Recetas visigodas Book Cover Recetas visigodas
Joan Clement, Jorge Morín de Pablos, Isabel María Sánchez Ramos, Cristina Silvestre Bernabéu, Albert Ribera i Lacomba
Cultura medieval
Auditores de Energía y Medio Ambiente, S.A (Audema)
2019
80

En esta publicación de recetas visigodas, elaborada por los arqueólogos Jorge Morín y Albert Ribera, con la participación del chef Joan Clement y la sección de Turismo del Ayuntamiento de Riba-roja del Turia, se explica de forma detallada qué comían los visigodos, ingredientes, cultura culinaria y principales platos elaborados, según los estudios científicos realizados sobre la época.

Con la base de su cocina y gastronomía como eje, la obra recorre una de las civilizaciones que se asentaron durante años en el VII en Riba-roja a partir de las excavaciones arqueológicas realizadas en los yacimientos de Valencia la Vieja y el Pla de Nadal, los dos espacios que describen la época de esplendor del legado visigodo.

Un total de 23 recetas describen las vajillas que utilizaban los comensales, los espacios y comedores donde se realizaban las comidas, los ingredientes que se utilizaban, la procedencia de los productos, las cantidades que comían o incluso las bebidas con las que acompañaban los platos.

De entrada, la investigación concluye que las comidas eran muy diferentes entre las clases populares y las élites dominantes. Los comedores pasaron a estar ubicados en el primer piso de los inmuebles, como en el caso del Pla de Nadal de Riba-roja, el palacio que el dux Teodomir ordenó construir en las afueras de Valencia con una decoración formada por muebles, almohadillas o linternas de la época

Las comidas que se solían servir allí tenían reminiscencias romanas, con especias y productos locales como caracoles, carnes cocinadas en varias modalidades o embutidos, fruto de los animales que había en función de cada zona o de la época del año. Las élites completaban su dieta con liebres, conejos o perdices gracias a su hábito de cazar.

Mientras tanto, los cereales, el trigo o la avena les permitían elaborar pan o incluso cerveza, pero también consumían verduras y legumbres. Los procesos de producción permiten deducir que la alimentación visigoda es el precedente de lo que hoy en día se conoce como dieta mediterránea.

Por la mañana, el llamado ‘prandium’ era la primera comida de la jornada, en la que predominaban los cereales, el ‘moretum’ (queso para untar) o las frutas desecadas. A mediodía era el momento del ‘admordium’, una comida larga y extensa con entrantes diversos y un plato con base de carne, pescado o marisco, mientras los pobres lo reducían a un único principal de legumbres y carnes. La comida se completaba con postres.

Ya por la noche, la ‘coena’ era el final del día y la iniciaban con platos digeribles, líquidos y ligeros. Continuaban con platos de proteínas como carne, pescado o verduras, y guarnición para acompañar. Al acabar predominaba la fruta fresca y de temporada, algún lácteo, mermelada, frutas desecadas y una especie de flan. Los vinos y las cervezas eran la bebida principal, además de algún zumo.