Portada » Blog » Breve crónica del año 728 – Era hispánica 766

Breve crónica del año 728 – Era hispánica 766

por Javier Iglesia Aparicio
0 comentarios 11 visitas 9 min. de lectura
Breve crónica hispana del 728

Sea bienvenido el alma curiosa y el lector diligente a este resumen de las mudanzas y hechos de armas que han acaecido en el mundo desde que el sol iniciara su curso en este año de la Encarnación de nuestro Señor de setecientos y veintiocho, que en el cómputo de nuestra Era Hispánica, la de César, se asienta en el año setecientos sesenta y seis.

Quien esto escribe, humilde servidor de la historia y observador de los designios divinos que rigen el destino de los reinos, se dispone a fijar en el pergamino la memoria de un tiempo donde la antigua unidad de la monarquía de los godos parece ya un eco lejano, sepultado bajo el ímpetu de los ismaelitas, mientras en los confines de la tierra se gestan nuevas potestades. En estos días finales del año, cuando el frío aprieta en las montañas de la Asturia y los vientos del desierto barren las calzadas de la Bética, es menester analizar con rigor y sabiduría lo que la Providencia ha permitido que suceda, sin pretender conocer lo que está por venir, pues solo a Dios pertenece el secreto del mañana.

Con la noticia fresca traída por los mercaderes, los clérigos que cruzan los puertos y los mensajeros que recorren las antiguas calzadas romanas, se ofrece aquí este testimonio de la vida de los hombres en el año que ahora fenece.


Brevis rerum gestarum summarium

El año que hoy concluye ha sido testigo de una inusual época de sosiego en la administración de las tierras de al-Ándalus, bajo el gobierno del valí Yahya b. Salama al-Kalbí. En el septentrión de nuestra península, el caudillo Pelayo, cuya fama crece entre los cristianos que no han doblado la cerviz, continúa consolidando su autoridad en los riscos de la Asturia, aprovechando el desvío de las huestes invasoras hacia otras fronteras.

Más allá de los Pirineos, en el corazón del reino de los francos, el mayordomo Carlos, a quien ya llaman Martel por la contundencia de sus golpes, ha impuesto su ley sobre los rebeldes neustrianos y los feroces bávaros, unificando de facto el poder que los reyes merovingios ya no son capaces de sostener.


Annales rerum gestarum Era DCCLXIV

Un año de sosiego en Spania

Ha sido un año realmente tranquilo en esta tierras hispanas. Yaḥyà b. Salama al-Kalbī, valí de al-Ándalus, ha continuado su labor, encomendada por el califa Hisham, de suavizar las cargas fiscales a cristianos y judíos y de perseguir a aquellos musulmanes que se habían apropiado injustamente de bienes y propiedades.

Mientras tanto, otro año, persiste la rebelión en las montañas del norte al mando de Pelayo. Pero no ha habido ningún enfrentamiento digno de ser registrado

Carlos Martel y la unidad de la Galia

Más allá de los montes Pirineos, en las tierras que hoy son el dominio de los francos, un hombre acapara toda la atención. Carlos, hijo de Pipino y mayordomo de palacio, ha demostrado en este año de setecientos y veintiocho por qué el apelativo de Martel, “Martillo”, le encaja como anillo al dedo. Aunque todavía nominalmente sirve a los reyes de la estirpe de Meroveo, en la persona de Teodorico IV, Carlos es el verdadero señor de los francos.   

Este año, sus campañas han sido incesantes y exitosas. Tras finalizar en el 724 su enfrentamiento con Raganfredo, se ha dedicado a asegurar la autoridad franca sobre los países vecinos. Entre 720 y 723, Carlos combatió en Baviera, donde los duques habían evolucionado gradualmente hasta convertirse en gobernantes independientes. Obligó a los alamanes a acompañarle, y el duque Hugberto de Baviera se sometió a la soberanía franca. En 725 trajo de vuelta a la princesa Swanachild de Agilolfing como segunda esposa. En 725 volvió a Baviera; y de nuevo lo ha hecho este año 728.   


Persona insignis Era DCCLXIV in Hispania

Sin género de duda, la figura que ha de ser recordada en este año que fenece es Yahya b. Salama al-Kalbī, valí de al-Andalus. En un tiempo donde la fuerza suele ser la única ley, Yahya ha demostrado que la prudencia y el respeto a la palabra dada son virtudes que pueden florecer incluso en el corazón de un conquistador.   

Llegó a nuestras tierras con el mandato de calmar las aguas que su predecesor había enturbiado con impuestos excesivos y confiscaciones sin fundamento. Yahya, hombre de letras y de linaje kalbí, ha pasado este año recorriendo las principales ciudades —Corduba, Toletum, Hispalis— no para levantar ejércitos, sino para escuchar las quejas de los agraviados. Ha tenido la valentía de enfrentarse a los intereses de sus propios capitanes para restituir iglesias y tierras a las comunidades cristianas que habían sido despojadas injustamente durante las campañas de Anbasa.   

Su figura representa el ideal del gobernante que busca la prosperidad a través de la paz. Al asegurar que cada hombre pueda cultivar su viña y su olivar sabiendo que no le será arrebatado por el capricho de un oficial, ha logrado que la economía de al-Andalus comience a sanar de las heridas de la guerra.


Res gestae memorabiles in cetero Orbe Terrarum

Más allá de los confines de la Hispania, el mundo ha seguido su curso con acontecimientos que, aunque lejanos, tejen la urdimbre de la historia que nos es común. En este año de la Era Hispánica de setecientos y sesenta y seis, han ocurrido hechos que merecen ser consignados para la posteridad.

El califato de Damasco frente a bizantinos y jázaros

Los jázaros, un pueblo nómada y belicoso que domina las estepas al norte de Derbent, habían estado hostigando las provincias musulmanas. El general Maslama b. Abd al-Malik,, buscando un golpe definitivo, penetró por el desfiladero de Darial. Sin embargo, el cielo se tornó negro y descargó lluvias de una violencia inaudita sobre los guerreros. Lo que debía ser una marcha triunfal se convirtió en un infierno de barro y lodo que los cronistas árabes han llamado Ghazwat al-Tin o la Campaña del Fango y que califican como un “casi desastre”.

Las crónicas cuentan que el barro era tan profundo que los caballos no podían caminar, y los soldados se vieron obligados a cortar las colas de sus monturas para evitar que el peso del lodo acumulado las inmovilizara. Tras treinta o cuarenta días de lucha, Maslama logró una victoria pírrica y puso en fuga al kan de los jázaros. La fecha exacta de la batalla decisiva ha quedado fijada en el decimoséptimo día del mes de yumada al-Thani del año ciento diez de la Hégira, que corresponde al diecisiete del mes de septiembre de nuestro año de setecientos y veintiocho. Sin embargo, el impacto de su victoria es cuestionable; Maslama fue emboscado por los jázaros a su regreso, y los árabes abandonaron su tren de equipajes y huyeron por el paso de Darial para ponerse a salvo.

Por otro lado, uno de los hijos del califa Hisham, Mu’awiya, logró tomar este año la fortaleza de Samalu, en Cilicia, al Imperio bizantino.

El fallecimiento de Hasan al-Basri y el ocaso de la piedad antigua

En la ciudad de Basora, en las tierras del Iraq, ha entregado su alma al Altísimo este año, el 15 de octubre, una de las figuras más preclaras del pensamiento sarraceno: Hasan al-Basri. Hasan ha sido una de las figuras más influyentes del islam temprano, recordado como predicador, asceta, teólogo y maestro espiritual. Nacido en Medina en 642, creció cerca de varios compañeros de Muhammad, lo que reforzó su autoridad religiosa. Más tarde se trasladó a Basora, donde desarrolló la mayor parte de su actividad intelectual y espiritual

Aunque casi no se conservan escritos auténticos suyos, su pensamiento se transmitió oralmente a través de discípulos y aparece citado en numerosos comentarios clásicos del Corán. Destacó en exégesis coránica y en teología, especialmente en debates sobre el libre albedrío y la predestinación.

Su figura es fundamental para el desarrollo del sufismo pues su mensaje central giraba en torno a la renuncia al mundo (zuhd), la pobreza espiritual, el temor reverente a Dios y la conciencia de la muerte. La literatura hagiográfica recoge numerosas anécdotas sobre su conversión, su llanto constante por temor a Dios y su belleza física, rasgos que reforzaron su imagen de santo asceta

La donación de Sutri y el nuevo papel del Papa en Italia

En la península itálica, el año setecientos y veintiocho quedará marcado en los anales eclesiásticos por un gesto de piedad que es, en realidad, un acto de alta política. El rey de los lombardos, Liutprando ha protagonizado un encuentro singular con el Papa Gregorio II. Tras haber arrebatado a los bizantinos la ciudad de Sutri, situada en una posición estratégica cerca de la Vía Cassia, Liutprando ha decidido no conservarla para sí, sino donarla “a los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo” junto a otras localidades vecinas. 

Este acto, que los hombres de letras ya llaman la Donación de Sutri, es el primer caso en que un monarca cede la soberanía de un territorio directamente al Pontífice, reconociéndolo no solo como pastor de almas, sino como señor terrenal. El Papa Gregorio II, que mantiene una tensa relación con el emperador de Constantinopla debido a las disputas sobre los impuestos y las imágenes, encuentra en este territorio un baluarte de independencia.   

Liutprando, por su parte, juega un doble juego. Al donar Sutri, se gana el favor de la Iglesia y se presenta como un rey católico y devoto, mientras que al mismo tiempo debilita la presencia bizantina en Italia y siembra la discordia entre Roma y la Nueva Roma. La entrega fue solemne: el rey depositó sus insignias reales ante el sepulcro de San Pedro antes de retirarse, dejando al Papa como dueño y señor de la ciudad. Este suceso marca el nacimiento de un dominio temporal de la Iglesia que, a buen seguro, dará mucho que hablar en los siglos venideros.   


Meae praedictiones pro anno proximo

Al cerrar esta crónica del año de gracia de setecientos y veintiocho, mi espíritu se inclina hacia la reflexión sobre lo que el futuro inmediato depara a estas tierras de Hispania y al resto de la cristiandad. En al-Andalus, un posible fin del gobierno de Yahya ben Salama me hacen temer que la paz que hemos conocido sea un breve respiro antes de una nueva tormenta. 

Es muy probable que los nuevos valíes, espoleados por la necesidad de demostrar su valía ante Damasco y por el ansia de botín de sus tropas, vuelvan a dirigir sus miradas hacia las fértiles tierras de la Aquitania y el reino de los francos. Carlos Martel, por su parte, no se quedará de brazos cruzados, y preveo que el próximo año dedicará sus energías a asegurar los pasos pirenaicos, presintiendo que el choque con el poder sarraceno es inevitable y cercano.   

En el norte, el caudillo Pelayo continuará fortaleciendo su refugio en las montañas. El mundo está en mutación, y aunque no me es dado conocer los designios de Dios, todo indica que el año que viene será de armas y de grandes decisiones que marcarán el destino de los reinos por muchas generaciones. Que el Señor proteja a los fieles y guíe a los gobernantes por la senda de la justicia en el año setecientos y veintinueve que se avecina.