Algo de uso tan común como los sobres de papel tiene un origen y un desarrollo que merece la pena conocer. En este breve artículo vamos a indagar cómo y por qué aparecieron los sobres y su evolución hasta nuestros días.

El primer sobre conocido ni era de papel ni se parecía en nada a los que utilizamos hoy en día. Se puede datar alrededor del 3.500 a 3.200 a. C. en la antigua Mesopotamia. Su función era proteger la confidencialidad de la información comercial y financiera escrita en tablillas de barro cocido y mantener así el secreto en las transacciones privadas. Eran recipientes de forma esférica o similar a tinajas, huecos y elaborados con arcilla que envolvían las tablillas donde estaban escritos los datos que se querían proteger. Fueron descubiertas por Jacques de Morgan, en 1901, y Roland de Mecquenem, en 1907.

Tablilla y sobre de arcilla hallados en Girsu, Sumer, circa 2037 BC. Museum of Fine Arts of Lyon.
Tablilla y sobre de arcilla hallados en Girsu, Sumer, circa 2037 BC. Museum of Fine Arts of Lyon.

Después se utilizaron otros envoltorios manufacturados con fibras vegetales que podían ser reutilizados en más de una ocasión.

Los primeros sobres de papel se crearon en China, donde se había inventado este material en el siglo I. Eran conocidos como chih poh y se usaban para guardar regalos de dinero. En la dinastía Song del Sur, la corte imperial china usaba sobres de papel para distribuir obsequios monetarios a los funcionarios del gobierno.

Por supuesto, a Europa el sobre de papel llegará tiempo después de que llegue el papel como soporte de escritura, el cual no se empezó a popularizar hasta el siglo XIII, aunque las primeras apariciones son del siglo X a través de los contactos con los territorios musulmanes.

A partir del siglo XIII, la correspondencia en papel se aseguraba mediante un proceso de plegado y sellado de letras que a veces empleaba elaboradas técnicas de cierre de letras para indicar manipulación o probar autenticidad. Algunas de estas técnicas podrían incluir costuras o sellos de cera.

En el siglo XVII, en Francia, Antoine De Courtin, tuvo una idea genial: colocó una hoja de papel bastante delgada sobre la información que enviaba a los reyes del país. Aquí podía personalizar el mensaje, escribiendo de quien y para quien iba dirigida la carta y a su vez mantenía la confidencialidad de lo que se quería decir. Era la “carta doble” en contraposición a la “carta simple” desprovista de protección.

Pero hasta 1840 todo el proceso de fabricación era manual. Es en esta fecha cuando comenzó a estar disponible para un uso comercial: George Wilson de Londres obtuvo una patente para una máquina cortadora de pero éstos aún debían doblarse a mano. En 1845, Edwin Hill y Warren De La Rue obtuvieron una patente británica para la primera máquina plegadora de sobres. Y en 1873 aparecieron en Francia los primeros sobres de papel engomados.

Como vemos, algo tan sencillo no ha sido fruto de una idea más o menos genial sino que se debe a un proceso de evolución lento y complejo partiendo de los materiales disponibles y adaptándose a las necesidades de cada momento.