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Fernán González y la Virgen de las Batallas

por Javier Iglesia Aparicio
1 comentario 93 visitas 3 min. de lectura
La Virgen de las Batallas de San Pedro de Arlanza (Museo de Burgos)

Nos dice una de las numerosas leyendas que se crearon en torno a la figura del conde Fernán González en el monasterio de San Pedro de Arlanza, que en el ábside de la Epístola de la iglesia de dicho cenobio estaba la imagen mariana de la Virgen de las Batallas, la cual habría sido donada por el conde.

Esta imagen acompañaba al Buen Conde en sus combates, atada al arnés de su silla de montar, y le proporcionó protección en sus innumerables batallas, contribuyendo a sus victorias.

Sin embargo, la talla misma desmiente la leyenda. La obra no procede del siglo X. Probablemente fue realizada en los talleres de Limoges, hacia 1225-1235. Está elaborada con placas de cobre dorado, adornadas con esmaltes y aplicaciones de gemas.

La Virgen de las Batallas de San Pedro de Arlanza (Museo de Burgos)
La Virgen de las Batallas de San Pedro de Arlanza (Museo de Burgos)

Se trata de una escultura sedente de la Virgen con el niño Jesús en el regazo. El trono en el que se asienta se decora, en sus apoyos laterales, con la escena de la Anunciación en esmalte: a un lado la Virgen y al otro el arcángel San Gabriel. Un hueco en la parte posterior cumplía la función de relicario. Responde al modelo iconográfico de Virgen como sedes sapientiae, es decir, “trono o sede de sabiduría”.

El Niño, que es la figura central y principal que encierra en sí la Sabiduría Sagrada, muestra una actitud de bendecir, lleva el Libro de las Revelaciones y en su corona aparece el símbolo de la Cruz.

Los avatares de la Virgen de las Batallas de San Pedro de Arlanza

La talla se puede contemplar hoy en día en el Museo de Burgos, donde está depositada, aunque pertenece al Museo del Prado. Pero la historia de la talla también merece cierta atención.

Durante la Desamortización, que provocó el abandono del monasterio de Arlanza, fue llevada al Palacio Arzobispal (1836) de Burgos. Pero, sin saberse muy bien cómo, acabó en la colección del deán de la catedral de Sevilla. En 1878 pasó a manos del coleccionista de arte Antonio de Orleáns, duque de Montpensier, quien residía en la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda. Tras su fallecimiento en 1890, la talla pasó a manos de su hijo, también llamado Antonio de Orleáns, duque de Galliera, quien termino por deshacerse de ella y vendérsela al coleccionista francés Aimé Desmottes, con residencia en París y gran coleccionista de arte medieval.

Según el Museo del Prado, actual propietario de la talla, pasó después a manos de la colección de la baronesa Kerchove, con sede en Nueva York. Y allí permaneció unos años pasando por varias colecciones: la de Joseph Brummer, comerciante y coleccionista de arte nacido en Hungría, en la Galería Parke Bernet, donde fue adquirida en 1951 por la colección Paula de Königsberg, recalando la delicada efigie mariana en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Se sabe que en 1955 estaba de vuelta en Nueva York, pero que volvería a cruzar el océano Atlántico para regresar a Europa: así, desde mediados de los 50 y hasta 1971 integró la rica colección Kofler-Truniger, de Lucerna, Suiza.

Otro gran coleccionista de origen húngaro, Edmund de Unger, la adquirió para que formara parte de su colección particular, The Keir Collection, con sede en Londres. En la capital británica estuvo la Virgen de las Batallas hasta 1997, cuando apareció en el catálogo de la Casa de Subastas Sotheby’s de Nueva York con un precio de salida de 350 millones de pesetas. Como en la puja no se alcanzó la cifra que querían los propietarios (en torno a 700 millones de pesetas), el Ministerio de Cultura inició la gestiones para tratar de comprarla y recuperarla. Y así fue. En 1998, la Virgen de las Batallas regresaba a España.

1 comentario

Jesús De Pablo Becerra 06/04/2022 - 16:15

Vaya que tuvieron que batallar para recuperar La Virgen de las batallas.

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