[Beja (Portugal), 431H/nov-dic. 1039 – Agmat (Marruecos), 488H/13 octubre 1095]
Poeta y último rey de la taifa de Sevilla (1069-1091)

Su nombre completo era Abu l-Qasim Muhammad ben ‘Abbad ben Muḥammad ben Ismail ben ‘Abbad. En árabe أبو القاسم المعتمد على الله محمد بن عبَّاد

Hijo de al-Mu’tadid y perteneciente a la dinastía de los abbadíes o Banu Abbad, de origen árabe yemení.

Sello conmemorativo de al-Mu'tamid
Sello conmemorativo de al-Mu’tamid

Colaboró en el gobierno de su padre. Fue valí de de Santa María del Algarve, tras derrotar a Muhammad ben Said en torno al 1057, y de Silves tras conquistar el territorio a Isa III en torno al 1063.

Fue nombrado heredero por su padre, desde 1063, que le destacó así sobre sus numerosos hermanos. Le hizo venir entonces de Silves, para que residiera en Sevilla, otorgándole el título de hayib o chambelán, además de designarle heredero, en lugar de Ismail, otro de sus hijos al que al-Mu’tadid acababa de ejecutar por rebelión.

al-Mu’tamid

Participó en el intento de conquista de Málaga, en manos de la taifa de Granada, en el 1065 aunque fracasó en el empeño.

Las gentes de Málaga habían aconsejado a los dos hijos de al-Mu’tadid, cuando se quedaron solos en la ciudad y la campiña, enviar espías, corromper opiniones y asegurar las fortalezas y los castillos de sus alrededores; pero ambos se descuidaron y los negros magrebíes pidieron socorro a su emir Badis, que los animó con el enardecimiento de su altanería y los encendió con las chispas de su fuego; entonces fueron sorprendidos los dos hijos de al-Mu’tadid por la llamada a la yihad y el ruido de los corceles. Y no veías a los abbadíes sino prisioneros y muertos, o asustados que no encontraban el camino de la huida. Se llenaron las manos de los partidarios de Badis de armas y de cabalgaduras, y se pavonearon entre la elección de las ropas y la suntuosidad de los enseres.

Los dos hijos de ‘Abbad buscaron refugio en Ronda, cuando ya se habían hundido en su ignominia y se calentaron a su fuego, y vieron la cara de la muerte en el fulgor de sus lanzas y sus cuchillos.

Ibn Idarí en al-Bayan al-Mugrib, trad. por Felipe Maíllo Salgado en La caída del califato de Córdoba y los reyes de taifas, pág. 227-228.

Cuenta también que al-Mu’tamid, que en ese momento tenía el título de az-Zafir, escribió una serie de poesías implorando la benevolencia de su padre. Éste les perdonó a su llegada a Sevilla.

A la muerte de al-Mu’tadid, el 27 de febrero de 1069, al-Mu’tamid accedió al gobierno de la extensa taifa de Sevilla.

Conquista de Córdoba y rivalidad con Toledo

al-Mu’tamid recibió un extenso territorio compuesto, además de por la propia taifa de Sevilla, de las taifas de Mértola, Niebla, Huelva, Santa María del Algarve, Silves, Algeciras, Ronda, Morón, Carmona y Arcos.

Adoptó varios sobrenombres: al-Mu’tamid al-Allah (el Sustentado en Dios); az-Zafir bi-hawl Allah (el Victorioso por la potestad de Dios); al-Mu’ayyad bi-nasr Allah (el Sostenido por la ayuda de Dios).

al-Mu’tamid continuó ampliando sus territorios. Logró hacerse con el control de Córdoba en el 1070 tras la petición de ayuda Ibn Yahwar a Sevilla y a Toledo

Entonces ‘Abd al-Malik ben Yahwar tuvo necesidad de pedir socorro al al-Mu’tamid, a consecuencia de la desunión de los que tenía consigo y de su incapacidad en [resolver] lo que se le había confiado [respecto] del gobierno de Córdoba. Lo socorrió al-Mu’tamid con la muchedumbre de sus ejércitos a las órdenes de sus mayores caídes. Los hizo preceder con sus propósitos y les trazó la vía de sus fines y ganancias. Llegaron, pues, a Córdoba y se instalaron en el Arrabal de Levante, y permanecieron en él varios días organizando su defensa. Sus espías acudían en tropel al lado de él, mientras [los sevillanos] se abstenían de [tocar] las cosechas de la ciudad, y sus bocas [las de los cordobeses] eran atraídas hacia él [hacia al-Mu’tamid].

Ibn Idarí en al-Bayan al-Mugrib, trad. por Felipe Maíllo Salgado en La caída del califato de Córdoba y los reyes de taifas.

Una vez pacificada la ciudad sobre todo por los toledanos, éstos se retiraron y los enemigos de Ibn Yahwar confabularon para deponerlo y dar el poder al rey de Sevilla. Los cabecillas fueron los caídes Jalaf ben Nayah y Muhammad ben Martin.

[Los sevillanos] aparecieron al atardecer del domingo datado en orden de marcha. Enseguida los dos caídes encargaron de la puerta a quien la guardase y se apresuraron a avanzar con la tropa y la plebe hacia la casa de ‘Abd al-Malik ben Yahwar. Él, entonces, y su pequeño séquito se emplazaron en lo alto de una algorfa de su casa. los soldados se agolparon contra ellos, pues venían de todas partes. Llegaron a su casa por el tejado contiguo a ella, desde la cual bajaron a su patio, y, así, un tropel de gente llenó la casa, [tanto] la parte más alta como la parte más baja, como [si estuviera] cubierta de langosta; entonces la plebe procedió al pillaje.

Ibn Idarí en al-Bayan al-Mugrib, trad. por Felipe Maíllo Salgado en La caída del califato de Córdoba y los reyes de taifas.

Finalmente, cuando llegó al-Mu’tamid a la ciudad, ordenó que todos los Banu Yahwar fueran confinados a la isla de Saltés. Nombró gobernador a su hijo, el hayib ‘Abbad Siray al-Dawla, secundado por los caídes Muhammad ben Martin y Jalaf ben Nayah.

Pero el dominio no era estable porque chocaba con las ambiciones de la vecina taifa de Toledo. En 1075 el caíd Hakam ben Ukkasa se alzó en favor de al-Ma’mún de Toledo. Sevilla perdió Córdoba y al-Mu’tamid perdió a su hijo.

Siendo ya rey de Toledo al-Qadir, al-Mu’tamid volvió a recuperar Córdoba en torno al 1078 donde puso de gobernador a otro de sus hijos, al-Fath, quien morirá allí defendiéndola frente a los almorávides en marzo del 1091.

al-Mu’tamid aprovecho la inestabilidad en el reino toledano para ganarle territorios entre los ríos Guadalquivir y Guadiana, por las actuales provincias de Ciudad real e incluso Cuenca.

Ibn ‘Ammar y la conquista de Murcia

Durante su época de gobierno en Silves al-Mu’tamid entabló amistad con Ibn ‘Ammar, que acabó siendo su visir. Gracias a su intervención, en colaboración con Ibn Rashiq, depusieron a Abu ‘Abd al-Rahman ben Ahmad ben Ishaq ben Tahir de Murcia, taifa que cayó en manos de la taifa de Sevilla en el 1078.

La taifa de Sevilla alcanza su cima en a fines de la década de los setenta del siglo XI. Como nota curiosa, se conserva una inscripción que conmemora la reconstrucción de alminar de la aljama de Sevilla tras un terremoto. Es del año 472H/1079 y es ordena por I’timada, esposa de al-Mu’tamid.

Inscripción conmemorativa de la reconstrucción del alminar de la aljama de Sevilla (1079)
Inscripción conmemorativa de la reconstrucción del alminar de la aljama de Sevilla (1079)

Baslama, tasliyya. Ha ordenado al-Mu´tamid ´ala Allah, al-Mu´ayyad bi-nasri Allah, Abu-l-Qasim Muhammad, hijo de ´Abbad – ¡que Allah preste ayuda continua a su imperio y contribuya a su fuerte victoria! – la construcción de la parte más elevada de este alminar – ¡que nunca se interrumpa en él la invocación islámica! – cuando acababa de ser derribado por un gran número de sacudidas sísmicas que tuvieron lugar la víspera del domingo, al comienzo de rabí I del año 472 (1º Septiembre de 1079). Y esto se terminó, por el poderío y la asistencia de Allah, al finalizar el mismo mes. ¡Que Allah se digne aceptar por esta obra sus ocupaciones generosas del rey y le colme de sus favores construyéndole, por cada piedra que ha empleado, un palacio, en su paraíso, por su gracia y su bondad!

Sin embargo, en este momento al-Mu’tamid sufrió un gran desengaño: la traición de amigo Ibn ‘Ammar. Una vez conquistada la taifa de Murcia, Ibn Ammar fue nombrado gobernador, pero poco después conspiró para independizarse de la taifa de Sevilla. Descubiertas sus pretensiones, tuvo que huir de Murcia. Refugiado en Zaragoza, intentó ayudar a los tuyibíes en una expedición contra la fortaleza de Segura, pero finalmente fue hecho prisionero y entregado a al-Mu’tamid, quien, a pesar de los lazos de amistad que durante mucho tiempo les habían unido, le mató con sus propias manos.

Conflicto con Granada y la presión cristiana

A comienzo de los ochenta Sevilla se encuentra en permanente conflicto con ‘Abd Allah de Granada, quien encabeza el partido bereber y que en sus Memorias expresa claramente la hostilidad entre él y al-Mu’tamid de Sevilla. En esta lucha participa Alfonso VI, que en 1080 ayudó al rey sevillano en su frustrado intento de anexionarse Granada.

La presión cristiana sobre las taifas era cada vez más dura exigiendo mayores parias para evitar así expediciones militares. La taifa de Sevilla había comenzado a pagar parias al reino de León. En el 1082 el encargado de recibirlas fue, ni más ni menos, que Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. Fue recibido por al-Mu’tamid y, al poco, tuvo que ayudar al rey sevillano ante una intervención el rey de Granada apoyado por mercenarios aragoneses y barceloneses.

En el 1084/85 el rey Alfonso VI de León y Castilla realizó una algarada por el Aljarafe, sitió Sevilla durante tres días y llegó incluso hasta Tarifa. Poco después Toledo cayó en manos de Alfonso VI con lo que sus dominios ya eran fronterizos con los sevillanos.

Los principales reyes de taifas, y entre ellos al-Mu’tamid, decidieron pedir ayuda al emir almorávide Yusuf ben Tashufín, en situación que una crónica del siglo XIV, al-Hulal al-Mawshiyya del granadino Ibn Simak, sin ocultar el fondo real de lo ocurrido, recrea así:

Estando a solas [al-Mu’tamid] con su hijo y presunto heredero Abu l-Hasan ‘Ubayd Allah al-Rashid, le dijo: ‘Ubayd Allah, somos extraños en este al-Andalus, entre un Mar tenebroso y un enemigo malvado, no tenemos quien nos valga y ayude sino Dios, ensalzado sea, pues nuestros compañeros y vecinos, los [otros] reyes de al-Andalus, de nada nos sirven, ni ayuda ni defensa ninguna puede esperarse de ellos….
Ahí tienes a ese maldito Alfonso [VI], que ha cogido Toledo de manos de Ibn Di-l-Nun, [cuya familia] lo tenía desde hacía setenta y siete años, trocándose en morada de infieles, y ahora torna su cabeza hacia nosotros, y, si nos asedia con sus tropas, no se partirá hasta tomar Sevilla. Por esto, nos parece conveniente enviar una embajada a este sahariano [emir almorávide] rey del Magreb, invitándole a venir a defendernos de ese perro maldito, pues nosotros solos no podemos. Nuestras parias se han desperdiciado, nuestros soldados desaparecido y nos odian tanto las clases poderosas como el vulgo’.
Al-Rashd le respondió: ‘Padre, ¿vas a introducir a introducir contra nosotros, en nuestro al-Andalus, a quien robe nuestro reino y nos disperse?’. Y [al-Mu’tamid] contestó: ‘Hijo mío, por Dios que no ha de oírse decir de mí, jamás, que yo convertí al-Andalus en morada de infieles ni se la dejé a los cristianos, para que no se me maldiga desde los almimbares del Islam, como ocurre con otros. Por Dios, prefiero cuidar camellos [en África] que cerdos [en Castilla]”.

al-Mu’tamid fue uno de los más interesados en la intervención almorávide. Parece que ya había colaborado con los almorávides para tomar Ceuta de manos de al-‘Izz ben Saquut en el 1083/84.

La primera intervención almorávide y la batalla de Sagrajas

Yusuf ben Tashufín, solicitó de al-Mu’tamid Algeciras, para cruzar e instalarse allí con su ejército, al que se unieron de forma destacada los reyes de las taifas de Granada, Almería, Sevilla y Badajoz, con tropas, y avanzaron, encontrándose frente a Alfonso VI al norte de Badajoz, en la batalla de Sagrajas o Zallaqa, el viernes 12 rayab 479 H./23 de octubre de 1086.

al-Mu’tamid de Sevilla recibió la primera acometida castellana, y ya flaqueaba cuando fue auxiliado por almorávides al mando de Dawud ben ‘A’isha. Ibn al-Kardabús narra la acción del rey sevillano en dicha batalla, con una curiosa noticia sobre el uso del astrolabio:

El Emir de los Muslimes puso su real frente al enemigo, en tanto que Ibn ‘Abbad y los re´gulos de al-Andalus acamparon detrás de él. Entonces Ibn ‘Abbad alzó el astrolabio y observó el horóscopo del real del Emir de los Muslimes y dijo: “Ese es un aposentamiento funesto”. Como consecuencia, cuando fue la noche del viernes, el Emir de los Muslimes levantó el campo y acampó entre dos montañas. Al-Mu’tamid tomó entonces el horóscopo del aposentamiento en que estaba él (Yusuf) y dijo: “Jamás he visto [un sitio] más propicio que ese lugar de acampamiento al que él ha bajado”.
Cuando fue el alba de la noche del viernes, el Maldito (Alfonso VI) envió delante sus escuadrones, reunió alrededor suyo los flancos [del ejército] y se dirigió en dirección del campamento de al-Mu’tamid y de los régulos de al-Andalus -porque creía que era el campamento del Emir de los Muslimes- y aquéllos no se dieron cuenta de ellos sino cuando sus espadas entraron en sus cuellos y sus lanzas bebieron en su sangre, entonces la gente emprendió la huida a modo de las cabras montesas por aquellas montañas y llanura. Al-Mu’tamid como el pardo león, sin embargo, los detuvo y los acorneó con las astas en una lucha a cornadas, manteniéndose firme con la impertubabilidad y la solidez de la alta montaña, hasta que se cubrió de heridas.

Ibn al-Kardabus: Historia de al-Andalus, trad. por Felipe Maíllo Salgado, pág. 118

La contracarga almorávide, dirigida por el propio emir Yusuf, decidió la victoria.

Yusuf volvió a Sevilla con al-Mu’tamid, y allí pasaron unos días de descanso. Yusuf retornó al Magreb pero dejó unos tres mil soldados a al-Mu’tamid, quien los usó en disensiones internas, pues atacó a Ibn Rashiq de Murcia, reticente en reconocerle por soberano. Pero un contingente cristiano les salió al paso, y derrotó a Yazid al-Radí, tercer hijo de al-Mu’tamid.

La incapacidad política, militar y económica de los andalusíes, entonces, se manifestó además en que algunas taifas, entre ellas Sevilla, volvieron a tratar con Alfonso VI, que ahora atacaba a al-Mu’tamid por la zona de Aledo.

Segunda intervención almorávide

Así que, en 1089, regresó el emir almorávide, aunque esta vez fracasó en recuperar aquel castillo de Aledo, por culpa principal de las disensiones entre los reyes de taifas. Enseguida, Yusuf ben Tashufín decidió acabar con aquella situación, apoderándose de las taifas.

Comenzó por la de Granada, en septiembre de 1090; un mes después los almorávides tomaron Málaga: sus respectivos reyes, que eran sinhaya como los almorávides, fueron desterrados al Magreb, adonde regresó también el emir almorávide, dejando a su sobrino Sir ben Abí Bakr al frente de sus nuevos territorios y de los siguientes proyectos de conquista.

Conquista de Sevilla por los almorávides y exilio

Pronto le llegó su turno a las tierras de la taifa de Sevilla. Los almorávides comenzaron por apoderarse de Tarifa, en diciembre de 1090, y, a las órdenes del caíd Sir ben Abi Bakr atravesaron la cuenca del Guadalquivir, para comenzar el asedio de Sevilla desde mayo de 1091.

Sir entró por la fuerza, tras haber mantenido tratos con algunos sevillanos. Así nos los cuenta Ibn Kardabús:

El Emir entonces envió a Sir ben Abi Bakr a Sevilla para deponer a al-Mu’tamid ben Abbad, ordenándole que matase a quien del pueblo o de las tropas con él combatiese. No obstante, también se ha dicho que el Emir de los Muslimes no ordenó la deposición de al-Mu’tamid -pues le había jurado que no le traicionaría ni le depondría- sino después que se reunieron con él los alfaquíes, cadíes, notables y nobles de Sevilla. Estos principales le dijeron: “No permitas que se les obedezca ni legalices su gobierno, porque ellos son prevaricadores e inmorales. ¡Arráncalos, pues, de nosotros!”
Entonces él les dijo: “¿Cómo será lícito para mí eso, cuando estoy sujeto a ellos y les he prometido su mantenimiento?” Ellos le dijeron: “Si habían pactado contigo, he aquí que ellos ya te han contradicho, pues enviaron un mensaje a Alfonso [comunicándole] que ellos estarían junto a él contra ti, a fin de hacerte caer en sus manos, por cuanto el poder de ellos le pertenece (a Alfonso). Emprende, pues, contra ellos su total destitución que nosotros somos los que rendiremos cuentas a Dios. Y, si somos culpables, nosotros seremos los castigados, no tú. Ciertamente si tú los dejas -y tú tienes poder sobre ellos- devolverán el resto del país de los musulmanes a los cristianos y has de ser tú el responsable ante Dios Altísimo”.
En este punto [Yusuf] decidió la destitución de todos ellos. El emir Sir atacó Sevilla, la sitió y destronó a Ibn ‘Abbad de ella.

Ibn al-Kardabus: Historia de al-Andalus, tard. Felipe Maíllo Salgado, pp. 132-133.

Parece que los almorávides no ofrecieron tanta colaboración a los almorávides como dice el anterior texto. ‘Abd Allah de Granada en sus Memorias expone que:

No se respetó la inviolabilidad de los hogares, por la violencia incontenible de las tropas [almorávides] que habían soportado tanta resistencia [sevillana] alrededor de su rey. Sir estaba tan impresionado del ardor [de los sevillanos] en los combates, que exclamaba: “¡Si hubiese atacado una ciudad cristiana, no hubiese hallado tanta resistencia!”.

‘Abd Allah de Granada: Memorias

El 7 o el 9 de septiembre de 1091 C. /20 o 22 rayab 484 H., ocuparon Sevilla los almorávides, apresando a al-Mu’tamid y a su mermada familia, pues parte de sus hijos había caído o caería luchando, allí o en otras plazas, frente a los magrebíes.

Yusuf ben Tashufín, tras consultar con los alfaquíes, como siempre, decidió desterrar al norte de África al rey de Sevilla, con sus más próximos allegados.

Recluido en Agmat, cerca de Marrakech, murió este rey poeta, cuatro años después de perder Sevilla.

El visir y polígrafo granadino Ibn al-Jatib visitó el sepulcro de al-Mu’tamid tres siglos después, y sobre la prueba sufrida por el rey sevillano dejó escrito:

Se le desterró, encadenado, desposeído de poder y privado de reino, tras ocurrirle tragedias […] establecióse en Agmat, ganando su sustento del trabajo de rueca de sus hijas. Calamidades de todos sabidas ocurriéronle, que oírlas lleva a despreciar otros reveses de fortuna y cualquier suceso. En Agmat murió su querida esposa [Rumaykiyya], por cuyo duelo, como también en epitafio de sí mismo, sobre sus votos por reunirse prontamente con ella, evocando su primer encuentro, su vida y los reveses padecidos, compuso versos que el corazón conmueven, el alma parten y consuelan de las pérdidas que en el mundo se sufren.

Traducido por E. García Gómez, en El supuesto sepulcro de Mu’tamid de Sevilla en Agmat.
Túmulo de al-Mu'tamid en Agmat (Marruecos)
Túmulo de al-Mu’tamid en Agmat (Marruecos)

El mausoleo actual se construyó en 1970, ya que hasta la fecha las tumbas estaban en ruinas, como toda la vieja ciudad de Agmat. El lugar se conoce como la tumba del forastero (qabr al-garib) debido al epitafio que el mismo rey poeta escribió y que empieza:

Tumba de forastero, que la llovizna vespertina y la matinal te rieguen, porque has conquistado los restos de Ibn ‘Abbad.

Matrimonio y descendencia

Durante su gobierno en Silves conoció a la esclava Rumaykiyya, con la que casó, dándole el nombre de I’timad, derivado del de Mu’tamid, y el título de Gran Señora (al-Sayyida al-kubrà). Rumaykiyya también sobresalió por su faceta lírica.

Ambos tuvieron al emnso los siguientes hijos:

  • ‘Abbad Siray al-Dawla, gobernador de Córdoba hasta que fue asesinado en la rebelión del 1075.
  • Abu Nasr al-Fath al-Ma’mun, gobernador de Córdoba entre los años 1078 y 1091. Murió en marzo del 1091 defendiéndola frente a los almorávides. Estaba casado con la famosa Zaida, quien luego fue concubina de Alfonso VI.
  • Yazid al-Radi. Fue derrotado por los cristianos en 1080 cuando iba a castigar la sublevación de Murcia. Falleció defendiendo Ronda frente a los almorávides en el 1091.

El rey poeta

La personalidad de al-Mu’tamid es unánimemente encomiada por las fuentes textuales, redactadas por literatos y secretarios. Era un hombre muy culto y apasionado por la poesía.

al-Mu’tamid se rodeó de literatos, especialmente de poetas, a los que recompensaba espléndidamente, por ejemplo con 3.000 dirhemes al poeta ‘Abd al-Jalil al-Mursi. A Sevilla acudían de todas partes, también de Sicilia, y allí brillaron, entre muchos otros: Ibn Zaydun (muerto en 1070), nombrado visir, como su hijo Abu Bakr ibn Zaydun (desde 1085 a 1091), que sustituyó en el cargo al gran poeta Ibn ‘Ammār de Silves. El cronista al-Marrakusí señaló, con cierta ironía, que al-Mu’tamid de Sevilla solo a los literatos nombraba visires.

Monumento a al-Mu'tamid en Sevilla
Monumento a al-Mu’tamid en Sevilla

al-Mu’tamid compuso numerosas y admiradas poesías clásicas y moaxajas, que fueron reunidas en un Diwan, no conservado directamente, aunque sus versos y también los de su padre al-Mu’tadid fueron incluidos en el manuscrito del Diwan de Ibn Zaydūn, como también sus poesías fueron recogidas por numerosas antologías y varias fuentes.

Cultivó los géneros poéticos habituales, destacando sus panegíricos y su capacidad descriptiva, pero más sentimental que sensual sus poemas amorosos son en general medianos. En los cuarenta poemas que compuso en su exilio, supo pulsar las emociones, a la vez que amplía una de sus características formales más interesantes, como es su capacidad constructiva de la casida, con versos entre sí más conectados que lo que suele darse en la poesía árabe clásica.

Un ejemplo son estos fragmentos de una poesía en metro basil que envió a su padre tras su derrota en Málaga:

¡Sosiega tu corazón, no te lleven las [malas] ideas!
¿por qué ha de retornar a ti la tristeza y el cuidado?
Si es el destino el que ha impedido alcanzar un objetivo,
no hay rechazo posible a lo que trae el hado.
Y si es un solo fracaso, debido a la suerte.
¡Cuántas veces has guerreado y la victoria ha sido uno de tus adeptos!
Me han gastado las desgracias que tú conoces,
y el camino de mis esperanzas se ha convertido con ellas en pesar.
He cambiado el color y no por enfermedad del cuerpo;
ha encanecido [mi] cabeza y no me ha llegado la vejez.
No ha cometido tu esclavo falta por la que merezca
reproche, y en cuanto se presente a ti se disculpará.
No ha habido falta sino unas gentes llenas de falsedad,
que el cumplimiento de tu pacto traicionan.
No he dado nada de mi tiempo a cosas en las que me deleite,
pues no soporto ni [la] copa ni [la] música.
No me dominó la coquetería ni la timidez,
ni cautivaron mi pensamiento los melindres ni los guiños.
Tu favor es la tranquilidad de mi alma ¡qué no me falte!
pues él es el instrumento con que se humilla a la adversidad.
Él es el vino con que me consuelo, y, si
me falta, los pensamientos se burlan de mi corazón.

Monedas de al-Mu’tamid

Las acuñaciones de los abbadíes destacan por su calidad y cantidad. Entre todas ellas destacan las amonedaciones de oro, planteándose que los abaddíes fueron los reales abastecedores de oro de al-Andalus gracias a sus vínculos con los almorávides, quienes controlaban la ruta del oro africana.

Valor: Dinar Ceca: Medina de Sevilla Al Mutamid Reino Taifa de Sevilla Año: 474H. (1081 d.C.) Diámetro máx: 28,07 mm Oro Peso: 3,95 g
Dinar de oro de al-Mu’tamid del año 474H (1081)

Los alcázares de Sevilla

Los abbadíes, y sobre todo al-Mu’tamid, embellecieron Sevilla con varias construcciones, y sobre todo con palacios. Estos palacios taifas sevillanos fueron rehechos por los siguientes dominadores de Sevilla, y sobre todo por los almohades, que sobre ellos alzaron sus propios espacios palatinos.

Restos del Palacio de Al-Mutamid en un inmueble del Patio de Banderas
Restos del Palacio de Al-Mutamid en un inmueble del Patio de Banderas

De estos alcázares de época de al-Mu’tamid tenemos conocimiento gracias a las propias poesías de al-Mu’tamid. Estos son los que cita:

  • al-Qasr al-Mubarak (el Alcázar Bendito), el edificio más citado, localizado con seguridad en el interior del recinto I del Alcázar. El Alcázar bendito constituyó el núcleo sobre el que se desarrollará el actual Alcázar de Sevilla. Construido por al-Mu’tadid, en su entorno se debían de encontrar el palacio de al-Mukarran (el venerado) y también la Dar al-Imara (la casa del gobierno) o al-Qasr al-Qadim (alcazar antiguo). Contaba con una alberca que tenía un surtidor de plata con forma de elefante que expulsaba el agua por la trompa. Dentro de él son muy escasos los rastros del que fuera palacio de al-Mu’tamid.
  • Al-Turayya (las Pléyades). Al-Turayya ocupaba el corazón de al-Mubarak y debería su nombre a una espléndida cúpula que cubría su pabellón central.
  • al-Qasr o Hisn al-Zahir (el Alcázar brillante o floreciente), se encontraba extramuros, construido entre alamedas y olivares en la orilla del río. Fue el palacio preferido de al-Mu’tamid. Tenía un salón superior con una cúpula llamada Sa’d al Su’ud (la felicidad suprema) que se asomaba a otra finca de recreo llamada al-Qasr al-Zahi (el radiante). Fue arruinado por los asaltantes almorávides, y luego el Califa almohade al-Mansur, alzaría allí, a finales del siglo XII, sus aposentos magníficos denominados de Aznalfarache.
  • al-Wahid (el único).

El poeta cortesano Ibn al-Labbana, cuando su rey abandonaba Sevilla para siempre, escribió:

Lloraba‘el Alcázar bendito, / mientras al-Mu’tamid partía en exilio. / Lloraba, pues se iban gacelas y leones. / Lloraba el Alcázar de las Pléyades, / ¡Ay, si Dios conservara sus fulgores!… / Sollozan los alcázares Único y Brillante, / mientras el Guadalquivir y el Aljarafe / soportan aquella ignominia patente.

En una intervención realizada en los años 1997 y 1998 en el Patio de la Montería se encontraron restos de un palacio de época taifa. Entre los restos, una gruesa placa de mármol que contiene la inscripción de al-Mu’tamid.

En 2018 se anunció que los restos hallados en la casa número 8, junto al Palacio del Yeso, son la residencia de Al-Mutamid. Y otro en un sótano de la Hiniesta.

Zócalo decorado con pinturas al fresco del periodo abadí.
Zócalo decorado con pinturas al fresco del periodo abadí hallados en el sótano de Hiniesta

Biblografía