El significado de las joyas ha cambiado con el discurrir de la historia pero siempre ha habido elementos que han perdurado. Por ejemplo, los anillos de oro se conocen desde los comienzos de la metalurgia, seguramente como muestra de poder y riqueza. Y, más allá del anillo solitario, las alianzas que sellan una unión amorosa ya se utilizaban en la cultura romana al menos desde el siglo II. En la actualidad muchas de esas alianzas llevan engarzada una piedra de diamante como muestra de amor pero ¿por qué? ¿Qué raíces históricas tienen este hecho?

Es sin duda la obra de las Etimologías de San Isidoro de Sevilla las que nos ha conservado el saber que en el siglo VII existía en la Europa occidental. En el libro XVI que trata sobre las piedras preciosas y los metales (De lapidibus et metallis), conformado como un auténtico lapidario, se hace un completo estudio de los distintos tipos de minerales y sus propiedades.

Las fuentes clásicas de las que bebió Isidoro fueron numerosas, pero destacan principalmente las obras de Plinio o Vitrubio, a los que puede referirse de forma directa o indirecta, además de ser muchos los que aparecen citados en el transcurso de este libro principalmente, como los Salmos, Marcial, Virgilio, San Agustín, Horacio o Lucrecio.

Fue siempre el diamante una de las piedras más apreciadas, pero al principio, más que por su aspecto, lo era por su dureza y otras propiedades. Del diamante, por ejemplo, dice que «anula los venenos, repele las vanas inquietudes y contrarresta los efectos de las artes maléficas». Recoge además la opinión de Dioscórides, según el cual el diamante es la piedra de la reconciliación y del amor. Tiene también la propiedad de descubrir la infidelidad de la mujer. Puede que esta sea la razón de que muchos anillos de boda en la actualidad incluyan un diamante como muestra de esa fidelidad amorosa prometida.

Veamos el fragmento acerca del diamante:

El diamante (adamans, es decir, adamas) es un pequeña piedra fea de la India, que posee un color similar al óxido y la claridad del cristal. Nunca se encuentra más grande que una avellana. No cede a ninguna sustancia, ni al hierro ni al fuego, ni nunca se calienta, de donde toma su nombre, que se traduce del griego como “fuerza inconquistable” (cf. α- negación + δαμαζειν, “conquistar”). Pero aunque es invulnerable al hierro y desdeña el fuego, se puede partir después de haber sido remojado en agua tibia fresca sangre de cabra, y así destrozada por muchos golpes de un herramienta de hierro. Los talladores de gemas usan fragmentos de diamante para grabado y perforación de piedras preciosas.

Es tan opuesto al imán que cuando se coloca cerca del hierro lo hace no permita que el imán extraiga la plancha, y si el imán se mueve y agarra el hierro, luego el diamante lo recupera y se lo lleva. Como el ámbar, es dicho para alejar el veneno, alejar los miedos vanos y resistir brujería maliciosa. Hay seis tipos de diamantes:

Chalazias (i.e., chalazius) posee la blancura y forma de granizo (cf. χαλαζα, “granizo”) y dureza del diamante. Incluso cuando se coloca en el fuego, conserva su frialdad.

Ceraunium tiene dos tipos. Uno, que proviene de Germania, es como un cristal pero es azul transparente, y si se coloca debajo del cielo abierto, capta el brillo de las estrellas. El segundo ceraunium se encuentra en Hispania en la costa lusitana. Tiene el color del bronce rojizo, y una cualidad como el fuego. Se dice que es bueno contra la fuerza de un rayo, si podemos creerlo. Se llama ceraunium porque no se encuentra en ningún lugar sino en un lugar muy cerca de donde ha caído un rayo, porque en griego al rayo se le llama κεραυνος.

▪ El cristal de iris se encuentra en Arabia en el Mar Rojo. Es el color del cristal, con seis caras. Se llama iris (literalmente, “arco iris”) por analogía, porque si es golpeado por la luz del sol mientras está en el interior, se recrea en las paredes cercanas y tiene la forma y los colores del arco iris.

Astrion, más parecido al cristal, es de la India, y en en su centro brilla una estrella con el destello de una luna llena. Toma su nombre porque cuando se sostiene frente a las estrellas, atrapa su brillo y lo arroja hacia atrás (cf. αστηρ, “estrella”).

Electria, como si la palabra fuera alectoria, pues se encuentra en los estómagos de las aves de corral (cf. αλεκτωρ, “gallo”). Tiene la apariencia de un cristal y del tamaño de una alubia. Los magos han querido que esta piedra haga invulnerable a la gente en la batalla, si podemos creerlo.

Enhydros recibe su nombre del agua, porque exhuda tanta agua que se podría pensar que hay una fuente que brota cercana a ella.

San Isidoro de Sevilla, Etimologías, Libro XVI