La práctica de deportes durante la Alta Edad Media es muy poco conocida por la parquedad de las fuentes. Aun así nos han llegado algunos datos curiosos sobre cómo disfrutaban del tiempo libre los gobernantes de la época, que prácticas deportivas hacían, si apostaban o no (aunque aún no existían los hoy populares sitios de apuestas de esports), etc.

Mientras que en los reinos cristianos la práctica deportiva no estaba demasiado bien vista por la Iglesia, aunque no estaba prohibida, en los reinos musulmanes tenían mejor consideración. Por ejemplo, el filósofo, astrónomo y médico persa Avicena (980-1037) ya dejó escrito en su obra Canon de la Medicina, en cinco tomos, la importancia que el deporte tenía para conservar una buena salud. Menciona los ejercicios gimnásticos con el trapecio, recomendando en este aparato los ejercicios de piernas sin tocar el suelo.

Sin embargo, no es mucha la información que ha llegado hasta nosotros sobre los deportes practicados en la Alta Edad Media. Quizás, uno de los hechos más desconocidos y sorprendentes es que los emires y califas omeyas practicaban diversas modalidades de deportes con caballo.

El polo

El primero era el juego del polo. El polo (sawlayan) es un deporte de origen persa, concretamente del Imperio persa antiguo. Es un juego en que dos equipos, montados a caballo, manejan una pelota utilizando un bastón y tratan de llevarla hasta la portería del rival.

Tras la conquista de Persia por los árabes, éstos lo adoptan como deporte y lo difunden entre las regiones que van conquistando. De este modo es posible que en transcurso del siglo VIII el polo llegara a la península Ibérica, seguramente de la mano de la familia omeya. Aunque también es probable que fuera el poeta y erudito persa Ziryab quien introdujera este deporte en la corte de ‘Abd al-Rahmán II.

Eso sí, era un deporte para las élites, debido al coste del caballo y de los arreos y utensilios necesarios para su práctica.

Tanto durante el emirato como el califato de Córdoba como en los reinos de taifas se tiene constancia de que la clase gobernante practicaba el polo.

Miniatura persa pintada sobre marfil representando jugadores de polo
Miniatura persa pintada sobre marfil representando jugadores de polo

Equitación

La equitación como deporte y las carreras de caballos parece que se empiezan a practicar en al-Andalus algo más tarde, a partir del siglo X.

Disponer de una gran yeguada con los mejores especímenes para dedicarlos a montar o a hacer carreras era un símbolo de prestigio y de estatus social. También eran uno de los obsequios más caros pero también los más celebrados. Como muestra, este fragmento de Ibn Hayyan acerca de un regalo que recibió el califa ‘Abd al-Rahmán III:

Con esta carta de este año, Muḥammad ben Jazar regaló a an-Nasir […] dieciocho corceles marroquíes, uno leonado, con crin negra y cola recortada, otro bayo, de ojos azules y cola negra, otro alazán, de cinco palmos, con lucero y calzado, y otro ceniciento, de cinco palmos con rosetas en las orejas y extremo de la cola, cuatro purasangres a los que no se podía quitar ojo, superiores a todas las monturas de an-Nāsir en hermosura y peregrina complexión, hasta el punto de no tener nada similar ente sus muchos animales de silla, por lo que los prefirió al resto del regalo

Crónica del califa ʻAbdarrahmân III, págs. 203-204

En la época de Al-Hakam II se sabe que se compraban regularmente caballos en el litoral atlántico del actual Marruecos que, en ocasiones, se utilizaban para hacer carreras de caballos. El insigne historiador cordobés Ibn Hayyan concreta que en el palacio de Madinat al-Zahra había numerosos potros y potrancas procedentes de dicha región. En concreto pone en boca del caballerizo y zalmedina Ziyad ben Aflah el ensalzamiento de la yeguada concentrada en la almunia de Amiriya, procedentes del destete de las más de 3000 yeguas que tenía el califa en las marismas, junto a 500 sementales.

Los amiríes, con Almanzor a la cabeza, también se preocuparon por conseguir mejorar la raza equina. Fue en sus tiempos cuando en el valle inferior del río Guadalquivir se consiguió el cruce que dio origen a la cría racional de potros árabes.

También se evolucionó en los arreos. En época de Al-Hakam II había dos tipos de sillas de montar: la andaluza y la africana, siendo la última la que se generalizó a partir del gobierno de Almanzor, posiblemente por la gran cantidad de soldados mercenarios bereberes que puso a sus servicio. Más adelante comenzó a cabalgarse a la jineta.