Es un hecho poco conocido pero en la humilde corte del naciente reino de Pamplona, a mediados del siglo IX, se compuso el epitálamo o poema matrimonial más antiguo de Europa con notación musical que ha llegado hasta nuestros días. Está dedicado a la reina Leodegundia, quien contrajo (o iba a contraer) nupcias en la ciudad de Pamplona bien con un príncipe o bien con el propio rey García Íñiguez, que sobre el marido existen numerosas hipótesis.

El poema se ha conservado en el Códice de Roda (Madrid, Biblioteca de la Real Academia de Historia, códice 78), en el folio 232. Dicho códice parece que fue copiado a fines del siglo X en algún monasterio del reino pamplonés. Desde el punto de vista literario, el poema Versi Domna Leodegundia Regina se trata de un poema epitalámico de ochenta y siete versos latinos distribuidos en trísticos sin rima. Cada trístico esta formado por dos hemistiquios de seis sílabas en el primer verso, siete en el segundo y ocho en el tercero. Y el último hemistiquio es cataléctico, es decir, su última sílaba es suplida por la pausa final. Esto es indicativo de que su autor era una persona erudita y conocía las reglas poéticas latinas.

Además, la primera estrofa conserva notación musical, la cual debía ser igual para todas las estrofas. Según Higino Anglés¹, «se trata del canto epitalámico más antiguo de los conservados con notación musical, único en su género, que respira un arcaísmo muy pronunciado, recordando con ello y por su contenido el Carmen o Hymnus de nubentibus, visigodo que hemos comentado anteriormente, y compuesto en el siglo VII». Señala también que «todo está escrito en vistas a la esposa, sin decir nada del esposo. En este poema ya no aparece nada de la mitología antigua, cuando en los cantos epitalámicos salía casi siempre el nombre de Venus».

Por último, las letras iniciales de cada estrofa del poema forman un acróstico que dice: Leodegundia pulcra Ordonii filia, es decir, Leodegundia, la bella hija de Ordoño. Es esta una costumbre típica de la época como ya vimos en el Himno del rey Mauregato.

Antes de presentar su texto completo en latín y su traducción al castellano, sirva esta breve síntesis del mismo elabarado por González Ollé²:

«Se inicia el poema con una invitación a cantar las alabanzas (laudes dulces fluant) de Leodegundia, motivo que se repite en otros varios pasajes (dulci uoce conlaudate.- Laudent Leodegundiam.- Etc.) Luego ensalza a su linaje (ex genere claro), sus valores morales e intelectuales (Ornata moribus, eloquiis clara, / erudita litteris sacrisque misteriis), su belleza (facies eius rutilat decore), sus dotes domésticas (moderata regula imperat familiis, / ornat domum ac disponit mirabile ordine). Tras implorar la ayuda divina (lumen uerum Dei te ubique tegat), siguen diversas recomendaciones espirituales (inquirantur more pio cuncti semper pauperes.- Idonea semper sis ad obseruandam / legem Dei melleam.- Limen domus Dei mansueta mente / alacrique animo frecuentare piisime: / Lacrimando et orando deprecare Dominum). Acaba el poema haciendo votos por una larga vida terrenal y luego eterna (post longa tempora / regnum Xristi consequeris)

VERSI DOMNA LEODEGUNDIA REGINA³

L

audes dulces fluant     tibiali modo:
magnam Leodegundiam     Ordonii filiam
exultantes conlaudemus     manuque adpiaudamus.

E

x genere claro     semine regali
talis decet utique nasci     proles optima
quae paternum genus ornat     maternumque sublimat.

O

rnata moribus,     eloquiis clara,
crudita litteris      sacrisque misteriis,
conlaudetur cantu suaui     imniferis uocibus.

D

um faties eius rutilat decore ,
moderata regula     imperat familiis,
ornat domum ac disponit     mirabile ordine.

E

xultet persona     cui extat nexu
coniugali tradita     casta Leodegundia,
placens Deo et amicis     absque ulla macula.

G

audete. gaudete,     simul personate.
cuncti eius tamuli,     matronae substantiam
dulci uoce conlaudate     proferentes canticum.

V

t uigeat longo     feliciter aeuo,
filiorum filios     uideat incolumes
gaudeatque cum amicis,     exorate dominum.

N

erui repercussi     manu citharistae
tetracordon tinniat,     armoniam concitet,
ut resonent laudes dulces     domne Leodegundie.

D

um lira reclangit,     tibia resonat,
Pampilonae ciuibus     melos dantes suauiter,
recitantes in concentu    laudent Leodegundiam.

I

nnouetur semper     memoria eius,
quae proximos diligit    fideli propositu,
suos optans ac externos     ut pariter diligat.

A

udiant propinqui,     cari et amici;
gratulantes digniter     prorumpant in iubilum:
patris decus et doctrinam     proles electa tenet.

P

ulcerrima nimis,     audi modulamen
tibiale dulciter     quod electo canimus:
deprecantes deprecamur     ut famulos audias,

V

t ualeas felix     et seruias Deo
gubernesque pauperes     protegasque orfanos;
mundi quoque gratulentur     te habentes dominam.

L

umen uerum Dei     te ubique tegat:
te tenebrae fugiant     semperque resplendeas:
obseruando legem sanctam     summo Deo placeas.

C

oncentu parili     resonate cuncti,
cantu dulce tibia     personet ut condecet:
audiant et gratulentur     qui te semper diligunt.

R

egula canora     resonat in aula
musicalis carminis,     et regalis poculus
praeparatur ut regina     potum suauem glutiat.

A

d exhilarandam     faciem decoram
praeparentur famuli,     infundentes poculo
ambroseum sucum braci     ut laetetur affatim.

O

ptentur amici,     ac sodales obtimi,
conuiuaeque regii     resedeant pariter,
onerentur mensae omnes     ex opimis ferculis.

R

egalis dum cibus     rite praeparatur .
signo Xristi omnia     consecrata fercula;
inquirantur more pio     cuncti semper pauperes.

D

um pauper refectus     cibis praeparatis
deprecatur dominum     pro salute principum,
tunc redemptor aure pia     inuocantes adiuuat.

O

ccurrant cantores     suaues melos dantes;
in conspectu omnium     rite consedentium
conlaudetur nomen Dei,     cuius iussu uiuimus.

N

ullius scurronis     hic resonent uerba,
absit omne barbarum     garritule scandalum,
sed edentes ac potantes     laudemus altissimum.

I

ncipiat cantor     percutiens liram
aut uerberans cimbalum     in concentu cunctorum
conlaudare regem Deum     rectoremque omnium.

I

Ilius nunc promat     laudes carmen nostrum.
cuius nutu omnibus     datum extat uinculum
caritatis coniugalis     clarae Leodegundiae.

F

eliciter uiuas     et Xristo placeas.
placatum possideas     regnum tibi traditum:
nullus hostis ac aduersus     contra te uictoriet.

I

donea semper sis     ad obseruandam
legem Dei melleam     quae humiles indicet,
mansuetos ac modestos     ad regnum perpetuum.

L

imen domus Dei     mansueta mente
alacrique animo     frequentare piissime:
lacrimando et orando     deprecare Dominum.

I

bj dulces laudes     ac praecepta uitae
aure mentis audies     quae redemtor condidit
obseruarique praecepit     his quj eum diligunt.

A

ue, semper uale     in domino Deo.
domna Leodegundia,     et post longa tempora
regnum Xristj consequeris     cum electis omnibus.

Brote copioso raudal de dulces loas,
tan dulce como los arpegios de la flauta, y aplaudamos
celebrando jubilosos a la excelsa hija de Ordoño: Leodegundia.

Flor preciadísima de famosa estirpe regia,
ornamento de la alcurnia de su padre,
gloria encumbrada de la de su madre.

Con hímnicas canciones de alegres melodía
alabemos sus virtudes esplendentes, su afamada facundia,
su peregrino saber en humanas letras y sagradas disciplinas.

Siempre rutila en su rostro la belleza
y en su gesto de señora la modestia y la gracia
en todo cuanto toca con su mano ordenadora.

¡Feliz aquél que, a fuer de esposo, es dueño ya
de la casta Leodegundia, de Dios bendita
y de los hombres santamente amada!

¡Gozaos sus bienhadados familiares!
¡Gozaos otra vez y otra! Y entonad un cántico
de blando ritmo a vuestra nobilísima matrona.

Un canto que, escalando como una oración las celestes cumbres,
alcance para ella el don de perdurable dicha,
el premio de robustos y fecundos hijos y el consuelo de constantes amistades.

Tomen sus plectros los diestros citaristas
y pueblen los aires con gratas armonías tetracordes
en honor de Leodegundia.

¡Pamploneses, load a Leodegundia; loadla unidos
en concertado coro al compás de
las melosas tibias y las liras resonantes!

Loadla sin cesar.
Su corazón hidalgo os ama cual si
fuerais de antiguo cosa suya.

¡Deudos, amigos predilectos! Vosotros los que sabéis
como en la hija muy amada reviven la sabiduría y majestad paternas,
congratuladla también y aclamadla.

¡Oh, tú, hermosa soberana!
Escucha la dulce melodía que al son
de apacibles caramillos cantan tus servidores.

Cantan que seas dichosa, de Dios sierva buena,
de huérfanos y pobres soberana próvida,
de todos tus súbditos reverenciada y obedecida.

Y que el cielo, con su luz resplandeciente,
te dirija y que huya de ti la sombra del pecado,
siempre observante de la santa ley, siempre grata al Altísimo.

Canción digna de ti. ¡Ea! Repetidla todos.
No haya uno solo que se retraiga en este magnífico concierto
de sonoras voces. Se alegrarán los que te aman.

¡Y cómo resuena el eco de
la deliciosa sinfonía en
las estancias de la mansión real!

Es la hora del festín. Ya los coperos preparan
en vaso afortunado el suave néctar que ha de escanciar la reina,
y en conveniente pátera la dulcísima ambrosía que regocijará su rostro bello.

Ya los íntimos y optimates ocupan
sus puestos al lado de los reyes,
en torno de la mesa repleta de manjares exquisitos.

Ya comienza el banquete.
La cruz de Cristo bendice las regias viandas,
destinadas también por ley piadosa a los mendigos.

La oración de los humildes
en favor de los reyes generosos,
tes recibida siempre en las alturas.

Acudan ahora los cantores a presencia de
los dignos comensales y al Dios por quien vivimos consagren
las primicias de sus más delicadas melopeas.

¡Lejos de aquí las escandalosas canciones
bufonescas de bárbara alegría!
Comamos y bebamos loando al Señor.

Sea, pues, para el Rey de Reyes,
el primer acorde de liras y de címbalos
y el primer himno del coro que en este cenáculo se escuche.

Y alaben después al
excelente príncipe que nos ha concedido
el amor de la esclarecida Leodegundia.

Canten así: ¡Vive feliz y
en amistad de Cristo; gobierna en paz el
heredado reino; jamás triunfen en ti tus enemigos!

Se fiel seguidor de la blanda
ley de Dios, la ley que a mansos
y humildes conduce al reino eternal.

Asiste piadoso y confiado
al templo del Señor y
allí llora y purifícate.

Allí elevarán tu mente los sublimes cantos religiosos;
allí te confortará la palabra de la vida
que el Redentor del mundo donó a los que la aman.

¡Oh, doña Leodegundia! ¡Salud!.
Que Dios te guarde siempre, y que tras dilatados días de compañía de los santos,
reines también en Cristo. Amén.

 

 

  1. Anglès, Higini: Historia de la música medieval en Navarra, Pamplona, Diputación Foral de Navarra (Institución «Príncipe de Viana»), 1970, p. 42.
  2. González Ollé: Introducción a la historia literaria de Navarra, pp. 31-32.
  3. Texto latino tomado de Díaz y Díaz, Manuel C. : Libros y librerías en La Rioja altomedieval, 2ª edición IER, Logroño, 1991. Traducción al castellano de Armando Cotarelo. Se puede consultar otra traducción debida a Jesús. E. Casariego en el artículo Canto vascón a una princesa asturiana que fue a casar a Pamplona, en  Asturias proclamó el patronazgo de Santiago para España, Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, nº 33, 1979. págs. 44-54