[¿? – Tánger, 1079]

Rey de la taifa de Ceuta y Tánger (1061-1079)

Saqqut era un cautivo de la tribu bargawat (bereberes establecidos en la costa atlántica marroquí entre Salé y Safi) antes de que llegara a la pubertad. Fue adquirido como esclavo por Alí ben Hammud, como señala Ibn Bassam, o bien por Yahya ben Alí ben Hammud, según Ibn Idarí.

Con el tiempo obtuvo la confianza de los hammudíes que gobernaban en la taifa de Málaga, incluyendo esta región de Ceuta y Tánger, llegando a ser gobernador de Ceuta junto a Rizq Allah, posiblemente tras la muerte de al-Naya (1043).

Saqqut acogió brevemente a Idris II de Málaga cuando fue depuesto (1047) y siguió siendo fiel a dicho califa hammudí durante todo su gobierno. Incluso se implicó en su restauración capturando y dando muerte al usurpador Idris III (1053) en Ceuta.

Sin embargo no quiso ayudar al-Qasim ben Muhammad de Algeciras cuando esté se vio sitiado por las tropas sevillanas (1055) y que resultó en el fin de la taifa de Algeciras.

Parece que siguió siendo fiel al último califa hammudí de Málaga, Muhammad II. Pero tras su exilio forzado en el 1057, al ser tomada Málaga por Badis ben Habbus, Saqqut actuó por su cuenta.

Rey taifa de Ceuta y Tánger (1061-1079)

Una vez que el califato hammudí se había extinguido, en el 453H (1061), Saqqut atacó y mató al co-gobernador de Ceuta, Rizq Allah, y se declaró independiente.

Desde el primer momento se rodeó de símbolos de poder califal y adoptó los títulos de al-Mansur y al-Muan.

Acuñó monedas con la ceca de Madinat Sabat (Ceuta) en las que se invoca al califa abbasí al-Qa’im bi-llah ‘Abd Allah (1031-1075) figurando en la primera área de dichas monedas los tres nombres de al-Mansur, al-Mu’an y Suqqut y en la segunda los de al-Hayib Baha’ al-Dawla al-‘Izz, su hijo y heredero.

Dirham del 464H acuñado en Ceuta (Madinat Sabta) por Saqqut.
Dirham del 464H acuñado en Ceuta (Madinat Sabta) por Saqqut. Citando al-Mansur al-Mu’azz Saqqut en la IA. Citando al-Hayib bi-ha al-Dawla, al-‘Izz en la IIA. 3,62 grs.

Intento de conquista por parte de Sevilla (1065)

En 1065 al-Mu’tadid de Sevilla intentó la ocupación de Ceuta por mar con una flota de ochenta barcos. La excusa dada por al-Mu’tadid para justificar la intervención fue que al parecer Saqqut había retenido a comerciantes sevillanos en su territorio apoderándose de sus mercancías.

Saqqut, que efectivamente tenía retenidos a comerciantes sevillanos, se justificó alegando que al-Mu’tadid había secuestrado a uno de sus súbditos con anterioridad.

al-Mu’tadid no tuvo éxito pues la toma por mar de la ciudad era muy complicada. Su privilegiada situación le permitía controlar el estrecho y estaba fuertemente protegida por una sólida muralla con dos arrabales, uno sobre el monte Almina y el otro separado de la ciudad por un foso, flanqueado a su vez por nueve torres defensivas y una muralla.

Fue precisamente el control del estrecho lo que le permitió a Saqqut hacer de Ceuta una ciudad orientada hacia la actividad comercial y sobre todo a la practica de la piratería que supuso la llegada al reino de importantes beneficios, los cuales se materializaron en una vida cultural muy rica ya que el rey se rodeó de poetas y de ilustres alfaquíes, además de embellecer la ciudad dotando a su corte gran esplendor.

A este respecto cuenta el rey Abu-l-Walid ben Yahwar de Córdoba que en un solo día le llegaron, entre varias cartas, una de Ibn Sumadih de Almería pidiendo una esclava que tocara el laúd; otra de Ibn Abbad de Sevilla pidiendo una esclava flautista pero se sorprendía de que fuera Saqqut de Ceuta quien le pidiera un almocrí, es decir, un lector del Corán. Se le envió a un estudioso de Córdoba llamado ‘Awn Allah ben Nuh y el rey de Córdoba se admiraba diciendo:

El ignorante pide un lector y los sabios piden frivolidades

El avance almorávide

Pero Saqqut no era ajeno al peligro que suponían los almorávides para su reino, sobre todo a partir del año 1070, tras la ocupación de gran parte del actual Marruecos y la fundación de Marrakech.

El avance de los almorávides por el norte de África provocó el choque de éstos con los intereses de Saqqut, produciéndose una batalla en la ciudad de Tánger donde el rey de Ceuta perdió la vida en el año 1079.

Su hijo al-‘Izz, quien le sucederá en el trono, logró escapar en el último momento y se refugió en Ceuta.

Muerte y sucesión de Saqqut

Saqqut falleció en el año 1079 mientras defendía Tánger, gobernada por su hijo Diyá’ ad-Dawla, del ataque de Yusuf ben Tashufin, líder de los almorávides.

Tal y como había establecido, fue sucedido en Ceuta por su hijo al-Hayib al-‘Izz ben Saqqut.

Relato de Ibn Bassam

Extracto de la Dzajîra de Ibn Bassân acerca de Saqqut:

Suqut ibn Muhammad, señor de Ceuta, había sido hecho prisionero y vendido como esclavo. Pasó a poder de ‘Ali ibn Hammud en los días turbulentos y confusos de la fitna y destacó en su corte, progresivamente, por su astucia y por su bravura. Fue ascendiendo de categoría, y todos los asuntos importantes de Ceuta marcharon bien gracias a él, de quien llegaron a depender todas las cosas, y al correr el tiempo se hizo famoso y llegó a imponerse por su valentía y su coraje.

Cuando los días de esplendor de la dinastía hammudí llegaron a su fin, Yahya ben Alí, citado anteriormente, entregó las llaves de Ceuta al citado Suqút y lo estableció en la ciudad como pilar y fundamento de ella.

Desde el primer momento se puso a hacer y deshacer, llegando a los más lejanos extremos, y Yahya ben Alí le asoció en el gobierno de Ceuta a otro de sus mawlás llamado Abú-l-‘Itáf, uno de los más valientes guerreros. Ocuparon sus cargos durante los restantes días del reinado de Yahya ben Alí , repartiéndose el poder, hasta su muerte el año 427 como acabamos de citar y referir en su lugar. Cuando la corona hammudí pasó a su hijo Idris ben Yahyá ibn ‘Ali, se encumbró Suqut ibn Muhammad y comenzó a interponerse en su camino, obrando engañosamente y acechándole sin tregua.

Lo primero que hizo fue matar a su infortunado corregente, tendiéndole una emboscada que le causó la muerte inmediata. Esta es una larga historia que no refiero para ser más breve.

Después de esto, Suqut ibn Muhammad alcanzó su plenitud, favoreciéndole el destino, y adoptó desde el principio de su reino los títulos califales de al-Mansur al-Mu’án.

Dice Ibn Hayyán: Una de las cosas curiosas de este período oscuro de la revolución devastadora fue que ésta pasó de la península al otro lado del Estrecho, por donde habían entrado los musulmanes cuando conquistaron esta tierra. La causa de ello fue la continua rivalidad motivada por el recelo del notable e ilustre ‘Abbád, de estirpe gloriosa, y su deseo de dominar a su vecino Suqút, mawlá de Ibn Hammúd, según pretendía, que se había encumbrado desde lo más bajo de su condición de mawlá y esclavo, y, hollando todos los derechos, se elevó a los más altos rangos reales, hasta llamarse al-Mansúr al-Mu’án, reuniendo así dos títulos en una sola persona. Pero el destino cerró los ojos y no se lo tuvo en cuenta.

Cada vez se obstinó más en sus errores y se vio obligado a rivalizar o a querellarse con su vecino ‘Abbad, artífice de la fitna, cuyo afán de venganza le quitaba el sueño.

El motivo de esta rivalidad fue que Abbád detuvo a un comerciante de Ceuta por cierto asunto que lo llevó a su residencia. En represalia Suqút encarceló a varios comerciantes suyos, y por este motivo surgió entre ellos dos, en el año 457, una ruptura que persistió sin tregua, a pesar de que el mar los separaba, y se lanzaron a la lucha abierta, tomando por campo de batalla el mar, donde se perdió mucho dinero y pereció por su causa tanta gente que sería largo de describir, hasta que Abbád consiguió reunir una flota de 80 barcos que había construido y la lanzó contra Ceuta. Salió a su encuentro la flota de Suqút y fue la victoria para Ibn ‘Abbád. Al fin se separaron las flotas después de violentos combates y derramamiento de sangre, y se cortaron las comunicaciones del Estrecho todo el tiempo que duró la lucha, desaprovechando así los beneficios del mar. Terminó lo que resumí de sus palabras.

Dijo Ibn Bassám: Después venció Suqút, de tal modo, que atemorizó a todos y sometió a los reacios y rebeldes, y ocuparon sus tropas la tierra y el mar, alcanzándolo todo y obteniéndolo todo.

Cuando surgió como una estrella entre los Lamtuníes el Amir al-Muslimin y Násir al-Din, Abu Ya’qúb Yusuf Ibn Tashufin, Allah tenga misericordia de él, su estado rodeó las fracciones [reinos, taifas], como rodea el collar el cuello, y penetró en los reinos musulmanes y extranjeros como penetra el remedio en el cuerpo enfermo. Comenzó a imponer la justicia como lluvia benéfica que viene después de la sequía, y se adelantó a sus palabras con la acción, como se adelanta la espada al reproche, y corrieron todos a la muerte, que alcanzó a grandes y pequeños y sometió a próximos y lejanos.

Le tocó el turno a Suqút Ibn Muhammad, y recorrió el -Emir de los musulmanes, Allah tenga misericordia de él, su país para terminar con los chacales zanatas que no le reconocieron y se agruparon en torno a uno de los instigadores de la fitna. Se dirigieron a un lugar llamado ad-Dimna y se abatió sobre ellos el Emir de los musulmanes en el año 471, cerca del territorio de Suqút. Este tuvo la intención de someterse a él y de ir a su encuentro, pero se lo impidieron sus malos consejeros y le hizo desistir su desatinado hijo. Este joven, que prometía mucho y que estaba dotado de una gran inteligencia, según dicen, seguía la senda de la tiranía de nuestros reyes de Taifas, sin darse cuenta de las consecuencias de su conducta. Veía sólo el momento presente, en cualquier caso, sin pensar en el futuro, y no daba importancia a lo que hacía o dejaba de hacer.

El Emir de los musulmanes, al ser rechazada su oferta de paz y ver su hostilidad, encontró el camino despejado para hacerle la guerra, y cuando ocupó ad-Dimna, lanzó contra Suqút todas sus fuerzas y dirigió contra él toda su voluntad y energía. El país obedeció sus órdenes, y en los almimbares se invocaba su nombre. Cuando oyeron los súbditos la llegada de su jefe, corrieron a él como corren los hambrientos al banquete, alegrándose por su causa como se alegra el país con la lluvia.

Suqut ibn Muhammad salió con su impedimenta y sus soldados para defender – según se dice – a sus súbditos y a su país, y juró que sus tambores [de los lamtuníes] no se oirían en su reino. Las tropas del Emir de los musulmanes se encontraban entonces cerca de la ciudad de Tánger y la gobernaba en su nombre su hijo Diyá’ ad-Dawla. Suqút fue al encuentro de las tropas almorávides, cuando estos se lanzaban como torrentes sobre la ciudad y asomaban sobre ella sus banderas y caballerías. Aguantó Suqút dos días, estrechado por la muerte, protegido por la caballería, hasta que fue vencido y expiró víctima de sus lanzas y flechas el día del eclipse total de sol del año citado.

Entraron los almorávides en Tánger ese día y pasó la dinastía bargawati a al-Hayib al-‘Izz ibn Suqut, llama brillante de sus astros y el mejor de sus reyes.


Bibliografía

  • Ibn Idari, al-Bayan al-Mugrib, trad- por Felipe Maíllo Salgado en La caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas, Universidad de Salamanca, 1993.
  • Vallve, J.: Suqut al-Bargawatí, rey de Ceuta, Al-Andalus, XXVIII (1963), 177-178.