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San Wistremundo, mártir mozárabe

por Javier Iglesia Aparicio
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San Wistremundo

[Écija, ? – Córdoba, 7 junio 851] Mártir mozárabe.

Wistremundo era un joven natural de Écija que era monje en el monasterio de San Zoilo de Armilata, en la sierra de Córdoba, Al poco tiempo de haber ingresado acudió junto a su compañero Sabiniano a Córdoba, ambos dispuestos a buscar el martirio,

Una vez en la capital del emirato, formaron un grupo junto a Pedro de Écija, Walabonso, Habencio y Jeremías de Córdoba. Acudieron ante el cadí a declarar su profesión de fe y contrariar la religión musulmana, como respuesta a la cercana ejecución de los mártires Isaac (3 de junio) y Sancho (5 de junio).

Los seis fueron decapitados el 7 de junio del 851. Sus cuerpos fueron primero crucificados y, unos días después, quemados y sus cenizas tiradas al río Guadalquivir.

Su historia nos la cuenta San Eulogio de Córdoba en su obra Memorialis Sanctorum, libro II, 4

Pintura al fresco de Wistremundo, Hebencio y Jeremías de Cesare Arbasía (1583 .- 1586), ubicada en la Capilla del Sagrario; nave del evangelio, pies de la Mezquita-Catedral de Córdoba.
Pintura al fresco de Wistremundo, Hebencio y Jeremías de Cesare Arbasía (1583 .- 1586), ubicada en
la Capilla del Sagrario; nave del evangelio, pies de la Mezquita-Catedral de Córdoba.

CAPUT IV. De Petro, Walabonso, Sabiniano, Wistremundo, Habentio, et Hieremia martyribus.

1. Veniamus nunc ad illum mysterii senarii sacratissimum martyrum globum, qui uno die, unaque hora sub ictu saevientis mucronis ob testimonium veritatis occisi sunt.
2. E quibus Petrus sacerdos in urbe Astigitana progenitus, et sanctus Walabonsus diaconus ab Eleplensi civitate exortus, utrique prioribus coaevi martyribus, Cordubam studio meditandi adeuntes, liberalibus disciplinis traditi sunt. Sed Deo fautore scientia, et doctrina Scripturarum pollentes, sub Frugello abbate monasterio sanctae et gloriosae Virginis Mariae praeficiuntur. Quod in vico Cuteclara, non longe ab urbe in parte occidentali, praeclaro ancillarum Dei proposito enitescit. Sanctus quoque Sabinianus ex vico Froniano montanae Cordubensis, jam plenae juventutis monachus, ortus, et Wistremundus ex Astigia adolescens strenuus, e coenobio sancti Zoyli Armilatensi, quo dudum sub regula, vel abbate se dederunt: unus a tempore longo in castris Domini militans: Wistremundus vero nuper se in idem coenobium conferens, ad martyrium ambo discurrunt. Qui locus pene a Corduba in parte septentrionis triginta et amplius milliaribus distans, vastissimam horret inter deserta montium solitudinem: ad cujus collis radices, quo idem situm est, flumen Armilata discurrens, magno pisciculorum solatio inediam refovet monachorum. Ex quo etiam Armilatense coenobium appellatur.
3. Beatissimus vero Habentius virili jam aetate perfectus, e civibus Cordubensibus, monachorum vitam oblectans, sancti Christophori monasterium incoluit, quod situm est in spectaculum urbis, in parte australi super crepidinem ulteriorem Betis. Ibique saeculo mortuus, Christo autem sub arctissima regula degens, utpote spontaneo carceri se tradens, altis maceriarum sepibus circumclusus, ferreisque laminis intus ad carnem obseptus, per fenestras se adventantibus exhibebat visendum.Iste talis ac tantus cum beato sene Hieremia (de quo supra affati sumus, quique etiam inter caeteros Dei servos fuit acrioribus stimulatus flagris) occubuit. Hi sex viri fortissimi et praeclarissimi, simul ad expugnandum hostem improbum descendentes, omnes quasi ex uno ore clamaverunt, dicentes: «Et nos sub eadem professione, o judex, manemus, quapridem confratres nostri sanctissimi Isaac et Sanctius deciderunt: exerce sententiam, crudelitatem exaggera, et in ultionem tui vatis totis exardesce furoribus. Quoniam Christum Deum veraciter confitentes, praevium Antichristi, et auctorem profani dogmatis vatem vestrum esse profitemur. Vosque lethali succo prophetismi ejus infectos, et virulento praedicamine Zabuli propinatos, aeterna postmodum luituros tormenta scientes dolemus, vestramque orbitatem, et ignorantiam satis deflemus.» Haec cum animoso spiritu sancti Dei professi sunt, statim decollari jubentur. Prius tamen beatum senem Hieremiam, nescio ob quam assertionem flagellis graviter caesum, et inter ipsa verbera (ut ferunt) emortuum, vix haerentem gressibus foras traxerunt. Qui martyres dum ad locum mactationis accederent, invicem sese quasi ad epulas invitarunt. Et primoquidem reverentissimi Dei ministri Petrus, et Walabonsus ruentes, caeteri deinceps sub eodem jugulantur momento, septimo scilicet idus junias, feria prima, aera qua supra. Quorum corpora stipitibus defigentes, post aliquot dierum vastissimo consummarunt incendio, eorumque cineres perpendos flumini tradiderunt.

1. Pasemos ahora al santísimo y simbólico grupo de seis mártires que murieron el mismo día a la misma hora bajo el golpe de la enfurecida espada por dar testimonio de la verdadera fe.

2. De ellos, el sacerdote Pedro,nacido en la ciudad de Écija, y el santo diácono Walabonso, procedente de la localidad de Niebla, ambos de la misma edad que los anteriores mártires, llegaron a Córdoba con deseo de estudiar y se entregaron a las disciplinas liberales, pero como con el favor de Dios destacaron en la ciencia y doctrina de las Escrituras, fueron puestos bajo el abad Frugelo al frente del monasterio de la gloriosa Santa María, que brilla con el señalado género de vida de las siervas de Dios en la aldea de Cuteclara, no lejos al oeste de la ciudad. Por su parte, el santo Sabiniano, monje de edad madura oriundo de la aldea de Froniano, en la sierra cordobesa, y Wistremundo, un esforzado joven de Écija, corrieron hacia el martirio desde el monasterio de San Zoilo de Armilata, adonde tiempo atrás ambos se habían entregado bajo regla y abad, si bien el primero había servido largo tiempo en los campamentos del Señor, y Wistremundo hacía poco que se había retirado al mismo monasterio. Es aquél un lugar salvaje a unas treinta millas o más al norte de Córdoba, en medio de un vastísimo y solitario desierto entre montes. A los pies de la colina en la que se halla el mismo discurre el río Armilata, que con la gran ayuda de sus peces alivia el desabastecimiento de los monjes; por él se llama también Armilatense al monasterio.

3. En cuanto al santísimo Habencio, ciudadano cordobés de edad ya avanzada, en su amor a la vida monacal habitó el monasterio de San Cristóbal, que se halla al sur de la ciudad y a la vista de la misma, sobre la otra orilla del Guadalquivir. Allí, muerto para el mundo pero viviendo para Cristo bajo una rigurosísima regla, como que se había entregado a una prisión voluntaria, habíase rodeado de altas vallas y cercas y ceñido de planchas de hierro que le llegaban hasta la carne, mostrándose a la vista de los que venían a través de las ventanas. Este varón de tal y tamaña calidad, junto con el bienaventurado anciano Jeremías del que hemos hablado antes y que murió también entre los demás siervos de Dios tras ser azotado con muy duros latigazos, en fin, estos seis varones de lo más esforzado y preclaro bajaron a la vez a atacar al malvado enemigo y exclamaron todos diciendo como por una misma boca: «También nosotros, juez, nos mantenemos en la misma profesión de fe con la que hace poco han caído nuestros santísimos hermanos Isaac y Sancho. Ejecuta tu sentencia, acumula tu crueldad y estalla en venganza de tu profeta con todo tu furor, porque confesamos que Cristo es en verdad Dios, declaramos que vuestro profeta es el precursor del Anticristo y autor de un dogma impío, lamentamos saber que vosotros, por estar manchados con el mortal veneno de su revelación y por haber bebido de la ponzoñosa predicación del Diablo, vais a sufrir en un futuro los tormentos eternos, y deploramos mucho vuestra ceguera e ignorancia». Así que los santos de Dios declararon esto con animoso espíritu, se ordenó que fueran decapitados. No obstante, antes flagelaron duramente al bienaventurado anciano Jeremías por alguna declaración suya que ignoro, y, según cuentan, lo arrastraron fuera medio muerto ya entre los mismos latigazos sin que apenas se sostuviera en pie. Por su parte, los mártires, al aproximarse al lugar de su sacrificio, se invitaron mutuamente como a un banquete. Y, en primer lugar, cayeron los reverendísimos ministros de Dios Pedro y Walabonso, y luego fueron decapitados los demás en el mismo momento, a saber, el domingo 7 de junio del antedicho año. Sus cadáveres los clavaron en patíbulos y algunos días después los quemaron en una enorme hoguera y sus cenizas las echaron al río para que las perdiera.

Latín: Memorialis Sanctorum; castellano:  Obras completas de San Eulogio de Córdoba

San Eulogio también menciona a Wistremundo en otras dos obras suyas:

  • Documento martirial1: «23. Innumerables son, hermanas mías, vuestros premios; enormemente extraordinarios los dones que tenéis guardados. En efecto, vais a recibir del Señor el fruto de vuestra virginidad centuplicado y la inenarrable recompensa de vuestro glorioso martirio. Os saldrá al encuentro la santa y venerable reina del mundo, la Virgen María, adornada de hermosísimos corros de vírgenes; allí estarán también los valerosísimos soldados de Dios y hermanos vuestros Perfecto, Isaac, Sancho, Pedro, Walabonso, Sabiniano, Wistremundo, Habencio, Jeremías, Sisenando, Pablo y Teodomiro, que os precedieron con el signo de la fe, obtuvieron la victoria sobre el enemigo y os abrieron la puerta para llegar al Reino; allí estarán preparando un digno recibimiento a vuestro camino […]»
  • Epístola a Wiliesindo2: «[…] Después fueron muertos el presbítero Pedro, el diácono Walabonso y los monjes Sabiniano, Wistremundo, Habencio y Jeremías, el mismo día y a la misma hora, el 7 de junio del antedicho año. […]»
  1. San Eulogio de Córdoba, Obras completas, edición de Pedro Herrera Roldán, Ed. Akal, 2005, pág. 187 ↩︎
  2. Op. cit, pág, 224 ↩︎