El 28 de septiembre se presentó en el Ateneo de Santander el libro El patrón de poblamiento en las Loras burgalesas durante el Bronce Final y la primera Edad del Hierro acerca de los castros cántabros del Bronce Final y la primera Edad del Hierro localizados estos últimos años en la comarca burgalesa de Las Loras, al noroeste de esa provincia, enclavados en lo que fue territorio histórico de la Cantabria antigua. Este trabajo ha sido editado por la Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes/Institución Fernán González de la Diputación de Burgos, conformando el cuarto volumen de la denominada Colección Fernán González.

Los coautores son Ignacio Ruiz Vélez, doctor y catedrático de historia y arqueólogo burgalés, miembro de la citada Real Academia Burgense; el doctor y catedrático de Historia y arqueólogo cántabro Ramón Bohigas, director del Instituto de Prehistoria y Arqueología ‘Sautuola’/Institución Cultural de Cantabria (CSIC); y el licenciado en Geografía e Historia, periodista y arqueólogo cántabro Alfonso Bourgon de Izarra, miembro también del Instituto ‘Sautuola’.

El libro recoge una parte de los numerosos hallazgos arqueológicos realizados en el noroeste de la provincia de Burgos durante las campañas de prospección de campo que se vienen realizando sistemáticamente desde 2008 y, en virtud de las características de dichos hallazgos castreños, establece el modelo de poblamiento de los pueblos protohistóricos que habitaron esa zona de frontera que conformó la Cantabria antigua.

Este primer libro recoge sólo una parte de los casi 30 asentamientos castreños ya identificados hasta la fecha, la mayoría pendientes aún de publicar. Pero han aparecido además “interesantes y sorprendentes” vestigios relativos a otros momentos históricos, como las Guerras Cántabras y la Alta Edad Media. Por ello, los tres codirectores de los trabajos explicaron que, en un futuro cercano, tienen intención de abordar otras dos publicaciones que recogerán dichos hallazgos.

«Las evidencias que están apareciendo van a permitir reescribir el conocimiento que se tenía respecto a las primeras fases de la guerra contra los cántabros. Todo apunta a que los grandes castros de Peña Amaya y La Ulaña pudieron tener un importante protagonismo y ofrecer resistencia al avance de las legiones, en contra de lo que se creía», señalaron.

Según explicaron, «el hecho cierto es que el emperador Augusto optó por dirigir personalmente las primeras operaciones en este sector, no contra los ástures y se puso al frente de sus tropas en una primera campaña que resultó un fracaso. Los trabajos que hemos venido realizando nos están permitiendo incluso reconstruir el avance de algunas de las columnas romanas en su penetración por esta parte del frente. A ese increíble nivel de detalle estamos llegando», puntualizaron.

En cuanto a los vestigios medievales, indicaron que «la aparición de los restos de más de una veintena de castillos inéditos, así como un eremitorio y varios despoblados, santuarios y necrópolis, demuestran el gran desconocimiento científico que se tenía respecto a las características del poblamiento en esta zona durante el período que se remonta a los orígenes de la fundación del condado independiente de Castilla».

«Todo apunta a que estos territorios, organizados en alfoces o circunscripciones de carácter militar, estaban fuertemente fortificados y defendidos frente a la cercana amenaza musulmana. La mayor parte de estos castillos roqueros quedaron ya abandonados en torno al siglo XII», añadieron.