que el rey don Sancho ovo mirada la çibdad et dichas a sus cavalleros las palabras que dixiemos, tornósse pora sus tiendas, et envió luego por el Çid et díxol’: «Çid, vos sabedes cómo vos crio mío padre en su casa muy onradamientre et fízovos cavallero et mayoral de toda su casa en Coimbria quando la ganó de moros; et quando se querie finar en Cabeçón, comendóvos a todos sus fijos, et yurámosle todos que vos fiziéssemos algo; et yo fizvos sennor et mayor de toda mi casa, et divos de mi tierra más que un condado. Agora quiérovos rogar como a amigo et buen vassallo leal que me vayades a Çamora, et digades aún otra vez a mi hermana donna Urraca Fernando que me dé la villa por aver o por camio, et el camio será éste: darle he a Medina de Rioseco con todo su infantadgo, et de Villaelpando fasta Valledolit, et aun Tiedra que es muy buen castiello; et yurarle he, con XII de míos vassallos, que nunqua jamas le crebante la yura nin la postura que con ella fizier. Et si esto non quisiere fazer, dezidle que gela tomaré yo por fuerça.»

El Çid besó estonces la mano al rey don Sancho et díxol’: «Sennor, pora otre serie tal mandadería como ésta grieve de levar, mas pora mí es guissado, ca yo fuy criado en Çamora do me mandó criar vuestro padre con donna Urraca en casa de don Arias Gonçalo, et connosco a don Arias et a todos sus fijos, et por ende faré muy de grado esto que me mandades.»

El Çid espidiósse del rey estonces, et fuesse pora Çamora con XV de sus cavalleros; et quando llegó acerca de la villa, dixo a los que guardavan las torres que les non tirassen de saeta, ca éll era Roy Díaz el Çid que vinie con mandado del rey don Sancho a donna Urraca su hermana, et que fuessen saber d’ella si l’ mandarie entrar. Salió estonces a él un cavallero, que era sobrino de don Arias Gonçalo, et estava sobre las guardas de la puerta, et díxol’ que entrasse et que l’ mandarie dar buena posada demientre que él fuesse saber de donna Urraca, et díxol’ cómo era el Çid en la villa, et que vinie con mandado del rey don Sancho su hermano. Et ella dixo que l’ plazie con él, et que viniesse ant’ella et sabrie qué demandava; et mandó a don Arias Gonçalo que l’ fuesse recebir con todos los cavalleros que ý eran.

Et pues que el Çid entró por el palacio, recibió l’ muy bien donna Urraca, et díxol’ que bien fuesse venido; et desí assentáronse amos, et razonó luego donna Urraca, antes que otras palabras ý oviesse, et dixo: «Çid, vós sabedes cómo fuestes criado comigo aquí en casa de don Arias Gonçalo, et de cómo vos mandó el rey don Fernando mío padre, quando se querie finar, que consejássedes a sus fijos lo mejor que vos pudiéssedes et sopiéssedes, et por ende vos ruego que me digades qué cueda fazer el rey don Sancho que veo estar aquí assonado con toda Espanna, o a quáles tierras cueda ir.»

Estonces dixo el Çid: «Donna Urraca, mandadero et carta non deve mal prender; et si me vós assegurades, dezir vos é yo lo que el rey don Sancho vos envía dezir.» Díxol’ ella essa ora que farie como don Arias Gonçalo mandasse.

Et díxol’ don Arias que era bien de oír lo que su hermano le enviava dezir, «ca si por ventura quiere ir contra moros, et vos demanda ayuda, bien es que gela dedes, et yo darl’é XV de míos fijos bien guissados de cavallos et de armas et de viandas siquier por X annos».

Dixo estonces donna Urraca al Çid que dixiesse en salvo lo que querie. Mío Çid dixo assí: «El rey don Sancho, vuestro hermano, vos envía saludar et dize vós que l’ dedes Çamora por aver o por camio, et que vos dará él de Villalpando fasta Valledolid et Medina de Rioseco con todo su infantadgo, et Tiedra que es muy buen castiello et fuerte; et yurar vos á con XII de sus vassallos que sea esto firme et que nunqua vos vaya contra ello. Et si gela non quisiéredes dar, envíavos dezir que vos la tomará él.» Agora diremos cómo fizo la infante.

832. El capítulo del acuerdo que ovo la infante donna Urraca con los de Çamora si darie la villa al rey don Sancho

Quando donna Urraca esta mandadería oyó de parte del rey don Sancho, fue muy coitada et ovo ende muy grand pesar en su coraçón, et dixo assí llorando de sus ojos: «Mesquina, ¿qué faré con tantos malos mandados quantos é oídos después que mío padre fue muerto? Al rey don García mío hermano tomó la tierra, et prísol’ et echol’ en fierros, et en ellos yaze oy lazrando como si fuesse ladrón o otro omne traidor. Al rey don Alfonso otrossí tomól’ su tierra, et fízol’ salir de tierra et ir a tierra de moros como si fuesse alevoso, et non quiso que omne ninguno fuesse con éll sinon Per Assúrez et sus hermanos que envié yo con él. A mi hermana donna Elvira tomó Toro sin su grado, et a mí quiere tomar Çamora. Agora se abriesse la tierra comigo por que yo non viesse tantos pesares.»

Et con grand sanna que avie, dixo assí, segund dizen, contra su hermano el rey don Sancho: «Yo mugier so, et bien sabe él que yo non lidiaré con él, mas yo l’ faré matar a furto o paladinas.» Levantósse estonces don Arias Gonçalo, et dixo ante todos los omnes buenos de Çamora et ante tod’ el concejo de la villa a quien mandara llamar la infant su sennora et estava ý ayuntado:«Sennora donna Urraca, en vos quexar mucho et llorar non fazedes recabdo, ca esto es bondad et seso: tomar omne consejo a la ora de la grand cueita et escoger aquello que será mejor, et nós fagámoslo assí. Mandad agora aquí por concejo que se lleguen todos los de Çamora en Sant Salvador, et sepamos si querrán tener convusco, pues que vuestro padre a vós les dexó por sennora; et si ellos quisieren tener la villa convusco, nin la desdes por aver nin por camio; et si ellos esto non quisieren, luego nos espidamos todos et nos vayamos pora Toledo a los moros, o se fue vuestro hermano el rey don Alfonso.»

Donna Urraca, como duenna muy entenduda et sesuda, fizo assí como l’ consejó su amo, et mandó luego pregonar por toda la villa que se llegassen todos en Sant Salvador; et pues que fueron todos ý ayuntados, díxoles donna Urraca:«Vassallos et amigos, yo so aquí venida por vos mostrar cómo el rey don Sancho mío hermano me envía dezir que dé la villa por aver o por camio, si non que se la tomará él: et si vos quisiéredes estar et tener comigo como buenos vassallos et leales, non gela daré yo. Et a esto vos demando que me respondades.» Levantósse estonces un omne bueno anciano de los más onrrados de la villa, que dizien don Nunno, et con consentimiento del conçejo et mandándolo todos dixo:«Sennora, gradéscavoslo Dios por quanto nos quisiestes onrrar en venir a nuestro concejo; et nós vuestros vassallos somos, et nunqua vos desampararemos fasta la muerte, et convusco combremos quanto pudiéremos aver ante que nunqua demos la villa sin vuestro grado».

Quando esta respuesta del concejo de Çamora oyó la infante donna Urraca plógol’ muy de coraçón, et dixo al Çid: «Çid, ya oídes vós lo que el mío leal concejo de Çamora dize et lo otorgan todos. Pues id et dezid a mío hermano que ante morré yo con los de Çamora et ellos comigo que nunqua le demos la villa por camio nin por aver». Espidiósse estonces el Çid et fuesse pora’l rey don Sancho, et díxol’ tod’ el fecho de cómo era, et que por ninguna guisa que l’ non queríen dar la villa. Agora diremos de cómo fu d’este fecho adelante.

833. El capítulo de cómo mandó el rey don Sancho con sanna al Çid que l’ saliesse de la tierra, et de cómo envió por él

El Çid tornado con la respuesta de la mandadería, pues que dixo al rey don Sancho lo que l’ respondiera donna Urraca et los de Çamora, que l’ non darien la villa en ninguna guisa, el rey quando aquello oyó et que la villa non le darien, fue muy irado contra’l Çid, et díxol’:«Vos consejastes a mi hermana que fiziesse esto porque fuestes aquí criado con ella; et si non fuesse por que mío padre me vos dexó en comienda, yo vos mandaría agora matar por ende. Et mándovos que d’aquí a nueve días que me salgades de toda mi tierra en guisa que vos non falle ý».

El Çid fuesse luego pora su tienda, et demandó por sus vassallos et por sus atenidos et sus amigos, et fuesse luego essa noche albergar a Castro Nunno; et ovo su consejo de irse pora Toledo a moros d era el rey don Alfonso. Quando aquello vieron los condes et los ricos omnes de la hueste, fuéronse pora el rey don Sancho et dixiéronle: «Sennor, non deviedes querer perder tal vassallo como el Çid por ninguna guisa, et enviad por él et non le quitedes de vós, ca mucho perderedes ý». El rey entendió que l’ dizien la verdad, et mandó llamar un cavallero que dizien Diago Ordonnez, que era fijo del conde don Ordonno et sobrino del conde don García el Crespo de Grannón, et díxol’:«Id privado, et dezid al Çid que l’ digo yo que se venga pora mí; et si lo fiziere que fará como vassallo bueno et leal, et yo que l’ daré de mi tierra otro condado et que l’ faré mayor de toda mi casa.»

Diag’ Ordonnez cavalgó luego et fuesse quanto pudo empós el Çid. El Çid quando l’ vio, reciboól’ muy bien et preguntól’ cómo vinie; et repusol’ don Diago: «El rey vos envía dezir que vos tornedes a él, et con lo que tenedes que vos dará otro condado en su tierra, et que vos fará siempre muy grand algo et mayor de toda su casa; et lo que vos él dixo que l’ saliéssedes de tierra que lo non fizo sinon con la muy grand sanna que avie de donna Urraca su hermana.»

Respuso entonces el Çid a Diag’ Ordonnez que se fablarie con sus vassallos, et como le consejassen, que assí farie. Desí mandólos llamar, et contóles aquel mandado que l’avie dicho Diag’ Ordonnez de parte del rey, et sus vassallos consejáronle que se tornasse al rey, pues que él enviava por él, ca más valie que fincasse con su sennor et en su lugar, que non que fuesse a tierra de moros desterrado et vevir en tierra agenas. El Çid tovo que l’ consejavan bien sus vassallos, et llamó a don Diago et díxol’ que querie fazer lo que su sennor le mandava. Et don Diego enviólo luego dezir al rey adelant, et el rey salió a recebir al Çid bien con D cavalleros a dos leguas. Et el Çid quando vio al rey, decendió del cavallo et fuel’ besar la mano, et pidiól’ merced que otorgasse lo que l’ enviara prometer con Diag’ Ordonnez. Et el rey otorgógelo luego allí delante todos sus cavalleros, et díxol’ que le farie sienpre grand algo. Desí tornósse el rey pora su hueste, ey fizieron todos muy grand alegría con el Çid, et acompannáronle todos. Agora iremos aún adelante por la razón de Çamora.

834. El capítulo de cómo el rey don Sancho combatió Çamora, et del consejo que dió Arias Gonçalo a donna Urraca

Empós todos estos fechos, ovo el rey don Sancho su consejo con sus ricos omnes et con los otros que ý eran cómo combatiessen Çamora, et mandó pregonar por toda la hueste que se guisassen pora ir otro día combater la villa. Et combatiéronla muy de rezio III días et III noches. Et las cárcavas, que eran muy fondas, todas fueron llenas de piedra et de tierra et allanadas. Et derribaron las barvacanas et firiense de las espadas a mantenient los de dentro con los de fuera, et murie ý mucha yente además; de guisa que el agua de Duero toda iva tinta de sangre, de los que murien, de la villa a ayuso.

Quando esto vio el conde don Garçía de Cabra, ovo muy grand duelo de la yent que se perdie assí, cristianos unos con otros; et fuesse pora’l rey don Sancho, et besóle la mano et dixo:«Sennor, ¡la vuestra merced! Mandad que dexen de combater la villa, ca perdedes mucha de vuestra yente, et tenetla cercada, ca por fanbre la tomaredes muy aína.» El rey mandó estonces que la dexassen de combater, et que sopiessen quántos omnes murieran ý; et contáronlos et fallaron que eran ý muerto mil et XXX. El rey quando lo oyó, con el grand pesar que ende ovo, mandó luego cercar la villa toda a derredor; et dizen en los cantares de las gestas que la tovo cercada VII annos; mas esto non pudo ser, ca non regnó él más de VI annos segund que lo fallamos escripto en las crónicas et en los libros de las estorias d’esto et en estos VI annos fizo él todo lo que avemos ya contado d’éll.

Et pero combatien la villa cada día de rezio, et duró esta cerca un grand tiempo. Et cuenta la estoria que un día andando el Çid solo en derredor de la villa, que se falló con XIII cavalleros, et que lidió con ellos et mató I et desbarató los XIII. Et lazravan ya de fanbre en la villa. Et don Arias Gonçalo quando vio la yente en tan grand lazería de fanbre et de mortandad dixo a la infante donna Urraca: «Sennora, pídovos merced que mandedes llegar todos los de la villa, et que les digades que den la villa al rey don Sancho fasta IX días, ca por seer leales an sofrido mucho mal et mucha lazería. Et nós vayámosnos pora vuestro hermano el rey don Alfonso a tierra de moros, ca por el mío grado nunqua en Çamora moraredes con el rey don Sancho.»

La infante donna Urraca fízolo assí, et envió por todos los de Çamora et díxoles: «Amigos, vos avedes seído muy buenos et muy leales et sufriestes mucha lazería por fazer lealtat, et avedes perdudos los parientes et los amigos, et porque veo que avedes fecho assaz en esto, mándovos que dedes la villa al rey don Sancho d’aquí a IX días, et yo irme pora Toledo a mío hermano don Alfonso.» Los de Çamora quando esto oyeron, ovieron grand pesar porque tan luengo tiempo avien estado cercados et agora al cabo que avien a dar la villa, et acordáronse todos los más de irse con la infante et non fincar en la villa. Agora diremos de cómo se libró esto.

835. El capítulo de cómo el rey don Sancho recibió por vassallo a Vellid Adolfo, et le dixieron los de Çamora que se guardasse d’éll

Quando la infante donna Urraca estas razones avie con los de Çamora, estava ý un cavallero que dizien Vellid Adolfo; et quando oyó aquellas razones d’ella et del concejo, dixo a donna Urraca: «Sennora, yo vin a Çamora con XXX cavalleros todos míos vassallos, et serví a vós con ellos grand tiempo e muy bien, loado a Dios; et demandévos que me fiziéssedes algo como vos sabedes, et nunqua me lo quisiestes fazer; et agora, si vos me lo otorgássedes, yo vos tiraría al rey don Sancho de sobre Çamora et faría decercar la villa.»

Díxol’ estonces donna Urraca: «Vellid Adolfo, dezirt’é la palabra que dixo el sabio: “Bien mierca ell omne con el torpe et con el cuitado”; et tú assí farás comigo. Pero non te mando yo que tú fagas nada del mal que as pensado; mas dígote que non á omne en el mundo que a mío hermano tolliesse de sobre Çamora et me le feziese descercar que yo non le diesse quequier que me demandasse.»

Quando esto oyó Vellid Adolfo, besó la mano a donna Urraca et non le dixo otra cosa ninguna; et fuesse luego pora la puerta de la villa, et fabló con el portero, et díxol’ que si l’viesse en cueita que abriesse luego la puerta, et diol’ por ende el manto que cubrie.

Desí fuesse pora su posada et armósse, et cavalgó su cavallo, et fuesse pora casa de don Arias Gonçalo et díxol’:«Bien sabemos todos que porque avedes que ver con donna Urraca por esso non queredes que faga pleito nin camio ninguno con su hermano.» Quando estas palabras oyó don Arias Gonçalo, pesól’ muy de coraçón et dixo:«En mal día yo nací quando en mi vegez me dizen tales palabras como éstas et non é quien me vengue del quien me las dize.» Levantáronse estonces sus fijos, et armáronse muy aína, et fueron tras Vellid Adolfo, que iva fuyendo contra la puerta de la villa. Mas el portero luego que l’ vio, abrióle la puerta assí como lo avie fablado con éll.

Et esse Vellid Adolfo salió et fuesse pora’l rey don Sancho, et besóle la mano, et díxol’ unas palabras falsas et con mentira, et fueron éstas:«Sennor, porque dix al concejo de Çamora que vos diessen la villa, quisiéronme matar los fijos de don Arias Gonçalo; et yo véngome pora vós, et fágome vuestro vasallo, et yo guisaré cómo vos den Çamora a cabo de pocos días, si Dios quisiere, et esto que vos yo digo, si lo non fiziere, que me matedes por ello.»

El rey cróvol’ et recibiól’ por su vassallo et onról’ mucho; et en tod’ esto Vellid Adolfo fízosse muy su privado del rey. Otro día mannana un cavallero savariego de la villa subió en el andamio de la cerca, et dixo a grandes vozes esquantra los de la hueste, de guisa que todos lo oyeron: «Rey don Sancho, catad de coraçón esto que vos quiero dezir. Yo so cavallero fijo dalgo, et mío padre et míos avuelos por lealtad se preciaron, et quiero vos desengannar et dezirvos la verdad si creerme quisierdes. Dígovos que d’aquí de la villa salió agora un traidor que dizen Vellid Adolfo, et va por matar a vós, et guardadvos d’éll. Et esto vos digo, que si por mala ventura vos ý viniere yerro alguno, que non digan después los otros de Espanna que vos non fue dicho antes.» Pero dize aquí ell arçobispo don Rodrigo que esto en poridad lo enviaron dezir los de Çamora al rey don Sancho que se guardasse d’aquel traidor; et el rey gelo gradesció mucho, et sobr’esto envióles dezir que si la villa prisiesse que les farie mucho de algo et mucha merced por ello, et que los guardarie todavía.

Vellid Adolfo quando estas palabras oyó, fuesse pora’l rey et díxol’:«Sennor, el viejo de Arias Gonçalo es muy sabidor, et por que sabe que vos faré yo aver la villa, mandó esto dezir.» Pues que esto ovo dicho Vellido al rey, demandó por su cavallo, faziendo semejança que se querie ir a otra parte porque l’ pesava mucho d’aquello que d’éll dixieran. El rey travól’ essa ora de la mano et díxol’: «Mío amigo et mío vassallo, non dedes vos nada por esto, ca bien vos digo que si yo Çamora gano, que vos yo faga mayor et mejor d’ella, assí como lo es agora don Arias Gonçalo.» Vellid Adolfo besól’ estonces la mano, et díxol’ que l’ diesse Dios vida et salut con que lo cumpliesse. Mas como quier que el traidor esto dixiesse, ál tenie pensado en su coraçón. Agora diremos de cómo fizo este Vellid Adolfo.

836. El capítulo de cómo Vellid Adolfo mató al rey don Sancho, et de lo que ý fizo Roy Díaz Çid Campeador

Empós esto que dicho es, Vellid Adolfo, con sabor de complir la traición que tenie raigada en el coraçón, apartó al rey don Sancho et díxol’:«Sennor, si lo tenedes por bien cavalguemos amos solos, et vayamos andar a derredor de Çamora et veredes vuestras cavas que mandastes fazer, et yo mostrarvos é el postigo que los çambranos llaman d’Arena por o entraremos la villa, ca nunqua aquel postigo se cierra, et desque annochesciere dar m’edes C cavalleros fijos dalgo que vayan comigo, et armarnos emos, et iremos de pie, et como los çambranos están flacos de fanbre et de lazería, dexarse nos an vençer, et nós abriremos la puerta et entraremos et tenerla emos abierta fasta que entren todos los de la hueste, et assí ganaredes la villa.»

El rey cróvogelo et díxol’ que lo dizie muy bien. Et cavalgaron amos, et andando a derredor de la villa allongados de la hueste catando el rey cómo la podrie más aína prender et veyendo sus cavas, mostról’ aquel traidor aquel postigo que l’ dixiera por o entrarien la villa; et pues que la villa ovieron andada toda a derredor, ovo el rey sabor de descender en la ribera de Duero a andar por ý assolazándosse; et traíe en la mano un venablo pequenno dorado como lo avien estonces por costumbre los reis, et diól’ a Vellid Adolfo que gele toviesse, et el rey apartósse a fazer aquello que la natura pide et que ell omne non lo puede escusar. Et Vellid Adolfo allegósse allá con éll, et quando l’ vio estar d’aquella guisa, lançól’ aquel venablo, et diól’ por las espaldas et saliól’ a la otra parte por los pechos.

Vellido Dolfo asesina a Sancho II en Zamora. Litografía de Joan Serra Pausas (1880)
Vellido Dolfo asesina a Sancho II en Zamora. Litografía de Joan Serra Pausas (1880)

Et pues que l’ ovo ferido d’aquella guisa bolvió la rienda al cavallo, et fuesse quanto más pudo pora aquel postigo que él mostrara al rey pora furtar la villa. Et ante d’esto fiziera ya Vellid Adolfo otra traición, ca matara al conde don Nunno como non deviera. Roy Díaz el Çid quando l’ vio assí foír, preguntól’ que por qué fuíe; et éll non le quiso dezir nada ni l’ respodió. El Çid entendió estonces que nemiga avie fecho, o por ventura que matara al rey el que assí iva fuyendo, ca era Vellido muy su privado del rey assí que se nunqua partie d’éll.

Et demandó el Çid el cavallo a grand priessa; et demientre gelo davan, alongósse Vellid Adolfo. Et con grand cuita que el Çid avie de su sennor, luego que tovo la lança, fue su vía tras Vellido a poder de cavallo que sol’ non atendió que l’ pusiessen las espuelas. Et Vellido dexó de ir al postigo et fuesse a la puerta de la villa.

Aquí dize la estoria que alcançó el Çid a Vellido entrante de la puerta de la villa, et que l’ firió de la lança et que l’ metió por medio de las puertas adentro, et dizen que l’ mató ý el cavallo, et oviera ý muerto a éll si las espuelas oviesse tenidas. Pero dize ell arçobispo don Rodrigo esta razón d’esta guisa: que l’ non pudo alcançar por las espuelas que non tovo, mas pero que l’ segudó fasta las puertas de la villa, et allí maldixo el Çid a todo cavallero que sin espuelas cavalgasse. Et en todos fechos de armas por o el Çid passara non fallan los omnes buenos que en las sus barraganías fallen en qué travar, sinon en ésta, por que non entró empós éll por las puertas adentro, et que l’ non mató pues que l’ alcançava. Pero non lo fizo éll aquello por ninguna manera en razón de covardía nin por miedo ninguno que él oviesse de muerte nin de prisión, más fue trascuerdo d’éll, que se non apercibió ende tanto como non deviera.

Portillo de la Traición o de la Lealtad en Zamora
Portillo de la Traición o de la Lealtad en Zamora

837. El capítulo de cómo Vellid Adolfo fue preso

Pues que Vellid Adolfo fue dentro en Çamora, con el grand miedo con que iva fuesse pora la infante donna Urraca, et metiósele so el manto. Entonce dixo don Arias Gonçalo a donna Urraca: «Sennora, pídovos merced por Dios que dedes este traidor a los castellanos, sinon venirvos á ende grand danno, ca ellos querrán reptar Çamora et después non la valdredes vós.» Respondiól’ donna Urraca: «Don Arias Gonçalo, consejadme vós qué faga d’éll, en guisa que éll non muera por esto que á fecho.» Respondiól’ don Arias: «Sennora, pues dadle vos a mí, et yo mandarle é guardar fasta tres nueve días: et si los castellanos nos reptaren, dárgelo emos; et si non reptaren a estos plazos, echar l’emos de la villa de guisa que nunqua paresca jamás entre nos.»

La infante donna Urraca ovo de estar por aquel juizio que Arias Gonçalo le dizie, et dexól’ tomar a Vellid Adolfo. Et Arias Gonçalo tomól’, et mandól’ echar en dos pares de fierros et guardarle muy bien.

838. El capítulo de la muerte del rey don Sancho

Recabdado desta guisa Vellid Adolfo, assí fue que los castellanos fueron buscar su sennor, et falláronle en la ribera de Duero do yazie ferido de muerte; mas non avie aún perduda la fabla; et tenie el venablo en el cuerpo que l’ passava de las espaldas a los pechos, mas non gele osavan sacar por miedo que perderie luego la fabla et morrie sin ella.

Et llegó ý essa ora un maestro de llagas que andava ý en la huest, et mandól’ aserrar ell asta dell un cabo et dell otro por tal que non perdiesse la fabla. Díxol’ estonces el conde García de Cabra, al que dizien el Crespo de Grannón:«Sennor, pensad de vuestra alma, ca mucho tenedes mala ferida.»

Dixo el rey estonces: «Benito seades, conde, por que lo tan bien dezides, ca bien entiendo que muerto so, et matóme el traidor de Vellid Adolfo que se avie fecho mío vassallo; et bien tengo que esto fue por míos pecados et por las sobervias que fiz a míos hermanos, et passé el mandamiento que fiz a mío padre et la yura que fiz que non tolliese a ninguno de míos hermanos ninguna cosa de los suyo.» El rey acabado esto de dezir, llego el Çid Roy Díaz, et fincó los inojos ant el rey et díxol’ assí:«Sennor, yo finco desamparado et sin consejo, más que ninguno de vuestros vassallos. Quando vuestro padre el rey don Fernando partió los reinos, acomendó a mí a vós et a todos vuestros hermanos que me fiziéssedes algo et yo vin fazer servicio a vós, et fiz et busqué a ellos mucho danno segund ellos tienen, et quiérenme mal. Et agora non me es mester de ir a los moros, ante don Alfonso vuestro hermano que es allá; nin otrossí de fincar con los cristianos, ante donna Urraca vuestra hermana, teniendo ellos que quanto mal le vós fiziestes que yo vos lo ove consejado. Et bien sabedes vós, sennor, que siempre vos consegé yo como leal vassallo deve consejar a sennor, et nunqua mal vos yo conseghé nin vos di mal consejo; et por ende vos pido merced que vos venga emiente de mí, ante que vós finedes.»

El rey estonces que l’ assentassen en el lecho, et estavan ý a derredor d’éll condes, ricos omnes, arçobispos et obispos, et díxoles éll assí:«Amigos et vassallos, en todo quanto el Çid á dicho de consejar a mí bien et muy lealmientre, grand verdad dize, et nunqua me consejó en tod esto mal pora ninguno; et por ende ruego yo al conde don García aquí, assí como a buen vassallo et leal, que quando viniere mío hermano don Alfonso de tierra de moros, que segund yo creo que será agora aquí luego que sepa de la mi muerte, que l’ ruegue por mí que faga algo al Çid, et que l’ reciba por su vassallo.» Essa ora el conde bésole la mano et díxol’ que lo farie. Dixo estonces el rey a todos:«Ruégovos yo, como a amigos et vassallos buenos et leales, que digades a mío hermano don Alfonso et que l’ roguedes mucho que me perdone de quanto tuerto le yo fiz, et que roguedes todos a Dios por mí que me aya merced all alma.»

Pues que esto ovo dicho, demandó candela et salióle luego ell alma. Et fizieron por ende muy grand duelo todos sus vassallos et los otros de la tierra. Sobr’esto dize el arçobispo don Rodrigo que se esparzieron luego todos los más de la hueste, fuyendo todos a cada parte, desamparando todas sus cosas, et ovo ý algunos d’ellos muertos et presos de sus malquerientes en aquella rebuelta et priessa de la muerte del rey.

Mas entre tanto la cavallería de los nobles castellanos, metiendo las sus mientes a lo que devien, et guardando la su lealtad et la su buena fama que ellos avien d’armas como la guardara el linnage d’aquellos d’on ellos vinien, et segund esto estidieron quedos. Después d’esto tomaron la una partida de los altos omnes de la hueste, en uno con los obispos, el cuerpo de su sennor el rey don Sancho, et leváronle pora el monesterio de Onna, et enterráronle ý muy onradamientre assí como convinie a rey. Et la otra partida fincó allí con la hueste sobre la villa.

839. El capítulo de cómo Diago Ordónnez reptó a los de Çamora et de lo que ý dixo don Arias Gonçalo

Pues que el rey don Sancho fue enterrado, tornáronse los ricos omnes et los prelados a la hueste. Et sobre tal fecho de tal muerte de rey et sennor que era tan grand cosa, tomaron todos su acuerdo de cómo enviassen desafiar a los de Çamora; et levantósse estonces el conde don García de Cabra et dixo:«Amigos, bien veedes ya cómo avemos perdudo a nuestro sennor el rey don Sancho, et matól’ el traidor de Vellid Adolfo seyendo su vassallo, et desque ovo acababa la traición fue et metiósse en Çamora, et los de la villa recibiéronle; et assí como nós cuedamos et nos fue dicho, fízolo esse traidor con consejo de los çambranos; et si aquí oviere alguno que los quiera reptar por ello, todos los otros le faremos buen pleito que l’ cumplamos de armas et de cavallos et de quanto oviere mester fasta que el riepto sea conplido et passado.»

Después que esto ovo dicho el conde, callaron todos que non fabló ninguno. Et después d’esto a grand pieça levantósse un cavallero castellano que avie nombre Diago Ordónnez, omne de grand guisa et muy esforçado cavallero, fijo del conde don Ordonno de Lara, et dixo assí:«Si me otorgáredes todos lo que el conde á dicho, yo iré reptar Çamora por la muerte de nuestro sennor el rey don Sancho.» Et ellos otorgárongelo, et alçaron todos las manos dándose por debdores de lo complir.

Don Diago fuesse luego pora su posada, et armósse muy bien, et cavalgó su cavallo et salió et fue reptar a los de Çamora. Et quando fue acerca de la villa, encubriósse del escudo por que l’ non firiessen de saeta, et començó a llamar estonces a grandes vozes a don Arias Gonçalo. Et un escudero, que estava estonces en somo del muro, fue et dixo a don Arias Gonçalo:«Sennor, un cavallero castellano está acerca de la çibdad bien armado, llamando a vós a grandes vozes; et si queredes, tirarl’é con la ballesta, et o feriré a él de muerte o l’ mataré el cavallo.» Díxol’ don Arias Gonçalo que lo non fiziesse por ninguna manera.

Et don Arias Gonçalo, con sus fijos que l’ aguardavan, subió suso en el muro por ver qué demandava aquel cavallero, et díxol’:«Amigo, ¿qué demandades ý?» Respondiól’ don Diego:«Los castellanos han perdudo su sennor; et matól’ el traidor Vellid Adolfo seyendo su vassallo, et después que fizo esta traición, vós cogiéstele en Çamora. Et digo por ende que es traidor él, et traidor el qui lo tiene consigo, si él sabíe d’antes de la traición o gela consintió o si vedárgela pudo. Et riepto a lo çambranos tanbién al grand como al pequenno, et al muerto tanbién como al bivo, et al que es por nascer como al que es naçudo, et a las aguas que bevieren, et a los pannos que vistieren, et aun a las piedras del muro. Et si tal á en Çamora, que diga de non, lidiárgelo é; et si Dios quisiere que yo venzca, fincaredes vos tales como yo digo.»

Respondiól’ essa ora don Arias Gonçalo:«Si yo tal so como tú dizes, non oviera yo a nascer, mas en quanto tú dizes en todo as mentido, et dezirte quiero cómo: en lo que los grandes fazen non an culpa los pequennos que non son aún en edad, nin los muertos otrossí non an culpa de lo que non vieron nin sopieron. Mas saca ende los muertos et los ninnos et las otras cosas que non an razón nin entendimiento, et por todo lo ál te digo que mientes, et lidiártelo é o daré quien te lo lidie. Et sepas una cosa: que tod aquel que riepta a concejo, que deve lidiar con cinco uno en pos otro; et si él venciere a aquellos cinco, deve salir por verdadero; et si alguno de aquellos cinco le venciere, deve él fincar por mintroso.»

Quando esto oyó dezir don Diago pesól’ yaquanto, pero encubriósse muy bien, et dixo assí:«Don Arias, yo daré XII castellanos, et dad vos XII çambranos, et yuren todos XXIIII sobre los santos evangelios que nos yudguen derecho, et como ellos fallaren que devo lidiar, yo lidiaré assí.» Dixo estonces don Arias Gonçalo que l’ plazie et que dizie muy bien. Desí pusieron que oviessen treguas tres nueve días fasta que oviessen lidiado. Mas agora dexamos aquí un poco d’esto et de la razón del riepto, et diremos de la infante donna Urraca et del rey don Alfonso.

840. El capítulo de cómo el rey don Alfonso se veno de Toledo

Cuenta la estoria que entre tanto que todas estas cosas que dichas avemos se libravan, que la infante donna Urraca envió en muy grand poridad sus mandaderos a Toledo a su hermano el rey don Alfonso que se viniesse quanto más aína pudiesse pora los regnos de Castiella et de León, ca sopiesse por cierto que muerto era su hermano el rey don Sancho. Et castigó a los mandaderos que esto fuesse tan en poridad que por ninguna guisa non lo sopiessen los moros nin lo entendiessen; ca por pecados, si lo sopiessen nonpodrie ser que los moros non prisiessen a don Alfonso; ca éste era ell omne del mundo que ella más amava.

Et dize en esta razón ell arçobispo don Rodrigo que después que los castellanos et los navarros fueron ya todos ayuntados en uno, que ovieron todos su acuerdo, teniendo las voluntades en la su lealtad, que pues que el rey don Sancho non dexara fijo ninguno que regnasse, que non tomassen otro por sennor sinon al rey don Alfonso; et enviáronle otrossi los castellanos sus mandaderos muy en poridad. Mas unos omnes malos a que agora dizen enaziados, que van descobrir a los moros lo que los cristianos cuedan fazer, quando sopieron de la muerte del rey don Sancho, fuéronlo dezir a los moros. Et don Per Assúrez era omne entendudo et sabie algaravía, et cavalgava cada día tres migeros fuera de Toledo a assolazarse —et esto fazie él por ver si vernie alguno de contra Castiella que l’ contasse algunas nuevas d’allá— et acaesció que falló un día un omne que l’ dixo que vinie con mandado al rey Almemón a fazerle saber cómo era muerto el rey don Sancho.

Estonces don Per Assúrez quando aquello oyó, apartól’ fuera de la carrera como en razón de fablar con él, et cortól’ la cabeça. Desí tornósse a la carrera, et falló otro mandadero que vinie por esso mismo, et apartól’ et descabeçól’ otrossí. Pero non pudo él fazer que lo non sopiesse el rey Almemón la muerte del rey don Sancho. Et tornó otrossí don Per Assúrez de cabo a la carrera, et falló los mandaderos de la infante donna Urraca que l’ contaron tod el fecho assí como passara; et él tornóse luego pora Toledo, et guisó luego quanto más pudo todas las cosas que entendió que avrien mester cómo se viniesse el rey don Alfonso.

Aquí dize otrossí el arçobispo don Rodrigo de Toledo, que otro día luego, que llegaron ls mandaderos de los castellanos al rey don Alfonso. Et don Per Assúrez et sus hermanos tenien que si el rey Almemón sopiesse de la muerte del rey don Sancho, que prendrie a don Alfonso et que l’ avrie a fazer por fuerça fuertes posturas quales el rey Almemón quisiesse; et otrossí si don Alfonso lo encubriesse a Almemón et Almemón por otras partes lo sopiesse, por ventura que aún podrie seer peor. Ellos estando en esta dubda, el rey don Alfonso fiando en Dios, recudióles d’esta guisa a lo que ellos tenien asmado et gelo dixieron:«Amigos, bien sabedes vós de cómo quando yo vin a este moro, que me recibió él onradamientre et diome mu complidamientre todas las cosas que me fueron mester, et catóme en logar de fijo, pues ¿cómo le podría encobrir la merced que me Dios fizo? Ca el que me esto á fecho, aún me fará más, segund que yo en él fío.»

Et fuesse luego pora el rey Almemón et contógelo todo. Pero sobr’esto dize don Lucas de Tuy por su latín más sabidor fue allí el rey don Alfonso, et esto fue que diz que l’ non quiso dexir nada de la muerte del rey don Sancho, mas que l’ dixo que querie ir a su tierra, si lo él toviesse por bien et le diesse alguna ayuda de sus cavalleros pora acorrer a sus vassallos que eran en grand coita con el rey don Sancho su hermano que los guerreava; et Almemón le dixo que se guardasse de ir allá, ca temie que l’ prendrie su hermano muy aína; a esto le respondió el rey don Alfonso que bien connoscie él a su hermano, et sabie las costumbres d’éll, et que se non temerie d’éll si l’él quisiesse dar alguna ayuda de moros.

Et dize el arçobispo don Rodrigo otrossí, que gradesció mucho Almemón a don Alfonso aquello que l’ dixo que querie ir a su tierra, ca ya él sabie todo el fecho cómo era, et avie mandado tener los caminos et todos los passos, que si se fuesse ante que gelo fiziesse saber, que l’ prisiessen. Pero dize que non sabie aún Almemón ciertamientre de la muerte del rey don Sancho, et demás que cuedava aún que non era verdad lo que l’ ende dixieran, pues que el rey don Alfonso non gelo dizie. Sobr’esto Almemón, por el grand plazer que ovo de lo que l’ descubrió la verdad don Alfonso, díxol’ assí:«Gradéscolo a Dios del cielo por que tú feziste lealtad en dezirme que te queries ir, et que guardeste de yerro a ti et a mí que non oviessen los omnes en qué me travar; ca si te fueras yo non lo sabiendo de ti antes, tu non escaparas de muerte o prisión. Mas pues que assí es, vete et toma tu regno si pudieres, et yo darte é de lo mío lo que ovieres mester con que puedas allanar et aver los coraçones de los tuyos.»

Et desí fizo Almemón al rey don Alfonso renovar la yura que l’ fiziera antes de segurança por éll et por sus fijos, et aún si mester le fuesse que l’ ayudarie contra los otros moros. Et cuenta la estoria que otra tal yura fizo Almemón al rey don Alfonso. Aquí razona aún la estoria et diz que este rey Almemón avie estonces un nieto del que se non membró Almemón de nonbrarle en aquella postura que fazía con el rey don Alfonso, et diz que nin el rey don Alfonso non fue tenudo de guardárgela después.

El rey moro con tod esto iva deteniendo al rey don Alfonso de día en día en palabras, et non le dexava ir; et el rey don Alfonso quexavas’ mucho por ello diziéndogelo cada día quando veníe ora. Onde Almemón, seyendo muy enoyado por que assí gelo dizie cada día et tantas vezes, díxol’ como por sanna: «Vet agora, ca después fablaremos más de vagar en esto.»

Et estonces era ya de noche. Don Per Assúrez en tod esto tenie siempre guisadas las bestias fuera de la villa, en guisa que gelo non entendie ninguno; et el rey don Alfonso otrossí teniendo que avie mandamiento de Almemón pora irse, por estas palabras que l’ dixiera «vet agora», salió luego del palacio et fuesse indo; desí tomáronle sus cavalleros, et levándol’, quisiesse o non, fuesse fasta que llegaron al muro con éll; et tenien ý sus guisamientos prestos, et descendiéronle por cuerdas por somo del muro, et assí descendieron los cavalleros otrossí et toda la companna.

Almemón non sabiendo d’esto nada, después que don Alfonso fue ido, preguntó a los moros que seíen ý con él si sabien por qué se querie ir don Alfonso a su tierra; et dixiéronle los moros que non sabien por cierto, mas por ventura que avie mandado de su tierra que su hermano era muerto, et que por esso se querie ir.

Sobr’estas palabras Almemón con sus moros ovieron estonces su acuerdo de prender a don Alfonso otro día en la mannana, et fazer con él de guisa que nunqua les d’él viniesse mal ninguno. Et quando fue otro día en la mannana, envió Almemón sus monteros que prisiessen a don Alfonso; et quando no l’ fallaron, tornáronse a Almemón et dixiérongelo. Pero dize aquí en esta razón ell arçobispo don Rodrigo que sopo Almemón quándo don Alfonso se fue; et cuéntalo mejor et dize que salió con éll onrándol con todos los mayores de su palacio, et que fue con él fasta’l puerto que llaman agora Valatome, que ante avie nonbre la sierra del Dragón, et diz que l’ dio allí ell uno dell otro con grand amor, et tornósse el rey Almemón pora Toledo, et el rey don Alfonso fuesse onradamientre pora su tierra.

Mas pero esto non sabemos ciertamientre si fue assí, et lo que non sabemos non lo queremos afirmar. Agora dexamos aquí de fablar del rey Alfonso et tornaremos a contar la razón del riepto en el logar do lo dexamos, et del acuerdo que los de Çamora ovieron sobr’el riepto que Diago Ordonnez les fiziera.

841. El capítulo de cómo fallaron por derecho que quien reptava concejo que avie a lidiar con cinco uno en pos otro

Sobr’esta razón cuenta la estoria que mientre los mandaderos de donna Urraca ivan a Toledo a don Alfonso, que salió don Arias Gonçalo fuera de la villa por las treguas que avie con los de la hueste, assí como avemos dicho, et fuesse ver con los castellanos et ivan todos sus fijos con él et otros cavalleros muchos de los de la villa.

Et ayuntáronse todos los ricos omnes et los cavalleros que ran en la hueste, et acordaron cómo fiziessen sobre aquel riepto que era fecho. Et ell acuerdo fue éste: tovieron por bien de dar XII alcaldes dell un cabo et XII dell otro que judgassen cómo devie lidiar quien reptava concejo; et fiziéronlo assí.
Et pues que ovieron aquellos XXIIII alcaldes acordado en aquello que fablavan quál era el derecho, levantáronse dos d’aquellos que eran más sabidores et más onrados, uno de los castellanos et otro de los çambranos, et dixieron assí: que fallavan por derecho, et assí era escripto, que tod aquel que reptava a concejo, et esse concejo que fuesse cabeça de arçobispado o de obispado, que devie lidiar en campo con V, uno en pos otro, et que a cada uno d’ellos que l’ camiassen las armas et el cavallo, et le diessen a comer III sopas et a bever del vino o del agua qual él más quisiesse.

Et esto otorgaron los de la una et de la otra parte que assí fuesse. Et aquellos alcaldes partiéronles el canpo, et era cerca Çamora, en un lugar que lídizen de Sant Yagüe en ell arenal cerca del río. Et pusieron una vara en esse canpo en medio del cerco, et dixieron que el que venciesse que fuesse luego echar la mano en aquella vara et dixiesse que avie vençudo el canpo; et diéronles plazo de IX días que viniessen lidiar en aquel lugar que avien sennalado. Después que esto fue dicho et firmado, assí como dixiemos, tornósse don Arias Gonçalo pora Çamora, et contólo todo assí a donna Urraca.

Ella mandó luego pregonar que se llegassen a concejo todos los de la villa. Et pues que fueron llegados, díxoles don Arias Gonçalo:«Amigos, ruégovos que si á alguno de vós que fuesse en consejo de la muerte del rey don Sancho o que lo sopiesse d’antes et lo pudiera desviar, que lo diga et non lo niegue; ca antes me quiero ir con míos fijos a tierra de moros, que non ser vençudo en canpo et fincar por alevoso.» Estonces dixieron todos que non avie ý ninguno que lo sopiesse nin fuesse en consejo de fazer tal cosa. Et d’esto plogo mucho a don Arias Gonçalo, et mandóles que se fuessen todos pora sus posadas; et él fuesse con sus fijos pora su casa, et escogió quatro d’essos fijos que lidiassen, et él que fuesse el quinto; et castigólos cómo fiziessen quando fuessen en el canpo, et aún dixo que él querie ser el primero «et si verdad fuere lo que el castellano dixo, yo morré primero et non veré el vuestro pesar; et si él dixo mentira, yo l’ vençré et seredes vos onrados por siempre.»

842. El capítulo de cómo venció Diag’ Ordónnez a Pedr’ Arias y l’ mató

Empós esto, quando el día del plazo llegó, que fue el primero domingo de junio, armó don Arias Gonçalo de grand mannana a sus fijos, et desí armaron a él. Et llegó l’ mandado de cómo andava ya Diag’ Ordónnez guisado pora entrar en el canpo. Et él cavalgó luego et sus fijos pora irse pora allá, et en saliendo ellos por la puerta de su palacio, llegó donna Urraca et pieça de duennas con ella, et dixo llorando mucho de sus ojos: «Don Arias, véngavos emiente de cómo mío padre el rey don Fernando me vos dexó en comienda, et vós yurastes en sus manos que nunqua me desamparariedes, et agora queredes me desamparar si la cosa se assí faze como la vós començades; onde vos ruego que finquedes vos, et non vayades lidiar, ca assaz á ý quien vos escuse.»

Don Arias desarmóse estonces, et vinieron luego muchos cavalleros a demandarle las armas et que lidiarien por éll, mas él non las quiso dar a otro ninguno sinon a su fijo Pedr’ Arias, que era muy valient cavallero, maguer que era aún ninno de días, et aviel’ ya mucho rogado que querie lidiar por éll, et armól’ él con su mano et castigól’ cómo fiziesse; desí santigol’ et díxol’ que en tal punto fuesse él a salvar los de Çamora como Nuestro Sennor Ihesu Cristo viniera en Santa María pora salvar el mundo.

Et desí fuesse Per’Arias pora’l canpo do estava ya atendiendo don Diago Ordónnez muy bien armado. Et vinieron luego los fieles a ellos, et mostráronles el cerco et la raya d’él, do non avien a salir afuera; et dixiéronles que aquel que venciesse que echasse la mano en la vara que estava fincada en medio del cerco, et dixiesse que avie arrancado el canpo.

Desí dexáronlos que avien de lidiar dentro los fieles, et saliéronse ellos fuera del cerco. Et los que avien de lidiar endereçaron las riendas a los cavallos, et fuéronse ferir un por otro como lo avien de fazer, et diéronse muy grandes colpes, et firiéronse un a otro V vezes muy de rezio, et a la sesta vez crebáronles las lanças, et metieron mano a las espadas; et dávanse tan grandes golpes que se falssavan los yelmos. Et esto les duró fasta medio día. Quando don Diago vio que tanto se le tenie Per Arias, et que l’ non podie vencer, vénol’ essa ora emiente cómo lidiava por vengar a su sennor que fuera muerto a traición, et esforçó quanto más pudo, et alçó la espada, et tal colpe le dio que l’ cortó el yelmo et la loriga et una piesça del tiesto de la cabeça.

Per’ Arias estonces con el grand dolor de la ferida et por la sangre que l’ corrie por los ojos, ovo de abraçar la cerviz del cavallo; pero con tod esto non perdió los estribos nin la espada de la mano. Diag’ Ordónnez quando l’ vio assí estar, cuedó que era muerto et non le quiso más ferir, et dio grandes vozes et dixo: «Don Arias Gonçalo, enviadme ell otro fijo, ca este nunqua vos levará el mandado.»

Per’ Arias quando esto oyó, maguer que era malferido de muerte, alimpiósse de la sangre la cara et los ojos con la manga de la loriga, et enderençósse en su siella et tomó la espada a amas manos, et fue muy de rezio contra don Diago; et cuedando l’ dar por somo de la cabeça, erról’, et diol’ tan grand colpe en el cavallo que l’ cortó las narizes a bueltas con las riendas. Et el cavallo començó luego de irse con la quexa de la ferida; et Diag’ Ordónnez, non aviendo con que l’ tener, quando vio que l’ sacarie fuera de la sennal, dexósse caer d’éll dentro, en el cerco.

Per’ Arias en tod esto, cayó otrossí luego muerto en tierra fuera de la sennal. Et don Diago levantosse, et fue et echó la mano en la vara que estava en medio del canpo en el cerco et dixo: «Vençudo é ell uno, loado a Dios.» los fieles vinieron luego, et tomáronle por la mano, et leváronle pora la hueste, et desarmáronle, et diéronle a comer tres sopas et a bever del vino como era puesto, et folgó un poquiello. Desí aduxiéronle otras armas, et armáronle bien et diéronle un cavallo muy bueno, et fueron con él fasta’l cerco.

843. El capítulo de cómo venció Diago Ordónnez a Diag’ Arias y l’ mató

Empós esto salió a él ell otro fijo de don Arias Gonçalo, que avie nombre Diag’ Arias, muy bien guisado de armas et sobre buen cavallo; et vinieron el padre et los hermanos con éll fastal’ cerco. Et vinieron luego los fieles, et tomáronlos a amos por las riendas, et metiéronlos dentro en el cerco, et dexáronlos allá, et saliéronse ellos fuera.

Desí Diag’ Ordónnez et Diag’ Arias dexáronse venir uno contra otro, et diéronse tan grandes colpes de las lanças que se falsaron luego de la primera los escudos. Después diéronse de cabo otros sennos colpes de las lanças tan de rezio que se las crebantaron: et crebantadas las lanças, metieron manos a las espadas que tenien muy buenas et fuéronse ferir, et diéronse tan grandes colpes que se cortaron los yelmos et las mangas de las lorigas.

Quando esto vio don Diago, esforçósse quanto más pudo et arremetiósse a él, et diól’ de la espada tal colpe por somo dell ombro que todo le fendió fasta en la siella; et cayí Diag’ Arias muerto en tierra.

Don Diag’ Ordónnez fue luego et echó la mano en aquella vara que estava en medio del cerco, et dixo: «Don Arias Gonçalo, enviadme otro fijo, que los dos vençudos los é, loado sea a Dios.» Allí vinieron luego los fieles et tomaron a Diag’ Ordónnez por la mano; et ellos por sacarle del cerco, dixiéronle que el muerto non era aún arrancado, ca aún yazie dentro en el cerco; mas que descendiesse del cavallo et que l’ sacasse del cerco, assí como yazie armado, et todavía catasse et se guardasse que non pusiesse los pies fuera del cerco.

Don Diego fízolo assí como l’ mandaron los fieles, et descendió del cavallo, et tomó el muerto por el pie, et tiról’ rastrando fasta que le llegó a la raya; et desí echosse en tierra, empuxándol’ con los pies echól’ fuera del cerco. Et desí fue otra vez poner la mano en la vara que estava en medio del cerco, et dixo allí que ante querrie lidiar con un vivo que tirar un muerto del canpo. Estonces vinieron los fieles et sacaron del cerco a Diag’ Ordónnez, et leváronle a la hueste, et desarmáronle como la otra vez, et folgó una piesça, et desí comió tres sopas et bevió del vino. Et armáronle de otras armas, et cavalgó en un cavallo muy bueno et fuesse pora’l cerco.

844. El capítulo de cómo venció Diag’ Ordónnez a Rodrig’ Arias y l’ mató

Don Arias con la grand cueita que avie de los fijos que assí veíe morir, llamó a otro su fijo que avie nombre Rodrig’ Arias, et era cavallero muy esforçado et muy valiente, et era el mayor de todos los XV hermanos, et acertárase ya otras vezes en otros torneos et fuera ý muy aventurado; et díxol’ don Arias: «Fijo, ruégovos que vayades lidiar con Diag’ Ordónnez por salvar el concejo de Çamora et a donna Urraca Fernando et a vuestros hermanos; et si los salváredes, fuestes nascido en buen día.» Dixo estonces Rodrig’ Arias: «Padre, mucho vos gradesco lo que me avedes dicho, et bien creet que o morré yo o salvaré el concejo.»

Desí armósse luego, et ayudól’ el padre a armar, et cavalgó en su cavallo et fuesse pora’l canpo. Et desí vinieron luego los fieles, et tomaron a Diag’ Ordónnez et a él por las riendas, et metiéronlos en el cerco, et saliéronse ellos. Et luego que los fieles fueron fuera dexáronse Diag’ Ordónnez et Rodrig’ Arias ir un a otro a ferirse.

Et erró don Diago el colpe; mas non le erró Rodrig’ Arias, et diól’ tan grand ferida de la lança que l’ falsó todo el escudo et crebantól’ el arçón delantero de la siella, et fízol’ perder los estribos et abraçar la cerviz del cavallo. Mas como quier que don Diego fuesse maltrecho del colpe, esforçó et fue contra Rodrig’ Arias, et diól’ tan grand colpe de la lança que l’ falsó ell escudo et metiól grand pieça dell fierro por la carne. Empós esto metieron amos manos a las espadas, et dávanse muy grandes colpes con ellas; et dio Rodrig’ Arias a don Diago una ferida tan grand que l’ cortó tod el braço siniestro bien fasta ell huesso.

Diag’ Ordónnez otrossí, quando se sintió mal ferido, fue contra Rodrig’ Arias et diól’ una ferida por somo de la cabeça que l’ cortó el yelmo et el almófar con la meatat del casco. Rodrig’ Arias otrossí, quando se vio ferido de muerte, dexó la rienda al cavallo et tomó la espada a amas manos et dio tan grand colpe al cavallo de Diag’ Ordónnez que bien le partió acerca de la meatat de la cabeça. El cavallo con la grand quexa de la ferida, començó de se ir a una parte et a otra con Diag’ Ordónnez, et sacól’ fuera del cerco, et murió ý luego el cavallo.

Rodrig’ Arias otrossí, levándol’ el su cavallo en pos Diag’ Ordónnez, cayó del cavallo esse Rodrig’ Arias muerto en tierra. Don Diago quisiera estonces tornar al cerco et lidiar con los otros; mas non quisieron los fieles, nin tovieron por bien de judgar si eran vençudos los çambranos o si non; et assí fincó este pleito por judgar. Agora dexamos aquí de fablar d’esta razón et diremos del rey don Alfonso de cómo fue recebido en su venida.

845. El capítulo de cómo vinieron los leoneses et los castellanos al rey don Alfonso y l’ recibieron por sennor, et de la yura que l’ tomó el Çid

Aquí dize assí la estoria, que pues que el rey don Alfonso llegó a Çamora, fincó sus tiendas en el canpo que dizen de Sant Yagüe. Et luego fue a ver a su hermana la infante donna Urraca, et tomó su consejo con ella cómo farie allí de su fazienda. Et la infante donna Urraca, assí como dizen las estorias, era muy entenduda duenna. Et el rey don Alfonso, avido su consejo con ella, envió sus cartas por toda la tierra que viniessen allí a fazerle vassallage.

Quando los de León et los gallegos et los asturianos sopieron que el rey don Alfonso era venido, fueron muy alegres con su venida, et vinieron luego a Çamora, et recibiéronle ý por rey et sennor, et fiziéronle ý luego vassallage et omenage de guardárgele.

Después d’esto llegaron los castellanos et los navarros, et recibiéronle otrossí por sennor a tal pleito que yurasse que non muriera el rey don Sancho por su consejo; pero al cabo non le quiso ninguno tomar la yura, maguer que la el rey quisiesse dar, sinon Roy Díaz el Çid solo, que l’ non quiso recebir por sennor nin besarle la mano fasta que l’ yurasse que non avie él ninguna culpa en la muerte del rey don Sancho; et éll yurógelo assí como agora aquí diremos.

Cuenta la estoria que quando el rey don Alfonso vio que Roy Díaz el Çid non le queria besar la mano como todos los otros altos omnes et los prelados et los concejos fizieran, que dixo assí: «Amigos, pues que vós todos me recibiestes por sennor et me otorgastes que me dariedes cibdades et castiellos et todo lo ál, que mío era el regno, querría que sopiéssedes por qué me non quiso besar la mano mío Çid Roy Díaz, ca yo fazerle ía algo, assí como lo prometí a mío padre el rey don Fernando quando nos le comendó a mí et a míos hermanos.»

Quando el rey don Alfonso dizie estas palabras a la corte, oíelas Roy Díaz mío Çid, et levantósse estonces et dixo. «Sennor, quantos omnes vos aquí vedes, pero que ninguno non vos lo dize, todos an sospecha que por vuestro consejo fue muerto el rey don Sancho; et por ende vos digo que si vós non salváredes ende, assí como es derecho, que yo nunqua vos bese la mano.»

Díxol’ essa ora el rey: «Çid, mucho me plaze de lo que avedes dicho, et aquí lo convengo et lo yuro a Dios et a Santa María et a vós que nunqua lo yo mandé, nin fui en el consejo, nin me plogo ende quando lo sope, maguer que me él avie echado de tierra; et por ende vos ruego a todos como a vassallos, que me consegedes en cómo me salve de tal fecho.»

Dixiéronle estonces los altos omnes que l’ yurasse con XII de sus cavalleros en la eglesia de Santa Gadea de Burgos, et que d’aquella guisa fuesse salvo. Al rey plógol’ mucho d’este juizio; et cavalgaron et fuéronsse pora Burgos sobre razón de fazer esta salva.

La Jura de Santa Gadea, de Marcos Hiráldez Acosta. 1864. (Palacio del Senado de España, Madrid).
La Jura de Santa Gadea, de Marcos Hiráldez Acosta. 1864. (Palacio del Senado de España, Madrid).

Et desque fueron ý, tomó Roy Díaz Çid el libro de los Evangelios, et púsol’ sobre ell altar de Santa Gadea; et el rey Alfonso puso en él las manos, et començó el Çid a conjurarle en esta guisa: «Rey don Alfonso, ¿venídesme vós yurar que non fuestes vós en consejo de la muerte del rey don Sancho mío sennor?» Respondió el rey don Alfonso: «Vengo.» Dixo el Çid: «Pues si vós mentira yurades, plega a Dios que vos mate un traidor que sea vuestro vassallo, assí como lo era Vellid Adolfo del rey don Sancho mío sennor.» Dixo entonces el rey don Alfonso: «Amén»; et mudósele estonces toda la color.

Dixo otra vez el Çid: «Rey don Alfonso, ¿venídesme vós yurar por la muerte del rey don Sancho, que nin la consejastes nin le mandastes vós matar?» Respondió estonces el rey don Alfonso: «Vengo.» «Et si vos mentira yurades, mátevos un vuestro vassallo a enganno et a aleve, assí como mató Vellid Adolfo al rey don Sancho mío sennor.» Respondió el rey don Alfonso: «Amén», et mudósele la color otra vez.

Aún le conjuró el Çid otra vez; et assí como l’ conjurava el Çid, assí lo otorgava el rey don Alfonso et XII de sus cavalleros con él. Después que la yura fue tomada et otorgada, quiso Roy Díaz el Çid besar la mano al rey don Alfonso, mas non gela quiso él dar, segund cuenta la estoria; ante diz que l’ desamó d’allí adelante, maguer que era muy atrevudo et muy hardit cavallero. Pero después estudieron en uno, a las vezes abenidos, a las vezes desabenidos, tanto que l’ echó de tierra el rey; mas al cabo fueron amigos: assí lo sopo merecer el Çid.


Bibliografía