[c. 1053 – c. 1097]. Llamado El Fratricida.

Conde de Barcelona, Gerona y Osona (1076 – 1097)

Era hijo del conde Ramón Berenguer I el Viejo y de la condesa Almodis de la Marca, tercera esposa de su padre.

Nació hacia 1053 y fue hermano suyo, acaso gemelo, Ramón Berenguer II, llamado Cabeza de Estopa. En cualquier caso fue el segundo de los hijos, bien porque naciera más tarde, bien porque en el parto de gemelos o mellizos lo hiciera en último lugar.

Comienza a aparecer en la documentación condal junto a su hermano a partir del año 1054. En una donación de Ramón Berenguer I y Almodis al monasterio de Barberá del 25 de marzo del 1054 «et filios nostros Raimundum et Berengarium et Arnaldum Petri». Y el 2 de enero de 1068 en otra donación de los condes, esta vez a Lérins, firmado por sus hijos «Petri filii eius, Raimundi filii eius, Berengarii filii eius, Agnelus filius eius…».

Testamento de Berenguer Ramón I y su sucesión (1076)

Al morir su padre, en 1076, dejó herederos a ambos hermanos, en régimen de condominio. Aunque Ramón Berenguer, el mayor, parece que prevalecía sobre Berenguer Ramón, el menor.

Este condominio se expresaba en los documentos con frases como «Nos duo fratres Comites Barchinonensis Raimundus Beregarii ac Berengarius Raimundi» o «Nos pariter scilicet Raimundus Berengarii et Berengarius Raimundi gratia Dei Barchinonenses Comites et Marchiones».

Según el testamento de su padre, ambos hermanos debían de llegar a un acuerdo para repartirse de forma equitativa todas las rentas fiscales y señoriales.

Cogobierno con Ramón Berenguer II (1076-1082)

Expedición a Murcia (1076)

En 1076 su hermano Ramón Berenguer II lideró una expedición como aliado del rey de Sevilla gracias a la iniciativa de Ibn ‘Ammar. Pero pronto hubo disensiones por el pago y, además fueron derrotados por las tropas de Murcia y Toledo mientras asediaban Murcia.

La expedición acabó en fracaso, aunque finalmente se recibió una compensación monetaria por parte de Sevilla.

Concilio de Besalú – Gerona (1077)

A fines del 1077 llegó a Gerona el legado papal Amat de Oleró con el objetivo de reunir un sínodo contra la simonía y, especialmente, contra el arzobispo Wifredo de Narbona, ya excomulgado por Víctor II y luego por Alejandro II y Gregorio VII. Otro objetivo era implantar definitivamente la reforma gregoriana en la iglesia catalana.

El diciembre del 1077, en Besalú, donde el conde Bernardo II había acogido al legado, volvió a excomulgar a Wifredo de Narbona, condenó la simonía y reconoció la obligación de que las abadías recaudaran el censo, un impuesto que debían de dar a la Santa Sede, por un importe de 100 mancusos de oro. Parece que de momento solo Bernardo II de Besalú acató la resolución pero no los condes de Barcelona.

El reparto de 1079

El acuerdo entre los dos hermanos para repartirse el dominio de los condados tardó en llegar y la nobleza comenzó a dividirse entre ellos. El Papa Gregorio VII intentó mediar, desde 1079, entre ambos hermanos.

El 2 de enero de 1079 el Papa escribió al obispo Berenguer de Gerona ordenando que él junto con los abades de Ripoll, Sant Cugat y San Ponç de Thomières resolvieran el problema.

Fruto de estas negociaciones se llegó a un acuerdo el 17 de mayo de 1079 por el que los hermanos se repartían equitativamente la ciudad de Barcelona y el resto del patrimonio familiar con los castillos, casas y tierras distribuidos por el condado desde el Llobregat al Besós.

Ramón Berenguer II se quedó el Castell Nou, con la bodega y corrales, dos mil mancusos y las torres situadas dentro del Palacio Condal. La isla del Port con el alodio, huertos y patios de Bernat Ramón desde el Besòs al Llobregat, divididos por la mitad. El castillo de Castellví de la Marca con su término a excepción de la Torre de Dela y Vallmoll. Avinyó con la curtis condal, Aramprunyà, la Almúnia, Gavà, Benviure a Sant Boi de Llobregat y los huertos condales. Pallejà y Les Franqueses, Sant Just Desvern, las domenges del Llobregat, la iglesia de Santa María de Caldes y treinta cerdos en Les Franqueses, Sils del Vallès, Vilamajor con la cuarta parte de la iglesia de Sant Pere de Vilamajor y el palacio contiguo. Además de unos días de estancia en el Palacio de Barcelona. Quien viviera en las casas de Bernat Ramón tendría también el castillo del Port, además de su dominicatura e igualmente se quedaría con veintiséis familias judías de la Aljama.

Ambos hermanos hicieron en junio de ese año una donación a Frotard de Thomières como muestra de esta reconciliación.

Pero tampoco este reparto minucioso de bienes puso fin a las querellas entre ambos hermanos. En diciembre de 1080 un nuevo convenio en el que Ramón donaba algunas posesiones a Berenguer y además se prometían repartir todo lo que se consiguiera a partir de entonces, además de que le cedía algunos de su mejores hombres.

Expansión del condado de Barcelona (1076-1082)

Como resultado de estas luchas entre Lérida y Zaragoza, los condes catalanes, que apoyaban al rey taifa de Lérida y Tortosa, obtuvieron numerosos territorios: una extensa comarca del Pla de Urgell desde Anglesola en Sidamon, al oeste, Torregrossa, al mediodía, y los confines con el condado de Urgel, en el norte. De este modo el 26 de junio de 1079 los dos condes de Barcelona hacían donación del castillo de Anglesola y Golmers a un tal Berenguer Gombau.

También hubo progreso por la Conca de Barberá, territorio que también pertenecía al rey de Lérida como soberano de la taifa de Tortosa. En 1079 se repoblaba Espluga de Francolí, que los condes donan a Pong Hug de Cervera, y también se coloniza Barberá.

En 1081, mientras los condes preparaban una expedición contra los musulmanes, se presentó en Barcelona El Cid, exiliado, que ofrece sus servicios militares a los condes de Barcelona, parece que el encuentro no fue amistoso.

Mientras tanto había fallecido al-Muqtadir de Zaragoza (1081) y sus dominios se repartieron entre sus hijos: Mutamin recibía Zaragoza y Mundir las taifas de Lérida, Tortosa y Denia. Ambos hermanos se enfrentaron en 1082. Mutamim, quien tenía al Cid a su servicio, atacó a su hermano, quien buscó la ayuda de Barcelona, Navarra y Aragón.

El Cid derrotó a los aragoneses en Tamarit y se fortificó en el castillo de Escarp y de Almenar, éste último a solo 20 km. al norte de Lérida.

Mundir pidió ayuda a los condes catalanes. Una hueste formada por Berenguer, el conde de Cerdaña, un hermano del conde de Urgel y nobles de Besalú, Ampurias, Rosellón y Carcasona acudieron a asediar Almenar. A pesar de su superioridad numérica, fueron derrotados por el Cid y el propio Berenguer Ramón II será cogido prisionero, llevado al castillo de Tamarit y liberado cinco días después.

Asesinato de Ramón Berenguer II (1082)

Mientras Berenguer Ramón II estaba en estas luchas en la zona de Lérida, Ramón Berenguer II se encontraba en Barcelona. Es posible que se hubieran repartido las tareas de gobierno de forma que Berenguer se ocupaba de las expediciones militares y Berenguer de la política interna.

Pero por debajo de esta aparente normalidad y reparto de funciones, parece que persistía la insatisfacción entre los hermanos por el reparto de las tierras y el poder.

El 5 de diciembre de 1082, mientras se trasladaba a Gerona, Ramón Berenguer II fue asesinado en un lugar boscoso y solitario del actual término de Gualba.

La muerte de Ramón Berenguer, fuese o no a instigación de su hermano, motivó una crisis interna en el condado de Barcelona que no puede considerarse resuelta hasta 1086 y, definitivamente, hasta 1097, con la llegada al poder del hijo del difunto, Ramón Berenguer III.

Gobierno en solitario de Berenguer Ramón II (1082-1097)

Rebelión señorial (1082-1086)

Como sospechoso de la muerte de Ramón Berenguer II, la autoridad de Berenguer Ramón II fue cuestionada por una parte de los nobles catalanes.

A los pocos días del asesinato, su viuda, la condesa Mafalda, se encuentra en Rodez, residencia de su prima Mafalda de Roerga, y había dado a luz a un hijo: el futuro Ramón Berenguer III. Pero en virtud del testamento de Ramón Berenguer I, el Viejo, este infante no habría de heredar la mitad del condado, el que había pertenecido a su padre, hasta después de la muerte de su tío Berenguer Ramón II.

Mafalda quedó entonces en una situación económica precaria, tanto que tuvo que pedir un préstamo, en enero del 1083, a los hermanos Guillermo Ramón y Asberto Ramón de Montcada.

Al poco tiempo, entre fines del 1083 y principios del 1084, los condados de Carcasona y Rasés empiezan a oponerse a la autoridad de Berenguer Ramón II. Agrupados en torno a Bernat Ató y su madre, Ermengarda, que se titulan vizcondes de Carcasona. Estos se aseguraron la fidelidad de Rasés, Laurac y otros dominios y actuaban como soberanos de estas tierras. Parece que solo admitían la autoridad del aún niño Ramón Berenguer III.

En el resto de sus dominios la oposición aparece algo más tardíamente. En mayo del 1084 el vizconde Ramón Folc de Cardona y Bernardo Guillermo de Queralt acuerdan hacer la guerra contra todos los que hubieran participado en el asesinato de Ramón Berenguer II, aunque no menciona expresamente a ningún sospechoso.

En 1085 la oposición al conde había crecido de tal manera que tiene lugar una asamblea de nobles, presidida por el obispo Berenguer de Vic, a la que asisten los ya mencionados vizcondes de Cardona y Queral, así como los hermanos Montcada, Gelaberto Udalardo, hijo del vizconde de Barcelona, Mir Forquet, y otros. El 19 de mayo de 1085 toman la decisión de encomendar la tutoría de Ramón Berenguer III a sus tíos Guillermo I Ramón, conde de Cerdaña, y su mujer Sancha. Además le otorgaban el liderazgo de la lucha para vengar la muerte de Ramón Berenguer II. Los reunidos además acordaron obtener la ayuda del conde Armengol IV de Urgel y de ofrecer al rey Alfonso VI de Castilla y León la tutoría y la soberanía suprema sobre los condados catalanes.

Esto supuso un enorme problema para el condado de Barcelona pues se erosionaba su supremacía sobre el resto de condado catalanes. Por ejemplo, Bernardo II de Besalú y Guislaberto II de Rosellón firmaron pactos de vasallaje con respecto a Guillermo Ramón de Cerdaña. En el último pacto, el condado de Cerdaña recibía los vizcondados de Fenoullet y Castellnou así como el de Vallespir y Perapertusa. Parece como que, en este momento, Guillermo I Ramón de Cerdaña dispone de la supremacía sobre los condados catalanes.

En este punto la situación de Berenguer Ramón II es crítica: Ha perdido el dominio sobre los condados de Carcasona y Rasés y se discute su primacía sobre el resto de condes catalanes. Pero parece que la primacía del condado de Cerdaña va a durar poco, quizás porque el ofrecimiento realizado a Alfonso VI de Castilla y León no va a ser del agrado de otros muchos nobles catalanes.

Una nueva asamblea celebrada el 7 de junio de 1086 va a pacificar la situación. Dirigida por Ponce Guerau, vizconde de Gerona, y su hijo Guerau Ponce, asistieron los nobles que se habían reunido el año anterior. En esta ocasión se pactó que fuera Berenguer Ramón II quien actuara como tutor de Berenguer Ramón III durante once años, para luego asociarle al gobierno del condado.

La batalla por Valencia y El Cid

El acuerdo de 1086 logró la pacificación de sus dominios y es el momento en que Berenguer Ramón II reanuda la política de intervención en los reinos taifas vecinos.

Mientras perduraron los conflictos internos, Berenguer Ramón II no había podido ayudar a su aliado Mundir de Lérida, Tortosa y Denia, acosado por al-Mutamin de Zaragoza, quien contaba con El Cid como parte de sus tropas. Pero en 1085 había fallecido al-Mutamin y le había sucedido su hijo al-Mustain, lo que había dado lugar a una tregua entre Zaragoza y Lérida.

Berenguer Ramón II estaba decidido a intervenir de nuevo en estas luchas. La alianza de Urgel, Barcelona, Aragón y Lérida frente a Zaragoza y Valencia, apoyados por tropas de Castilla y León. De este modo se aseguraba la tranquilidad en sus fronteras y el cobro de parias.

El principal objetivo era que el reino de Valencia pasara a manos del rey de Lérida. En 1085 Alfonso VI había conquistado Toledo y logró que su antiguo rey, al-Qadir, se hiciera con la taifa de Valencia, expulsando a Abu Bakr ben ‘Abd al-Aziz. Pero no todos los castillos del reino Valencia acatan la nueva autoridad. Algunos como Játiva se alían con el rey de Lérida y con Berenguer Ramón II.

Alvar Fáñez, jefe de las tropas castellanas que apoyan al-Qadir deciden atacar el reino de Lérida para evitar su intervención en Valencia. Pero pronto las tropas castellanas abandonan Valencia y, también su intento de tomar Zaragoza, para enfrentarse a los almorávides en Sagrajas (1086) donde fueron derrotados.

al-Qadir se queda sin la protección de Castilla. Entonces, ya en el 1088, al-Mundir de Lérida prepara una nueva expedición contra Valencia apoyado por las tropas catalanas. Asedian Valencia pero al-Qadir de Valencia llama en su auxilio a al-Mustansir de Zaragoza, quien acude junto con El Cid. Ante la llegada de estos refuerzos, Mundir de Lérida y los catalanes se retiran y vuelven a Tortosa.

Mientras tanto las tropas zaragozanas y las del Cid llegan a Valencia aunque con distinto propósitos: El Cid para apoyar a un vasallo de Alfonso VI; al-Mustansir para incorporar Valencia a sus dominios. Las relaciones entre ambos se rompen: El Cid permanecerá en Valencia mientras que al-Mustansir vuelve a Zaragoza.

Y entonces ocurre una inversión de las alianzas. El Cid se acerca a Munidr de Lérida mientras que Berenguer Ramón II hace lo mismo con Zaragoza. Y de nuevo, en el verano de 189, Valencia vuelve a ser asediada. Las tropas zaragozanas y catalanes construyen fortificaciones en Líria y Puig y el mismo Berenguer dirige las operaciones desde su cuartel en Quart.

Pero de nuevo El Cid impedirá la toma de Valencia esta vez apoyado por tropas de Albarracín. al-Mustansir y Berenguer vuelven a retirarse.

Pero la determinación de Berenguer por conseguir Valencia motivó una nueva expedición en la primavera del 1090, esta vez con la ayuda del rey de Lérida. Berenguer trató de obtener la ayuda de Zaragoza y de Castilla pero no tuvo éxito. Finalmente se enfrentó a las tropas de El Cid en la batalla de Tebar, donde Berenguer fue completamente derrotado: cinco mil y el propio Berenguer fueron apresados.

Berenguer logró ser liberado a cambio de 80.000 marcos valencianos y de la espada Colada. Finalmente firmó una alianza con El Cid repartiéndose las parias del reino de Lérida, ahora dividido entre los hijos de al-Mundir.

Tras la batalla de Tevar había fallecido el rey al-Mundir de Lérida y fue sucedido por su joven hijo Sulayman Sayyid ben Hud. Berenguer y Rodrigo llegaron a una cuerdo para que Berenguer recibiera los tributos de Lérida y los de Tortosa y Denia para El Cid.

Ahora que Tortosa no formaba parte de los territorios protegidos por Berenguer, era el momento de avanzar hacia el sur. En 1092 Berenguer se une a una ofensiva de Alfonso VI junto con tropas de Génova y Pisa para conquistar Valencia.

Un grupo genovés ataca Tortosa mientras que las tropas de Berenguer, Sancho Ramírez de Aragón y Alfonso VI asedian por tierra la ciudad. Pero la empresa falló.

Después de la conquista de Valencia por el Cid (15 de junio de 1094), Sagunto se negó a reconocer su autoridad y pidió ayuda al rey de Zaragoza y al conde de Barcelona. Este puso sitio al castillo de Oropesa que pertenecía al Cid, pero al tener noticia de que el caudillo castellano se acercaba con sus huestes, se retiró. Posteriormente, Berenguer Ramón II y Rodrigo Díaz de Vivar se reconciliaron

Relaciones con la Iglesia: la restauración de la sede metropolitana de Tarragona

La zona de Tarragona había sido abandonada por la población musulmana en época de Berenguer I el Viejo. Estaba despoblada pero poco a poco se empezaba a repoblar al amparo del castillo de Tamarit. El Campo de Tarragona pertenecía a la jurisdicción eclesiástica de Vic.

En 1089 el obispo Berenguer de Vic, durante un viaje a Roma, demandó al papa Urbano II que se restaurara la antigua sede metropolitana de tarragona, lo cual implicaba la independencia de las iglesias de la antigua marca Hispánica con respecto del arzobispado de Narbona.

En julio del 1089 Urbano II apresuró a Berenguer y a los condes Armengol de Urgel y Bernardo de Besalú, a todos los obispos, vizcondes y magnates laicos y eclesiásticos a conquistar y reconstruir Tarragona y dejar la ciudad en condiciones para que pudiera albergar una sede episcopal. A cambio,debía el conde infeudar el principado de Cataluña al Papa y pagarle el censo anual de veinticinco libras de oro.

En una bula papal del 1 de julio de 1091 se restableció efectivamente la sede tarraconense y el obispo de Vic, Berenguer de Lluçà, fue nombrado arzobispo.

Finalmente , en el año 1095, en el concilio de Saint Gilles (Provenza) se acepta la separación de Tarragona de la sede de Narbona. Tarragona queda supeditada al arzobispo de Toledo.

De todas formas, a pesar de varias tentativas de conquista a partir del 1090, la ciudad de Tarragona no se incorporó al condado de Barcelona hasta 1117 por Ramón Berenguer III.

Muerte y sucesión de Berenguer Ramón II

Parte de la nobleza catalana, afecta al conde asesinado, al llegar su hijo a los catorce años, obligó a Berenguer Ramón a presentarse ante Alfonso VI de Castilla, en cuya Corte se celebró un juicio per batallam en el que quedó convicto de su crimen, según declara una sentencia de los jueces de corte de tiempo de Ramón Berenguer IV. Bofarull dice que este juicio se celebró el día 5 ó 6 de junio de 1096. Rovira y Virgili lo fija entre el 28 de junio de 1096 y el 8 de julio de 1097.

Unos autores dan por ocurrida la muerte del conde fratricida en Castilla, a consecuencia de las heridas que sufrió en la batalla: según otros, abandonó Cataluña junto a Ramón IV de Tolosa, enrolándose en la Primera Cruzada, y murió en Jerusalén.

En el Necrologio de Ripoll, del día 20 de junio (no indica la fecha de año) se lee: «Berengarius comes qui obiit in Jerosol».

Sea como fuere, el condado pasó a manos de su sobrino Berenguer Ramón III, quien ya llevaba varios años intitulándose conde.


Bibliografía