[¿Toledo?, c. 700 – ¿Toledo?, c. 783] Arzobispo de Toledo (c. 774 – c. 783) y escritor.

Sucedió al arzobispo Concordio en torno al año 774.

Parte de su vida es conocida porque en uno de los códices que nos han transmitido la Crónica mozárabe del 754 (Paris, Arsenal 982, del siglo XIV) aparece incrustada la breve biografía del arzobispo Cixila. La narración comienza llamándole santísimo varón y resume su vida anterior al episcopado en pocas líneas. Dice que Cixila se mantuvo en el servicio de Dios desde su más tierna infancia (ab ipsis cunabulis), adscrito a la sede toledana desde la llegada de los árabes (ab ingressione arabum).

Podemos suponer que Cixila ingresó en algunas de las escuelas eclesiales de Toledo y pudo conocer o ser discípulo de algunos de los eruditos toledanos de la época como Urbano, Evancio, Pedro el Hermoso,
el autor de la Crónica Mozárabe y Elipando. El propio Cixila en la Vita vel Gesta Sancti Ildephonsi asegura que los milagros que él narra los escuchó de boca de Urbano y Evancio, dos destacados miembros
de la clerecía de la catedral y que él no estaba solo cuando se lo contaron.

El autor de su biografía atribuye la elección de Cixila a su larga permanencia en la iglesia de Toledo, con lo que tal vez quiere insinuar que la experiencia acumulada que poseía podría ser útil para afrontar los problemas religiosos planteados a la cristiandad toledana. Dice que fue un experto conocedor de las ciencias sagradas (sanctimoniis eruditus), un restaurador de las iglesias y un hombre firmísimo en la práctica de las virtudes teologales.

Asimismo relata una especie de milagro que le sucedió con un hereje sabeliano o mejor antitrinitario. Éste se acercó a Cixila y quiso entablar un desafío doctrinal en público. El obispo aceptó y, en medio de la discusión, el demonio se apoderó del cuerpo del hereje y lo atormentó hasta que Cixila rogó a Dios que lo liberara del espíritu. Dios se lo concedió y el hereje quedó sano y salvo y volvió al seno de la Iglesia.


Por último, sabemos por la ya mencionada biografía, que Cixila murió después de nueve años de pontificado y esto sucedió entre los años 783-784. La obra no menciona a Elipando como sucesor ni indica tampoco la fecha del relevo, pero sabemos que en uno de estos dos años tuvo lugar el cambio de prelado en la sede toledana, porque así lo señalan otras fuentes históricas y más en concreto determinadas frases que Beato de Liébana, el antagonista de Elipando.

La falsa carta del rey Silo a Cixila

Según una falsificación del siglo XVII, el rey Silo habría escrito al arzobispo Cixila de Toledo en los años finales de su pontificado (Epistola Silonis regis Quete ad Cixilonem ecclesiae Toletanae Archiepiscopum ex códice Gothico bibliotecas aiusdem ecclesiae). Según se refiere en esta misiva, redactada en un latín ridículo, el arzobispo Cixila se había dirigido a dicho rey asturiano enviándole una carta por manos del arcediano Elipando y de Pedro Diácono dándole cuenta del estado miserable en que se encontraba la cristiandad de Toledo por la opresión de los musulmanes.

El rey le responde felicitándole con efusión porque se había embarcado en el proyecto de edificar junto a la mezquita de los moros de Toledo una iglesia consagrada al mártir san Tirso, natural de la misma ciudad. Esta iniciativa le había acarreado peligro para su vida, pero al fin pudo obtener el permiso del juez islámico, cuya voluntad había comprado con dinero. El rey le comunica que se dirige también a este magistrado dándole las gracias.

La reina Adosinda, continúa diciendo, envía un cáliz, patena y aguamanil para la nueva iglesia toledana erigida en memoria del santo mártir san Tirso, en cuyo honor el arzobispo de Toledo había compuesto un himno. Añade algunos datos más sobre otros santos y sobre las reliquias que se intercambian. La pretendida carta real está fechada en Pravia el 24 de febrero del año 785.

La biografía de Cixila conservada en la Crónica mozárabe del 754

Huius tempore uir sanctissimus, et ab ipsis cunabulis in Dei persistens seruitio Cixila in sede manet Toletana *** et quia ab ingressione Arabum in suprafatam ecclesiam *** esset, metropolim est ordinatus: Fuit enim sanctimoniis eruditus, ecclesiarum restaurator et (secundum) scriptu(ras) spe, fide et caritate firmissimus meritis *** eius innotescant cunctis. Quadam die, homo heresem Sabellianam seductus *** uoluit accedere corpore perquisitus est ab eo ut cum tali reatu esset conscio, illeque abnegans tali scelere *** Qui statim ita a daemone est arreptus, ut omnis conuentus ecclesie in stupore [re]uerterentur. Sicque sanctus uir orationi se dedit, et sanctae Ecclesiae sanum reddidit et illaesum. Qui et nouem per annos uicem apostolicatus peragens in ea caritate qua inchoauerat uitae huius terminum dedit.

En su tiempo ocupa la Sede de Toledo Cixila varón santísimo y desde su nacimiento constantemente al servicio de Dios*** Y como desde la invasión de los árabes (se hallaba) en la mencionada iglesia *** fue consagrado metropolitano en ella. Fue instruido en materia de religión, restaurador de iglesias y muy firme en la esperanza, fe y caridad según las Escrituras *** que se hizo notorio a todos por su méritos. Cierto día, un hombre que seducido por la herejía sabeliana quiso presentarse *** fue requerido por él respecto de cómo quería participar con tal pecado, y abnegando de tal impiedad *** Al punto fue poseído del demonio de tal forma que toda la asamblea reunida en la iglesia quedó estupefacta. Así, este santo varón se entregó a la oración y lo volvió sano y salvo a la Santa Iglesia. Después de nueve años de ejercer el episcopado, con aquella caridad con que había comenzado, llegó al fin de su vida.

Crónica mozárabe del 754, pág. 117-119

Obra

Se atribuye a Cixila la Vida de San Ildefonso (Vita vel Gesta Sancti Ildephonsi). Se ha conservado en el manuscrito del Escorial D.I.1 del año 994 y en el manuscrito nº 47 de la Real Academia de la Historia de Madrid del siglo XI.

El escrito, dividido en 8 párrafos por los editores, es bastante breve. Pero su estructura redaccional permite fraccionarlo en dos partes casi iguales en extensión, separadas por una pequeña digresión en la que el autor refiere haber recibido su información de los labios de los grandes varones Urbano
y Evancio.

La primera parte comienza por una sucinta introducción en que alude a los tiempos que corrían cuando el autor compuso la obra y nara el milagro que se produjo durante la búsqueda y exhumación de los restos de santa Leocadia.

La segunda parte narra el segundo milagro, todavía más extraordinario. Según se deduce de la obra, tuvo lugar pocos días después en un escenario diferente, en la catedral, con motivo de la celebración de la fiesta de santa María.

Se le atribuyó también un himno a San Tirso encontrado en 1595 en las supuestas ruinas de la iglesia homónima en Toledo, que habría sido mandada edificar por él, pero tanto la fundación por él de dicha iglesia como su autoría del himno son de dudosa autenticidad.

Por último, también se le ha atribuido en ocasiones, erradamente, el traslado del Arca de las Reliquias que fue abierta en el 1075 en la catedral de Oviedo.

Bibliografía

González Ruiz, Ramón: El arzobispo Cixila: su tiempo, su vida, su obra. Homenaje a don Julio Porres Martón-Cleto, Real Academia de Toledo, pp. 45-88