Orígenes de la Nación Española: El Reino de Asturias Biblioteca de la Historia de España
Historia medieval
Sarpe
1985
354
Orígenes de la nación española: El Reino de Asturias es una monumental aproximación científica e historiográfica a los siglos críticos que sucedieron a la caída del reino visigodo tras la invasión musulmana del año 711. El libro se sumerge en el análisis riguroso de cómo un pequeño núcleo de resistencia en las escarpadas montañas del norte peninsular no solo logró sobrevivir, sino que sentó los cimientos institucionales, jurídicos y culturales de lo que siglos más tarde se consolidaría como España.
El texto nos traslada inicialmente al colapso del reino de Toledo y a la fragmentación subsiguiente. Sánchez-Albornoz rebate con vehemencia las teorías que desvinculaban el núcleo asturiano de la herencia goda. Para el autor, el reino de Asturias actúa como un puente legítimo: una estructura que, si bien debió adaptarse a las precariedades materiales del aislamiento norteño, mantuvo viva la llama del oficio palatino y la tradición neogoticista. El mito de Covadonga es analizado bajo una luz crítica pero respetuosa, despojándolo de adornos hagiográficos para rescatar su innegable valor como punto de inflexión político y militar.
A lo largo de sus más de 300 páginas, la obra disecciona los reinados clave desde Pelayo y Alfonso I, deteniéndose especialmente en las reformas institucionales de Alfonso II el Casto. El autor describe con brillantez cómo la corte ovetense se revistió de la antigua pompa visigoda y cómo el fortuito (y providencial) hallazgo de la tumba del Apóstol Santiago dotó al incipiente reino de una dimensión espiritual y un imán de legitimidad de alcance europeo.
El análisis de Sánchez-Albornoz no se limita a las crónicas de batallas. El grueso del valor de este volumen radica en su enfoque social y económico. Explica con detalle la importancia de la presura (la ocupación y cultivo de tierras desiertas), un fenómeno socioeconómico que propició el nacimiento de una clase de hombres libres y guerreros-campesinos, marcadamente diferenciada del feudalismo europeo. La expansión hacia la línea del Duero y la eventual traslación de la capitalidad a León cierran un ciclo histórico maestro, donde las Asturias primitivas se revelan como el motor de arranque de la fisonomía peninsular moderna.
Leer a Claudio Sánchez-Albornoz es siempre un ejercicio de admiración intelectual. Su prosa combina la precisión quirúrgica del archivista con la pasión desbordante del narrador que siente la historia en sus venas. El rigor con el que maneja las crónicas alfonsinas y las fuentes árabes es encomiable, logrando destilar verdades históricas entre la maleza de la propaganda medieval.
No obstante, es justo señalar que la obra debe leerse bajo el prisma de su tiempo. La tesis central de una “nación española” ininterrumpida y latente desde el siglo VIII peca en ocasiones de un patriotismo historiográfico romántico, una postura que le valió su célebre y eterno debate intelectual con Américo Castro. Mientras Castro defendía una España nacida de la convivencia de las tres culturas (cristiana, judía e islámica), Sánchez-Albornoz se atrinchera aquí en la continuidad esencialmente hispanogoda y cristiana. A pesar de este sesgo ideológico propio de la escuela histórica del siglo XX, la solidez documental del libro lo mantiene como una lectura obligatoria, viva y profundamente estimulante para cualquier amante de la Edad Media.




