[Ceuta, ¿? – Ceuta, septiembre 1084]
Rey de la taifa de Ceuta (1079-1084)

Hijo de Saqqut Suwwayyat al-Bargawartí rey de la taifa de Ceuta.

Aparece ya en las monedas acuñadas por su padre como heredero en el gobierno de Ceuta: al-Hayib Baha’ al-Dawla al-‘Izz.

Tras la muerte de su padre defendiendo Tánger del ataque de los almorávides, al-‘Izz se hizo cargo del territorio que restaba de la taifa de Ceuta. Al igual que otros reyes taifas, tuvo su pequeña corte de intelectuales.

En el año 476H (1083/84), los almorávides, comandados por Tamim al-Mu’izz, un hijo de Yusuf ben Tasufín, iniciaron un asedio por tierra y por mar de la ciudad de Ceuta. Contaron con la ayuda de naves del rey al-Mu’tamid de Sevilla que bloquearon el abastecimiento por mar.

Los ceutíes no pudieron resistir el bloqueo. Finalmente en safar del 467H (septiembre 1084), los almorávides entraron en la ciudad.

al-‘Izz trató de escapar pero fue capturado junto con su tesoro. Murió a manos de Tamim al-Mu’izz, quien le ejecutó con su espada.

El relato más completo sobre su gobierno así como su semblanza se lo debemos a Ibn Bassan en su Djazira:

Entraron los almorávides en Tánger ese día y pasó la dinastía bargawáti a al-Hayib al-‘Izz ben Suqqut, llama brillante de sus astros y el mejor de sus reyes. Protegió y alentó a los literatos, y con él los poetas se sintieron a gusto y le dedicaron sus panegíricos. Entre los que se alojaron en su casa y recibieron grandes favores, está al-Husri, el Ciego, que encontró junto a él aquello que quita el sueño del vidente y hace olvidar el viático al viajero. al-Hayib alcoholó sus ojos [de al-Husri] con la belleza de su mundo, y desató su campanilla con sus favores y regalos. Facilitaba el camino de los que se acercaban a él, mostrándose muy generoso y otorgando preciosas dádivas.

Pero por otra parte, era un hombre que se valía del mal, desdeñaba las cosas, recaudaba bienes ilícitos y se envalentonaba con el indefenso. Sobre todo en el mar, pues encendió sus olas como un fuego, y convirtió al viento en un huracán que arrebataba a los barcos con violencia, aumentando el temor que produce el mar con su propio espanto; y clamaron por su causa el cielo y la tierra y se dirigieron a él súplicas y quejas. Allah permitió que el Amir al-Muslimin y Násir al-Din, Allah tenga compasión de él, le castigase, y decretó su fin en el momento de su apogeo.

Fue una coincidencia maravillosa que al-Mu’tamid construyese un navío que podía rivalizar con las obras de los reyes, victoriosos desde los tiempos más lejanos. Era un barco muy sólido, amplio de bodega y puente, que parecía sobre las aguas un castillo altivo. El viento sopló a su favor y lo dirigió a la ciudad de Tánger para abastecerse, cuando Allah ya había decretado su suerte.

Cuando el Amir al-Muslimin y Násir al-Din, vieron aquel barco, escribió a al-Mu’tamid hablándole de sus proyectos. Al-Mu’tamid lo pertrechó contra Ceuta como un instrumento de muerte, y fue anclado frente a ella como un muro bien fortificado. El jueves de safar del 476, lanzó el Emir de los musulmanes, para combatir Ceuta, una flota imponente con la que lanzaba proyectiles a sus demonios más rebeldes. Salió a su encuentro al-‘Izz ibn Suqqut con todas sus tropas disponibles, en una flota que desde hacía tiempo había hecho mucho daño a los pueblos y llenado de terror a sus habitantes. Al principio de aquel día aventajó a la flota de los almorávides, hasta apresar un barco de extraordinario valor y lleno de soldados. Allah humilló a al-‘Izz ben Suqqut, que no fue generoso con el que la capturó, y habló de manera tal que se lo reprocharon. Cundió el miedo en el campamento de los almorávides a raíz de la captura de dicha nave, hasta que pensaron en huir y destruyeron algunas tiendas.

El Amir al Muslimin y Násir al-Din montó en cólera, cosa frecuente en él, y esto fue decisivo para la ciudad. La muerte abrió su boca contra Ceuta, y el navío avanzó asomándose a sus murallas y levantando su voz, para su perdición. La situación de Ceuta se hizo desesperada la noche del viernes del mes de safar del citado [año].

al-‘Izz ben Suqqut, con un grupo de sus compañeros, trató de huir por mar intentando embarcar, pero no pudo escapar porque le faltó tiempo y el destino se volvió contra él. Entró en una casa conocida por Dar tanwir, y un grupo de almorávides que lo advirtieron se precipitaron contra él. Tuvo lugar una lucha y un forcejeo violentos, y cuando su situación se hizo muy difícil huyeron sus compañeros. Al-‘Izz, al darse cuenta del peligro, entregó las joyas que tenía a uno de los jefes de su escolta. He tenido noticias de que estas joyas fueron examinadas y se encontraron entre ellas muchas piedras preciosas y alhajas de reyes, entre ellas el sello de Yahya ben Alí Ibn Hammúd.

Cuando amanecía, al-‘Izz ben Suqqut fue sacado de su refugio, y al-Mu’izz, hijo del Emir de los musulmanes – Allah tenga misericordia de él – fue a su encuentro y le pidió sus bienes. Al-‘Izz le contestó: «¿Acaso reuní un capital para el tesorero de tu padre?». Entonces [al-Mu’izz] desenvainó la espada y ejecutó en él el destino de Allah, cuyos designios son inmutables y cuya benevolencia es infinita.


Bibliografía

Vallve, J.: Suqut al-Bargawatí, rey de Ceuta, Al-Andalus, XXVIII (1963), 177-178.