Según la tradición, los huesos auténticos de varios de los pastores que acudieron al portal de Belén están enterrados bajo un altar de la iglesia de San Pedro y San Fernando de Ledesma, en la provincia de Salamanca.

Curiosamente una de las versiones de cómo llegaron hasta este lugar se relaciona con el conde Fernán González de Castilla.

San Pedro de Ledesma
San Pedro de Ledesma

Dentro de una vieja arqueta de madera reposan los supuestos restos de estos tres pastores desde hace siglos. Dicen los habitantes de Ledesma que un caballero de esta ciudad, llamado Micael Dominiquiz viajó de cruzada a Jerusalén. En el interior de una torre de Jerusalén encontró un cofre abandonado. En dicho arca había huesos humanos, tijeras de esquilar, zurrones de pastor y un texto con tres nombres: Isacio, Josef y Jacobo. Micael decidió donar la arqueta a la iglesia de San Pedro y Santiago, en Ledesma y allí fueron veneradas durante siglos.

Sin embargo, existe otro documento que data la llegada de las reliquias en el año 1149. En todo caso las reliquias comenzaron a ser veneradas en dicha iglesia, ya desparecida.

Reliquias de los pastores de Belén en Ledesma
Reliquias de los pastores de Belén en Ledesma

Por orden del rey Enrique IV, Don Beltrán de la Cueva fue el encargado de reedificar la Capilla del Santo Cristo del Amparo que se encuentra dentro de la iglesia de San Pedro de Ledesma. En el altar de dicha capilla, al lado del Evangelio, se colocaron los cuerpos en un arca cerrada. Así lo ratifica Francisco Zato, presbítero, vecino y natural de Ledesma en sus apuntes de los Santos Pastores y Mártires de Ledesma.

Muy pronto, la devoción popular empezó a venerar estos restos. Fue entonces cuando comenzaron los milagros. Francisco Zato asegura que padeciendo Ledesma una gran sequía, el 25 de mayo de 1164 se abrió el arca que contenía las reliquias y después de hacer las rogatorias correspondientes empezó a llover a las pocas horas y durante cinco días. En el archivo parroquial de Santa María consta como en el año 1662 se había formado ya una importante cofradía de devotos de la Hermandad de los Santos Pastores, en incluso el Papa Inocencio XI habla de ello en su primer año de mandato en 1667. La cofradía existió en Ledesma entre los años 1662 y 1728.

Exhumaciones de las reliquias de los pastores

En 1740 el jesuita Hurtado de Mendoza vio los tres esqueletos con las dos calaveras enteras y una deshecha, unos actos de exhumación de los que también fue testigo el obispo de Salamanca, Don Cristóbal de la Cámara, en 1755, quien comprobó como algunos fieles se habían llevado parte de las reliquias.

Mandó hacer un arca con cerradura y levantó una verja metálica con cuatro llaves, aunque las precauciones sirvieron de poco, ya que en 1786 se hizo un inventario con lo que quedaba y el resultado no fue alentador: Una cabeza entera, tres cascos, cuatro huesos grandes de costillas, diez pedazos de calavera, 24 costillas y una mandíbula, 14 huesos medianos, 15 de espinazo, siete pedazos de costillas pequeñas, tres pedazos de cuero pequeños, tres pedacitos de lienzo, una cuchara de palo quebrada y unas tijeras grandes.

En 1864 se trasladan los restos a una nueva Iglesia edificada en el Arrabal de Los Mesones, la iglesia de San Pedro y San Fernando. El culto a los Pastores desaparece de pronto, sin dejar rastro.

Tiempo después, Don Antonio Vega de Samper, miembro de la Real Academia de Farmacia de Madrid y un entusiasta belenista, da en sus investigaciones con los primeros planos que le llevan al arca de los pastores de Ledesma. Después de mucho esfuerzo, el 29 de junio de 1970 encuentra al fin, y junto a otros belenistas, los restos de estos tres pastores que fueron traslados de Belén a Ledesma.

La legendaria cruzada de Fernán González a Jerusalén

Dentro de la legendaria historia de cómo estos restos llegaron a Ledesma tenemos un protagonista inesperado: el conde Fernán González de castilla.

El falso Luitprando, supuestamente un subdiácono de Toledo de mediados del siglo X, asegura que es en la época del Conde Fernán González cuando unos caballeros que fueron a Jerusalén trajeron los cuerpos de los tres pastores de Belén y los trasladaron a Ledesma.

El Cronicón atribuido a Luitprando o Eutrando, fue una invención del padre jesuita Jerónimo Román de la Higuera elaborado a fines del siglo XVI.