Las aventuras del caballero Kosmas Book Cover Las aventuras del caballero Kosmas
Joan Perucho
Novela histórica
Edhasa
2020
240

Editada por vez primera en 1980 (Les aventures del cavaller Kosmas, Planeta) y traducida al castellano al año siguiente, Las aventuras del caballero Kosmas está dedicada a la memoria de Álvaro Cunqueiro. A decir verdad, esta novela es una de las que más se aproxima, por voluntad o simpatía de su autor, al universo del narrador gallego. Para completar un panorama de posibilidades compartidas, basta con juzgar si los siguientes ingredientes hubieran triunfado o no en la conciencia de Cunqueiro: las ciudades inexistentes, los libros piadosos, las estatuas mayestáticas y doradas, los caballeros de alta prosapia, las piedras preciosas y los filósofos que tiñen de humor un hábito de melancolía. Criaturas, en fin, cuya única empresa posible, fuera del olvido, es el ingreso en una novela de caballerías.

La obra se ofrece como un relato del género bizantino, escrito a la manera de aquellas peripecias que se frecuentaban en la época de los Comnenos (1081-1185), a su vez inspiradas en invenciones de los siglos i al iv, como las de Heliodoro y Aquiles Tacio. Esa retahíla de entregas comprende, entre otras, Drosila y Caricles, de Nicetas Eugeniano, Hismene e Hismenias, de Eustacio Macrembolita, y Rodante y Dosicles, de Teodoro Pródromo.

Perucho parece más inclinado a imitar la novela bizantina que se difundió entre los siglos XIII y XV, movida por ilusiones caballerescas. Nuestro narrador no ignora que los erasmistas publicitaron esta fórmula en contra de las habituales novelas de caballerías, inverosímiles y desmedidas en su registro moral. Por esto mismo sitúa a su Kosmas ante una coyuntura ejemplar: la lucha por el amor romántico y por la felicidad que le ha arrebatado Arnulfo, un diablo tartamudo, infame autor del libro titulado (graciosamente) De las pelucas.

Kosmas desfila por la España visigoda del tercer concilio de Toledo (589), y esto le permite abordar delicados asuntos con San Isidoro de Sevilla y San Braulio de Zaragoza. Un autómata, Arquímedes II, le acompaña en calidad de escudero, compartiendo con su señor este rumbo hacia el misterio que habita la frontera trascendente. Al paso de su montura o a bordo de veloces embarcaciones, Kosmas recorre la Costa Brava, Venecia, Jerusalén, Bizancio y otros tantos territorios del ensueño. En su compañía, el lector descubre una admirable definición de fantasía: elegante, risueña, sofisticada en sus asombros y plenamente integrada en el pintoresquismo histórico.