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La sección de Patrimonio Histórico de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil se encuentra investigando la misteriosa desaparición de varios manuscritos medievales de incalculable valor histórico custodiados en el archivo de la antigua Colegiata de Covarrubias, la actual iglesia de los santos Cosme y Damián, en la provincia de Burgos.
La sustracción o extravío de esto siete documentos originales ha hecho saltar todas las alarmas en la comunidad académica y de preservación del patrimonio cultural.
Una alerta nacida de la investigación académica
Como suele ocurrir en el discreto mundo de la archivística, el hallazgo de la pérdida no fue fruto de un asalto violento, sino del minucioso y callado trabajo de los historiadores. La voz de alarma saltó durante las labores de preparación de un riguroso estudio académico enfocado precisamente en el análisis de este fondo documental, un proyecto impulsado por reconocidos especialistas en documentación e historia medieval.
El hilo conductor del descubrimiento implica directamente al Consejero de Cultura de la Junta de Castilla y León, Gonzalo Santonja. En un proceso de colaboración habitual con el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, Santonja recibió el borrador del volumen académico para encargarse de redactar el prólogo. Al revisar las páginas del libro, el consejero —quien posee un profundo conocimiento de estos fondos tras años de investigación sobre los orígenes del idioma castellano y de las instituciones condales— se percató de una anomalía desconcertante: una de las imágenes que ilustraba las páginas no procedía de una fotografía actual tomada directamente del documento original en el archivo, sino que se trataba de la reproducción de una placa o fotografía antigua ya publicada en estudios históricos del siglo pasado.
Movido por la extrañeza, Santonja consultó a los autores principales del estudio, los reputados investigadores J. M. Ruiz Asencio y F. J. Molina de la Torre. La respuesta de los expertos confirmó los peores augurios: durante sus sistemáticas visitas técnicas al archivo de la antigua Colegiata para cotejar los diplomas, les fue imposible localizar físicamente el manuscrito en cuestión.
A raíz de este inquietante vacío, Ruiz Asencio y Molina de la Torre formalizaron un informe de control en el año 2025. Tras cruzar datos y examinar minuciosamente un corpus central de 57 documentos del fondo de Covarrubias, la conclusión fue demoledora: siete de las piezas analizadas habían desaparecido por completo de sus cajas de resguardo. Dado que tres de esos documentos perdidos contaban con reproducciones fotográficas nítidas tomadas y difundidas a lo largo del siglo XX, los investigadores deducen que el extravío o el expolio silencioso se ha producido en fechas históricamente muy recientes, constatando que las pérdidas de patrimonio documental han seguido goteando de forma alarmante incluso en pleno siglo XXI.
Un goteo de pérdidas y un plan de contingencia urgente
Los especialistas advierten con gravedad que las sustracciones o pérdidas negligentes no suponen una novedad absoluta en los archivos de gestión eclesiástica local, pero el hecho de que el goteo continúe burlando los inventarios modernos del año 2005 y revisiones posteriores denota un fallo estructural severo en los sistemas de custodia actuales.
Ante el evidente deterioro de los protocolos y las deficientes condiciones físicas de seguridad y conservación de las salas, la comunidad de historiadores y paleógrafos no se limita a lamentar la pérdida. En el mismo informe donde se denuncia la falta de los siete pergaminos, los expertos urgen a las instituciones eclesiásticas, al Ministerio de Cultura y a la Junta autonómica a poner en marcha de inmediato un plan integral de reorganización y blindaje del archivo de Covarrubias.
Entre las medidas correctoras expuestas sobre la mesa, destaca la necesidad perentoria de acometer una digitalización total y de alta resolución de todos y cada uno de los fondos medievales supervivientes. Asimismo, se propone la elaboración sistemática de copias facsímiles idénticas de las escrituras más sensibles y valiosas para su exhibición pública o consulta ordinaria en vitrinas. De este modo, los frágiles pergaminos originales de tiempos de los condes de Castilla quedarían estrictamente restringidos y custodiados en cámaras de alta seguridad, reservándose su manipulación únicamente para investigaciones de excepcional justificación.
Documentos desaparecidos
Los documentos desaparecidos están datados entre los siglos X al XIII. El más antiguo habla de una donación datada en el 950; de mayo de 974, el presbítero Juan y don Munio, de Vizcaínos, abrazan la vida religiosa; de mayo del 979, donde un tal Zite Pinioli dona posesiones en penitencia por crímenes que había cometido; de octubre de 1032, recoge que Guntroda vende Fontioso a doña Urraca García; en diciembre de 1092, hace referencia a la venta de una tierra por Aguilar de Campoo por parte de los hermanos Diego y Gutiérrez Tellez; el más moderno es del año 1248.