Los romanos habían llegado a la península Ibérica en el 218 a.C. con el objetivo de combatir a los cartaginenses, quienes habían ganado el sur y este de Iberia como parte de su imperio. Tras la victoria romana, comenzó la conquista de Hispania, siendo la primera etapa la incorporación de los territorios íberos (actual Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia y Andalucía).

Las guerras celtíberas (154-133 a.C)

En el 154 a.C, los celtíberos más orientales inician una rebelión en Segeda (cerca de Calatayud), al mando de Caro, en contra de los tributos exigidos por el cónsul de la Hispania Citerior, Q. Fulvio Nobilior. Los rebeldes se fortalecieron en Numancia, derrotando al cónsul en varias ocasiones. En el 152 a.C., Claudio Marcelo sustituye a Fulvio Nobilior y utilizando la diplomacia toma Occilis (Medinaceli) y firma una paz con los celtíberos. La paz se mantuvo, aunque sin el acuerdo del Senado romano, hasta el 143 a.C.

L. Licinio Lúculo asume el cargo de cónsul en la Hispania Citerior en el 151 a.C. Fue un fiel ejecutor de la política belicista propugnada por el Senado y usando pretextos poco justificables causó una gran matanza en Cauca (Coca, Segovia). Poco después logró la capitulación de Intercatia (Paredes de Nava, Palencia) pero fracasó en su intento de conquistar Pallantia (Palencia).

Los continuos abusos por parte de los cónsules romanos provocan una nueva rebelión celtíbera en el 143 a.C. Roma envía al cónsul Q. Cecilio Metelo a combatirla. Mientras Nertobriga y Centobriga aceptan la paz, otras ciudades celtíberas como Contrebia son tomadas a la fuerza. En el 142 a.C, Metelo pasa al valle del Duero y saquea las tierras vacceas aprovechando las labores de cosecha del cereal en verano.

En el 141 a.C. Q. Pompeyo sucede a Metelo en el consulado e intenta tomar Numancia. Ante el fracaso se encamina hacia Termantia (Tiermes, Soria) obteniendo una dudosa victoria. Al siguiente año, volvió a asediar Numancia, pero ante las dificultades se vio obligado a firmar un acuerdo con los numantinos. Posteriormente negó la validez del acuerdo, lo cual le valió un proceso ante el Senado romano.

En el 139 a.C. el nuevo cónsul M. Popilio Laenas vuelve a fracasar en la toma de Numancia. Como desquite realizó diversas incursiones en el territorio vacceo. Un nuevo fracaso ante Numancia fue lo que obtuvo su sucesor en el cargo en el 138 a.C, Hostilio Mancino, que además se vio rodeado por los numantinos y tuvo que firmar una paz que el Senado romano calificó de humillante. El período 137-135 a.C fue de paz para Numancia pero no así los territorios vacceos que sufrieron varias razzias.

En octubre de 134 a.C, el nuevo cónsul P. Escipión Emiliano (vencedor de Cartago en el 146 a.C) inicia el asedio definitivo de Numancia. Le acompañan numerosos hombres de letras como Polibio y Lucilio e importantes políticos como C. Mario y T. Graco. La falta de colaboración de los vecinos y el largo asedio (10 meses) propició la rendición de Numancia en el 133 a.C. La ciudad fue saqueada y destruida.

Tras la caída de Numancia, la zona vivió una relativa tranquilidad sólo rota por las incursiones de lusitanos sobre las ciudades del valle del Duero que fueron contestadas repetidamente por los cónsules romanos (114,113 112 y 109 a.C).

En el 104 a.C. la tribu germana de los cimbrios llega a Hispania a través de los Pirineos orientales, saqueando el valle del Ebro sin que el pretor Fulvio pudiera contenerlos. Únicamente cuando pasaron a la Meseta fueron derrotados por los celtíberos. Probablemente esta demostración de fuerza animó a iniciar una rebelión celtíbera entre el 99 y el 93 a.C. Lograron vencer al pretor C. Celio Caldo, pero fueron derrotados por el cónsul Tito Didio (98 a.C) y por C. Valerio Flaco (93 a.C.).

Fig 2-1 Roma tras las Guerras Celtíberas (154 – 133 a.C.) (1)

Las guerras sertorianas (82-72 a.C)

Se inician en el 82 a.C. en Hispania las guerras sertorianas, consecuencia del enfrentamiento entre optimates y populares. Q. Sertorio, tras establecerse en Suesa, se atrae la amistad de los celtíberos así como de muchos hispanorromanos.

En el 81 a.C, L. Livinio Salinator, al frente de una legión sertoriana es derrotado por el procónsul C. Annio Lusco en los Pirineos. Sertorio no puede hacerle frente y huye a Mauritania para volver poco después y derrotar al enviado de Sila, Fulfidio. El año siguiente Sertorio prepara su ejército mientras su prestigio crece también entre íberos y lusitanos.

En el 79 a.C. el lugarteniente de Sertorio, Hirtuleyo derrota al procónsul de la Citerior M. Domicio Calvino. Sertorio también consigue victorias. En el 77 a.C. Hirtuleyo pasa a la Lusitania y derrota al cónsul Q. Cecilio Metelo. Mientras Sertorio consigue aliarse con la mayor parte de las ciudades celtíberas. Perpenna se una a la causa sertoriana.

En el 76 a.C. Roma envía a Cneo Pompeyo a luchar contra Sertorio. Tras una victoria inicial de Sertorio, las fuerzas de Metelo derrotan a Hirtuleyo, y luego Metelo y Pompeyo derrotan en varias ocasiones a Sertorio. En el 74 a.C. se apoderan de varias ciudades de la Celtiberia. En el 73 a.C. Sertorio ya no tiene apoyo en la Celtiberia y el año siguiente es asesinado por su compañero Perpenna tras haber sido derrotado en Clunia por Pompeyo. Algunas ciudades celtíberas continúan la resistencia durante algún tiempo (Uxama, Termantia, Clunia…) pero son sometidas.

El fin de la República de Roma (56 a.C -19 a.C)

En el 56 a.C. una rebelión de las tribus vacceas (apoyadas por sus vecinos) es sometida por el gobernador de la Citerior, Metelo Nepote. Ese mismo año, Hispania, por los acuerdos de Lucca, pasa a manos de Pompeyo. Poco después, en el 49 a.C., se inicia la guerra civil y Julio César desembarca en Hispania para combatir a los partidarios de Pompeyo. Julio César derrota a los Pompeyanos cerca de Ilerda (Lérida) y consigue el apoyo de la práctica totalidad de Hispania. Parte en el 48 a.C. dejando como gobernador de la Citerior a M. Emilio Lépido.

Pero en la Hispania Ulterior creció el descontento con el gobernador puesto por César, Q. Cassio Longino, y por eso Pompeyo y sus hijos pueden reclutar un año después un ejército de seguidores. Para evitar que Pompeyo se hiciera con el control de la Hispania Ulterior, César vuelve a Hispania, venciendo a los pompeyanos en el 45 a.C.

En el triunvirato del 43 a.C., Hispania pasó a Lépido y poco después a Octaviano (luego conocido como Augusto).

Figura 2-2 La dominación romana hacia el 50 a.C. (1)

Las guerras cántabras (29-19 a.C.)

El 29 a.C. Estatilio Tauro lleva a cabo una campaña contra los vacceos, cántabros y astures. Es esta la primera de tres campañas (28 a.C. con C. Calvisio y 27 a.C. con Sexto Apuleyo) antes del comienzo de la guerra en el 26 a.C.

El 26 a.C. traslada su campamento desde Tarraco a Segisamo (Sasamón, Burgos), donde planifica su ataque contra cántabros, astures y galaicos del norte. La expedición contaba con tres cuerpos y un total de siete legiones. El primer cuerpo pertenecía a la Hispania Citerior y era dirigido por el propio Augusto y su legado Antistio Veto; los otros dos procedían de Asturica (Astorga) y Braccara (Braga) mandados por el legado Carisio. Este año los cántabros son el objetivo principal de los romanos: tras el asedio y toma de Aracillum, logran controlar los reductos de los cántabros orientales. Los cuerpos de Asturica y Braccara conquistan Bergidum y Mons Vindium. Por último, son atacados los cántabros más occidentales.

En el 25 a.C. el ejército de la Citerior, mandado por Antistio, y el de Lusitania, dirigido por Carisio actúan coordinadamente con la flota de Aquitania para atacar a los astures. La resistencia final astur fue en Mons Medullius, donde muchos se suicidaron. Con estas victorias, Augusto vuelve a Roma el 24 a.C. Lucio Emilio recibió el mando de las tropas de Cantabria. No obstante, cántabros y astures aprovecharon su ausencia para volver a sublevarse, aunque pronto fueron sofocados. Los cántabros vuelven a rebelarse en el 22 a.C. y son derrotados por Cayo Furnio. Una última intervención conjunta de M. Vipsaniano Agripa y P. Silio Nerva acaban con las rebeliones de los pueblos norteños.

Las guerras cántabras

Fig. 2-3 Las guerras cántabras. (1)

Todos los territorios conquistados pertenecen a la división administrativa de la Hispania Citerior, y posteriormente tras la reorganización de Augusto, a la provincia Tarraconense.

El Alto Imperio Romano (19 a.C-238)

Pocas son las noticias que se tienen de esta zona durante el Alto Imperio. Tras la pacificación comenzó la romanización que afectó menos a las tribus más norteñas (cántabros, autrigones, várdulos y caristios). Son de reseñar los siguientes hechos:

  • 25. El legado imperial de la Citerior, L. Calpurnio Pison, es asesinado por un campesino en Tiermes ante los continuos abusos de aquél en su cargo.
  • 39. La legio III Macedónica, acantonada en Pisoraca (Herrera de Pisuerga, Palencia) desde las guerras cántabras es desplazada hacia el limes germano. Permanecen en el norte las legiones VI Victrix y X Gemina.
  • 63. La legio X Gemina se desplaza al frente germano.
  • 68. La legio VI Victrix proclama emperador a Galba en la ciudad de Clunia. La ciudad es rebautizada como Clunia Sulpicia y adquiere el rango de colonia civium Romanorum. Galba recluta una nueva legión en la Citerior, la legio VII Galbiana o Hispana así como algunas unidades auxiliares como dos cohortes de vascones y un ala Sulpicia civium Romanorum. La nueva legión se traslada a Roma. Como contrapartida, vuelve la legio X Gemina.
  • 70. La legio X Gemina marcha a combatir a los galos. La Citerior recibe a la legio I Adiutrix.
  • 73. Se promulga el Edicto de Latinidad de Vespasiano otorga el ius Latii a toda Hispania.
  • 74. Regresa a Hispania la legio VII Hispana, que se asentará en un campamento dando origen al actual León. Desde esta fecha dicha legión será la única que quede en Hispania, ayudada por un ala (II Flavia Hispanorum) y cuatro cohortes ( I Gallica, II Gallica, I Celtiberorum y III Lucensium).
  • 89. Trajano, emperador de origen hispano, al frente de la legio VII se desplaza a Germania para combatir a Saturnino.
  • 145. El legado de la Citerior Cornelio Prisciano se subleva al frente de las unidades hispanas, quizá en protesta por reclutamientos masivos.
  • 187. Una vexillatio de la legio VII marcha hacia Ampurias para combatir las correrías de Materno y su banda de esclavos y soldados desertores.
  • 197. Durante las guerras civiles de ese año, el legado de la Citerior, Novio Rulfo, apoya en Hispania a Clodio Albino. Es derrotado por el legado enviado por Septimio Severo, T. Claudio Candido.
  • 212. Promulgación de la Constitutio Antoniniana del emperador Caracalla, por la que se concede la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del imperio. El Edicto tuvo en Hispania poca repercusión porque desde el Edicto de Vespasiano (73) eran muchos los que habían accedido a esa categoría.
  • 214. Nueva reorganización territorial de Hispania. Se constituye la Hispania Nova Citerior Antoniniana (Gallaecia), que incluye Gallaecia, Asturica Augusta, el territorio militar de la legio VII y el Conventus Cluniensis (con capital en Clunia). Durará hasta el 238.

El Bajo Imperio Romano (238-406)

  • 252. La peste asola la Península Ibérica.
  • 258-268. Hispania apoya a Póstumo, quien además de su labor de contención de los germanos, organiza un verdadero estado en la Galia y es proclamado emperador por sus legiones.
  • 262. Primera invasión franca, saqueando la costa mediterránea hispana.
  • 276. Segunda invasión franca. Penetran por Navarra y alcanzan el valle del Duero. Son destruidas las ciudades de Pamplona, Zaragoza y Clunia.
  • 296. Maximiano llega a Hispania para contener a los francos y enfrentarse a las tribus norteafricanas.
  • 297-298. Creación de la Diócesis Hispaniarum y del cargo de vicarius por Diocleciano La Tarraconense se divide en Tarraconensis, Carthaginensis y Gallaecia. Estas tres provincias junto con Bética, Lusitania y Mauritania Tingitana (actual Marruecos) componen la Diócesis de Hispania, con capital en Emérita Augusta (Mérida).
  • 313. Desde esta fecha, siendo emperador Constantino, actuará un comes Hispaniarum junto al vicarius. Ambos estarán bajo la autoridad del praefectus de las Galias. Promulgación del Edicto de Milán: cristianismo como religión oficial.
  • 346. Nace el futuro emperador Teodosio en Cauca (actual Coca, Segovia).
  • 379. Teodosio es nombrado emperador.
  • 395. Honorio, hijo de Teodosio, es emperador en Occidente mientras que Arcadio es nombrado emperador en oriente.
  • 406. El 31 de diciembre del año 406 un ejército de alanos, suevos y vándalos atravesó la frontera, aprovechando que los ríos estaban congelados, e invadió la Galia.

Los usurpadores Constantino III y Máximo contra Honorio (407- 411)

El hecho fundamental que explica la invasión de Hispania por los pueblos bárbaros es la debilidad del Imperio y una serie de nombramientos de emperadores que se opusieron al emperador Honorio en el Imperio Occidental.

A principios del 407 el ejército romano de Britania proclama emperador a Constantino III, un soldado raso que parece que, además de ser capaz, tenía como único mérito llamarse Constantino.

Sin embargo Constantino III actuó inteligentemente y cruzó el canal de La Mancha con el grueso de las tropas con la intención de hacerse con el control de las diócesis de Galia e Hispania. Un primer ejército rebelde, al mando de los generales Justiniano y Nebiogastes, es derrotado en las cercanías de Valence por Sarus, lugarteniente de Estilicón, el hombre fuerte de Honorio. Pero otro ejército rebelde, comandado por Edobico (franco) y Geroncio (britano), logró hacer retroceder al ejército imperial hacia Italia.

Constantino III gobierna en Hispania

En mayo del 408 Constantino III ubica la capital de su imperio en Arlés y tiene asegurados los pasos del Rin y entre Italia y Galia. El siguiente paso es asegurarse el control de Hispania. En Hispania existía una dificultad: Teodosio era un emperador de origen hispano y gran parte de su familia residía allí. Luego, en un primer momento, estos terratenientes tenían suficiente poder y apoyo como para oponerse a Constantino III.

Pero sí hubo resistencia por parte de la aristocracia terrateniente encabezada por Dídimo y Veriniano por un lado y por Lagodio y Teodosiolo por otro lado. Eran parientes, probablemente primos, del emperador Honorio y gracias a su riqueza organizaron un ejército para oponerse al usurpador y en apoyo del legítimo emperador de Occidente. Para Constantino III es fundamental asegurarse Hispania para obtener recursos y para no estar entre dos frentes si además es atacado desde Italia.

En el mismo 408 Constantino III decide actuar en Hispania. Saca a su hijo Constante II del monasterio en el que vivía y lo nombra César. Junto al general Geroncio y a Apolinar (como prefecto del pretorio) es enviado a Hispania y se establecen en la ciudad de Caesaraugusta (Zaragoza). Asimismo Constantino envió nuevos gobernadores y administradores a las provincias hispanas y parece que no hubo oposición a ellos por parte de la administración pública.

Parece que la resistencia teodosiana se concentra en la provincia de Lusitania y en la Meseta. Según Zósimo: “En primer lugar (Dídimo y Veriniano) presentaron batalla a Constante sirviéndose del ejército de Lusitania, y cuando se percataron de su inferioridad, hicieron leva de un gran número de sus esclavos y de sus colonos y en poco tiempo pusieron en peligro al ejército de Constante”.

Los usurpadores pidieron refuerzos a la Galia. Es entonces cuando las tropas teodosianas, para impedir la entrada de refuerzos, se dirigen hacia los Pirineos.

Constantino reclutó en la Galia un ejército compuesto por honoriani, es decir, de bárbaros plenamente integrados en el ejército romano. Este ejército va a derrotar al de Dídimo y Veriniano, quienes fueron apresados junto a sus esposas. Mientras, Lagodio y Teodosiolo, que debían de estar en la retaguardia, huyeron, uno a Constantinopla y el otro a Rávena.

Tras la victoria, el césar Constante se dirigió a Arles con el botín y los prisioneros. Allí fueron decapitados Dídimo y Veriniano.

En el 409 envió una embajada a Honorio para que lo reconociera como co-emperador. Y, ante su extrema debilidad, así lo hizo. Constantino III era el emperador de Britania, Galia e Hispania y era el iniciador de una nueva dinastía gracias a sus hijos Constante y Juliano.

Mientras tanto en Zaragoza se habían quedado la esposa de Constante y el general Geroncio. Geroncio, como medio de premiar a las tropas bárbaras que habían derrotado a los teodosianos, les permitió saquear los campos palentinos (Palentinis campis); también les encomendó la protección de los pasos pirenáicos.

Rebelión de Geroncio (409) y proclamación del emperador Máximo (410-411)

Por razones poco claras, Geroncio se rebela contra Constantino III, aprovechando la ausencia de Constante y expulsa a Apolinar. Constantino III reacciona enviando a Constante junto a un nuevo general llamado Iustus.

Ante esta situación Geroncio negoció con los contingentes de suevos, alanos y vándalos que se encontraban en Aquitania y les permitió el paso a Hispania en octubre del 409. Éstos junto con los honoriani que protegían supuestamente la frontera, formaron el ejército que se opuso a las tropas de Constantino III.

La rebelión de Geroncio fu un éxito y no solo triunfo en Hispania sino que se ganó la adhesión de Britania y gran parte de la Galia. Como colofón decidió nombrar a su propio emperador: Máximo, seguramente ya en el 410.

Geroncio determinó que Máximo residiera en Tarraco. De su gobierno se sabe poco. Acuñó moneda en Barcino y Tarraco y dominaba en toda la diócesis de Hispania y parte de la Galia. Britania había decidido desligarse del Imperio para siempre.

Geroncio se enfrentó a las tropas de Constante y, vencedor, le persiguió hasta Vienne, donde le dio caza y le asesinó. La situación de Constantino III en Arlés era angustiosa. Tras un ataque frustrado contra Honorio en Italia, volvió a Arlés y se encontró con el asedio de Geroncio.

Esta era la ocasión de Honorio para deshacerse de los dos usurpadores. Un potente ejército se dirige a Arlés. Ante la situación las tropas de Geroncio desertan y se unen a las de Honorio. Honorio continua el asedio de Arlés y consigue apresar a Constantino III y a su hijo Juliano quienes, llevados a Rávena, fueron decapitados.

Mientras tanto Geroncio vuelve a Hispania pero se encuentra con que ya no tiene apoyos en su ejército y acaba suicidándose a mediados del 411. Máximo pierde a su garante y decide refigiarse entre los contingentes bárbaros que habían pasado a Hispania en el 409.

El corto imperio de Máximo fue trascendental para la historia de Hispania. El acuerdo de Geroncio y/o Máximo con los suevos, vándalos y alanos hizo posible el comienzo de la época de las invasiones germánicas.