La excavación arqueológica comandada por José Ángel Lecanda en el paraje de La Varguilla, a pocos metros de la iglesia visigoda de Santa María de Mijangos, descubierta por su equipo en los años noventa, sigue dejando preguntas en el aire, pero también arrojando hipótesis ilusionantes con las que seguirá trabajando en la tercera campaña, el próximo verano. El pasado excavó la base de una casa, posiblemente altomedieval, ubicada sobre un promontorio de roca e intuía otras. Los trabajos realizados durante una semana y media han despejado de tierra la cimentación de tres habitáculos que se dibujan perfectamente encastrados sobre la piedra y “que pudieron pertenecer a la aristocracia de la iglesia, al obispo de Santa María de Mijangos o a campesinos libres bien dotados” .

Las dataciones del material hallado en la iglesia de Santa María de Mijangos, el centro de un gran latifundio que podría dar muchas sorpresas en próximas campañas arqueológicas, sitúan el templo en los siglos V, VII y X, por lo que las primeras hipótesis plantean que las edificaciones con una base semiruprestre de La Varguilla se levantaron en esa etapa, la del primigenio condado de Castilla, que dio paso al reino. Incluso, “si todos los habitáculos pertenecían a la misma familia podría ser un símil de una villa romana de la Alta Edad Media”, añade Lecanda, para quien “los resultados avalan las hipótesis iniciales y son realmente muy prometedores, pero todavía no permiten llegar a conclusiones definitivas “, sobre todo, porque no se han localizado materiales -cerámicas, carbones … – que pueden obtener datos con garantías y así ubicar el tiempo a quienes vivieron cobijados por la Sierra de la Tesla. Eligieron un espacio privilegiado junto al arroyo de La Tirsa que desemboca en el río Nela.

Posible casa del obispo de Mijangos

En la roca se pueden observar como a cincel y martillo se dio forma a las bases de las paredes de las edificaciones allí levantadas y se perfilaron pequeñas zanjas de cimentación, además de realizar agujeros para clavar pilares o encajar vigas de cabañas con una estructura, en su mayoría de madera. “Hace 1.500 años costaba mucho sacar la piedra de las montañas para construir una casa, picarla, transportarla, fabricar la argamasa para unirla …”, relata el arqueólogo, profesor titular de la Universidad de Deusto y que en este proyecto cuenta con la colaboración de las universidades de Oviedo y Autónoma de Barcelona. Todo era de una dificultad extrema en una sociedad muy primitiva y que se organizaba en pequeñas comunidades de unas pocas familias. De ahí que aprovecharan las formaciones rocosas para dar más solidez a sus hogares.

El lugar “podría estar lleno de viviendas”, avanza Lecanda. Un muro de piedras que corta de arriba a abajo el promontorio rocoso es posterior y ya se vislumbra como las paredes de los habitáculos o casas pasan al otro lado. Si se logra datar en la Alta Edad Media, el yacimiento de La Varguilla será “único”, porque los descubiertos hasta ahora en Álava o en Villanueva Soportilla, la Peña de Mazo (Valle de Tobalina) o Fresnedo (Villarcayo), estos tres últimos en Burgos, son de menor tamaño y número de estructuras.

En este proyecto Lecanda ha contado este verano con el apoyo de profesionales, vinculados a la Merindad de Cuesta Urria, como el arqueólogo José Ángel Fernández Carbajal, de Ondare Babesa, o el químico profesor de la Complutense, Juan Antonio Martínez, así como con el fotógrafo Javier Díez Basurto. Pero además, ocho voluntarios han trabajado en las excavaciones después del llamamiento a la colaboración realizado el pasado julio durante la charla que impartió en Mijangos.

El director del proyecto se muestra “muy ilusionado por contar con voluntarios e involucrar a personas del entorno” y también agradecido por el apoyo de la Peña Kilómetro 12 y la Asociación Tesla Viva, así como del Ayuntamiento de la Merindad de Cuesta Urria. En 2022 esperar seguir contando con voluntariado, pero también “obtener una financiación adecuada que nos permitir aumentar la velocidad de trabajo y, sobre todo, poder utilizar métodos y tecnologías que hoy resultan fundamentales para establecer estrategias de trabajo y extraer el máximo de información a los materiales exhumados “.

Las excavaciones también se han centrado en la necrópolis del Escudo, cerca de Urria, donde ya se identificaron el pasado año unas 35 tumbas excavadas en roca y de lajas y ahora se han exhumado restos humanos que, con su datación, servirán para ubicar en el tiempo este espacio. Lecanda ejecutar también este otoño trabajos de prospección en el castillo de Montealegre o de Val, en Urria, en busca del camino de acceso, y en La Yerma, en Quintanalacuesta, donde apareció material romano junto a una casa de campo. Ha elegido estos cuatro enclaves de los catorce yacimientos arqueológicos que atesora la Tesla entre Trespaderne y Villarcayo para investigar si fueron coetáneos o, por el contrario, de épocas diferentes y así estudiar la evolución de los usos humanos.