La Crónica de 1344 o Crónica Geral de Espanha fue encargada por el conde portugués Pedro de Barcelos y se conserva, en la actualidad en una traducción castellana de la misma, ya que la original estaba en portugués. Presenta una versión de la Leyenda de los Siete Infantes de Lara muy distinta de la que que se cuenta en la Primera Crónica General. Es una versión más extensa y con numerosos detalles nuevos, sobre todo a partir del envío de las cabezas de los infantes a Córdoba. Así aparece el diálogo que Gonzalo Gustios tienen con cada una de las cabezas de sus hijos, el incidente de Mudarra González con el rey de Segura y la estancia de Mudarra en Castilla, contando con detalle su llegada y la persecución del traidor Ruy Velázquez por distintas fortalezas de Castilla.

I. De cómo el conde don Garçi Fernández çercó Çamora después de la muerte de su padre, e cómo el rey de León le emendó algunos tuertos que resçibiera  de los suyos e cómo casó doña Llanbra con Ruy Vasques

Contado avemos ya ante d’esto en cómo el noble conde don Ferrant Gonçales ante que muriese avía firmada su postura entre Castiella e León; e después qu’él fue muerto, non quisieron los leoneses tener la postura e vinieron correr e faser mal en Castiella, por que después ovo el conde don Garçi Ferrandes de ayuntar su hueste muy grande e fuese echar sobre Çamora; e en teniéndola çercada, vinieron los de Alva e los del Carpio a dar en la hueste e a fazer rebato, e ovo Ruy Vasques a recudir a ello. Como aquel que era muy buen cavallero de armas; e fue a ellos con tresientos cavalleros e alcançólos e lidió con ellos e vençiólos e desbaratólos, pero que le mataron dos cavalleros en aquella lid; e por que fiso mucho bien en aquel día óvol’ después a dar el conde Garçi Ferrandes por muger a doña Llanbra, que era su prima cormana. E en teniendo el conde así çercada Çamora, embióle el rey de León sus mandaderos: que se alçase de sobre Çamora, que si algunt mal o dapño avían fecho en su tierra que non sabía él ende parte, mas que l’ quería tener lo que el conde don Ferrant Gonçales entr’ellos pusiera, e que aquellos que a la su tierra fueron faser mal e dapño que los estrañaría en los cuerpos e averes.

E el conde Garçi Ferrandes fabló con estos su altos omes, aquellos que ý eran, e fallaron en su acuerdo que el rey de León desía bien, ca dos tanto mal le fisiera él en su tierra que le a él fisieran en la suya, e demás que lo quería estrañar a aquellos que lo fisieron. E el conde entendió que l’ consejavan bien, e creyó su consejo; e levantóse luego de sobre Çamora e fuese para Burgos, e fuéronse con él muchos de León e de Portogal, por seer en aquellas bodas de doña Llambra e de Ruy Vasques. E andudo con esas conpañas fasta que llegó a Burgos; e mandó ý armar tienda muy noble en que estudiese doña Llambra con sus dueñas e donsellas para veer los trebejos que fasían e cómo lançavan al tablado.

E el primero que ý lançó su vara fue Garçi Ferrandes, e después Ruy Vasques, e después Muño Salido, el que bien cató las aves, e desi otros muchos de otras partes, e desí lançó Alvar Sanches, primo cormano de doña Llambra. E quando lançó al tablado dio un tan grant golpe en las tablas que lo oyeron dentro en la villa, segund dise la estoria. Doña llambra quando lo oyó, e sopo que su cormano Alvar Sanches lançara tan bien, plógol’ mucho, e con grant plaser que ende tovo dixo aquellos que ý seían con ella que non vedaría su amor a ome tan de pro si non fuese su pariente tan llegado; e por esto que doña Llambra dixo se siguió después mucho mal, así como vos lo la estoria contará adelante.

E en disiendo doña Llambra esto de Alvar Sanches, oyólo doña Sancha, e los siete infantes, que ý estavan con ella, e quando aquello oyeron, començaron a reír; mas los cavalleros, como estavan en grant sabor de un juego, non pararon mientes en aquello que doña Llambra dixera, mas Gonçalo Gonçales, que era el menor de los siete infantes, parara en ello muy bien mientes, e furtóse de los hermanos e fue cavalgar en un cavallo, e tomó un bofordo en la mano e fuese solo, que non fue otro ome con él sinon un escudero que levava un açor. E Gonçalo Gonçales, luego que llegó, fue lançar al tablado e dio un tan grant golpe en él que crebantó una de las tablas de medio. E quando esto vio doña Sancha, e sus fijos, ovieron de ende grant plaser, mas en verdat pesó mucho a doña Llambra.

E los fijos de doña Sancha cavalgaron entonce e fuéronse para el hermano, ca ovieron miedo que se levantase entre Gonçalo Gonçales e Alvar Sanches alguna discordia, como contesció luego, ca Alvar Sanches començó ý luego de desir sus palabras tan grandes por que ovo de responder Gonçalo Gonçales e dixo:«Tan bien alaçastes e tanto se pagan de vós las dueñas que bien semeja que non fablan de otro cavallero tanto como de vós». E aquella ora dixo Alvar Sanches:«S las dueñas de mí fablan, derecho fasen, ca entienden que so mejor que los otros que ý sodes». Quando esto oyó Gonçalo Gonçales, pesólo mucho de coraçón e non lo pudo sofrir, e dexóse ir para él atan brava miente que más non puedo, e dióle una tan grant puñada en el rostro que los dientes e las quixadas le crebantó, de guisa que luego cayó muerto en tierra a los pies del cavallo.

E doña Llambra quando lo oyó, començó de dar grandes boses, llorando muy fuerte miente e disiendo que nunca dueña fuera tan desonrada como ella. Ruy Vasques quando aquello oyó cavalgó a grant priesa e tomó una asta en la mano e fuese para allá onde estavan, e quando llegó a los siete infantes, alçó arriba el braço con aquella asta e dio con ella a Gonçalo Gonçales un atan grant golpe en la cabeça que por çinco lugares le fiso crebar la sangre. Gonçalo Gonçales, quando se vio atan mal ferido, dixo:«Par Dios, nunca vos yo merescí por que me vós diésedes tan grant ferida como éste, e ruego yo aquí a míos hermanos que si yo muriera, que nunca vos lo demanden; mas ruégovos que me non firades otra ves, por quanto vós amades, ca vos lo non podría sofrir». Ruy Vasques quando aquello oyó, alçó otra ves el asta con gran saña que ovo por le dar otro golpe, e Gonçalo Gonçales quando lo vio, desvió la cabeça del golpe en tal guisa que le non alcançó si non poco por el onbro, pero tan grande fue el golpe que dos pieças fiso el asta en él. Gonçalo Gonçales quando vio que non avía ý otra mesura ninguna, tomó en su mano el açor que traía el escudero e fue dar a Ruy Vasques con él una tan grant ferida en el rostro a bueltas con el puño que todo gelo crebantó de aquel golpe, de guisa que luego le fiso crebar la sangre por las narises. Ruy Vasques quando se vio tan mal trecho, començó a dar grandes boses e a desir:«armas, armas», e muy apriesa luego fueron ajuntados con él todos sus cavalleros, ca bien veían que se daría a mal aquel fecho si le Dios non acorriese.

Mas el conde Garçi Ferrandes, que era señor, e era ý en Burgos, e Gonçalo Gustios, padre de los infantes, tanto que sopieron aquella buelta vinieron ý luego e metiéronse entre ellos e despartieron los, que non ovo ý entonçe otro mal ninguno. E tan bien andudo ý el conde Garçi Fernandes, e Gonçalo Gustios, padre de los siete infantes, que luego los fisieron perdonar de la una parte e de la otra; ca los infantes se apartaron luego con su conpaña a un logar, e podrían ser todos fasta dosientos cavalleros; mas pero tan bien lo fisieron, segunt dicho es, que de aquella vez non ovo ý más mal.

II. Agora dexa el cuento de fablar del conde don Garçi Ferrandes e de la condesa doña Sancha, su muger, e torna a fablar de Gonçalo Gustios, que era en Salas, e de Ruy Vasques su cuñado

Dise el cuento que, después que los casamientos de Ruy Vasques e de su muger doña Llanbra fueron fechos en Burgos, e por la contienda que ý ovo Gonçalo Gonçales, el menor de los siete infantes, con Ruy Vasques por la puñada que dio a Alvar Sanches, su cuñado, e por las feridas que diera Ruy Vasques con el asta a Gonçalo Gonçales, e por el açor que Gonçalo Gonçales crebó en el rostro a Ruy Vasques oviera a recreçer grant dapño, si lo el conde Garçi Ferrandes non partiera, que los fiso perdonar para siempre.

E cuidando Gonçalo Gustios, padre de los infantes, que era así verdad, fue un día a ver su cuñado Ruy Vasques a Barvadiello, e fabló con él e díxole:«Don Ruy Vasques, estos míos fijos son vuestros sobrinos, e vós avedes mester cavalleros mucho a menudo, como muy alto ome e muy buen cavallero de armas que vós sodes, que por todas las tierras sodes temido, tan bien de moros como de christianos, e todos vos an grant enbidia e vos temen mucho, e por ende ternía yo por bien, si vos pluguiese, que vos sirviesen los mios fijos e vos aguardasen, si vós por bien toviesedes, e vós que les fuésedes bueno e les fisiésedes algo en manera que ellos valiesen más por vós, ca vuestros sobrinos son e ellos non an de faser sinon quanto vós mandarles e tovierdes por bien.» E él otorgól’ que lo cumpliría.

E dende a poco tiempo fuese Ruy Vasques e doña Llanbra, su muger, para Burgos, e luego a pequeña saçón, tornóse doña Llanbra para Barvadiello, e fueron los siete infantes con ella por le faser plaser e serviçio con su açores e con sus aves. E después que ovieron tomada mucha caça tornáronse para doña Llanbra e diérongela, e desí entraron en una huerta, que avía çerca del palaçio donde posava doña Llanbra, para asolasarse e folgar en ella demientra que guisavan la yantar. Pues que fueron en la huerta, Gonçalo Gonçales desvistióse de todo lo que traía, sinon de los paños menores, e esto por la grant calentura que fasía, cuidando que lo non veían las dueñas, por que era d’ellas muy alongado, pero non era así, ca doña Llanbra e las dueñas lo veían muy bien.

E tomó su açor en la mano e fuelo bañar. E quando doña Llanbra lo vio así estar desnudo, pesóle mucho de coraçón e dixo contra sus dueñas:«Amigas, ¿non veedes cómo anda Gonçalo Gonçales en paños de lino? Creo que lo non fase por ál sinon por que nos enamoremos d’él; por cierto vos digo que me pesa mucho si él así escapar de mí que yo non aya derecho d’él.» E así como ovo dicho esto, mandó llamar un su ome e díxole:«Ve e toma un cogonbro e fínchelo de sangre, e ve a la huerta do están los siete infantes e da con él en los pechos a Gonçalo Gonçales, aquel que vees que tiene el açor en la mano, e vente para mí quanto pudieres, e non ayas miedo, ca yo te ampararé, e asi tomaré vengança de la puñada e de la muerte de mío cormano Alvar Sanches, ca esta juglería a muchos enpeeçrá.»

E el ome fiso entonçe como le mandó doña Llanbra; e los infantes, quando vieron venir aquel ome contra sí, cuidaron que les enviava su cuñada alguna cosa por que se les tardava la yantar, ca tenían ellos que bien estavan con ella e que ella que los amaba de voluntad, mas ellos eran engañados en esto, ca ella los desamava mortal miente que más non podía. E así como llegó el ome a ellos, alçó aquel cogonbro e dio con él a Gonçalo Gonçales en los pechos, como doña Llambra le mandara, e finchólo todo de sangre, e fuxo luego contra doña Llanbra. E los otros hermanos quando vieron esto, començaron de reír, mas non de coraçón. E díxoles entonçe Gonçalo Gonçales:«Hermanos, my mal fasedes que vos d’esto reídes, ca así me pudiera ferir con ál como con esto, e matarme. E demás vos digo que si alguno de vós contesçiera esto que a mí, yo non querría bevir un día más fasta que lo vengase, e pues que lo vos levades en juego este fecho e atal desonra, mande Dios que vos arrepintades ende.» Dixo entonçe Diago Gonçales, el otro hermano:«Hermanos, meester es que tomemos consejo a tal cosa como ésta e que non finquemos así escarnidos, ca mucho sería nuestra desonra grande; e tomemos agora nuestras espadas so nuestros mantos e vayamos contra aquel ome, e si viermos que nos atiende e non ha miedo de nos, entendremos que fue la cosa fecha por juego e dexar lo emos, mas si fuxere contra doña Llanbra e ella lo acojere, así sabremos que por su consejo d’ella fue esto, e si así fuere, non nos escape a vida, aunque lo ella quiera anparar.»

Pues que esto ovo dicho Diago Gonçales, tomaron todos sus espadas e fuéronse para el palaçio, e el ome quando los vio venir, fuxo para doña Llanbra, e ella acojólo so el su manto; e los infantes le dixeron:«Este ome nos fiso desonra e nós queremos ge lo acaloñar.» E ella les dixo que les non conplía, ca él era su ome, e que si alguna cosa fisiera, que ella lo faría emendar. E ellos lo tomaron entonçe delante d’ella e diéronle una tan grant puñada que finchó los paños de doña Llanbra de sangre e tiráronlo fuera del palaçio onde ella estava e diéronle tantas de cuchilladas fasta que lo mataron. E pues que fue muerto, tornaron por doña Sancha, su madre, que cavalgase e non estudiese ý más; e ella cavalgó luego e fuéronse para Salas, que era su casa e su heredat. E pués que ellos fueron idos, fiso doña Llanbra poner un escaño en medio de un corral, guisado e cubierto de paños como de muerto, e lloró ella e fiso tan grant llanto sobr’él con todas sus dueñas, por tres días, que por maravilla fue, e ronpió todos sus paños, llamándose biuda e que non avía marido, e d’esto mandó querellar a Ruy Vasques. Más agora dexaremos de fablar d’esta doña Llanbra, e diremos de don Rodrigo, su marido, e de don Gonçalo Gustios, padre de los siete infantes.

III. De cómo e en quál manera fue preso Gonçalo Gustios en Córdova por carta de Traiçión de Ruy Vasques

Enpós esto, pues que el conde Don Garçi Ferrandes tornó a Burgos de su andar que andaba por la tierra, despidiéronse d’él Ruy Vasques e Gonçalo Gustios e fuéronse para’l alfós de Lara, onde tenían sus mugeres. E ellos yendo por el camino, llegó a Ruy Vasques un mandadero de doña Llanbra e díxole las nuevas de todo el fecho, cómo contesçiera e la manera en que se fisiera. E ellos quando lo oyeron, pesóles tanto que non pudiera más, así que se non podían ý dar consejo, pero fuéronse fasta Barvadiello amos a dos en conpaña. E don Gonçalo Gustios partióse entonçe de Don Rodrigo e fuese para Salas, a su muger e a sus fijos. E doña Llanbra, quando sopo que venía Ruy Vasques, su marido, salió a la puerta del palaçio e fuese para él toda rascada e llorando mucho, e echósele a los pies pidiéndol’ merced e disiéndol’ que le pesase de la desonra que avía resçebida de sus sobrinos, e que por Dios e por mesura que l’ diese ende derecho. E díxol’ entonçe don Rodrigo:«Doña Llanbra, callat e non vos pese, e sofrit vos, ca yo vos prometo que atal derecho vos ende dé que todo el mundo avrá qué desir.»

E Rodrigo enbió luego su mandado a don Gonçalo Gustios que viniese otro día, e verse ían amos en uno, que mucho avía de fablar con él. E Gonçalo Gustios vino ý con sus siete fijos, e ovieron su fabla, entre Barbadiello e Salas, sobre la desonra de doña Llanbra que los siete infantes le fisieran, e pusieron su amor unos con otros, e metiéronse entonçe los infantes en mano de su tío don Rodrigo, que él catase aquel fecho e por quién se levantara e fisiese ý aquello que toviese por bien e fuese derecho. A don Rodrigo plógol’ mucho d’esta rasón, e començó luego a falagar a sus sobrinos por sus engaños e sus palabras fingidas e falsas, por tal que se non guardasen d’él.

Enpós d’esto, a cabo de pocos días, enbió don Rodrigo desir otra ves a don Gonçalo Gustios:«Cuñado, vos sabedes bien en cómo me costaron mucho mis bodas, e el conde don Garçi Ferrandes non me ayudó ý tan bien como yo cuidé, a Almançor me dixo que me ayudaría con algo e me faría mucho bien para ayuda de mis bodas, e vós sabedes que así es; e yo gradesçer vos lo ía mucho, si lo vós por bien tovierdes de ir a él sobre esta rasón, e encomendar me íades a él mucho e mostrar le íades la grant costa que he fecha e desir le íades en cómo he mucho meester la su ayuda, e bien sé yo que le plasdrá e vos dará grant aver; e vós venit vos luego con él, e yo partir lo he conbusco muy bien, e ruego vos como hermano que vos plega de lo faser así, ca vós sabedes bien que yo non puedo allá ir, que he de proveer toda la tierra de mano del conde don Garçi Ferrandes.»

E entonçe respondió Gonçalo Gustios:«Don Rodrigo, mucho me plase e iré allá mucho de buena miente, por conplir vuestra voluntad.» Quando esto oyó Ruy vasques, plógol’ mucho de coraçón, e apartóse con un moro qu’él avía, que sabía escrevir arávigo, e mandó que l’ escriviese una carta en esta guisa:«Almançor, de mí, Ruy Vasques, salut, como amigo que amo de todo mi coraçón. Fágovos saber que los fijos de don Gonçalo Gustios de Salas, éste que vos esta carta aduse, que me desonraron mal a mí e a mi muger, e por que me non puedo d’ellos vengar acá en la tierra de los christianos, así como yo quería, enbío por ende a vós su padre, don Gonçalo Gustios, que lo fagades descabeçar, si me bien queredes; e después que esto ovierdes fecho, sacaré yo luego mi hueste e levaré comigo todos los sus siete fijos e iré con ellos a posar a Almenar, e vós otrosí sacat vuestra hueste e venit vos quanto más pudierdes a ese lugar mesmo, ca ý vos atendré, e venga conbusco Viara e Galve, que son mucho mis amigos, e a los siete infantes levar los he allá, ca ellos non han más de fasta dosientos cavalleros, e entonçe los podredes descabeçar, ca estos son los omes del mundo que vos más contrarios son acá en tierra de christianos, e que más mal vos buscan. E pues que estos ovierdes muertos, avredes la tierra de los christianos a vuestra voluntat, ca mucho ha en ellos grant esfuerço el conde don Garçi Ferrandes.»

Pues que la carta fue fecha en esta manera e seellada, mandó luego descabeçar el moro que la fisiera, por tal que lo non descrubiese. Desí cavalgó luego e fuese para Gonçalo Gustios e dixo a su hermana doña Sancha, con palabras de engaño, luego que entró por el palaçio de don Gonçalo Gustios:«Hermana, muy rico verná de Córdova don Gonçalo, si Dios quisiere, onde le yo enbío, ca tanto traerá de aver que para sienpre jamás seremos todos ricos e abondados.» Pues que esto ovo dicho a la hermana dixo a don Gonçalo Gustios:«Cuñado, pues que lo a faser avedes espedit vos de doña Sancha e cavalgat, e vayamos esta noche dormir a Bilvestre ca en camino vos yas.» Don Gonçalo Gustios espidióse entonçe de la muger e des sus fijos e de don Muño Salido, su amo, e entonçe cavalgaron e fuéronse é e don Rodrigo para Bilvestre e fablaron toda aquella noche en su poridat amos, e diol’ entonçe don Rodrigo la carta que l’ levase.

E otro día de mañana cavalgó don Gonçalo Gustios e espidióse de don Rodrigo e de doña Llanbra e fuese su camino. Pues que llegó a Córdova, fuese para Almançor e diol’ la carta de don Rodrigo e díxol’ luego de su palabra:«Almançor, mucho vos enbía saludar vuestro amigo don Ruy Vasques, e enbía vos rogar que l’ enbiedes recabdo de lo que vos enbía desir en esta carta.» E el moro abrió la carta e leyóla, e pues que vio la manera que iva en ella, ronpióla luego e dixo a don Gonçalo Gustios:«¿Qué carta es esta que tu traes?» Respondiól’ entonçe don Gonçalo Gustios:«Çierto, señor, non sé.» E díxol’ Almançor:«Pues desir te lo he. Ruy Vasques me enbía desir que te descabeçe, mas yo, por que te quiero bien, non lo quiero faser; mas mandar te he echar en prisión.» E fízolo así, e desí mandó a una mora que lo guardase e lo sirviese e que l’ diese lo que oviese mester. E así avino a pocos de días que, don Gonçalo Gustios yasiendo en aquella prisión, e aquella mora sirviendo lo, ovieron de entender en sí e amarse uno a otro, de manera que don Gonçalo Gustios ovo de faser un fijo en ella, a que llamaron después Mudarra Gonçales. E éste fue el que después vengó su padre e sus hermanos, los siete infantes, por la traiçión que les bolviera Ruy Vasques, ca lo mató por ende, así como contaremos adelante en esta estoria. Mas agora dexaremos aquí de fablar en esta rasón, e tornaremos a desir de Ruy Vasques e de Almançor.

IV. De cómo Ruy Vasques ayuntó su hueste e levó consigo los siete infantes

Enpós esto, pues que Ruy vasques ovo enbiado a don Gonçalo Gustios a Córdova, así como agora diremos aquí fabló con los siete infantes e díxoles:«Sobrinos, desir vos quiero lo que tengo por bien de faser; en quanto vuestro padre es ido a Almançor, yo quiero faser una cavalgada a tierra de moros e correr fasta el campo de Almenar, e si vos tovierdes por bien de ir comigo plaserme ía ende mucho, e si non, fincad aquí en la tierra e guardatla.» E ellos le dixeron entonçe:«Don Rodrigo, non semejaría eso guisado, de ir vós en hueste e fincar nós en la tierra, e mucho mostraríamos en ello grant cobardía.» E díxoles entonçe don Rodrigo:«Mucho me plase d’eso que desides.»

Pues que esta respuesta ovo de los siete infantes, enbió desir por toda la tierra que los que con él quisiesen ir en hueste e ganar algo que se guisasen mucho aína e que se viniesen luego para él. Las gentes quando lo sopieron fueron ende muy alegres con las nuevas, por que don Rodrigo siempre era bien andante, él e los que con él ivan, en sus huestes que fasía, e llegáronse entonçe ý tan grandes yentes que maravilla fue.

E en esa ora enbió desir por un escudero a sus sobrinos que cavalgasen e fuesen enpós él, ca él los atendría en la Vega de Febros. Los infantes quando lo oyeron, espidiéronse de su madre doña Sancha e fuéronse enpós d’él quanto pudieron. E yendo ellos fablando unos con otros fasta que llegaron a un pinar que llaman Canicosa, que ý avía a par del camino; en la entrada del monte ovieron agüeros que les fasían muy malas señales.

E el primero agüero que ovieron fue una corneja diestra, e sobre ella una siniestra, e desí vieron un águila cabdal ferrera que estava ençima de un pino. E quando esto vio Nuño Salido pesól’ mucho de coraçón e díxoles:«Fijos, tornemos nos, ca estas aves nos lo muestran, e tornemos nos para Salas, a vuestra madre doña Sancha, e folguemos ý algunos días fasta que estas aves se corrijan, ca ellas non nos muestran si non todo mal si las pasamos.» E ellos dixeron que non lo quisiese Dios, ca los atendía su tío dos días avía, e que por las aves non curase nada, ca non fasía a ellos aquello, si non al mayor de la hueste con que todos ivan. Entonçe fueron adelante e vieron venir un águila cabdal por el aire dando muy grandes gritos, e vino posar en un pino, a par del camino por donde ivan, e estudo así una pieça dando muy grandes gritos e desí, a la çima, tomóse por la garganta con amas las manos e degollóse e dexóse caer muerta en tierra a pie del pino. E quando Nuño Salido esto vio, tornóse a los infantes e díxoles:«Fijos, bien vos digo verdat, que desque yo las aves caté, que nunca las fallé tan contrallas como las de oy, e por eso vos ruego que vos tornedes en toda guisa, ca me non plase por que esta carrera queredes ir, ca aquel que vos allá lieva vos lieva a la muerte por traición, e si vos tornardes faredes vuestra pro.»

Entonçe fiso una risca e díxoles:«Si esta risca pasades yo non iré conbusco adelante más, ca bien llana miente veo vuestra muerte, ca yo tales agüeros veo que nos muestran que nós nunca más acá tornaremos a nuestros lugares; e si vos quisierdes crebantar estos agüeros enbiat desir a vuestra madre que cruba siete lechos e que los ponga en medio de un corral e faga llanto como si vos viese muertos ante sí.» Díxol’ entonçe Gonçalo Gonçales:«Don Muño Salido, desides mucho mal en quanto fablades, e muerte buscades si oviese quien vos la dar, e digo vos que si non fuésedes mío amo, como lo dodes, yo vos mataría por ello, e de aquí adelante vos digo e vos defiendo que non digades más en esta rasón, ca non nos tornaremos por vós; mas vós que sodes ya de hedat tornadvos para Salas si quisierdes.» Don Muño Salido con grant pesar que ende ovo díxoles:«En mal ora vos yo crié, pues que me vós non queredes creer de consejo de cosa que vos yo diga; e pues así es, ruego vos que vos espidades de mí ante que me torne, ca bien sé que nunca más nos veremos en uno.»

Los infantes, echando en juego esto que les desía su amo, espidiéronse dél e fuéronse su carrera. Muño Salido tornóse para ir a Salas, e yendo así por el camino, cuidó entre sí cómo fasía mal en dexar de aquella guisa sus criados por miedo de la muerte, e mayor miente seyendo él ome viejo e de grande hedat, que lo non devía faser por ninguna guisa, ca mas guisado era d’él ir do quier que muerte pudiese prender, que aquellos que aún eran mançebos e para bevir; e pues que ellos non temían la muerte e en tan poco la tenían, que mucho más la non devía él temer; e de más, que si ellos muriesen en la batalla, e Ruy Vasques a la tierra tornase, que le faría por ellos mucho mal o que lo mataría; e que sienpre avrían qué desir d’él si él tal cosa como ésta fisiese; e demás aún, que si ellos allá muriesen, que cuidarían los omes que él les basteçiera la muerte, e que por su consejo viniera aquel fecho, e sería muy mala fama para él en seer onrrado en la mançebía e desonrado en la vejés. E así como esto ovo cuidado entre sí, tornóse para los infantes. Agora dexamos aquí a Muño Salido ir su camino, e diremos de los siete infantes.

V. De cómo el traidor de Ruy vasques amenasava a Muño Salido por que se tornara, e cómo por esta rasón se ovieran de matar los unos con los otros

Pues que los siete infantes de allí fueron partidos, andudieron tanto que llegaron a Febros. E don Rodrigo quando los vio, saliólos a resçebir e díxoles que tres días avía que los estava atendiendo, e preguntóles por Muño Salido cómo non venía con ellos. E ellos contaron le entonçe todo el fecho de cómo les aconteciera con él sobre el departimiento de los agüeros. Ruy Vasques quando les aquello oyó, començóles de lisonjar e desir:«Fijos, estos agüeros muy buenos son, ca dan a entender que de lo ageno ganaremos algo e de lo nuestro non perdremos nada; e fiso muy mal don Muño Salido de non venir conbusco, e mande Dios que se arrepienta por esto que ha fecho e non pueda ál fazer.»

E ellos fablando en esto, llegó don Muño Salido; e los infantes quando lo vieron, resçibiéronlo muy bien e plógoles mucho con él. E díxole entonçe Ruy Vasques:«Don Muño Salido, siempre me vos fuestes contrallo en quanto pudiestes, e aún agora en eso vos trabajdes e en eso contentedes, mas mucho me pesará si yo non oviere derecho de vós a todo mío poder.» E respondióle entonçe esa ora don Muño Salido:«Don Rodrigo, yo non ando con enemiga, mas con verdat, e digo a qui quier que dise que los agüeros que oviemos que eran buenos para ganar con ellos, que miente como alevoso e non dixo en ello verdat, mas que tiene ya traición consejada e basteçida.» E Muño Salido se rasonava así por que ya sabía lo que Ruy Vasques dixera, e por ende le desía él esto así. Quando don Rodrigo vio que contra él Muño Salido desía aquello, tóvose por mal trecho e por desonrado d’él, e con grant saña que ende ovo, començó a dar boses e a desir:«¡Ay míos vasallos! ¡En mal día vos do yo soldadas, pues que vós a Muño Salido así vedes desonrarme e me non dades derecho dél, e, lo que aún es peor, que semeja que vos non pesa ende!» Quando esto oyó un cavallero que desían Gonçalo Sanches, sacó muy aína el espada de la vaina, e iva por dar con ella a don Muño Salido. E Gonçalo Gonçales, el menor de los infantes, quando aquello vio, fue corriendo para aquel cavallero e diól’ una tan grant puñada entre la quexada e el onbro que dio con él luego muerto en tierra a los pies de Ruy Vasques.

E Ruy Vasques, con gran pesar que ovo d’esto, dio luego boses a los suyos que se armasen, ca se quería vengar luego de sus sobrinos. Los infantes e Muño Salido quando aquello vieron, entendieron de su tío que sabor avía de se matar con ellos, e saliéronse aparte con dosientos cavalleros que traían, e desí pararon sus ases de la una parte e de la otra. E ellos por ayuntarse unos con otros para se ferir, dixo Gonçalo Gonçales a Ruy Vasques:«¿Esto qué quiere ser? ¿Sacaste nos acá de la tierra para ir sobre moros, e agora queredes que nos matemos unos con otros? Por cierto vos digo que non lo tengo por bien. Si por aventura querella avedes de nós, de la muerte del cavallero que vos matamos, queremos vos pechar la caloña que ý ha, e son quinientos sueldos, e dar vos lo hemos, e rogamos vos que non querades ý ál faser.» E don Rodrigo, por que vio que non tenía aún tienpo de complir su coraçón así como él quería, e por que non podía ende salir bien si se entonçe bolviesen, dixo que le plasía mucho de lo que desía, e que lo tenía por bien. Agora diremos d’ellos e de los moros.

VI. De cómo e en qué manera los siete infantes lidiaron con los moros, e de la muerte de don Muño Salido e otrosí de Ferrant Gonçales e de los dosientos cavalleros que con ellos eran

Pues que esto ovo dicho Ruy Vasques, e ellos todos avenidos ya, arrancaron las tiendas e fuéronse su carrera. E otro día levantáronse de grant mañana e tanto andudieron ese día que llegaron al canpo de Almenar. Don Rodrigo metióse entonçe en çelada con todos los suyos en un lugar que avía ý encubierto, e mandó a los sobrinos que fuesen correr el canpo e que robasen e cogiesen ante sí quanto fallasen, e que se acogiesen allí a él—e él avía ya enbiado su mandado a los moros que echasen los ganados a paçer, e que saliesen con ellos, e andudiesen por todas partes por onde quisiesen—mas todo esto que él mandava faser era engaño e nemiga. Los infantes cavalgaron por ir faser aquello que les él mandara, mas díxoles Muño Salido, su amo:«Fijos, non vos tiene pro de ganar ganançias, ca vos non serán provechosas; ca si un poco quisierdes atender, muchas otras veredes, a que podedes ir más en salvo, e que son aún más que aquéllas.»

Ellos estando en esto, vieron asomar entre señas e pendones más de dies mill, e quando los vieron, dixo Gonçalo Gonçales a Ruy Vasques:«¿Qué señas son aquellas que allí asoman?» Respondió él entonçe:«Fijos, non ayades miedo, que yo vos diré lo que es; dígovos que yo he corrido este valle bien tres veses e levé ende muchas ganançias e non fallé ome ninguno nin moro que me lo estorvase; desí aquellos moros astrosos, quando lo saben, vienen fasta allí e páranse con sus pendones e con sus señas, como agora vedes que lo fasen, por nos espantar; mas id vos aosadas, e corred el canpo, e non temades nada, ca si mester fuere yo vos acorreré.» E pues que les esto ovo dicho, furtóse d’ellos e fuese para los moros; e Muño Salido quando lo vio ir, fuese enpós d’él para ver e oír lo que desía a los moros.

E Ruy Vasques, luego que llegó a los moros, estudo con Galbe e Viara, e díxoles:«Amigos, agora tenedes tienpo de me dar derecho de mis sobrinos los siete infantes, ca non tienen mas de dosientos cavalleros por todos, e vós it e çercatlos e cojedlos en medio, e non vos escapará ninguno d’ellos a vida, ca yo non los ayudaré en ninguna manera.» Quando le aquello oyó desir Muño Salido, díxole:«¡A traidor e ome malo! ¡Cómo as traído todos tus sobrinos! ¡Dios te dé por ende mal gualardón, ca en todo el mundo fablarán los omes d’esta traiçión!» E Muño Salido, así como le esto ovo dicho, fuese para los infantes dando boses e disiéndoles:«¡Armad vos, fijos, ca vuestro tío con los moros es de consejo para vos matar!» E ellos quando esto oyeron, armáronse quanto más aína pudieron, e cavalgaron en sus cavallos. E los moros, como eran muchos además, fisieron de sí quinse ases e así fueron de aquella guisa fasta los infantes e çercáronlos todos aderredor. Muño Salido començólos a esforçar disiéndoles así:«Fijos, esforçat e non temades, ca los agüeros que vos yo dixe que vos eran contrarios non era así, ante eran buenos, ca nos davan a entender que avemos de vençer e ganaremos algo de nuestros enemigos, e dígovos que yo quiero ir luego ferir en esta as primera, e de aquí adelante acomiendo vos a Dios.»

E luego que esto ovo dicho, dio de las espuelas al cavallo e fue ferir en los moros tan de resio que mató e derribó una grant pieça d’ellos; e los moros llegáronse sobr’él e tantas feridas le dieron que lo mataron ý luego. E allí derranjaron luego unos contra otros e tan de resio se ferían e tan grant sabor avían de se matar unos a otros que en poca de ora fue el canpo cubierto e lleno de omes muertos. E tan grande fue la batalla e tan esquiva que la non podría ome contar; mas dise la estoria, que tan bien lidiaron los christianos e tan esforçada miente, que pasaron las dos ases de los moros, e llegaron a la terçera a pesar d’ellos; e murieron ý muchos de la una parte e de la otra, e fueron los moros que ý murieron más de mill, e los christianos pudieran ser dosientos, así que non fincaron d’ellos más de los siete infantes solos.

E quando ellos vieron que non avía ý ál sinon morir, encomendáronse a Dios, e llamando el apóstol Sant Iago fueron ferir en ellos, e tan de resio los acometieron, e tan bien lidiaron e tantos mataron ý, e tan grant espanto metieron en ellos que ninguno non se les osava parar delante; mas tantos eran los moros que les non podían dar cabo, nin aver consejo con ellos en ninguna guisa. E dixo entonçe Ferrant Gonçales contra los otros infantes e sí mismo:«Hermanos, esforçemos quanto más pudiermos, de todo coraçón, ca non tenemos aquí otre que nos ayude sinon Dios; pues que nuestro amo Muño Salido es muerto, e nuestros cavalleros avemos perdidos, conviene que nós muramos aquí con ellos; e si por ventura nos acaesçiere que aquí cansemos lidiando, alçemos nos aquí a este cabeço, que aquí está, fasta que descansemos.» E ellos fisieron lo así; e desque a ello tornaron, atan de resio cometieron los moros que bien semejaba que avían coraçón de se vengar si pudiesen. E ellos fasiendo muy grant mortandat en los moros, avínoles así que ovieron a matar los moros en la grant priesa a Ferrant Gonçales, que era el uno de los siete infantes.

E desque los hermanos ivan ya cansando, fuéronse alçando de la priesa e alçáronse a aquel otero que dixiemos; e pues que ovieron sus caras alinpiadas del polvo e del sudor, cataron por su hermano Ferrant Gonçales e non lo vieron e pesóles mucho de coraçón ca entendieron que era muerto. Agora diremos de cómo los moros los mataron a todos.

VII. De cómo murieron los siete infantes e los cavalleros que los vinieron ayudar

Los infantes estando en aquella angostura, ovieron acuerdo de enbiar a demandar treguas a Alicante e Viara e Galbe e Barrasín fasta que lo fisiesen saber a su tío Ruy Vasques si los quería venir ayudar o non; e fisiéronlo así. E desí fue luego Diago Gonçales a Ruy Vasques e díxol’:«Don Rodrigo, sea vuestra mesura que nos vayades acorrer, ca mucho nos tienen los moros en grant quexa además, e ya nos mataron a Ferrant Gonçales, vuestro sobrino, e a Muño Salido, e los dosientos cavalleros que troxiemos.» Díxol’ entonçe don Rodrigo:«¡Amigo, id a buena ventura! ¿Cuydades que olvidado avía yo la desonra que me fisiestes en Burgos, quando matastes delante, e le ensangrentastes los paños e las tocas de la sangre d’él, e la muerte del cavallero que matastes en Febros? Buenos cavalleros sodes, puñad de vos anparar, ca en mí non tengades fiusia, que non avredes de mí ayuda ninguna.»

Diago Gonçales quando esto oyó, partióse luego d’él e vínose para los hermanos, e díxoles todo lo que le dixera su tío. E ellos estando así cuitados por que se veían así solos e sin otra ayuda ninguna, metió Dios en su coraçón a algunos de los christianos que estavan con Ruy Vasques que los viniesen ayudar; e apartáronse luego de su conpaña bien mill cavalleros; e ellos yendo ya para los ayudar, dixéronlo a Ruy Vasques, e él fue en pos ellos e tornólos disiéndoles:«Amigos, dexat vos los míos sobrinos, e muéstrense a lidiar, ca si mester les fuere yo los acorreré.» E ellos tornáronse entonçe mal de su grado, segunt dise la estoria, ca bien veían que traiçión andava ý; mas luego que llegaron a las posadas, salieron de los mançebos que se preçiavan por ardidos e por buenos, tres a tres, quatro a quatro, a escuso de don Rodrigo, e ayuntáronse bien tresientos cavalleros en un lugar, e juraron que por traidor fincase aquel que non fuese ayudar los siete infantes quier a muerte, quier a vida, e si por ventura los quisiese tornar Ruy Vasques, como antes, que lo matasen sin otra detardança. Luego que esto ovieron firmado, pensaron de cavalgar e de se ir quanto más aína pudieron.

Los infantes, quando los vieron venir contra sí, cuidaron que Ruy Vasques era, que venía sobr’ellos para los matar; mas los cavalleros, asi como se ivan llegando, diéronles boses e dixeron:«Infantes, non vos temades, ca en vuestra ayuda venimos e queremos esta ves conbusco bevir o morir, ca bien veemos que vuestro tío ha grant sabor de vuestra muerte.» E desque llegaron a ellos, dixéronles así:«Si por ventura de aquí escapamos bivos, queremos que nos defendades d’él.» E los infantes prometieron les que así lo farían, e juraron les e fisieron les pleito de firmedumbre de que ellos fueron pagados; e así como esto ovieron fecho e puesto e firmado, fueron luegos todos ferir en los moros, e començaron con ellos una fasienda tan fuerte e tan áspera que nunca ome de mayor oyó fablar, por ser de tan pocos christianos como ellos eran; e tan grande fue la mortandat que en los moros fisieron que, ante que ninguno d’ellos ý muriese, cayeron ý de los moros más de dos mill.

E entonçe como de cabo, lidiaron todos de buelta, e tanto cresçió la muchedumbre de los moros que mataron aquellos tresientos cavalleros que vinieron ayudar a los infantes; e los infantes eran ya tan cansados de lidiar que non podían ya mandar los braços para ferir con ellos. E quando los vieron así cansados, Alicante e Viara e Galve e Barrasín ovieron d’ellos duelo, e fuéronlos sacar de aquella priesa e levaron los para su tienda e fisiéronlos desarmar, e mandáronles dar de comer, e del vino que beviesen. E qunado Ruy Vasques esto sopo, fuese para Alicante e Viara e Galve, e díxoles que fasían muy mal en dexar tales omes a vida como aquéllos, e que se fallarían ende mal si los non matasen, e que si escapasen a vida que él non tornaría más a Castiella, mas que se iría luego para Córdova, para Almançor, e que les faría por ello cortar las cabeças.

Quando esto oyeron los quatro reis moros que andavan por mayores de los otros, fueron muy espantados e ovieron ende grant pesar. E díxol’ entonçe Gonçalo Gonçales:«¡A traidor falso!¿Troxiéstenos en hueste para crebatar los enemigos de la fe, e agora dises que maten ellos a nós? Nunca te lo Dios perdone tal fecho como éste que tu fisieste contra nós.» Dixeron entonçe Alicante e Viara e Galbe e Barrasin a los infantes:«Nós non sabemos qué faser aquí, ca si Ruy Vasques, vuestro tío, se fuese para Córdova, así como dis, tornar se ía muy aína moro, e Almançor dar le ía todo su poder, e buscar nos ía con él mucho mal, por que nos mandaría matar; mas pues que así es, tornar vos hemos donde vos troxiemos, así como vos lo prometiemos, ca bien sabedes que nós non podemos ý ál faser.» E entonçe los tornaron al lugar onde los troxeran.

Los moros, tanto que dexaron los infantes en el canpo, vinieron a ellos tan espesos como las gotas de la lluvia, e çercaron los luego aderredor, e començaron la fasienda atan fuerte como la primera, o más que ante, así que en poca de ora, segunt cuenta la estoria, murieron aquella ves dies mill e seseenta moros. E como quier que los infantes fuesen todos buenos e lidiasen mucho bien e muy esforçada miente, Gonçalo Gonçales, el menor, fasía mucho mayores fechos que ninguno de los otros; mas pero tantos eran los moros que por ninguna manera non los podían ya más sofrir, e de las feridas que los infantes en ellos davan eran ya cansados, e del matar que en ellos fasían, e tan cansados eran de lidiar que se non podían mover de un lugar a otro, e aun que se pudiesen mover non tenían armas ningunas, ca todas las avían crebantadas e perdidas. E los moros quando los vieron sin armas, matáronles luego los cavallos, e desque los ovieron apeados, fueron a ellos a las manos, e prendiéronlos, e descabeçáronlos todos uno a uno así como nasçieran, a ojo de Ruy Vasques, que les contaba cómo nasçieran, e él mandava en cómo los descabeçasen.

Pero Gonçalo Gonçales, el menor de los siete infantes, que estava aún por descabeçar, quando vio los hermanos así descabeçar, entendió que así farían a él, e con grant pesar e grant coita que ende avía, dexóse ir a aquel moro que los descabeçava e diole una tan grant puñada en la garganta que luego dio con él muerto en tierra; e tomó luego aquel espada con que los descabeçava e mató con ella más de veinte moros e alguasiles que estavan arrededor d’él, así como cuenta la estoria. Mas los moros non cataron por las feridas que les dava, e ayuntáronse a él tantos que l’ tomaron a las manos, e luego cortáronle la cabeça. E asi fueron muertos todos los siete infantes.

E desque fueron todos acabados, ellos e todos los suyos, e la batalla partida, vino Ruy Vasques Alicante, e besáronse en los ombros e abraçáronse, e Ruy Vasques dixo Alicante:«D’aquí adelante tenemos librado nuestro fecho, ca non avemos de qui nos temer en Castiella nin en Lara.» E Alicante dixo:«Çertas, don Rodrigo, esta batalla cuesta a nos muy cara.» E díxol’ entonçe Ruy Vasques que dixese Almançor que l’ enbiase sus parias; e Alicante le dixo que enbiase por ellas con sus cartas e sus mensajeros. Entonçe se despidieron e tornóse Ruy Vasques para Castiella, e Alicante, con los otros reis, para Córdova.

E otro día, desque Alicante ovo pasado el puerto, e vio quánta perdida le aviniera en aquella batalla, e quántos avía menos de los suyos, fiso su carta para Ruy Vasques, abierta, la qual carta le enbió por un enasiado, e la carta desía en cómo le enbiava desafiar Alicante por el rey Almançor, e por sí, e por todos los otros que eran con él, e por todos los de allén mar e de aquén mar, e que lo desafiava así como traidor que era. E la carta era fecha por lenguaje castellano, ca la fisiera un enasiado que sabía muy bien escrevir; e desque el enasiado dio la carta a Ruy Vasques, e quando la él ovo leída, començó de llorar e lançar mano en las barvas e desir:«¡Cativo, cómo so mal andante por el mal fecho que fise, ca he perdidos quantos amigos e parientes avía, e d’aquí adelante christianos nin moros non fiarán de mí, pues fis tan grant traiçión! Mas pues que así es, e ál non se puede faser, alçar m’é en las fortalesas del conde don Garçi Ferrandes e non me las podrá toller en toda mi vida él nin otre; e en mal día creí a doña Llanbra, que en mi vida me fiso faser traiçión; e pues que la he fecha, basteçeré todos los castiellos que tengo del conde, e andaré por ellos como por míos, e non los daré a ninguno.» E así se alçó como traidor al conde don Garçi Ferrandes, su señor, con todos los castiellos e fortalesas que d’él tenía.

VIII. Agora dexaremos de fablar de Ruy Vasques e tornaremos a fablar de Alicante, cómo llegó a Córdova, e de Almançor e de Gonçalo Gustios

Alicante, desque pasó el puerto, començó de andar por sus jornadas fasta que llegó a Córdova, e esto fue un viernes, víspera de Sant Cebrián. E quando ý llegó, resçibieron lo muy bien e fisieron grandes alegrías con él, tan bien Almançor como los otros; e los moros non sabían que tan grant dapño prendieran en las sus gentes, e desque lo sopieron, començaron a faser grant duelo por toda la cibdad e por toda la tierra. E Almançor, que lo saliera a resçebir, preguntól’ cómo le aviniera en aquella lid, a él díxol’:«Ganamos ocho cabeças de omes de alta sangre, segund disen, mas asás nos cuestan caras, ca perdiemos allá tres reis e quinse mill omes de otros, e si me yo allá llegara, bien creo que otro troxera el mensaje.» E Entonçe le contó Almançor en cómo Ruy Vasques fisiera esta traiçión, e que lo enbiara por ello rebtar, si le quisiese responder.

Entonçe mandó Almançor traer ante sí las cabeças a un sobrado en que estava, e desí mandó sacar a Gonçalo Gustios de la cárcel, e físolo venir ante sí, por ver si las conosçería, e díxol’:«Gonçalo Gustios, lidiaron los míos poderes en el canpo de Almenar e ganaron ocho cabeças, e disen que son de gran linaje; que Dios te salve, que me digas la verdat de cómo es.» Entonçe respondió Gonçalo Gustios e dixo:«Si son de Castiella, conosçer las he; e si son del alfós de Lara, otrosí bien las conosçeré, ca serán de mi linaje.» Entonçe le mandó Almançor tender delante una manta, e mandó ý lançar las cabeças, e Gonçalo Gustios violas bueltas en sangre e en polvo, e començólas de alimpiar con aquella manta en que estavan, e afemençiólas bien, en tal manera que las conosçió; e entonçe dixo a Almançor llorando:«Señor, yo conosco muy bien estas cabeças, ca las siete son de míos fijos, e la una es de mio conpadre Muño Salido, que los crió, e non las quiso muy grant bien quien aquí las ayuntó.»

E dixo llorando muy fuerte miente: «Cativo, desconortado so para siempre.» E en disiendo esto, vio estar una espada colgada çerca sí, e tomóla en la mano e salió al corral e topó con tres moros, de aquellos que eran guardas del rey, e quando lo así vieron ir, cuidaron que fuía, e quisiéronlo tornar a la cárcel, e cortóles las cabeças a todos tres; e desí saltó en la rúa, con su espada en la mano, e quantos fallava todos los matava, así omes como mugeres, que non fasía amor a ninguno. E Almançor quando esto vio, ovo d’él muy grant duelo e dixo Alicante que mandase pregonar que todos se acojesen a sus posadas, que non fuese ninguno tan osado que l’ fisiese mal, si non que l’ mandaría dar çient açotes; e pues qu’el pregón fue dado, e vio Gonçalo Gustios que non fallava ninguno, tornóse a las cabeças, onde las dexara, e alinpiólas bien del polvo e de la sangre, e púsolas en as, como cada una nasçió, e estava lo oteando Almançor e Alicante.

E él tomó la cabeça de Muño Salido e rasoóse con ella como si bivo fuese:«Diso vos salve, Muño Salido, mi conpadre e mi amigo ¿e qué fue de los míos fijos que vos yo dexé en encomienda, por que vós érades en Castiella e en León muy reçelado e temido?» E dixo:«Conpadre, de Dios seades perdonado, e non fuestes vós en este consejo con el traidor de Ruy Vasques, mas vós catar les íades los agüeros como amo e padrino, e ellos non vos querrían creer, ca les dolía la mi prisión, por que yasía en cativo; e perdonat me, conpadre, que todo esto con gran coita lo digo.»

E tornó la cabeça a su lugar e tomó la de Diago Gonçales, su fijo, el mayor, e en todo esto non quedava de mesar sus cabellos e sus barvas, e darse grandes puñadas en su rostro, llorando muchas lágrimas. E començó de desir:«¡Fijo Diago Gonçales! A vos amava yo más que a todos los otros por que nasçiérades primero; grant bien vos quería el conde, ca érades su alcalle mayor; e vos toviestes la su seña en el Vado de Cascajar, a guisa de mucho ardido la toviestes, e sacastes la con muy grant onrra. E fisistes, fijo, en ese día un esfuerço muy grande, ca en la mayor priesa fue la seña tres veses abaxada e tres veses la alçastes vós, e matastes con ella tres reis e un alcaide; e por aquesto, mi fijo, se ovieron los moros de arrancar del canpo e foír; e vós yendo en pos de ellos en alcançe, en ese día, mi fijo, fue de vós muy bien servido el conde Garçi Ferrandes, e la su seña mucho onrrada. E en ese día fue muy buen cavallero Ruy vasques, e fuéranle entonçe buena la muerte, E los moros fuéronse para Gormas, e diovos ese día el conde a Caraço por heredat, la media poblada e la media por poblar.»

E entonçe besó la cabeça de Diago Gonçales llorando e tornóla a su lugar, e tomó la de Martín Gonçales, su segundo fijo, entre sus braços, e començó de desir:«¡O fijo Martín Gonçales, persona mucho onrada, quién podría creer que en vos oviese atantas de buenas mañas! E atal jugador de tablas non avía en toda España; e fijo, vós fablavades en plaça muy mesurada miente e muy bien, e plasia a todos los que vos oían. Fijo, pues que vós e vuestros hermanos sodes muertos, yo por mi vida non daría nada, mas el muy grant pesar será de la mesquina de vuestra madre doña Sancha, que fincará sin fijos e sin marido.»

E entonçe besóla e tornó la cabeça a su lugar, llorando muy fiera miente. Entonçe tomó entre los braços la de Suero Gonçales e dixo:«Fijo Suero Gonçales, cavallero de prestar, de las vuestras buenas mañas devía ser pagado un rey; de muy buen caçador non avía en el mundo vuestro par, en caçar muy bien con aves e para las mudar a su tienpo. ¡Malas bodas vos guisó vuestro tío; metió a mí en cativo e a vós fiso cortar las cabeças! E los nasçidos e por nasçer siempre le dirán por ende traidor.»

Entonçe besó la cabeça llorando, e fuela poner en su lugar, e entonçe tomó la de Ferrant Gonçales, e púsola en sus braços e díxol’:«Fijo, cuerpo onrrado, nombre de buen señor, del conde don Ferrant Gonçales, ca él vos puso el su nombre quando vos bateó; de las vuestras mañas, fijo, pagar se devía un emperador: vós érades matador de los puercos monteses e de los osos, quier de cavallo quier de pie, mejor que ninguno otro; fijo, vós nunca amastes conpañas rafeses, mas las mejores e las más altas que fallávades, e muy bien vos sabíades avenir con ellas. E guisóvos muy malas bodas vuestro tío Ruy Vasques, que vos fiso matar e a mí meter en prisión, e los que por nasçer son le avrán por esto a llamar traidor.»

Entonçe la besó llorando e púsola en su lugar, e tomó la de Ruy Gonçales entre sus braços e dixo:«Fijo Ruy Gonçales, cuerpo muy entendido, ¡de las vuestras buenas mañas un rey sería conplido! Vós érades muy leal a señor e verdadero amigo, e nunca mejor cavallero de armas en el mundo nasçió que vós érades. ¡Malas bodas vos guisó vuestro tío Ruy Vasques, que vos fiso matar, e a mí meter en grandes fierros e en cárçel! E vós sodes muertos, e él ha perdido el paraíso.»

E besó la cabeça, llorando mucho de los sus ojos, e púsola en su lugar, e tomó la de Gustios Gonçales entre sus braços e alinpióle el rostro de la sangre e començóla de besar por los ojos, fasiendo muy grant duelo e llorando muy de coraçón e disiendo:«Fijo, vos avíades una buena maña entre todas las otras buenas que avíades, que no diríades una mentira por toda España quant maña es; e vós érades muy buen cavallero a grant maravilla e feríades mejor de espada que otro ningún cavallero, ca nunca a ninguno açertastes a derecho golpe que non fuese muerto o tollido. E malas nuevas irán, fijo, de vós al alfós de Lara.»

Entonçe besó la cabeça, con muchas lágrimas de sus ojos e púsola en su lugar, e tomó la de Gonçalo Gonçales, su fijo, el menor, entre sus braços, remesando sus barvas e fasiendo muy grant duelo, e desía:«Fijo Gonçalo Gonçales, a vos amava vuestra madre más que a ninguno de vuestros hermanos; fijo, vuestras buenas mañas, ¿qui las podría contar?, que bueno érades para amigo e leal para señor; pagávades vos de todos los buenos fechos e derechos, en armas érades mucho esforçado e muy granado en partir lo vuestro; e alançador de tabaldo non avía en el mundo tal como vos érades; fijo, con dueñas e donsellas sabíades muy bien fablar, e dávades las vuestras donas, quando veíades que era mester, muy de voluntat, por que érades más amado e más preçiado de ellas que otro cavallero ninguno. E meester avía, fijo, ardimente qui con vos quisiese guerrear, e mucho sería aventurado, fijo, si lo peor non levase. Fijo, los que me ante temían por vos agora me serán enemigos, e aunque me vaya para mi tierra non me preçiarán nin me temerán nada, nin avré pariente nin amigo que de mí cure de aquí adelante. Fijo, más me valdría la muerte que veer este pesar.»

E en disiendo esto, amortesçióse e cayó en tierra como aquel que non sabía de sí parte, e cayóle la cabeça de los braços sobre las otras. E quando Almançor e Alicante, que çerca d’él estavan, esto vieron, pésoles mucho e con grant duelo que d’él ovieron començaron de llorar, e dixo Almançor contra Alicante:«Yo non querría que Gonçalo Gustios aquí muriese por quanto Córdova vale, por que yo vi quánta traiçión a él fiso Ruy Vasques e a sus fijos.» E entonçe diçieron del sobrado amos e entraron en na camara que ý avía apartada, e pues que fueron en ella, Almançor mandó llamar una infante, su hermana, que era muy fermosa e muy mançeba, e era donsella virgen, e fablava muy bien e muy apuesta miente, e díxol’ Almançor:«Hermana, si me vós amades, entrad en esa casa do yas ese christiano que es ome de alta sangre e yase muy desacordado e con muy grant duelo que ha de sus fijos que vio muertos ante sí, e vós, mi hermana, conortatlo con muy buenas palabras e yo grasdeçer vos lo he mucho, e faredes me en ello grant plaser.» E ella dixo:«Así yoguiesen agora todos los christianos de España.» E él le dixo:«En toda guisa conortatlo su quisierdes mi amor, si non set ende çierta que non faredes vuestra pro, ca si él muriese mandarvos he cortar la cabeça.» E la infante, con muy gran miedo que ovo, entró en la casa onde yasía Gonçalo Gustios, e quando vio las cabeças e la sangre d’ellas, ovo en sí grant espanto, mas con miedo de Almançor ovo a tomar en sí esfuerço, e llegóse a Gonçalo Gustios e tomóle por los braços e alçóle, e asentóse a par d’él e començó lo de conortar disiéndol’:«Conortat vos, christianos, que mucho vos veo cobarde, ca me disen que quando los moros e los christianos avedes alguna lid canpal, que pasades los bivos sobre los muertos con grant coita de lidiar; e pues vós esto non podedes cobrar, bien cuedo que mal sofriríades lo que yo sofrí, que so muger: yo avía pocos años quando murió mi madre, e yo nunca ove marido nin amigo ascondida miente, e mi hermano Almançor a Sevilla me fue a casar con un rey muy poderosos e de muy grant rictad, e ovo de mi siete fijos, e mi hermano enbió por nós por una fiesta de Sant Johan, e en el axarafe de Sevilla toparon connusco christianos que mataron a mío marido e a míos siete fijos, que ya eran cavalleros, e yo escapé e metíme en un axarafe, e lasré noches e días, e non me quise por eso matar. E yo veo vos los cabellos blancos e el rostro muy fresco, e por ventura podedes aún faser fijos que vengarán a los otros.»

E ella todo esto que desía era mentira, por lo conortar, ca ella nunca fuera casada nin oviera fijos, mas era donsella e muy fermosa. E Gonçalo Gustios paró en ella mientes, e en las palabras que desía, e fue trabar della e dixo:«Dueña, vos açomastes el sueño, Dios lo quiera soltar así, ca conbusco faré el fijo que a los otros vengará.» E ella dixo:«Esto non provedes, ca mío hermano tomaría grant enojo, e pasaría contra vós e vos cortaría la cabeça, e a mi façer me ía dar tantos açotes fasta que me matasen.» E Gonçalo Gustios le dixo que la non dexaría por quantos moros avía en España. E como quier que fuese lasrado de la mala prisión que oviera e de muy mal comer, todo en aquella ora lo olvidó, e lançó por ella mano, e yogo con ella, e así tovo Dios por bien que de aquel ayuntamiento fincase ella preñada de un fijo que después llamaron Mudarra Gonçales, que fue después muy buen christiano e a serviçio de Dios, e fue el más onrado ome que ovo en Castiella, afuera del conde don Garçi Ferrandes, que era ende señor; e este Mudarra Gonçales mató después a Ruy Vasques e a doña llanbra e vengó a sus hermanos así como vos lo la estoria contará adelante.

E desque fisieron su voluntat, fuese la infante; e luego, a poca de ora, vinieron Almançor e Alicante a ver a Gonçalo Gustios, e él quando los vio, levantóse contra ellos, e Almançor le dixo:«Don Gonçalo, en la tu prisión nós non ganamos nada, ca tu as perdida la fuerça e el seso e el valor, e quiero contra ti faser cortesía; quiérote soltar e quiérote dar las cabeças de tus fijos metidas en un atabud, e darte he asémilas en que las lieves, e a ti un cavallo en que vayas, e mandarte he dar quanto te cunple fasta tu tierra, e darte he adalides que te pongan a salvo.» E Gonçalo Gustios ge lo agradesçió mucho, e dixo que Dios lo mantoviese por gran tienpo. E quando esto sopo la infante, fue ver a Gonçalo Gustios, e apartóse con él en un palaçio e díxol’:«Señor amigo, vos ides vós, e bien creo que de nuestro fecho non quisiestes a Almançor desir nada; yo de vós finco preñada, e si algún fijo pariere, ¿ónde vos irá buscar por padre?» E él le dixo:«Esto yo vos diré; tomad esta media sortija, e si fuere ome, dat gela, desque fuere e ý avrá de mí recabdo, e yo guardaré esta otra media por señal; e si fuere muger dat la a Almançor, vuestro hermano, que la podrá muy bien casar.»

E otro día de gran mañana mandó el rey Almançor a Gonçalo Gustios que cavalgase, e mandó a sus adalides que fuesen con él, e que lo pusiesen en salvo. E luego entonçe se espidió de Almançor, e movió su camino para Salas, ca lo él muy bien sabía; e llegó a Salas con muy mal presente, así como levó las cabeças de sus siete fijos e de su conpadre Muño Salido. E quando don Gonçalo Gustios llegó a su casa, doña Sancha e sus vasallos salieron contra él a resçebirlo, e ovieron con él grant plaser, como quier que fuesen muy tristes e con muy grant pesar. E mandó deçir don Gonçalo el atabud, e dixo a doña Sancha:«Vet ese presente que vos enbía Ruy Vasques, vuestro hermano.» E abriéronlo, e vieron las cabeças; e tanto que las vio, conosçiólas luego doña Sancha, e cayó amortesçida en el suelo e fincó por muerta una gran pieça, fasta que le lançaron del agua en el rostro e acordó, e díxole don Gonçalo Gustios que se connortase, pues él era bivo.

E enbiaron a los Cameros e a Lara por aquellos que eran del su debdo e linaje, e a Castiella por el conde don Garçi Ferrandes:«Amigos, este dapño nunca se puede cobrar por la muerte d’estos infantes; d’aquí cada uno se vaya para su casa, e guárdese del traidor, ca podríades d’él reçebir grant dapño por las fortalezas que tiene.» E acabado esto, tornóse el conde para las Esturias; e Ruy Vasques le robava las tierras quanto podía, e non dexó a Gonçalo Gustios ninguna cosa de quanto avía, sinon los de Salas tan sola miente, que se tovieron sienpre con él, e quisieron aventurar los cuerpos e los averes por su señor; e él fincó en tal manera que non avía qué comer, sinon lo que le davan estos sus vasallos de aquello que podían ganar. E tan bien los vasallos como el señor todos bivían muy pobre miente, en tal manera que se despoblavan los palaçios e las casas, e caíanse todos. E de quantas donsellas avía doña Sancha no l’ fincó sinon una su collaça que la servía. E don Gonçalo Gustios tantas eran las lágrimas e el llorar que cada día tenía por sus fijos que non podía ya bien veer, e andava con un palo en la mano. E duró diseocho años esta catividad, fasta que le Dios puso consejo.

IX. Agora dexa el cuento de fablar d’esto, e torna a fablar de cómo nasció don Mudarra Gonçales, fijo de Gonçalo Gustios e de la infante, hermana de Almançor, e cómo fue criado, e cómo lo guarnió su tío para ir a catar su padre

Cuenta la estoria que la infante hermana del rey Almançor, cuando se sintió preñada, vio que sería grant dapño suyo si lo negase al rey Almançor, su hermano, e óvole a contar toda su fasienda. El Almançor, quando lo sopo, plógol’ mucho, e mandóla muy bien guardar, e faser quanto plaser pudo fasta que parió su fijo; e Almançor plógole mucho con él , e mandól’ luego catar siete amas para seer mejor criado, e escojeron aquellas que avían mejor leche. E Almançor veíalo cada día, e pagávase d’él tanto como si suyo mesmo fuese, ca Almançor non avía fijo nin fija, e mandóle faser omenaje a quantos reis otros avía por vasallos que si lo vençiese de días que lo obedesçiesen con la tierra toda, bien como a él mesmo.

E desque sopo fablar Mudarra Gonçales nunca lo Almançor partió de sí, e quando llegó a los çinco años semejava tan maño como otro de siete, e semejava mucho a Gonçalo Gonçales, su hermano; e bien fue después atan maño de cuerpo o mayor, e más esforçado, e de mayor coraçón. E desque fue cresçiendo era mucho aprendedor de tablas e de axedrés e de todos los otros juegos, e muy caçador de todas caças; e quanto aver ganava todo lo dava e despendía con todos los de la corte del rey. E como fue más cresçiendo, aprendió mucho bien a bofordar e alançar a tablado, de guisa que non avía en la tierra qui lo mejor fisiese nin tan bien, nin en toda la corte de Almançor non avía ome tan esforçado, e Almançor partía muy bien sus averes con él.

E un día avino así, que llegó a casa de Almançor un rey de Segura, e conbidólo Mudarra Gonçales que jugase con él a las tablas; e pusieron grande aver también el uno como el otro, e con muchos enbites ganó el juego Mudarra Gonçales, e partió todo el aver que ganó con aquellos cavalleros e escuderos pobres, que ý estavan. Entonçe ensañóse aquel rey de Segura e dixo a don Mudarra Gonçales:«¡Bien franco seríades si toviésedes qué dar!». E Mudarra Gonçales dixo:«Sienpre yo avré qué dar, aunque vós non querades.» E recreçieron palabras entr’ellos, de guisa que le dixo el rey de Segura que era rapás, e que non departiese con él, e que más le valdría ir buscar a su padre; e entonçe le dixo don Mudarra Gonçales:«Non departades comigo, que vedar vos lo he muy mal.» Respondió el rey de Segura a Mudarra Gonçales:«Vete, fijo de ninguno.» E Mudarra Gonçales cató aderredor de sí, si podría fallar arma alguna con que lo firiese, e non la falló; e tomó el tablero e diól’ con él un tan grant golpe por çima de la cabeça que l’ fiso lançar la sangre por las narises e por la boca. E Mudarra Gonçales, quando vio qu’el rey de Segura non meçia pie nin mano, dixo:«Atendet me aquí, e iré preguntar a mi madre, que me non diga mentira; e mostrarvos he quién es mío padre.»

E las conpañas del rey de Segura sacaron sus espadas, e fueron contra Mudarra Gonçales; mas los cavalleros e escuderos pobres metieron mano a sus espadas, e d’ellos tomaron piedras e palos por ayudar a don Mudarra, e las boses e la buelta fue grande; e oyólo Almançor, onde estava, e adreçó para allá, con grandes conpañas, e con una espada en la mano, disiendo a los suyos:«¡Ferit los! ¡Non se vos vayan, ca pues ellos quieren ayudar a su señor yo ayudaré mío sobrino, e a esta partida es la barata!» Quando esto oyeron los otros, fuyeron todos, e libraron todo el palaçio, e fincó don Mudarra muy sañudo, e fuese para la cámara, e echó su espada al cuello, e fizo llamar a su madre, e ella vino luego. E él saco el espada de la vaina, e díxol’:«Por vós me denuestan en la corte, ca me disen que non he padre, e vós me desit la verdat o vos yo cortaré la cabeça con esta espada.»

E su madre quando esto oyó, fue muy espantada, e con miedo que d’él ovo, díxol’:«Fijo, padre avedes, e muy onrado, qual saben en toda España, e ha nonbre Gonçalo Gustios, e es natural de Salas; e quí lo tovo vuestro tío en cárçel, e me enpreñé de vos, en yasiendo él preso, aquí le troxeron siete cabeças de sus fijos, que l’ mataron en una lid, e él tomó tan grant pesar en sí que oviera de ensandecer, e Almançor, vuestro tío, aviendo d’él grant duelo, mandóme que fuese con él fablar, e que lo conortase, e yo fablando con él, díxele que aún podría aver otros fijos que vengarían la muerte de aquéllos, ca como quier que los cabellos toviese canos, tenía la cara muy fresca, e paresçía asás de mançebo; e él paró mientes en lo que desía, e lançó mano por mí, e ovo de yaser comigo, mal de mi grado, e enpreñéme de vos; e nunca yo con otro ome ove que ver, ante nin después, en tal rasón, e esto así lo sabe mi hermano Almançor por verdat; e quando se ovo de ir, dexóme esta media sortija por señal, que si oviese fijo, e lo quisiese ir buscar, que le diese esta media sortija por señal, e la otra media levó él; e si vós allá quisierdes ir, levat esta media sortija, e tanto que la él viere, conosçer vos ha por ella.»

E Mudarra tomó la media sortija e partióse de su madre, e fuese para el rey Almançor, e besóle las manos e díxol’:«Señor, vuestros moros me denuestan en vuestra casa, e dísenme que non he padre, e yo, si vuestra merçed fuere, quiérolo ir buscar; e si él fuere bueno e onrado, tornarme he para vós; e si fuere otro, nunca me más veredes en vuestra casa.» E Almançor le dixo:«Vos avedes bueno e onrado padre, qual saben en toda España, e nunca vos eso tal dirá ome ninguno que le yo non mande cortar la cabeça, ca yo non he fijo nin fija que herede después de mí la mi tierra sinon vós.» E él dixo que en ninguna guisa que non fincaría fasta que una ves non fuese saber quién era su padre. E Almançor, quando vio la su voluntat, díxol’ que le quería dar tresientos cavalleros que lo aguardasen, e que los pagaría por siete años; pero a la çima acordó que era mejor de le dar quantos cativos tenía en toda su tierra en prisión; e mandólos luego traer ante sí, e pasaron por tresientos de cavallo, sin los de pie, e mandógelos dar; e dieron gelos bien armados e en muy buenos cavallos, e diole grant pieça de su aver, e diole sus adalides que lo guiasen.

E en otro día de mañana espidióse Mudarra de Almançor e de su madre, otrosí cavalgó con los suyos e fuese su camino; e por las tierras de los moros por do ivan fasían le mucho serviçio, e andudieron tanto fasta que llegaron a Bilvestre, a la casa del traidor de Ruy Vasques, e posaron ý, e falláronla muy bien abondada de todo aquello que mester avían. E el su mayordomo dixo que fasía mucho mal qui a Ruy Vasques tomava lo suyo non le pagando por ello nada, e que si él ý estudiese que gelo vedaría muy mal; e por esto que dixo le mandó Mudarra Gonçales dar tantos de palos que lo dexaron por muerto. E otro día de mañana mandó quemar a Bilvestre, e ese día fueron posar a Vela. E otro día por la mañana cavalgaron contra Salas, e enbiaron allá un escudero para guisar lo que era mester, el qual levava los paños de Mudarra Gonçales.

X. Agora dexa el cuento de fablar d’esto e torna a fablar de Gonçalo Gustios e de doña Sancha su muger, cómo vivían pobre miente e otrosí del sueño que doña Sancha soñó

Cuenta la estoria que domingo por la mañana soñava doña Sancha un sueño, e díxolo a su marido:«Señor, sabet que agora, contra la mañana, yo soñava cómo vós e yo estávamos en una muy alta sierra, e descuentra Córdova veía venir volando un açor, e posávaseme en la mano, e abría sus alas, e a mí semejaba que era tan grande, que la sonbra dél crubía a mí e a vós; e levantávase bolando, e ívase posar en el onbro de Ruy Vasques, el traidor; e apretávalo tan fuerte miente con las manos que le tirava el braço del cuerpo, e a mí paresçía que por él corrían ríos de sangre, e yo fincava los inojos e bevía de su sangre d’él.» E entonçe sospiró don Gonçalo Gustios e dixo:«El sueño que soñastes será verdadero, que de contra Córdova verná alguno de nuestro linaje que como nos el açor crubía de las alas, así nos crubirá de mucha onra, e avremos en él grant anparamiento e defensión.» E entonçe dixo doña Sancha:«Jesu Christo lo quiera así por la su piadad conplir.»

Entonçe fue don Gonçalo Gustios a oír su misa, e en tanto llegó el escudero de Mudarra Gonçales, e preguntó por los palaçios de don Gonçalo Gustios e de doña Sancha, e mostraron gelos, e quando los él así vio derribados, e la yerva por donde solían andar muchas buenas conpañas, pésol’ mucho, ca vio las casas estar solas, e non avía ý doña Sancha más de una su collaça, que servía a ella e a don Gonçalo, e el escudero entró en la casa onde seía doña Sancha, e violas amas estar vestidas de sendas sayas prietas e sendas pieles. Entonce dixo el escudero:«Amigas, ¿dónde es don Gonçalo Gustios e doña Sancha?» E doña Sancha le dixo llorando:«Yo so la mesquina de doña Sancha, que non fuese nasçida.» Entoçe el escudero fuele besar las manos e diol’ un par de nobles paños de çicatrón, de aquellos que traía tajados de moros, e díxol’:«Señora, tomad estos paños en nonbre de buena estrena, ca buen huésped vos viene; e sed bien conortada, ca vos viene por huésped el infante don Mudarra, sobrino del rey Almançor, fijo de la infante su hermana.» E ella dixo:«¡Dios quiera que sea el açor que yo esta noche soñava!»

E mandó luego llamar a don Gonçalo e él vino ý luego, e venían con él sus vasallos que lo solían aguardar; e el escudero fuele besar las manos e díxol’:«Buen huésped vos viene, el infante don Mudarra, sobrino del rey Almançor e fijo de la infante su hermana, e mandat llegar el concejo, que busquen viandas, que aqui avemos mucho oro e mucha plata de que se paguen.» Entonçe dixo don Gonçalo que lo servirían en Salas así como a él conplia, en quanto él ý quisiese morar: E quando don Gonçalo esto sopo, apartóse aparte e dixo:«¡O mesquino mal andante! Agora sabrá doña Sancha que le fis tuerto, e cuidará que así lo fis en la mançebía, e tenerme ha por desleal, e desanparar me ha quando viere el mi fijo; mas yo negar lo he, e pasar me he con ella lo mejor que pudiere, ante que me desanpare en mi vejés.»

E el escudero abrió las malas en que traía el aver para pagar las viandas, e tiró ende dos pares de muy nobles paños e dio los mejores a don Gonçalo; e el escudero fiso en sí tal rasón: que aquellos paños que diera a don Gonçalo e a doña Sancha, que eran de don Mudarra, e que si él fuese ome de pro, que gelos pecharía, pues ya era en tierra de christianos. E entonçe mandó faser sus comeres muy grandes, e tornóse para su señor don Mudarra, e fallólo en un xaral, onde andava corriendo monte. Don Mudarra preguntól’ con qué nuevas le venía de Salas, e el escudero le dixo:«Señor, avedes onrado padre, e la su persona sería buena para un enperador.» Quando don Mudarra esto oyó, dexó de andar a monte, e fuese para Salas; e yendo por el camino, falló una eglesia, e entró en ella a faser su oraçión así como veía faser a los otros christianos, e quando se levantó con ellos, paró bien mientes por la eglesia e vio las cabeças de los infantes sus hermanos, e paróse sobre ellas llorando e dixo:«A Dios digo verdat, que del mundo es señor, que poca será la mi vida si yo estas cabeças de míos hermanos non vengo.»

Entonçe se salieron de la eglesia e fuéronse para don Gonçalo Gustios, e todos los de Salas le vinieron besar las manos, e le dixeron que lo servirían e farían su mandado como de señor natural. E don Mudarra Gonçalez fue deçir a la puerta del palaçio donde estava don Gonçalo Gustios e doña Sancha e besó las manos a don Gonçalo Gustios primero, e desí a doña Sancha; e tiró el manto e fuese asentar a los pies d’ellos, e doña Sancha lo tomó por la mano, e quisiéralo alentar cabo sí, e el dixo:«Muchas merçedes, señora; yo non seré cabo vós, ca aún no so cavallero.» E doña Sancha lo catava quanto podía, a semejávale mucho a su fijo Gonçalo Gonçales. Entonçe dixo don Gonçalo Gustios a don Mudarra:«Demientra nos adovan de comer quiero saber quien sodes, e cómo avedes nonbre, o dónde venides, e para dónde ides.» Entonçe dixo don Mudarra:«Yo so sobrino de Almançor, fijo de la infante su hermana, e vós me avedes engendrado, e así so vuestro fijo.» E dixo don Gonçalo Gustios:«Desque yo casé con doña Sancha nunca ove fasimiento con mora nin con christiana; e vós, en quanto fuerdes en Salas servir vos han, e farán vuestro mandado con quanto ý oviere; e d’esto que vos digo non podedes más saber de mí.» Respondió don Mudarra sañuda miente e dixo:«Si me vós non queredes por fijo, nin yo a vós por padre, ca d’onde yo menos valgo así es de vuestra parte; mas déxeme Dios vengar los infantes, pues me los dan por hermanos, e reçebir christiandat por salvar mi alma, que quanto el heredamiento yo non daría por ello nada.»

E doña Sancha dixo a don Gonçalo Gustios:«Si vós viésedes como solíades veer, e viésedes la cabeça e el rostro d’él, diríades que éste era vuestro fijo Gonçalo Gonçales; e vós con miedo de mí non neguedes este fijo, ca, çertas, él lo es derecha miente, e vós non errastes nada en lo faser, ca quien yase en prisión o en cativo non puedes tener ley, ca conviene pecar con fanbre o con sed o con la grant laseria; e por vergüença de mí non neguedes vuestra sangre que pecaríades mortal miente e a mí faríades grant enojo, ca vós tomaríades penitençia e yo tomaría la meetad; ¡e tales pecados como éste toviésedes vós oy fechos siete o más!» Entonçe dixo don Gonçalo Gustios a doña Sancha toda la verdat, e díxole:«Si él es fijo de la infante, él me dará señal.» E don Mudarra dixo a su padre:«Non he por que vos dar grado por ello, mas tomat esta media sortija que diestes a la infante mi madre.» E entonçe tomóla don Gonçalo Gustios e ayuntóla a la otra media qu’él tenía, e así ayuntó  que nuna más la pudo partir, e esto fue miraglo; e tróxola por los ojos  e plogo a Dios que vio tan bien e tan clara miente como antes; e entonçe abraçó a don Mudarra, su fijo, e començó de llorar con él e díxole así:«Fijo Gonçalo Gonçales, ¡esta semejança es la vuestra mesma!»

E enbiara su mensaje sobr’esta rasón al conde don Garçi Ferrandes, e el conde, tanto que las letras vio, enbióle deçir por su recabdo que se viniese para él a Burgos, que allí lo fallaría. E como ellos vieron el recabdo del conde, enbiaron luego su carta al alfós de Lara, e fasta los Cameros, e Piedra Lada, en cómo era venido el fijo de don Gonçalo Gustios e de la infante hermana del rey Almançor, e que viniesen cavalleros e escuderos, e dueñas e donsellas, e todos los que de pro fuesen, para ir con él a ver al conde don Garçi Ferrandes a Burgos; e todos los parientes e hermanos de los que murieron en la lid con los siete infantes, le fasían mucho serviçio de vacas e de carneros e de lo ál que podían aver, e desíanle:«Señor, datnos vengança del traidor de Ruy Vasques, que fiso matar vuestros hermanos a grant traiçión, e nuestro linaje con ellos.» E él dixo:«O poca será la mi vida o avré d’esto vengança.» E ante que de allí partiese, enbió por muchos maestros e mandó adobar e refaçer aquellos palaçios como nunca mejor fueran en ningun tienpo.

E en esto llegaron ý muchas dueñas e donsellas para se ir con doña Sancha a Burgos; e Gonçalo Gustios e doña Sancha eran ya muy ricos de grant aver que les diera don Mudarra Gonçales. E una niche movió don Mudarra, e fue çercar a Barvadiello, que era del traidor Ruy Vasques, e ganólo luego, e mató quantos ý falló; e de quanto ý fallaron non quiso nada para sí, e dixo a los de Salas que tomasen todo lo que ý fallaran e que quemasen la villa toda, «que aquí se fiso la carta de la traiçión por que fue preso mi padre e porque fueron muertos míos hermanos.» E dixo:«En verdat, poca será mi vida o yo los he de vengar.»

E otro día de grant mañana don Gonçalo e doña Sancha, e don Mudarra, su fijo, con otras muchas conpañas que ya con ellos seían, movieron para Burgos, onde era el conde Garçi Ferrandes; e quando el conde lo sopo, saliólos a reçebir, e llegó a él don Gonçalo Gustios e doña Sancha, e besaron le las manos e dixeron le:«¡Merçed, conde señor! Doletvos de nuestro mal, afevos aquí un fijo que nos Dios dio.» E don Mudarra iva por besar las manos al conde, e el conde, quando lo vio, començó de llorar, e dixo:«Este es Gonçalo Gonçales mesmo, e éste es el su cuerpo e la su cara.» Entonçe tomó el conde a doña Sancha por la rienda, e así entró con ella a Burgos, e levóla fasta su posada, e don Mudarra dixo al conde:«Si voluntat fuere de Dios, querrían de mañana seer christiano, e seer cavallero de vuestra mano, e pídovos mercet que me fagades ý onra.»; e el conde le respondió que le plasía ende mucho e que lo faría de buena miente. E doña Sancha dixo al conde:«Señor, quando cras fuere cavallero don Mudarra, yo lo quiero reçebir por fijo, e eredarlo en los mis bienes ante vos.» E el conde dixo que le plasía mucho, e estaría ý muy de grado.

XI. De cómo fue bateado don Mudarra Gonçales, e cómo lo tomó por fijo doña Sancha e lo eredó en sus bienes, e de los fechos que fiso desque fue christiano

Cuenta la estoria que en otro día por la mañana cavalgó el conde don Garçi Ferrandes con muy grandes conpañas, e tomó consigo a Mudarra Gonçales, e fueron con él fasta Santa María, que era la see de Burgos, e entonçe lo batearon, e fue su padrino el conde e otros omes buenos, e doña Sancha fue madrina, e reçibiólo por fijo como manda el fuero de Castiella; entonçe tomólo, e metiólo por una manga de una falifa de çicatrón que tenía vestida, e tirólo por la otra, e don Mudarra ovo nonbre de allí adelante don Mudarra Gonçales, ca él non quiso que le cameasen su nonbre. E luego en esa ora lo fiso cavallero el conde Garçi Ferrandes, e fiso con él bien çient cavalleros, a quien dio soldadas en sus tierras llanas, ca todas las fortalesas tenía el traidor de Ruy Vasques. E allí dio el conde muchos dones e muy granados, e fiso faser muchas alegrías, e matar muchos toros, e crebantar tablados, e bofordar.

Entonçe fiso el conde don Garçi Ferrandes alcaide mayor de toda su tierra a don Mudarra Gonçales, como lo ante era el traidor de Ruy Vasques, e díxol’ que todos los castiellos que ganase de Ruy Vasques que gelos dava por heredat, e mandó a todos los de la tierra que fisiesen su mandado. Entonçe don Mudarra Gonçales besóle la mano por tanta merçed como le fasía, e otrosí fiso don Gonçalo Gustios, e don Mudarra Gonçales dixo al conde:«Muchas gracias, señor, por la merçet que me fasedes, pero yerro sería muy grande los castiellos que yo de Ruy Vasques tomase aver de seer para mí; mas serán, señor, para vós, cuyos deven seer, ca yo aína vos cuedo dar las fortalesas qu’el traidor tiene, o vós me contad por muerto.»

E fueron las nuevas a Ruy Vasques onde estava, en Amaya, con dosientos cavalleros; e quando lo sopo, pesól’ mucho, pero que dixo a sus cavalleros que non dava por todo aquello nada, «ca ante que este año salga me cuedo ayuntar con él en batalla; e onde di cabo de los siete infantes, e fize traer acá sus cabeças, bien eso mesmo faré a don Mudarra, si me Dios non fuere contrallo». E el conde con don Mudarra se acordó, e enbió sus cartas por toda la tierra, que luego todos viniesen a él. E luego que las cartas fueron sabidas, movieron todos, e fueron ayuntados al conde en Burgos, e de allí partieron con don Mudarra e fueron çercar a Urçejo, e ante de tres días lo tomaron, e mataron quantos fallaron dentro; e después fueron a Urbel e falláronlo desanparado, e mandólo luego don Mudarra açalmar muy bien, e enbiólo todo desir al conde, a Burgos, donde era, e partióse de Urbel, e andudieron toda la noche.

E Ruy Vasques, que era en Amaya, dixo a los suyos:«Cavalleros e vasallos, vayamos nos de aquí, e andemos quanto pudiermos, ca si aquí somos çercados nunca seremos acorridos de moros nin de christianos; e a mí conviene, mal pecado, de foír, ante este renegado.» E luego el traidor de Ruy Vasques se partió de Amaya con su gente, e otro día mañana llegó a Madumne, e atravesó Çerrato, e tronóse a Castro, e basteçió el castiello de pan e de vino e de agua e de todas las cosas que mester eran. E don Mudarra iva enpós él, quanto más podía, siguiéndol’ el rastro; e otro día acojóse el traidor de Castro por la mañana, e cavalgó, e fuese a Saldaña; e don Mudarra, quando ý llegó, e vio que así fuía, mandó tornar las más conpañas de pie e grant pieça de los de cavallo, disiendo que para seguir al traidor non era mester muchas conpañas, ca nunca lo alcançarían así como andava aforrado; e esto le gradesçieron todos mucho.

E don Mudarra adereçó para Saldaña, e en otro día el traidor partió de Saldaña e fuese para Monçón. E don Mudarra sopo las nuevas, e adereçó para allá, e topó con su rastro a par del río de Carrión, e cojóse a andar quanto pudo, cuidándolo fallar en Monçón, e quando ý llegó, era ya el traidor en la Torre de Mormojón; e don Mudarra començó de seguir por el rastro quanto pudo, e quando Mudarra allí llegó, el traidor de Ruy Vasques tornóse a Dueñas; e quando fue don Mudarra en Dueñas, avía ya el traidor pasado Carrión e Pisuerga, e fuese para Tariego, e don Mudarra partió de Dueñas e entró en el rastro del traidor. E quando Ruy Vasques lo sopo, fuese para Cabeçón, e don Mudarra enpós él, por Pisuerga a so pie; e quando llegó a Cabeçón non lo falló ý, que tal maña traía el traidor en sí que donde comía non alvergava ý esa noche. E el traidor de Ruy Vasques atravesó a Çerrato. e pasó el río de Esgueva e fue alvergar en ribera de Duero, do disen Aranda, e don Mudarra en pos él por el rastro.

E quando don Mudarra llegó a Aranda, el traidor era en Coruña, que la tenía en grant onra como suya, e los que ý moravan, como suyos; e alvergó ý esa noche, e madrugó quando cantavan los gallos, e fuese agua de Espeja açima; e quando fue mañana, iva catando la ribera con su açor muy bueno que traía, e ante que llegase a Espeja, falló una garça muy brava, e lançóle el açor de muy lueñe, e el açor no la pudo alcançar, e rodeóla atan alto que lo perdieron de vista. E Ruy Vasques fue por esto muy sañudo; e començó de lo buscar, con sus tresientos cavalleros que traía consigo; e las atalayas que Ruy Vasques traía vieron venir a don Mudarra e fuéronse para él e dixéronle:«Señor, afevos aquí viene don Mudarra con muy grandes conpañas.» E aquel lugar do le esto dixeron avía nonbre Val de Espeja, e dixo entonçe Ruy Vasques que allí los esperaría, e por que los esperó allí, ovo nonbre de allí adelante Val de Espera, e así lo ha oy día.

Entonçe dixeron dos cavalleros de don Mudarra que vieran a Ruy Vasques andar e a los suyos; e los que estavan por atalayas vinieron a don Mudarra, e dixéronle cómo el traidor de Ruy Vasques se armava con toda su conpaña, e que lo estava atendiendo, e que se armase apriesa, e fuese a él, que le non fuyese, ca si le diesen vagar que se metría por muy grandes xarales que ý avía, e que le non podrían tan aína alcançar. Entonçe se armaron todos a grant priesa, e fueron para donde estava el traidor de Ruy Vasques, la seña tendida de don Mudarra; e quando Ruy Vasques los vio venir, començó de parar sus ases, e de fablr con los suyos, e díxoles:«Amigos, bien sabedes que los que aquí viniestes escuderos, que yo vos fis cavalleros, e a vós e a los que eran cavalleros partí conbusco muy bien de todo lo mío que ove. E todos sodes míos vasallos, e catad lo que cae a cada uno si me solo dexades en este canpo, que aunque vós aquí solo me dexedes non me avré de aquí a partir; e si veo al fijo de la renegada, yo cuedo de le dar tal golpe que se me non terná en la siella, e si yo aquél derribo, vençidos son todos los otros, que me non osarán atender, e a la vieja de mi hermana malas nuevas le faré ir d’él.»

E don Mudarra paró sus ases, e díxoles:«Amigos, estad todos quedos, que yo quiero veer si querrá aquel traidor apartarse de entre los suyos, ca si se d’ellos quiere apartar, de lo que se fará avrán por el mundo qué desir; e si vierdes que fuyen, todos id en pos de mí; ca oy en este día serán vengados míos hermanos o yo morré en este canpo.» Entonçe movió don Mudarra para donde estava Ruy Vasques, para veer si se apartaría de entre los suyos; e Ruy Vasques, que tenía sus ases paradas, quando vio asi venir un cavallero solo delante los otros, dixo contra los suyos:«Estad quedos todos, que yo quiero veer aquel que se aparta quí es o qué viene buscar.» E pusiéronse entre amos en sendos cabeços, e fasíase un pequeño valle en medio, e catávanse uno a otro e non se saluavan. E Ruy Vasques preguntó a don Mudarra que quién era, e él le dixo:«Çertas, yo so don Mudarra.» E Ruy Vasques díxol’:«¿Qué viniestes aquí buscar? Ca desque llegastes a Lara me fisiestes muy grant tuerto, ca me matastes los míos omes e quemastes las mis villas; mas vós en tal lugar estades que todo ora lo compraredes por el cuerpo.» Dixo don Mudarra:«mientes, traidor, mas tu darás oy derecho de quantas traiçiones e aleves pensaste, e para se acabar ellos, castiguemos la cavallería, estén nuestras ases quedas, e lidiemos nós uno por otro.» E Ruy Vasques dixo que le plasía ende mucho. Entonçe dixo don Mudarra:«Pues id, castigat los de vuestra parte, que por ninguna cosa que vean que se non muevan, e eso faré yo a los míos.»

Entonçe tornó cada uno a los suyos, e dixéronles que por cosa que viesen que non moviese ninguno de donde estava. E quando don Mudarra dixo a los suyos que estudiesen quedos que avía fecho omenaje que non entrase en armas ninguno, sino él por su cuerpo con Ruy Vasques uno por uno, díxol’ don Gonçalo Gustios, su padre:«Fijo, fuerte cavallero es el traidor e non ha en España su par en armas, ca yo lo conosco muy bien, e mío fijo, dexa tú a mí lidiar con él, e vengaré los mis fijos que me fiso matar, e que a mí echó en cativo.» E don Mudarra dixo:«Eso yo non faré, que falsaría mi verdat.»

Entonçe se partió d’ellos, e adreçó para do estava el traidor de Ruy Vasques, que lo vino a reçebir a un valle, e dexáronse venir el uno contra el otro quanto los cavallos lo podieron levar, e abaxaron las lanças, e diéronse tan grandes lançadas que falsaron los escudos e los perpuntes e las lorigas e la lançada de Ruy Vasques non quiso Dios que prendiese en carne a don Mudarra, pero non dexó la lança de salir de la otra parte par a par del arçón, mas la lançada que le don Mudarra dio al traidor de Ruy Vasques salió de la otra parte por las espaldas, e dio con él en tierra; e tal golpe nunca le fue dado por otro cavallero, que así lo derribase en tierra. Entonçe tiró de la lança don Mudarra por le dar otra ferida e lo matar, e Ruy Vasques le dixo:«Don Mudarra, por Dios e por mesura non me des más, que asás me abonda el golpe que me diste, de que ya so muerto; mas tanto te quiero rogar que non fagas mal a míos vasallos, ca non an culpa en el mal que yo fis.»

E quando don Gonçalo Gustios vio en cómo Ruy Vasques era vençido, vínose a grant priesa para don Mudarra e díxol’:«Fijo, ruégote que lo non mates, mas liévalo a tu madre doña Sancha, que soñava que bevía de su sangre, e será el sueño suelto.» Entonçe dixo don Mudarra:«En Salas non entrará; mas liévenlo a Bilvestre, su casa, e aí lo justiçiarán.» E entonçe pusiéronlo sobre una asémila e leváronlopara Bilvestre con muy grandes trebejos. E quando los vasallos de Ruy Vasques vieron su señor vençido e preso, fuéronse para don Mudarra e dixéronle:«Señor, non nos culpedes, ca nós andamos como cavalleros sirviendo nuestras soldadas, e si quisierdes que vos sirvamos faremos lo de buena miente.» E Entonçe les dixo don Mudarra que non quería su servicio, «mas quiero que me dedes Castro e Amaya aquellos que lo tenedes, e quanto es las heredades del conde, fincar le han, e vos catad a quí sirvades».

Entonçe prendio don Mudarra a todos, fasta que le dixeron quáles eran los alcaides de los castiellos e de las fortalesas del conde e otrosí de las otras fortalesas del traidor, e tóvolos en prisión fasta que cobró todas las fortalesas, también las del conde como las del traidor de Ruy Vasques; e soltó a los otros e díxoles que fuesen buscar señor que les algo fisiere, ca n toda su vida nunca fallarían cobro en el conde Garçi Ferrandes, nin en la casa de Castiella, «por que fuestes en ayuda del traidor que se alçó con las fortaleças al conde de que vós naturales érades, e por que fuestes consentidores en la muerte de míos hermanos que veíades matar a grant tuerto».

E así se partió d’ellos; e andudieron por su camino fasta que llegaron a Bilvestre; e don Mudarra Gonçales enbió a Salas por su madre doña Sancha que viniese aquellas bodas. E ella quando lo sopo, vínose a grant priesa con muy grant plaser, e quando don Mudarra Gonçales e don Gonçalo Gustios sopieron que tan çerca venía, salieron a reçebirla bofordando e lançando e fasiendo grandes alegrías; e quando llegaron a doña Sancha, don Mudarra le fue besar la mano, e después fuéronse para el palaçio e descavalgaron ý. Entonçe dixo don Mudarra a doña Sancha:«Señora, vedes aquí el traidor, agora lo mandat justiçiar como vos ploguier.» E el traidor çerró los ojos e la non quiso mirar, e cató doña Sancha dónde yasía, e vio correr d’él sangre, e dixo:«Loado sea Dios, e grado e graçias aya por la mercet que me fiso, ca agora será suelto el mi sueño, que soñé, que bevía de la sangre d’este traidor.» Entonçe fincó los inojos a par d’él para bever de su sangre, mas don Mudarra Gonçales la tomó por el braço, e levantóla e dixo:«Madre señora, non quiera Dios que tal cosa pase, que sangre de ome traidor entre en cuerpo atan leal e bueno como el vuestro; afelo en vuestras manos, mandatlo justiçiar.»

E los unos desían que los mienbros le cortasen, e los otros desían que lo quemasen, e los otros que lo apedreasen, e doña Sancha dixo que lo agradesçía mucho a todos aquello que desían, «mas pero esta justiçia yo quiero faser a toda mi voluntat, e queriendo Dios e don Mudarra, yo quiero agora ser alcalle d’este fecho; e quiero en estas bodas faser armar un tablado, por que la traiçión que él fiso fue començada sobre alançar a tablado en Burgos, quando él casó con doña Llanbra, e sobre esto se levantó la traiçión por que después fue mío marido metido a cativo e míos fijos muertos.» Entonçe mandó poner dos vigas juntas, alçadas en emdio de un canpo, e mandó allí colgar el traidor por so los braços e por los pies, e mandó que los que eran parientes de aquellos que murieran en la batalla con sus fijos, e otros quales quier a qui él mal meresçiese, que viniesen lançar con dardos o con asconas o con varas de lançar, o con otras armas quales quier, en tal manera que las carnes del traidor fuesen todas partidas en pedaços, e desque cayere en tierra, que entonçe lo apedreasen todos.

Así como doña Sancha mandó así fue fecho, ca las conpañas eran muchas e fue aína despedaçado, e ayuntaron los pedaços, e lançaron tantas piedras sobre él fasta que fue cubierto d’ellas, e yasían sobre él más de dies carradas, e oy en día quantos por ý pasan en lugar de le desir Paternoester lançan todos sobre él sendas piedras, e dísenle que mal sieglo aya la su alma. Amen. E por esta guisa es maldito aquél que traición fase. E de allí adelante nunca se ninguno quiere llamar de su linaje, e por desir verdat pocos fincaron ý, ca él non avía fijo nin fija.

Quando el alevosa doña Llanbra sopo esto, vinose para el conde cuidando que fallaría en él cobro, por que era su pariente. E traía ella en sus vestidos grandes duelos, e los rabos de las bestias tajados. E dixo:«¡Merçed, conde señor, fija so de vuestra prima! Si don Rodrigo alguna cosa fiso, yo non he culpa en ello, e non me desanparedes, ca pocos serán los mis días.» E el conde le dixo:«Mentides, como grande alevosa, ca vos basteçiestes todas estas traiçiones e males que él fiso, e vos érades señora e reina de las mis fortalesas. De aquí adelante non vos atreguo el cuerpo, e mandaré a don Mudarra que vos faga quemar viva, e que espedaçen canes las vuestras carnes, e la vuestra alma será perdida para sienpre.» E ella quando vio que así era desanparada del conde, fuyó de noche, de pie, con una mançeba tan sola miente, e más non; e asi andudo grant tienpo, fasta que murió el conde don Garçi Ferrandes, que mientra que él vivió non le fue fecho desonor. E pues que fue muerto el conde, don Mudarra óvola a la mano, e mandóle dar tal muerte como dio a Ruy Vasques; e yase enterrada en Vela. ¡Mal sieglo aya! Amen.