En el Museo del Retablo localizado en la iglesia de San Esteban de Burgos se expone un raro ejemplar de cruz procesional de época prerrománica, del siglo X. La cruz procede del desaparecido pueblo burgalés de Villorobe, hoy en día situado bajo el embalse de Úzquiza, en el río Arlanzón. Sus terrenos pertenecen hoy en día al municipio de Villasur de Herreros
La pieza es una cruz procesional de tipo patada de 52×47 cm. Su función era ser alzada mediante un asta durante las liturgias y procesiones, sirviendo como estandarte visual de la fe. Está fabricada en latón.
Los brazos se expanden hacia los extremos en curvas cóncavas elegantes, terminando en bordes ligeramente apuntados o decorados con pequeños remates esféricos. En el crucero (la unión de los brazos) destaca una pieza circular que une los brazos con clavos. En su centro hay una gema, seguramente un cristal de roca semiesférico.
Lo más distintivo de esta cruz son los elementos que penden de sus brazos transversales: De los brazos horizontales cuelgan, mediante pequeñas cadenas, las letras griegas Alfa y Omega. Representan a Cristo como el principio y el fin de todas las cosas (Apocalipsis 22:13). Es un motivo iconográfico constante en el arte visigodo y mozárabe (muy similar a la famosa Cruz de los Ángeles de Oviedo).
En la base del brazo inferior, justo encima de la unión con el asta, aparece un relieve de una flor de lis o un pequeño árbol estilizado. Este detalle puede simbolizar la Resurrección y la vida eterna que brota de la cruz.
