Rodrigo desposado con Jimena


Apriessa fazen las cartas, que non lo quieren tardar;
danlas al mensajero, al camino es entrado.
Quando llegó a Bivar, don Diego estava folgando.
Dixo: «Omíllome a vos, señor, ca vos trayo buen mandado:
enbía por vos e por vuestro fijo el buen rey don Fernando;
vedes aquí sus cartas firmadas que vos trayo,
que si Dios quesiere será aína Rodrigo encimado.»
Don Diego cató las cartas, et ovo la color mudado;
sospechó que por la muerte del conde quería el rey matarlo.

XIV

Temor de Diego Laínez

«Oítme — dixo — mi fijo, mientes catedes acae;
témome de aquestas cartas, que andan con falsedat,
et d’esto los reis muy malas costumbres han:
al rey que vos servides, servillo muy sin arte,
assí vos aguardat dél commo de enemigo mortal;
fijo, passat vos para Faro, do vuestro tío Ruy Laínez está.
Et yo iré a la corte, do el buen rey está;
et si por aventura el rey me matare,
vos e vuestros tíos poder me hedes vengar.»
Allí dixo Rodrigo: «Et esso nos sería la verdat:
por lo que vos passaredes, por esso quiero yo passar;
maguer sodes mi padre, quiérovos yo aconsejar:
treçientos cavalleros todos convusco los levat,
a la entrada de Çamora, señor, a mí los dat.»
Essa ora dixo don Diego: «Pues pensemos de andar.»

Rodrigo y los trescientos

Métense a los caminos, para Çamora van;
a la entrada de Çamora, allá do Duero cay,
ármanse los trezientos, e Rodrigo otro tale.
Desque los vio Rodrigo armados, començó de fablar:
«Oítme — dixo — amigos, parientes e vassallos de mi padre:
aguardat vuestro señor sin engaño e sin arte;
si viéredes que el alguazil lo quisiere prender, mucho apriessa lo matat:
¡tan negro día aya el rey commo los otros que aí están!;
non vos pueden dezir traidores por vos al rey matar,
que non somos sus vassallos, nin Dios non lo mande,
que más traidor sería el rey si a mi padre matasse,
por yo matar mi enemigo en buena lid en canpo.»

XV

Irado va contra la corte do está el buen rey don Fernando,
todos dizen: «Ahé el que mató al conde lozano.»
Quando Rodrigo bolvió los ojos todos ivan derramando:
avien muy grant pavor d’él, e muy grande espanto.

Rodrigo rehúsa ser vasallo del rey

Allegó don Diego Laínez al rey bessarle la mano;
quando esto vio Rodrigo non le quisso bessar la mano.
[…] […]
Rodrigo fincó los inojos por le bessar la mano,
el espada traía luenga, el rey fue mal espantado.
A grandes bozes dixo: «Tiratme allá esse pecado.»
Dixo entoçe don Rodrigo, «Querría más un clavo
que vos seades mi señor nin yo vuestro vassallo:
porque vos la bessó mi padre yo soy mal amanzellado.»

Desposorio de Rodrigo y Jimena

Essas oras dixo el rey al conde don Ossorio su amo:
«Dadme vos acá essa donçella: despossaremos este lozano.»
Aún no lo creyó don Diego, tanto estaba espantado.
Salió la donçella, et traéla el conde por la mano;
ella tendió los ojos et a Rodrigo comenzó de catarlo.
Dixo: «Señor, muchas mercedes, ca éste es el conde que yo demando.»
Allí despossavan a doña Ximena Gómez con Rodrigo el Castellano.
Rodrigo respondió muy sañudo contra el rey castellano.
«Señor, vos me despossastes, más a mi pessar que de grado:
mas prométolo a Christus que vos non besse la mano,
nin me vea con ella en yermo nin en poblado,
fasta que venza çinco lides en buena lid en canpo.»
Quando esto oyó el rey fízose maravillado.
Dixo: «Non es éste omne, mas figura ha de pecado.»
Dixo el conde don Ossorio: «Mostrar vos lo he privado:
quando los moros corrieren en Castilla, non le acorra omne nado,
veremos si lo dize de veras, o si lo dize bafando.»
Allí espedieron padre e fijo, al camino fueron entrados:
fuesse para Bivar, a Sant Pedro de Cardeña, por morar ý el verano.