La ciudad de Burgos aparece en varias ocasiones en el relato de los Siete Infantes de Lara. La historia, enclavada temporalmente en época del conde de Castilla García Fernández, comienza con las bodas entre Ruy o Rodrigo Velázquez de Lara y una prima del conde, doña Lambra. Los festejos de la boda, según la leyenda, duraron siete semanas y se celebraron en Burgos. Cuenta además como en la vega del río Arlanzón se instaló un tablado donde los caballeros competían lanzando lanzas. Precisamente la alabanza que doña Lambra hizo sobre el buen hacer de un caballero de La Bureba, familiar suyo, fue el detonante de todo el drama de la historia: Gonzalo González, el menor de los siete infantes, se enfrentó al caballero burebano y en el lance acabó con su vida, lo cual fue tomado como una afrenta por doña Lambra.

Tradiciones posteriores sitúan también en Burgos el torreón donde acabó sus días doña Lambra, acosada por Mudarra González. Asimismo, en uno de los claustros de la catedral de Burgos es posible ver el sepulcro que la tradición asoció a Mudarra, el hermanastro de los siete infantes que acabo vengando sus muertes.

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