En muy escasas ocasiones las crónicas medievales nos han consignado los nombres propios de animales. Una de ellas no ha proporcionado el nombre del caballo que montaba el rey leonés Bermudo III durante la contienda de Tamarón (1037) en la que acabó falleciendo. Este caballo se llamaba Pelayuelo (Pelagiolo en latín).

La primera noticia nos la da la Historia Silense:

«Et iam super vallem Tamaron due opposite acies circumspiciebant se fulgentibus armis, cum Veremudus acer et imperterritus primo Pelagiolum insignem equum suum calcaribus urget, ac cupiens hostem ferire, rapido cursu inter densissimum cuneum stricta hasta incurrit. Sed nurayca mors quam nemo mortalium vitare poterit, eum preoccupans, dum ferox Garsias et Fredinandus acrius instarent, in ipso equino impetu confoditur, atque corruens in térra mortuus, septem super eum ex militibus suis acerbatim occubuerunt».1

Y prácticamente de igual forma lo cuenta la Crónica Najerense:

«Y ya sobre el valle Tamarón se veían las dos formaciones frente a frente, cuando Vermudo, duro e impertérrito, picó espuelas a su caballo Pelayuelo, y deseoso de herir al enemigo, en rápida carrera, lanza en ristre ataca a un numeroso escuadrón. Pero como el feroz García y Fernando lo acosaron más duramente, murió atravesado por la propia acometida de su caballo, muertos también otros siete de los suyos además de él».2

El autor de la Historia Silense califica al caballo de insigne, lo cual pueda significar que era de elevado precio.  Bermudo, con su impetuosa juventud, pica espuelas al caballo y, a gran velocidad, acomete hacia donde se encuentran García y Fernando. Pero es la fuerza de esa acometida con la lanza y con el caballo al galope la causa de que sea ensartado por las lanzas enemigas, las de los soldados que guardan a García y Fernando. Bermudo III cae mortalmente herido al suelo así como siete de sus acompañantes.

En la sociedad altomedieval los caballos de guerra son esenciales para la batalla. Y por ello también su precio suele ser muy elevado. Como hipótesis sugerimos que Pelayuelo bien pudiera ser el caballo que el presbítero Florencio regaló el 23 de enero de 1034 al propio rey Bermudo III en agradecimiento por haber obtenido el monasterio de San Pelayo de Grajal de Campos (León). Así dice el documento:

 
«Et pro cartula confirmanda, accepi de te kaballum rosellum cum sella et freno ualentem solidos CCC; ita ut ab ac die et tempore ipsum monasterium cum tota sua bona habeas et possideas iure quieto usque in perpetuum; et facias ex eo quod tue placuerit uoluntati».
 
Según la carta, Florencio regaló al rey un caballo rosello así como la silla y los frenos, todo ello valorado en 300 sólidos. Un caballo rosello o rosillo tiene una capa colorada que con la edad se encanece, excepto cabeza, miembros y cola que se mantienen del color original. Es la mezcla de pelos blancos y colorados, puede ser rosillo blanco o rosillo colorado según predominen unos u otros pelos. Por otro lado 300 sólidos era una cantidad de dinero bastante abultada. Un sólido de oro pesaba aproximadamente 4,5 gramos. Por lo tanto 300 sólidos serían en torno a 1,35 kg. de oro. Al precio del oro actual (unos 35 €/gramo, noviembre 2017) sería de 47.250 €.
 

Como curiosidad el nombre de Pelayuelo es también hoy en día el de la segunda calle más corta de España. Se encuentra en León, tiene unos 20 metros y sólo dos casas bajas. Tienen este nombre desde el siglo XIX habiéndose llamado anteriormente Travesía de los Cubos.

 


  1. Santos Coco, Francisco: Historia Silense, Centro de Estudios Históricos, Madrid, 1921,
  2. Estévez Sola, Juan A.: Crónica Najerense, Akal, Clásicos Latinos Medievales y Renacentistas, Madrid, 2003.
  3. Núñez Contreras: Colección Diplomática de Vermudo III, Rey de León.