La batalla de las Conchas de Arganzón acaeció entre los meses de septiembre y octubre del año 801. Ejército cordobés de al-Hakam I intentó cruzar el paso de las Conchas de Arganzón, en el actual término municipal de La Puebla de Arganzón (Burgos).

Los cordobeses estaban comandados por Muawiya ibn al-Hakam, hijo del emir Al-Hakam I. Tras cruzar el río Ebro, atacaron Al-Qilá (Castilla) y Álava. Cuando se disponían, siguiendo el río Zadorra, a pasar por el desfiladero de las Conchas de Arganzón, fueron sorprendidos en una emboscada. Así describe la batalla de las Conchas de Arganzón la crónica musulmana Al-Muqtabis II:

“En este año, concluida la guerra con su tío Sulayman, el emir Al-Hakam envió una aceifa contra el territorio enemigo, al que Dios quiebre, confiada al mando de su hermano Muawiyah, hijo del emir Hisam, el cual se dirigió al país de Álava y los Castillos. Su ejército sufrió un revés en el puerto de Arganzón en el mes de ramadán (septiembre-octubre 801) de este año, perdiendo alguna gente principal, como Mansur, el eunuco siciliano, Dulqarnayn, Ibn Al-Hawlani, Imruulqays ben Haywah, Abdus ben Assamh y otros; Muawiyah regresó con el ejército a Córdoba muy afectado por la suerte de éste, muriendo allí a los sesenta y dos días de su llegada, en el correspondiente mes de dulqadah (noviembre-diciembre 801).”

Atención: Algunas páginas web ofrecen una información adicional que no está basada en ninguna fuente histórica. Lo que viene a continuación está copiado de la Auñamendi Entziklopedia, en concreto del Fondo Bernardo Estornés Lasa:

[…] Los árabes penetran profundamente hasta llegar al estrecho de Arganzón donde son atrapados en una gran emboscada tendida por los vascos unidos de aquellas regiones. No sabemos exactamente qué fuerzas mandaba el caudillo vascón Belasko, pero deberían ser, además de las suyas propias, las de Ximeno, los pamploneses y quizás contingentes enviados por el duque Lupo Sancio.[…]

De una forma muy sencilla ya tenemos unidos frente a un mismo enemigo a los vascos de Euskadi, de Navarra y del País Vasco francés. Así es como se forman los mitos históricos, con invenciones sin fundamento que luego son reproducidas y copiadas por otros medios afines.