La forma en que hoy en día celebramos la Navidad dista mucho de cómo se celebraba en la Antigüedad Tardía y la Alta Edad Media.

La decoración actual con belenes o árboles navideños no existía; la costumbre de viajar en Navidad obviamente no estaba extendida; tampoco el dar y recibir regalos en la Nochebuena o en Reyes.

Era, sobre todo, el aspecto religioso el que predominaba en la celebración. Y este aspecto se mezclaba con reminiscencias paganas relacionadas con el solsticio de invierno y el fin del año.

Una vez que en el 325 el Concilio de Nicea I estableció el 25 de diciembre como Dies Nativitatis, la festividad comenzó a extenderse por las diversas comunidades cristianas.

Posteriormente, entre los siglos IV y VI se estableció que la Navidad duraba entre los días 24 de diciembre, la Nochebuena, y el 6 de enero, la Epifanía, un período al que en ocasiones se refiere como los Doce Días Mágicos.

Pero previamente existía un período preparatorio, el tiempo de Adviento, que duraba entre tres y seis semanas según países. Durante él se hacían determinados ayunos y había que acudir frecuentemente a misa. Por ejemplo, en el Concilio de Zaragoza del año 380 ya se decía que: Durante veintiún días, a partir de las XVI calendas de enero (17 de diciembre), no está permitido a nadie ausentarse de la iglesia, sino que debe acudir a ella cotidianamente.

La Misa del Gallo

Pero, como ya hemos dicho, la Navidad comenzaba propiamente el 24 de diciembre. En la Alta Edad Media ese día se celebraban tres misas. En ellas se proclamaban con solemnidad las profecías de Isaías, los textos de León Magno, el Prólogo del Evangelio de San Juan, la genealogía de Cristo, etc.

Pero la más importante de las tres celebraciones litúrgicas era la que tenía lugar tras el banquete de Nochebuena, a medianoche, la llamada Misa del Gallo, que comenzó a darse en Hispania a partir de los siglos V y VI.

Su nombre procede de una leyenda que cuenta que fue un ave que pasaba la noche en la gruta de la Natividad la primera en conocer el nacimiento de Jesús y salir a anunciarlo. Con el paso de los años se identificó este ave con un gallo, símbolo de la fecundidad en las culturas paganas y anunciador del amanecer. Generalmente, durante el rito, el canto del gallo era imitado por un niño ubicado en el coro o por un ave llevada a estos efectos y así se anunciaba el nacimiento de Cristo.

Tras la solemnidad de la misa, de la cual conocemos su liturgia mozárabe, se esparcía la algarabía por el pueblo con cantos, música (aunque los primeros villancicos conocidos son del siglo XIII) y otros rituales.

Entre estos destacan las mascaradas invernales y las pastoradas.

Las mascaradas de invierno

Durante este período navideño en los pueblos se practicaban otros ritos con raíces paganas. Estaban muy extendidas las mascaradas invernales, celebraciones en las que uno o varios individuos se disfrazan de forma grotesca o construían remedos de monstruos e iban reclamando casa por casa el aguinaldo.

En estas celebraciones se emplean cencerros, esquilas o campanillas, cuyo sonido es un recurso purificador de los males de la localidad, por lo que recorren todas sus calles, haciéndolos sonar sin parar. También utilizan instrumentos fustigadores (tenazas articuladas, vejigas hinchadas, pelotas, …), a las que hay que sumar el lanzamiento de diversos materiales (ceniza, paja, harina,…) o el roce con otros (corcho quemado, anilina,…). Unos y otros tienen sentido fertilizador.

Filandorra de Ferreras de Arriba
Filandorra de Ferreras de Arriba

Aunque seguramente se celebraban prácticamente en en norte de España en general hoy en día han pervivido en pocos sitios. Un caso relevante es la provincia de Zamora, con varias mascaradas que se celebran en distintos días.

El día 26 de diciembre el Zangarrón en Sanzoles, el Tafarrón en Pozuelo de Tábara, el Pajarico y el Caballico en Villarino tras la Sierra; la Talanqueira o Visparra en Vigo de Sanabria, y la Filandorra en Ferreras de Arriba; el 1 de enero el Zangarrón en Montamarta, los Carochos en Riofrío de Aliste, los Cencerrones en Abejera y los Diablos en Sarracín de Aliste; y los días 5 y 6 de enero la Talanqueira en San Martín de Castañeda.

Zangarrón de Montamarta (Zamora)
Zangarrón de Montamarta (Zamora)

Las pastoradas o corderadas

Otro de los ritos extendidos en la Navidad de la Alta Edad Media eran representaciones teatrales de diversos actos navideños, principalmente la Adoración de los pastores y la Adoración de los Reyes Magos.

Las pastoradas o corderadas representaban la adoración de los pastores al Niño y se realizaba generalmente en el interior de la parroquia esa misma noche del 24 al 25 de diciembre.

Cachimorro y danza de los pastores en Labastida (Álava)
Cachimorro y danza de los pastores en Labastida (Álava)

Los pastores, actores destacados de la obra, se visten con indumentaria propia de su oficio y las cachavas de éstos se decoran con cintas, flores y lazos de colores. Además suelen ofrecer un cordero para celebrarlo.

Hoy en día aun quedan ejemplos como el Cachimorro que en Labastida (Álava) acompaña a los danzantes; la pastorada de Castroponce (Valladolid), un rito con una profunda carga de alteración social y cierta actitud de profanación pues sus protagonistas eran los pastores, asalariados y gentes que no acudían a misa pero que, con motivo de esta tradición ellos se situaban en primera fila social, lo que aprovechaban para saldar cuentas con sus amos y otros poderes.

Otras pastoradas que han pervivido son las de Calzadilla de Cueza y Terradillos de los Templarios (Palencia) y Tordehumos (Valladolid).

La Adoración de los Reyes Magos también era objeto de representaciones y gracias a ellos conocemos la primera obra de teatro en castellano: el Auto de los Reyes Magos (s. XII).