Portada » Actualidad » Declaración de Bien de Interés Cultural: Monasterio de San Pedro de Arlanza y Ermita de San Pelayo

Declaración de Bien de Interés Cultural: Monasterio de San Pedro de Arlanza y Ermita de San Pelayo

por Javier Iglesia Aparicio
0 comentarios 3 visitas 2 min. de lectura
San Pedro de Arlanza

El Consejo de Gobierno de la Junta de Castilla y León ratificó el 7 de mayo de 2026 el acuerdo de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte por el que se declaran el Monasterio de San Pedro de Arlanza y la Ermita de San Pelayo (Hortigüela, Burgos) como Bien de Interés Cultural (BIC) bajo la categoría de Conjunto Histórico.

La delimitación del área protegida responde a la necesidad de preservar la integridad visual y la conexión histórica entre ambos inmuebles. Se ha definido un perímetro de protección que garantiza la percepción de los bienes en su contexto natural, asegurando la salvaguarda de las visuales y la comprensión de su implantación en el territorio.

Relevancia histórica y arquitectónica del monasterio de San Pedro de Arlanza

Este conjunto arquitectónico representa uno de los exponentes más arcaicos del románico en Castilla y León. Su valor patrimonial es inseparable de la génesis del Condado de Castilla y de la figura de Fernán González, cuyo linaje consolidó el prestigio del monasterio mediante un régimen continuado de donaciones y patronazgo.

  • El monasterio de San Pedro de Arlanza: Situado en un meandro del río Arlanza, en el corazón del Parque Natural Sabinares del Arlanza-La Yecla, sus orígenes se sitúan en el siglo X. La edificación del templo románico actual comenzó hacia 1080, caracterizándose por una planta de tres naves, cabecera de ábsides semicirculares y pilares cruciformes.
  • Hitos estructurales: Destacan la sala capitular (siglo XII), que albergó un célebre ciclo pictórico tardorrománico; la torre, con volúmenes de distintas etapas cronológicas; y la cámara funeraria que custodió los restos del conde Fernán González y su esposa tras su traslado desde la ermita.

Entre los siglos XV y XVII, el cenobio fue objeto de profundas reformas. Durante el periodo tardogótico, se renovaron las techumbres y se erigió la bóveda estrellada de la capilla mayor. Posteriormente, su integración en la Congregación de San Benito de Valladolid impulsó la construcción de nuevos claustros y dependencias funcionales para la comunidad monástica.

Tras sufrir el impacto de la exclaustración de 1809 y un devastador incendio en 1894, el conjunto entró en una fase de degradación. No obstante, desde finales del siglo XX se han sucedido diversas campañas de restauración para revertir este proceso.

La declaración como BIC integra asimismo elementos esenciales para la comprensión funcional del enclave, tales como:

  • Tramos de la cerca perimetral.
  • Restos de un acueducto con sistema de sifón.
  • Vestigios de un antiguo molino y su correspondiente azud.

La Ermita de San Pelayo

Ubicada en un promontorio al sur del monasterio, la ermita conserva trazas prerrománicas y evidencias de intervenciones hasta el siglo XVIII. Destaca su ábside con bóveda sobre pechinas y la reutilización de sillería de origen romano. El entorno cuenta además con una cueva con evidencias de ocupación prehistórica, vinculada tradicionalmente a la leyenda del Poema de Fernán González.