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Las excavaciones dirigidas por la Universidad Rey Juan Carlos revelan estructuras habitacionales, indicios de las fases constructivas de la fortaleza y una rara nuez de ballesta, un mecanismo militar del que apenas se conservan ejemplares en la península ibérica.
La sexta campaña de excavaciones en el enclave arqueológico del castillo de Guzmán (localidad perteneciente al municipio de Pedrosa de Duero, Burgos) continúa arrojando luz sobre los orígenes y la transformación de la arquitectura defensiva en la Ribera del Duero, así como sobre el día a día de sus antiguos pobladores.
Bajo la dirección del arqueólogo e historiador Luis Alberto Polo, el equipo de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) ha centrado gran parte de los trabajos de este verano en la zona alta de la fortaleza y en la caracterización de sus espacios domésticos y productivos.
Un hallazgo singular: la nuez de ballesta
Entre el abundante material recuperado durante la campaña, destaca una pieza de especial valor histórico y arqueológico: una nuez de ballesta. Este componente metálico era una pieza clave en el mecanismo de disparo de las ballestas medievales, sirviendo para sostener la cuerda tensa antes de liberar el proyectil.
Según explica el propio director de la excavación, se trata de una pieza de enorme interés científico debido a su escasez, ya que apenas existen ejemplares catalogados en la península ibérica. Su hallazgo, junto a otros utensilios metálicos, restos cerámicos y óseos de fauna hallados en un nivel de incendio bien delimitado, aporta valiosísima información sobre el armamento, los episodios bélicos y las dinámicas defensivas de la época.
Revelaciones arquitectónicas y fases de ocupación
Los trabajos arqueológicos en la torre principal han permitido a los investigadores avanzar en el mapa estratigráfico del edificio. Hasta la fecha, los sondeos han confirmado dos grandes fases constructivas y tratan de verificar la presencia de una tercera etapa de transformación.
Los indicios sugieren que, tras un episodio de destrucción que tuvo lugar previsiblemente en el siglo XI, un antiguo torreón de planta circular fue reformado mediante la adición de un muro poligonal. Este rediseño no solo respondería a necesidades tácticas y defensivas, sino que refleja las adaptaciones constructivas experimentadas por la fortificación a lo largo de las distintas etapas del condado y reino de Castilla.
Más allá de los muros: vida cotidiana y vertebración del territorio
La investigación no busca únicamente analizar el uso militar del recinto, sino comprender el papel socioeconómico del yacimiento en su entorno. En el perímetro exterior del castillo se han documentado estructuras de adobe vinculadas a viviendas y zonas productivas, además de un horno.
Tales evidencias confirman que la fortaleza no funcionaba como un elemento aislado, sino como el núcleo de un microterritorio organizado que articulaba aldeas, zonas agrícolas, ganaderas y ermitas. En palabras del equipo investigador, estudiar el enclave de Guzmán ayuda a entender cómo se organizaban los pequeños señoríos y cómo se articuló el sistema defensivo de la Ribera del Duero durante los primeros siglos de la configuración castellana.
Compromiso comunitario y divulgación
Uno de los pilares del proyecto arqueológico en Guzmán es la implicación activa de los vecinos del municipio. La colaboración entre el equipo de investigación y la comunidad local ha sido indispensable para favorecer el sentido de pertenencia y garantizar la preservación y gestión futura del patrimonio local.
Como broche final a la campaña, el equipo científico organiza para el 25 de julio de 2026 a las 18:30 una jornada de puertas abiertas y visita guiada sobre el terreno, permitiendo a residentes y visitantes conocer de primera mano los métodos de trabajo arqueológico y ver sobre el terreno las estructuras desenterradas.
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