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El himno Tempore belli (En tiempo de guerra) es un himno litúrgico visigodo que no es simplemente una pieza de devoción, sino un testimonio vibrante y desgarrador de la fragilidad del reino visigodo.
Según Díaz y Díaz1, es un himno escrito después de una cruenta guerra, como petición al cielo de paz para los espíritus y para la sociedad. No nos ha llegado en ningún manuscrito hispano, sino solamente en un manuscrito Vaticano de origen centroeuropeo, el Cod. Vat.lat.82 (comenzando al final del folio 240v y acabando en el 242v), aunque el mismo autor nos dice que: “Es posible, con todo, que este segundo himno haya figurado en unos folios perdidos del Silense de Londres, como puede deducirse de una serie de detalles en que no quiero entrar ahora”. Tanto Díaz y Díaz como Pérez de Urbel2 no dudan del origen hispano de este himno aunque no haya llegado a nosotros en un documento hispano.

A diferencia de otros himnos de la época, este texto se aleja de las abstracciones teológicas para sumergirse en la cruda realidad de una invasión. Refleja un momento de crisis absoluta, donde el enemigo es descrito como una gentis finitime (gente vecina) que actúa con un furor atroz. Díaz y Díaz destaca cómo el poeta utiliza la metáfora del “lobo que mata a los corderos” para ilustrar la vulnerabilidad de la población frente a este bárbaro que “brama cruelmente”. Lo que hace a este himno particularmente interesante para el historiador es que no oculta la humillación militar; el texto confiesa abiertamente que el ejército de los cristianos, la cohors christicolarum, “vuelve la espalda a sus enemigos” y huye “agotado y expulsado por un vergonzoso pavor”.
Esta derrota se interpreta bajo el prisma del providencialismo visigodo: la catástrofe es la consecuencia directa de las faltas morales de la sociedad pues el himno proclama que Hoc peccata malum grande merentur, “nuestros pecados merecen este gran mal”, estableciendo una relación causal entre la conducta ética y el éxito en el campo de batalla. Ante el incendio de las ciudades por el edax barbarus ignis, “devorador fuego bárbaro” y el cautiverio de ancianos y doncellas, la comunidad no busca una solución táctica, sino una intervención divina que emule los milagros del Antiguo Testamento.
En definitiva, el himno Tempore belli funciona como un espejo de la mentalidad de la España del siglo VIII, donde la liturgia se convertía en el último refugio frente a la desintegración política y militar, transformando el gemido amargo del pueblo en una herramienta de cohesión y esperanza. Según Díaz y Díaz, co coincido,:
Si fuera segura, como parece, esta interpretación, el himno habría sido escrito a comienzos del siglo VIII y tendríamos en él una prueba, por muy transida de tópicos líricos que se la suponga, del impacto de la conquista árabe. Y estaríamos ante la primera (?) interpretación de la caída de Híspania como consecuencia de los múltiples pecados del pueblo, que luego constituirá la clave misma de la justificación del fin del reino visigodo en la historiografía asturiana.
Texto en latín y traducción al castellano
A continuación presentamos la letra del himno en latín y su traducción al castellano.
Texto en latín3
Tristes nunc populi, Christe redemptor,
pacem suppliciter cerne rogantes,
threnos et gemitus, cerne dolorem,
mestis auxilium desuper adfer.
5 Dire namque fremens en furor atrox
gentis finitime arua minatur
seue barbarico murmure nostra
uastari, perimens ut lupus agnos.
Defensor quis erit, ni plus ipse
10 succurras miserans, auctor Olympi,
humano generi crimina parcas,
adfectos uenia dones amare?
Abram presidio pertulit olim
reges quinque tuo, conditor eui,
15 haud multis pueris nempe parentem
prostratis reducens hostibus atris.
Moyses gelidi equora ponti
confidens populum torrida carpens
deduxit, refluens undaque hostem
20 extemplo rapiens occulit omnem;
tercentisque uiris Amalecitas
deiecit Gedeon iussus adire,
oppressum populum gente feroci
liberauit ope fretus opima.
25 Hec tu, cunctipotens, omnia solus,
in cuius manibus sut uniuersa,
in te nostra salus, gloria in te,
occidis iterum uiuificasque.
Maior quippe tua gratia, lesu,
30 quam sit flagitii copia nostri,
contritos nec enim mestaque corda,
clemens uel humiles spernere nosti.
Salua ergo tua morte redemptos,
salua suppliciter pacta petentes,
35 disrumpe frameas, spicula frange,
confringe clipeos bella uolentum;
iam celum gemitus scandat amarus,
iam nubes penetret uox lacrimarum
uatum, contritio plebis anhela;
40 saluator placidus, iam miserere.
Seuus bella serit barbarus horrens,
frendens bella furor semper aceruat
ac respergit ouans cede recenti
multa strage super Ietus anhelans.
45 Terret continuo feruida bello
gens effrena, suis uasta cateruis
findens innumeris equora ponti,
perturbat rigidis aruaque telis.
Vertit terga suis hostibus, ecce,
50 diris ipsa cohors christicolarum
ac per prona tremens inuia perque
turpi pulsa fugit fessa pauore.
Gens impune ferox milia uexat
et crude lacerans milia truncat;
55 limphis lota sacris corpora fedis
passim nuda iacent tradita coruis.
Edes inde sacras, templa dicata,
aras atque Deo sanctificatas,
exsultans ualido cuncta triumpho
60 inuadit spolians predo superbus.
Urbes urit edax barbarus ignis,
communesque domos urit et almas;
uinctos predo senes ducit, ephebos,
nuptas et uiduas atque puellas.
65 Casum uirgo ferum, uirgo sacrata,
casum uirgo suum deflet amarum,
amissumque dolet uirgo pudorem
leti ferre uolens uirgo laborem.
Hoc peccata malum grande merentur
70 uere nostra, Deus, plurima, sancte;
sed nunc suppliciter poscimus omnes,
iam clemens famulos aspice tristes.
Immensus penetret fletus Olympum
ascendatque pias clamor ad aures,
75 Moysi nam meritis Amalecitas
Iesus strauit agens nomine clarus.
lesu, nate Dei cunctipotentis,
uirtus nera, salus summa labore,
pax et certa quies ac decus omne,
80 tu nunc esto tuis fautor alumnis.
Emptis parce tua morte, rogamus,
instaurans animos pelle timorem,
hostes comminuens sparge fugatos,
pacis perpetue munera confer.
85 Laus et perpes honor, gloria patri,
laus eterna tibi, gloria, fili,
una spiritui gloria sancto,
sicut semper erat, nunc et in euum.
Traducción4
Pueblos tristes ahora, Cristo redentor,
te ven rogando suplicantes la paz;
mira los trenos y gemidos, mira el dolor,
trae desde lo alto auxilio a los afligidos.
5 Pues he aquí que un furor atroz de gente vecina,
bramando cruelmente, amenaza nuestros campos
y con bárbaro murmullo amenaza con devastar lo nuestro,
matando como lobo a los corderos.
¿Quién será el defensor, si tú mismo no socorres
10 compadecido, autor del Olimpo?
Perdona los crímenes al género humano, y concede amar a los afectados por tu gracia.
Abraham con tu protección venció en otro tiempo
a cinco reyes, creador del tiempo,
15 ciertamente con no muchos siervos,
reduciendo a los negros enemigos postrados.
Moisés, confiado, cruzó las aguas del mar helado
conduciendo a su pueblo por sendas secas, y la ola,
refluyendo, arrebató al enemigo
20 ocultándolo de repente por completo.
Gedeón, mandado a marchar, derribó a los amalecitas con trescientos hombres;
al pueblo oprimido por gente feroz
liberó apoyado en tu ayuda opulenta.
25 Tú, omnipotente, haces todo esto solo,
en cuyas manos están todas las cosas;
en ti nuestra salud, en ti la gloria,
tú das la muerte y de nuevo das la vida.
Mayor es, por cierto, tu gracia, Jesús,
30 que la abundancia de nuestro pecado;
pues no sabes despreciar, clemente, los corazones
contritos y tristes, ni a los humildes.
Salva, pues, por tu muerte a los redimidos,
salva a los que piden suplicantes el pacto;
35 rompe las espadas, quiebra las lanzas,
destroza los escudos de los que quieren guerras.
Ya suba al cielo el gemido amargo, ya penetre las nubes
la voz de las lágrimas de los profetas y la anhelante
contrición del pueblo;
40 Salvador aplacado, ten ya misericordia.
El cruel bárbaro siembra guerras horrorosas,
el furor bramante siempre amontona batallas y salpica
regocijado con la sangre reciente,
jadeante de alegría sobre la gran matanza.
45 Aterroriza continuamente con la guerra ferviente la
gente desenfrenada, hendiendo las aguas del mar con
sus innumerables naves,
y perturba los campos con sus rígidas lanzas.
He aquí que el mismo ejército de los cristianos
50 vuelve la espalda a sus crueles enemigos, y
temblando huye por lugares abruptos e invictos,
agotado y expulsado por un vergonzoso pavor.
La gente feroz veja a miles impunemente y, desgarrando cruelmente, trunca a millares;
55 los cuerpos lavados con las aguas sagradas yacen
desnudos por doquier, entregados a los cuervos.
Después, las mansiones sagradas, los templos
dedicados, y los altares santificados para Dios, el
soberbio saqueador los invade robando todo,
60 exultante por su poderoso triunfo.
El devorador fuego bárbaro quema las ciudades,
y quema las casas comunes y las nutricias;
el saqueador se lleva cautivos a los ancianos, a los jóvenes,
a las casadas, a las viudas y a las doncellas.
65 La virgen llora su cruel caída, la virgen consagrada,
la virgen llora su amarga caída, y la virgen duele por su
pudor perdido, queriendo la virgen soportar el trabajo de la muerte.
Nuestros muchos pecados merecen verdaderamente,
70 Dios santo, este mal tan grande;
pero ahora todos te pedimos suplicantes: mira ya clemente a tus tristes siervos.
Que el inmenso llanto penetre en el Olimpo
y el clamor ascienda a tus piadosos oídos;
75 pues por los méritos de Moisés, Jesús,
ilustre por su nombre, derrotó a los amalecitas.
Jesús, hijo de Dios omnipotente, fuerza verdadera,
salvación suma en la fatiga, paz y descanso cierto y todo honor,
80 sé tú ahora el protector de tus alumnos.
Perdona a los comprados por tu muerte, rogamos,
restaurando las almas, expulsa el temor, dispersa a los
enemigos poniéndolos en fuga, concede los dones de
la paz perpetua.
85 Alabanza y honor perpetuo, gloria al Padre,
alabanza eterna a ti, gloria, Hijo,
una misma gloria al Espíritu Santo,
como siempre fue, ahora y por los siglos.
Recreación musical
Asimismo, al final, me he permitido poner unas posibles interpretaciones musical del himno en latín realizada con la aplicación Suno. La primera es más musical:
Y esta versión tratando de emular uno de los modos del canto gregoriano: el modo hipodórico o modo II o de la Humildad y el Llanto (protus plagal) caracterizado por ser:
- Grave y profundo: Al ser un modo plagal, su ámbito o ambitus se desplaza hacia las notas más graves de la escala. Esto genera una sonoridad sombría, ideal para el lamento.
- La finalis en RE: El reposo sobre la nota Re evoca una sensación de seriedad y contención.
- La cuerda de recitación (Tenor) en FA: Al tener su nota dominante en el Fa (a solo una tercera de la final), la melodía tiende a mantenerse en un registro estrecho y comprimido, lo que transmite una sensación de angustia, opresión y luto.
- Díaz y Díaz, M.: Noticias históricas en dos himnos litúrgicos visigodos. Antigüedad Y Cristianismo, (3), 1986, 443–456. Recuperado a partir de https://revistas.um.es/ayc/article/view/59371. Tomado a su vez de C. Blume, Hymnodia Gothica (Analecta Hymnica Medii Aevi, XXVII) Leipzig 1897 (= Frankfurt 1961) pp. 281-283 ↩︎
- Pérez de Urbel, J: Origen de los himnos mozárabes (continuación), Bulletin Hispanique, 28-3 (1926). ↩︎
- Díaz y Díaz, M, Op. cit. pp. 448-450 ↩︎
- Traducción al español realizada por la IA Gemini 3 ↩︎