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Las marzas

por Javier Iglesia Aparicio
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Marzas en Mecerreyes (Burgos)

Una tradición ancestral que aún se conserva en las tierras castellanas es la de las marzas. Tienen especial arraigo en Cantabria y la provincia de Burgos, pero también se celebran en localidades del norte de Palencia, Soria, en las Encartaciones de Vizcaya, así como en otras zonas de Salamanca, León y Asturias.

Origen y significado de las marzas

Las marzas, en sentido estricto, se celebran la noche del último día de febrero al primero de marzo. Decimos en sentido estricto, porque también se cantan marzas —en este caso se trata del tipo de coplas— en otras épocas del año (Nochebuena, Año Nuevo, Noche de los Reyes Magos), es decir, se recitan canciones similares aunque, por supuesto con otra temática.

Las marzas son cantos de ronda petitorios que los jóvenes varones entonan para dar la bienvenida a la primavera y celebrar el inicio del ciclo agrario. Aunque hoy han evolucionado en algunos lugares hacia espectáculos folclóricos urbanos, su esencia sigue vinculada a la vida rural y a la identidad de los pueblos del norte de España.

El origen de las marzas es fundamentalmente pagano y está estrechamente ligado al antiguo calendario romano, en el que el año comenzaba el 1 de marzo. Este día, conocido como las Kalendae Martiae, marcaba el nacimiento de la vida tras el letargo invernal. A pesar de que Julio César modificó el calendario en el año 45 a.C., trasladando el inicio del año al 1 de enero, en muchos pueblos se conservó el rito en marzo para mantener sus tradiciones de subsistencia y agricultura.

Tradicionalmente, la ejecución de las marzas ha sido un derecho y una obligación de los jóvenes varones solteros del pueblo. Esta restricción de género y estado civil no era gratuita; la ronda funcionaba como un rito de paso que marcaba la transición de la infancia a la madurez social y la entrada en la “sociedad de mozos”. La cuadrilla marcera presentaba una estructura jerárquica clara: encabezada por el “mozo viejo” o presidente —el soltero de mayor edad y autoridad—, seguida por los quintos del año y los novicios o “bisoños”, jóvenes de 15 o 16 años que debían pagar una “patente” (generalmente en vino o dinero) para ser admitidos en el grupo.

Más allá de la música, las marzas poseen un profundo simbolismo. Resumiendo, podemos establecer que las marzas eran un rito de paso: era el momento en que los adolescentes eran admitidos como mozos, demostrando su hombría y fuerza mediante pruebas de resistencia y obediencia. Además, proporcionaban identidad y cohesión: servían para fortalecer los vínculos entre los vecinos y reafirmar la identidad del grupo de varones solteros frente a los casados y a otros pueblos. Y, por último, eran un reflejo del androcentrismo y un elemento de control social: tradicionalmente era un ritual exclusivamente masculino, donde los mozos ejercían un control simbólico sobre el territorio y las mozas del pueblo. En la actualidad, muchas rondas han integrado a las mujeres para adaptar la tradición al siglo XXI.

¿Cómo se celebran las marzas?

Las marzas no celebran exactamente igual en todas las localidades. Indefectiblemente existen variantes, distintos modos de hacer o de llamar a cada uno de sus actos. Pero es posible describir una base, una estructura más o menos compartida en todos los ligares, que es lo que pasamos a describir continuación.

El grupo de marzantes recorre el pueblo casa por casa durante la noche del último día de febrero o la madrugada del primero de marzo. Hacen la ronda provistos de palos de acebo, faroles o cencerros… Al llegar a cada vivienda, el mozo que dirige el grupo realiza la pregunta que define la naturaleza del encuentro: “¿Cantamos, rezamos o nos vamos?”.   

Esta consulta tripartita refleja la integración de la ronda en la vida íntima de la comunidad. Si la casa está de luto por un fallecimiento reciente o alberga a un enfermo grave, el dueño pedirá que se “rece”, y los mozos entonarán una oración fúnebre o piadosa. Si el duelo es extremo, el grupo se retirará en silencio. Sin embargo, en la mayoría de los casos, se concede la licencia para cantar, iniciando una secuencia lírica que se divide en saludo, alabanza, petición de aguinaldo y despedida.   

El acompañamiento musical ha variado históricamente. En su forma más pura, las marzas se cantan a capella, a una sola voz y sin instrumentos, enfatizando la potencia del coro de mozos. No obstante, en diversas regiones se ha documentado el uso de panderetas, carracas, pitos, acordeones, campanos, e incluso el golpeo rítmico de palos.

En cuanto a las marzas propiamente dichas, son coplas de ronda, petitorias de aguinaldo y regalos. Sus letras son muy variadas, aunque parecen tener como núcleo original un cantar que describía las características de los meses del año. Su propósito era propiciar buen tiempo y buenas cosechas, aunque hoy en día haya tantas adaptaciones como pueblos.

El fin último de recaudar dinero y otros bienes para hacer una merienda. Todo lo recaudado se consume en una gran cena o merienda colectiva llamada sobremarza, que suele celebrarse el domingo siguiente y termina con un baile popular. Por ejemplo en madrigal del Monte (Burgos) se hacía el primer domingo de marzo y a ella acudían todos los que habían participado en las marzas; si asistía alguien que no había participado, tenía que hacerlo previo pago.

Estructura de las marzas

Las letras de las Marzas constituyen un corpus de literatura oral castellana de enorme de valor. Aunque comparten temas comunes, cada localidad ha adaptado los versos a su entorno geográfico, a sus santos patrones y a sus propias jerarquías sociales. Aún así, se puede percibir cierta estructura común.

1. Petición de Licencia

Antes de comenzar a cantar, los mozos piden permiso a las autoridades o a los dueños de la casa.

  • Versión general: “Ni es descortesía ni es desobediencia, en casa de nobles cantar sin licencia; si nos da licencia, señor, cantaremos; con mucha prudencia las marzas diremos”.
  • En Tordomar (Burgos): “A cantar las Marzas licencia tenemos del Sr. Alcalde y del cura del pueblo”.
  • En San Mateo (Cantabria): “De casa salimos con mucha prudencia, a cantar las Marzas si nos dan licencia”.

2. El saludo a marzo y la primavera

Estas letras celebran el despertar de la naturaleza y el paso de los meses.

  • Campoo y Villatuelda: “Esta noche entra marzo de media noche ‘pa bajo’. Esta noche entra también el bendito San Rosendo, que nos libre y nos defienda de las llamas del Infierno”.
  • San Mateo (Cantabria): “Marzo florido qué bonito entras, regando los campos con tus flores bellas, y los pajaritos en las arboledas, cantando disfrutan lo que ellos desean”.
  • Mecerreyes (Burgos): “Tras de Marzo entrará Abril con las flores relucir. Tras Abril entrará Mayo el de los bellos colores, los bueyes se muestran gordos, los caballos corredores”.

3. El núcleo de la marza, que varia según su tema

  • Marzas floridas (De loa a la primavera). El tema central de las marzas es la bienvenida al mes de marzo y la descripción del renacimiento natural. La estructura suele ser de copla o romance, con versos octosílabos o hexasílabos. Esta imaginería pastoril refleja una sociedad cuya subsistencia dependía de los ciclos del ganado y la agricultura. Ejemplos:
    • “Viene marzo florido / cubre los campos de flores bellas / y las chicas bonitas / visten los trajes de primavera. / Ya se cubren los campos / con ese manto de verde gala, / ya se van los pastores / con sus rebaños a la majada.”    
    • En Cantabria, se añade el elemento marino: “Marzo florido / qué bonito entras / regando los campos / con sus flores bellas / y los pajaritos / en las arboledas…”.
  • Marzas de amor (El retrato de la dama). Son versos dedicados a las mozas de la casa, resaltando su belleza con metáforas. Estos son algunos ejemplos:
    • En Fontioso: “Tu pelo, señora hebras de oro fino; de que te lo peines, en ello me enrizo”.
    • En Nebreda: “Esos tus carrillos, peras de Aragón yo me las comiera estando en sazón”.
    • En Madrigal: “Esa es tu frente es campo de guerra, donde el rey guerrero fijó su bandera”.
    • En Pineda-Trasmonte: “Esos tus dos brazos son dos picaportes cuando tu los cierras siento yo los golpes”.
  • Marzas petitorias (El pedido de aguinaldos). Aquí los mozos piden explícitamente para la comida para su futura merienda.
    • En Liencres: “Descolgad perniles, longanizas plenas, huevos y torreznos, manzanas y peras; con un peso duro nos iremos fuera”.
    • En Ruente (Cantabria): “y venimos donde ustedes, que nos saquen de este anhelo, que nos den unos chorizos, y una docena de huevos”.
    • En Aguilar de Campoo: “Traemos un burro cargado de nada, no rosna por pienso, paja ni cebada, que rosna por huevos y buenas tajadas”.
  • Marzas rutonas o de desaire. Si los vecinos de una casa se negaban a dar el aguinaldo —no por necesidad, sino por avaricia—, los mozos les dedicaban coplas satíricas y a veces hirientes para avergonzarlos ante el resto del pueblo. En estas coplas, se acusaba a los dueños de ser “roñosos” y se les deseaban infortunios domésticos: “Señor de esta casa / no quitará la avaricia / hasta que agarre fumeras / con la piedra de fregar”. Este uso de la sátira funcionaba como un regulador ético que reforzaba la obligación de solidaridad comunitaria.  Algunos ejemplos:
    • En Pámanes: “De casa salimos de muy mala gana a cantar a ruines que no nos dan nada. Aquí vive un andrajoso, cara de pocos amigos con más costra que un piojoso y más agujeros que un cribo”.
    • Otra versión: “A los de esta casa solo les deseo, que sarna perruna les roa los huesos”; “A pedir las marzas / fuimos los marceros / fuimos los marceros / a carroño que rujo / viejo ruco viejo / y como otros años / y por no ser menos / nos dijo ‘fuera’ / por no dar dinero.” 

4. Despedida

Y, para finalizar una despedida como:

  • En Cabañes: “y con esto ea, ea y con esto adiós, adiós. Esta noche un par de huevos y a la mañanita dos… hasta el año venidero”.
  • En Polanco: “Adiós, hasta el otro año, hasta el año venidero, que si Dios nos da salud, a cantarlas volveremos”.

Una marza recogida en Carazo de la Sierra (Burgos) en el libro Tradiciones y costumbres de Castilla y León de José Luis Alonso Ponga:

Esta noche entraba marzo
desde medianoche abajo
con el Ángel de la Guarda
que nos guarde y nos defienda
y nos favorezca el alma.
Desde marzo entraba abril
con las flores relucir.
Desde abril entraba mayo
con las flores relumbrando.
Desde mayo entraba junio
con las hoces en el puño
desde junio entraba julio
segando más a menudo.
Desde julio entraba agosto
mes que lo arrebata todo.
Desde agosto entra septiembre
¡Oh! que lindo mes es éste
que se coge pan y vino
si durara para siempre
si para siempre durara
pan y vino no faltara,
ni la harina en el molino
ni las rejas en las fraguas.
Mes de mayo. Mes de mayo
mes de los grandes calores
cuando las cebadas granan
los trigos están en flores
cuando los enamorados
andan en busca de amores
unos regalan con rosas
otros con rosas y flores.
Otros con naranjas dulces
otros con agrios limones.
Otros con buenas palabras
que roban los corazones.
Al oído oído
damas y doncellas
damas y doncellas.
Levantaos damas
de esas lindas camas (bis).
Abriréis los baúles
nos daréis dinero (bis).
O medio doblón
o doblón entero (bis).
Si nos dierais dierais
con el vino peras
si nos dieseis dieseis
con el vino nueces.
Si nos dais un huevo
no nos le deis huero
si nos dais chorizo
no le deis podrido
si nos dais morcillas
no las deis canidas.
Si nos dais dinero
para echar un trago
porque la garganta
se nos va secando.
Esa tu cabeza
aunque pequeñita
en ella se posa
una palomita.
Esa la tu frente
es campo de guerra
donde el rey guerrero
formó su bandera.
Esa tu nariz
es un filo espada
donde el corazón
sin sentirlo pasa.
Esos tus dos ojos
son claros luceros
que de noche alumbran
a los marineros.
Esas tus orejas
con tus dos pendientes
adornan tu cara
y tu linda frente.
Esa tu garganta
tan clara y risueña
que el agua que bebe
toda se clarea.
Esos tus dos brazos
son dos picaportes
que se cierran y abren
sin sentir los golpes.
Esos tus dos pechos
son dos fuentes claras
donde yo bebiera
si tú me dejaras.
Esa tu cintura
tan acinturada
es un mimbre de oro
cortado en la playa.
De la cintura “pa bajo”
yo no puedo comprender
cómo quieres que comprenda
lo que mis ojos no ven.
Esos tus dos muslos
son de oro macizo
donde se contiene
todo el artificio.
Esas tus rodillas
son bolas de plata
donde se sostiene
toda la artimaña.
Esos tus dos pies
que van al compás
que todos te siguen
los pasos que das.
Aquí vive y aquí mora
y aquí vive la pastora
aquí vive un caballero
caballero muy honrado
sabemos que tiene vino
bájenos a echar un trago
porque la garganta
se nos va secando.
A la mocita garrida
que la manden levantar
que nos fría un par de huevos
para mañana almorzar.
Esta noche un par de huevos
y mañana tres y dos
y con esto me despido
y con esto ¡adiós, adiós!

La dimensión material: indumentaria, instrumentos y gastronomía

El ritual de las marzas posee una dimensión física que ancla la tradición en la realidad material del mundo rural. Desde el atuendo de los marceros hasta el destino de los alimentos recaudados, cada elemento tiene una función específica.

El atuendo y el palo marcero

Históricamente, los marceros no vestían un traje folclórico estandarizado, sino la ropa de trabajo más limpia y digna, adaptada a la dureza del clima de finales de febrero. Un elemento indispensable era el palo marcero, una vara de madera más alta que el propio dueño, que servía para caminar por las veredas nevadas o embarradas durante las largas horas de la ronda nocturna. En Cantabria, el uso de la boina y el pañuelo rojo (o bufanda en climas más fríos) se ha convertido en una seña de identidad visual para los grupos actuales.   

En regiones como la Sierra de la Demanda y la comarca del Arlanza, el traje de los hombres incluía montera, chaqueta, calzón corto y barajones (especie de raquetas de madera) para sostenerse en la nieve si la noche de marzo era cruda. Las mujeres, cuando se incorporaron a la tradición en tiempos modernos o en representaciones folclóricas, lucían sayas de paño rojo, corpiños de terciopelo y pañuelos de colorines.   

La gastronomía del aguinaldo: la sobremarza

Como ya hemos dicho, el objetivo final de la ronda era la obtención del aguinaldo, un conjunto de víveres que permitía a los jóvenes celebrar una copiosa comida o cena comunitaria. En una economía de subsistencia, estos aportes de proteína eran fundamentales al final del invierno.   

  • Huevos: El producto más solicitado. Las letras piden específicamente huevos de la “gallina pinta” o la “más coloradita”.   
  • Embutidos: Chorizos y morcillas de la matanza reciente. En Burgos, la morcilla de arroz es el producto estrella que los marceros guardaban en cestos de mimbre.   
  • Lácteos: Mantequilla fresca, especialmente valorada en los valles pasiegos de Cantabria.   
  • Dulces y otros: Castañas, nueces y, en tiempos más recientes, aportaciones económicas para cubrir los gastos de la taberna.   

Este festín final se conocía como la sobremarza, celebrada generalmente el domingo siguiente a la ronda. A ella se invitaba en ocasiones a las mozas, a las autoridades locales o incluso a los niños del pueblo, reforzando el carácter distributivo y solidario de la fiesta.   

Geografía actual de las marzas

En la actualidad las zonas donde con más fuerza se celebra la tradición de las marzas son Cantabria, la provincia de Burgos, el norte de Palencia y el Cerrato. Pero también se han conservado en otras zonas de Salamanca, León y Asturias

Las marzas en Cantabria

La celebración de las marzas en Cantabria constituye una de las manifestaciones más vivas y antiguas de su patrimonio cultural. Aunque se celebran en prácticamente toda la comunidad, tienen un especial predicamento en los valles del interior, donde el ritual conserva rasgos de organización vecinal y estructuración social de gran interés. A continuación se detalla la incidencia de esta tradición en las diversas comarcas y localidades cántabras:

1. Comarca de Campoo y el sur de Cantabria. Esta zona es considerada uno de los núcleos fundamentales de la tradición marceña, donde las rondas han tenido una mayor continuidad histórica.

  • Reinosa: Es un punto de referencia clave. Históricamente, las cuadrillas se organizaban según el estatus social, dividiéndose en “señoritos” (que pedían en casas de doncellas de clase alta) y “mozos de chaqueta”.
  • Campoo de Suso y Campoo de Enmedio: En estas zonas los mozos y niños suelen acompañarse de “berronas” o silbatos de saúco insertados en cuernos. En algunos lugares existía la costumbre de que los marceros entregaran a cada mujer un huso hecho de vara de acebo para que hilaran durante el año.

2. Valle de Soba. En estas áreas las marzas presentan su variante más visual y ritualizada debido a la presencia de personajes disfrazados. En Soba los mozos se llaman Ramasqueros, ese nombre les viene del ramo adornado que lleva el personaje encargado de bailar llamado Galán o Rabadán, el personaje vestido de blanco. En su origen, el ramo debió servir para colgar parte de lo recaudado en especies. Otro personaje, también perdido como el anterior, era el Payaso encargado de hacer gracias, parodias y bufonadas delante de las casas. La comparsa hacía sentir su presencia con los campanos que llevaban colgados a la cintura y todos juntos cantaban las marzas en la casa visitada. De recoger el aguinaldo se encargaba el Torreneru, que portaba un cuévanu en la espalda.

En Soba se recuerda especialmente el ritual de “la raya” en el puente de Juan Gaitas, donde cuadrillas rivales se enfrentaban por el derecho a pedir en territorio ajeno.

3. Valles centrales y en la costa. En estas zonas, la tradición ha oscilado entre la conservación rural y la recuperación como espectáculo folclórico.

  • Polanco: Es una localidad emblemática debido a que el escritor José María de Pereda incluyó las marzas en sus relatos costumbristas, atribuyendo a este pueblo un “honroso amor al trabajo” y al canto.
  • Torrelavega y Santander: En estos entornos urbanos, la tradición se mantiene viva a través de grupos como la Ronda Marcera de Torrelavega o el Coro Ronda Altamira en Santander, quienes han recuperado el canto en calles, teatros y plazas.

4. Listado de localidades con incidencia marceña. Según el inventario de la tradición en Cantabria, las marzas se celebran o han sido recuperadas en los siguientes municipios y localidades:

  • Campoo. Reinosa, Bárcena Mayor, Bárcena de Pie de Concha, Ruente.
  • Valle del Besaya: Los Corrales de Buelna, Arenas de Iguña, San Felices de Buelna, Cartes, Cohicillos, Riocorvo y Tanos.
  • Zona occidental: Cabezón de la Sal, Ruente, Valle de Cabuérniga, San Mateo, Potes y varios pueblos de Valderredible.
  • Zona oriental: Laredo, Ampuero, Colindres, Liendo, Santoña, Hazas de Cesto, Meruelo, Noja y Voto.
  • Área de la Bahía y Trasmiera: Camargo, El Astillero, Santander, Piélagos, Marina de Cudeyo (Pedreña, Pontejos, Gajano), Santillana del Mar, Galizano y Carriazo.
  • Valles Pasiegos: Selaya y San Pedro del Romeral.

El 29 de enero de 2015, el Consejo de Gobierno de Cantabria declaró las Marzas como Bien de Interés Cultural (BIC) Etnográfico Inmaterial. Esta declaración reconoce que la tradición ha sabido evolucionar, pasando de ser una exclusividad de mozos solteros a una práctica que involucra a toda la sociedad, incluyendo mujeres y profesionales del canto, sin perder su “singular relevancia” histórica y antropológica.

Las marzas en la provincia de Burgos

La celebración de las Marzas en la provincia de Burgos representa, junto a Cantabria, uno de los núcleos más vitales y documentados de esta tradición.

La comarca del Arlanza es una de las zonas donde la tradición se mantiene con mayor vigor y personalidad, centrada en la mitad sur de la provincia. Mecerreyes es un punto de referencia fundamental. Los marzantes mantienen el ritual de encender una hoguera o fogata en cada parada de la ronda para combatir el frío. Sus letras son ricas en el “elogio a la naturaleza” y el canto detallado de los meses. En localidades como Fontioso, se conservan romances específicos de “petición de licencia” con esquemas muy ritualizados,. Y en Tordomar se documenta el uso de las “marzas rutonas” (o de desaire), destacando una estrofa llamada “el cagamantas”, dedicada específicamente a las casas que no daban ningún donativo.Otras localidades: Lerma, Puentedura, Retuerta, Quintanilla del Agua, Covarrubias, Tordueles, Villalmanzo, Madrigal del Monte y Cilleruelo de Abajo.

En la Ribera del Duero, las marzas conservan un fuerte carácter agrario y de cohesión entre los mozos (antiguamente los quintos). Entre las localidades destacan: Villatuelda, Oquillas; Cabañes de Esgueva y Tubilla del Lago, en estas zonas son característicos los “retratos de la dama” o cantos de amor, donde se piropea a las mozas describiendo su cabello como “hebras de oro fino” o sus brazos como “picaportes”. Otras localidades son: Arandilla, Bahabón de Esgueva, Baños de Valdearados, Brazacorta, Caleruega, Coruña del Conde, Hontoria de Valdearados y Peñalba de Castro. 

En Aranda de Duero, la tradición se ha institucionalizado mediante festivales de folclore que atraen a grupos de toda la comarca como el Encuentro de Amigos de las Marzas de la Ribera del Duero.

En la Sierra de la Demanda también se conserva bien la tradición, vinculando el canto con el despertar de la tierra tras el “letargo del invierno”, en localidades como Rabanera del Pinar, Arauzo de Miel, Arauzo de Salce, Arauzo de Torre, Huerta de Rey y Salas de los Infantes mantienen o han recuperado la memoria de estos cantos petitorios. Otras localidades: Barbadillo del Mercado, Belorado, Canicosa de la Sierra, Torrelara y Rabanera del Pinar.

Por último, es de destacar que en la ciudad de Burgos se celebra anualmente El Festival de Marzas organizado por el Ayuntamiento de Burgos, en colaboración con el Comité de Folclore, organiza anualmente un festival en el que participan grupos como la Asociación de Danzas Estampas Burgalesas, los Danzantes de Burgos y las Danzas Castellanas Diego Porcelos. 

Las marzas en Palencia

La celebración de las marzas en la provincia de Palencia tiene una presencia histórica documentada de norte a sur, aunque actualmente se concentra principalmente en dos áreas: la Montaña Palentina y el Cerrato. A diferencia de otras zonas como Tierra de Campos, donde no hay testimonios de estas peticiones músico-vocales, en la Montaña y el Cerrato se mantiene un repertorio musical importante vinculado a las rondas de mozos. A continuación se detalla la incidencia de esta tradición en las comarcas y localidades palentinas:

La Montaña Palentina es la zona donde los testimonios y las canciones son más abundantes, ligada estrechamente a los ciclos de aguinaldos invernales.

  • Zona de Aguilar y la Pernía: Existe un modelo de texto muy afín que se extiende desde la zona de Aguilar de Campoo (incluyendo La Braña) hasta la Pernía. Destacan localidades como Lebanza, San Salvador de Cantamuda y San Juan y Santa María de Redondo.
  • Brañosera: Siendo el municipio más antiguo de España, conserva versiones clásicas que saludan al “Marzo florido”.
  • Otros pueblos: San Martín de los Herreros, Rebanal de las Llantas, La Lastra, Aguilar de Campoo, San Martín de Perapertú, San Cebrián de Mudá, Vallespinoso de Cervera, Areños, Polentinos, Verdeña, Fresno del Río, Herreruela de Castillería y Villanueva de Henares.

El Cerrato Palentino. En esta comarca del sur de la provincia, las marzas se han conservado con plena vigencia, guardando mucha similitud con las versiones del Cerrato burgalés. Cobos de Cerrato es una de las localidades donde mejor se ha conservado el canto, con letras que mencionan al “bendito Ángel de la guarda” y realizan el “retrato” de las damas.

Las marzas en Soria

En la provincia de Soria, la tradición es más localizada pero de una intensidad etnográfica notable, centrada en Espeja de San Marcelino y Espejón. En Espeja, el ritual incluye un elemento visual único: la creación de un collar con las cáscaras de los huevos recaudados que se cuelga en el rollo de justicia de la plaza principal, permaneciendo allí hasta que los elementos naturales lo deshacen.   

Las marzas en las Encartaciones (Vizcaya)

Las marzas han mantenido su presencia en las Encartaciones vizcaínas. La tradición se conserva y documenta fundamentalmente en los municipios de Carranza y Lanestosa.

Para más información sobre las marzas: