El Siglo de Oro es el momento más importante e icónico de las letras españolas. En él se aunaron autores de la talla de Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, Lope de Vega, Cervantes, Mateo Alemán o Calderón de la Barca, entre otros. Castilla no fue ajena a esta explosión literaria ya que prácticamente todos los autores mencionados dieron buena cuenta del paisaje castizo en sus obras, además de vivir en sus tierras.

La vida de distintos autores en la ancha Castilla se debe principalmente a dos motivos. El primero,  radica en el hecho de hubiesen nacido en dicha tierra, como es el caso de Lope de Vega, Quevedo, Cervantes o Calderón, que vinieron al mundo en lo que en la época se conocía como Castilla la Nueva. El segundo, vendría motivado por el desplazamiento de estos autores en función a la ubicación de la Corte en aquel momento con el fin de poder disfrutar del beneficio de algún mecenas. De esta forma fue como, poco a poco, fueron surgiendo los primeros escritores profesionales, capaces de vivir de lo que escribían.

Luis de Góngora es el mejor ejemplo de cómo los autores, por muy buenos que fuesen, debían de emigrar dentro del propio país para mejorar sus condiciones de vida. El caso del poeta cordobés es especialmente llamativo porque en vez de mejorar su posición social, estos viajes acabaron por llevarlo por la senda de la mala vida y terminaron arruinándolo y obligándolo a regresar a su ciudad natal enfermo y sin dinero.

Portada Don Quijote de la Mancha

Portada Don Quijote de la Mancha. Fuente: Wikimedia

Muchos de estos autores se valieron de Castilla para ubicar a sus personajes en ella. Tal es el caso de Cervantes y su archiconocido El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, que en el inicio nos remarca el lugar de donde parte la andadura de este loco literario: “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…”

Además del propio nombre, las aventuras que le acontecen al jocoso hidalgo Don Quijote son solamente entendibles en un terreno castellano.  Aspectos como los molinos, las tabernas en los caminos y los diferentes personajes que en ellas se encuentran están ligados a la Castilla de la época, y es que al ser una zona tan extensa  y en la que había tanto movimiento de mercancías y gentes, era habitual encontrarse con todo tipo de personas, llegadas en algunos casos de lugares tan lejanos como África o Europa.

Es curioso que Cervantes, pese a haber viajado mucho para la  época, terminase enamorándose de la tierra castiza, de la que por pliegos sueltos se sabe que lo dejó maravillado y así lo muestra también en La Ilustre Fregona, donde se habla de Burgos. Valladolid aparece en El casamiento Engañoso y Salamanca en Rinconete y Cortadillo. Todas estas obras se incluyen en las Novelas Ejemplares que además son un gran ejemplo, valga la redundancia, de cómo se desarrollaba la vida en aquella época. En ellas se narran las diferentes costumbres de la sociedad que nos sirven para marcar una evolución hasta nuestros días. Además, también se encuentran referencias a las actividades de ocio que entretenían a la gente del siglo XVII, entre las que se encuentra curiosamente el juego de la 21, que no es ni más ni menos que el origen del popular blackjack, un juego que ya por aquella época compartía algunas estrategias con otros juegos de casino que evolucionaron y terminaron triunfando en la actualidad, como el póker o la ruleta.

Retrato de Francisco Quevedo atribuido a John Vanderham. Fuente: Wikimedia

Retrato de Francisco Quevedo atribuido a John Vanderham. Fuente: Wikimedia

Francisco de Quevedo, por su parte, alude también a tierras castellanas en La vida del Buscón. El protagonista de la obra, Don Pablo, es segoviano y es a esta ciudad a la que vuelve después de una breve estancia en Alcalá. Las aventuras que le acontecen al pícaro en el viaje son de lo más curiosas y divertidas. Sin embargo, una vez que llega a Segovia decide que prefiere volver a marcharse y toma camino hacia Madrid. Este peculiar viaje nos permite conocer la parte central de Castilla a lo largo de la narración

Lope de Vega, madrileño de nacimiento como Quevedo, también se inspiró en tierras castellanas para crear alguna de sus obras. En este caso, el poeta se valió de las historias tradicionales de la zona para crear la célebre comedia El Caballero de Olmedo, que tiene su origen en una conocida canción popular. En esta comedia, además de hablar del propio municipio castellano de Olmedo, como es lógico, también se menciona a Medina del Campo, otro paraje castellano perteneciente a Valladolid y que tiene uno de los castillos mejor conservados de la península, el Castillo de La Mota.

Después de todos estos ejemplos podemos afirmar sin rubor que ancha es Castilla y larga su tradición literaria.