[¿? – d. 1092]
Militar y rey de la taifa de Murcia (1080-1089/1091)

Su nombre completo era Abu Muhammad ‘Abd ar-Rahman ben Rashiq al-Qushayrí. En árabe أبو محمد عبد الرحمن بن رشيق القشيري

Ibn Rashiq aparece por primera vez en la historia como valí y amil (gobernador militar) del castillo de Baly (Vilches o Vélez), dependiente de la taifa de Sevilla.

El visir sevillano Ibn ‘Ammar estaba empeñado en hacerse con la taifa de Murcia. Tras un primer intento fracasado con el apoyo de Berenguer Ramón II (1076), en un segundo intento buscó la colaboración de Ibn Rashiq.

La taifa de Murcia, gobernada por Abu ‘Abd al-Rahman ben Ahmad ben Ishaq ben Tahir. Ibn Rashiq ocupó primero Cartagena (1078) y, en 1079, hizo lo mismo con Mula, Alicante y Orihuela, sitiando Murcia.

Finalmente, las tropas sevillanas entraron en la capital y apresaron al rey taifa de Murcia. Ibn ‘Ammar e Ibn Rashiq proclamaron entonces su lealtad al emir sevillano al-Mu’tamid.

Ibn Rashiq gobierna en Murcia (1080)

Sin embargo, al poco tiempo Ibn ‘Ammar comenzó a actuar como un soberano autónomo. Aprovechando que, en torno al 1080, Ibn ‘Ammar dirigió una expedición hacia Toledo, el general Ibn Rashiq se hizo con el gobierno de la taifa murciana, en principio teóricamente bajo el dominio de los abbadíes de Sevilla.

Ibn ‘Ammar ya no pudo regresar a Murcia y acabó refugiándose en Zaragoza. Al poco, el anterior soberano murciano logró exiliarse en Valencia.

A partir de entonces, se inició el dominio de Ibn Rashiq sobre la ciudad de Murcia, aunque teóricamente reconociendo la soberanía de los abbadíes, quienes llegaron a acuñar allí moneda a su nombre.

Pero, después de la victoria almorávide sobre los cristianos en la batalla de Sagrajas (1086), Ibn Rashiq tuvo que avenirse a pagar un tributo simbólico a su antiguo señor al-Mu’tamid. Aunque supo atraerse el favor del emir almorávide al establecer la proclamación de su nombre en la oración de la aljama murciana, lo cual equivalía al reconocimiento de su soberanía.

De este modo Ibn Rashiq conservaba su autonomía en un difícil equilibrio entre almorávides y sevillanos.

La toma y el asedio de Aledo

La relación entre Murcia y Sevilla se enrareció por completo tras la toma de Aledo por Alfonso VI de Castilla y León en 1088.

Aledo se encontraba dentro del territorio de la taifa de Murcia, entre la capital y Lorca. Desde allí, los cristianos realizaron incursiones contra Lorca y otros territorios de dominio abbadí.

Pero, según las fuentes árabes, Ibn Rashiq no solo no hizo nada por desalojar a los cristianos de Aledo, sino que incluso les daba ayuda, proporcionándoles víveres, ya que de esta forma al-Mu’tamid estaba ocupado con este problema y no podía dedicarse a controlar Murcia.

El problema de Aledo provocó la segunda venida del emir almorávide Yusuf ben Tashufin a al-Andalus. al-Mu’tamid estaba interesado en recuperar Aledo y luego deponer a Ibn Rashiq. De esta forma se estableció un pacto entre ambos soberanos, en virtud del cual Yusuf ben Tashufin se comprometía a ayudar al abbadí a cambio de que los reyes de taifa colaborasen con él.

Sin embargo, el asedio de Aledo fue un rotundo fracaso, pues mostró todas las disensiones y enemistades existentes entre los soberanos taifas, debiendo retirarse los musulmanes sin haber logrado recuperar la plaza.

El destino de Ibn Rashiq se decidió durante el propio asedio, sobre el cual disponemos el relato detallado que suministra el emir ‘Abd Allah de Granada en sus Memorias.

al-Mu’tamid logra deponer a Ibn Rashiq

La intención de Ibn Rashiq era anular el acuerdo de al-Mu’tamid con Yusuf ben Tashufin, para lo cual gastó enormes sumas de dinero, poniendo su confianza en el emir almorávide Sir, quien, según la citada fuente, lo distinguió con desproporcionados miramientos.

Por su parte, al-Mu’tamid trataba de contrarrestar su actuación, pero finalmente fue Ibn Rashiq quien llegó a la máxima familiaridad con los almorávides, de forma que trataba con altanería a al-Mu’tamid, daba públicas muestras de rebelión y desvío con respecto a él, y abrazaba el partido almorávide.

Entonces, al-Mu’tamid se dirigió a los alfaquíes, ganándose a Ibn al Qulayi, lo cual hizo cambiar la actitud del emir, quien reprochó la actitud de pública rebelión que había mantenido. Sin embargo, finalmente la balanza se decantó del lado abbadí, ya que el emir almorávide se dio cuenta de los manejos de Ibn Rashiq, quien seguía abasteciendo a los cristianos durante el asedio, pues creía que si eran echados de Aledo el correría la misma suerte en Murcia.

De esta forma, se celebró una junta de alfaquíes que emitieron una fetua o dictamen jurídico por el que se le expulsaba de la comunidad musulmana, debiendo ser entregado a la autoridad. Ibn Rashiq recurrió al emir almorávide, pero este declinó poder ayudarlo bajo el argumento de que sus delitos eran contrarios a la norma islámica.

Por ello ordenó que fuese detenido y entregado a al-Mu’tamid , el cual lo cargó de cadenas y lo afrentó, poniéndolo bajo custodia de su hijo al-Radi. Seguidamente, el emir almorávide ordenó a los murcianos que reconocieran de nuevo al soberano abbadí, a lo cual se negaron.

Las tropas murcianas abandonaron el asedio de Aledo y cortaron el abastecimiento de víveres procedente de las zonas dependientes de Murcia.

Prisión y muerte de Ibn Rashiq

La evolución de la situación en Murcia tras el fracaso de Aledo no es muy clara, debido, en gran medida, a la existencia de contradicciones entre el registro textual y el numismático.

Existen monedas acuñadas entre los años 1089 y 1091 a nombre de al-Mu’tamid, mientras que, sin embargo, en los textos que mencionan la situación de Murcia en los momentos previos a la conquista almorávide se indica que Ibn Rashiq pudo escapar de la prisión y volvió a gobernar en Murcia, donde habría permanecido hasta su muerte, ocurrida después de la caída de la ciudad, en junio de 1091.

Antes de morir, Ibn Rashiq actuó para los almorávides ayudándoles a apoderarse de Badajoz, gobernada por el aftasí al-Mutawakkil. En efecto, el general almorávide Sir se valió de sus servicios para urdir intrigas con los habitantes de la ciudad y los guardias y soldados que protegían al soberano aftasí en su alcazaba, llegando a un acuerdo para que le abrieran sus puertas de noche. De esta forma pudieron sorprender y captura a al Mutawakkil y sus hijos, al-Fald y al-Abbas, quienes fueron ejecutados.

Esto sucedió a principios del año 1092. Con posterioridad a estas hechos, no vuelven a aparecer más noticias respecto a Ibn Rashiq, e incluso se ignora la fecha de su fallecimiento.

Bibliografía