El Poema de Fernán González dedica gran parte de su extensión (desde la estrofa 383 a la 569) a la narración de un enfrentamiento entre el conde de Castilla Fernán González y el caudillo cordobés Almanzor en las cercanías de la población burgalesa de Hacinas (Fazinas en el texto medieval). A pesar de su importancia en el texto épico, actualmente se considera que la batalla de Hacinas nunca llegó a celebrarse a pesar de que, desde el siglo XIII hasta el siglo XX, ha habido muchos cronistas e historiadores que la dieron por cierta. La narración parte un hecho claramente imposible: Fernán González nunca se pudo enfrentar a Almanzor, pues falleció en el 970. De todas formas han sido varios los intentos de encontrar un enfrentamiento histórico como origen de esta batalla. La única aceifa musulmana que en vida de Fernán González pudo afectar esta zona de Castilla —y tampoco es seguro que recorriera la zona de Lara— fue la denominada campaña de Osma del año 934. Es posible que tras recorrer La Rioja, las tropas de ‘Abd al-Rahman III volvieran por esta zona para luego reagruparse en Clunia y regresar a Córdoba.

San Millán en la Batalla de Hacinas

San Millán en la Batalla de Hacinas (Juan Ricci, c. 1653) en el Monasterio de San Millán de la Cogolla

La narración de la batalla tienen todos los elementos de la épica medieval: un héroe sobrehumano, un enemigo muy superior, dragones llameantes (la sierpe ensangrentada), ejércitos fantasmales comandados por espíritus superiores (Santiago, San Millán), sueños, profecías y combates singulares.

La leyenda: La batalla de Hacinas según el Poema de Fernán González

Siguiendo al Poema, Almanzor se quiso resarcir de una anterior derrota frente al conde castellano, la batalla de Carazo. Reunió a sus ejércitos y apoyado por innumerables contingentes de musulmanes de otras tierras (turcos, árabes, bereberes, almohades, benimerines)  llegó hasta Muñó con un total de 130.000 caballeros y un número mayor de infantes. Por otro lado, las tropas castellanas se agrupan en Piedrahita de Muñó.

Mientras Almanzor emprende la marcha hacia Hacinas, Fernán González acude al monasterio de San Pedro de Arlanza a pedir apoyo divino. Allí se enteró de que había muerto el monje Pelayo, quien le acogió y le profetizó su futuro años antes, y pasó la noche. Durante el sueño se le aparecen sucesivamente, además del fallecido Pelayo, los santos Santiago y San Millán. Ambos prometen al conde que le ayudarán en el combate e incluso llegan a darle consejos tácticos para la batalla. A su vuelta encontró a sus tropas enfurecidas por su desaparición pero el conde les arenga y les cuenta que, al tercer día, acabarán venciendo este desigual combate gracias a la ayuda de Dios.

A partir de la estrofa 450 comienza la descripción de la batalla campal. En primer lugar se dibuja la disposición de las tropas cristianas con todo detalle. El ejército cristiano, compuesto por 450 caballeros y 15.000 infantes, queda dispuesto en tres haces o columnas de la siguiente manera:

  • El primer haz, dirigido por Gustios González de Salas, el sexto de los Infantes de Lara, y en el que también iban don Velasco de Salas, Gonzalo Díaz y dos sobrinos de Fernán González. Contaba con 200 caballeros y 6.000 infantes de la Montaña, es decir,  de la actual Cantabria.
  • El haz de en medio, comandado por don Lope el vizcaíno, acompañado por los hijos de un legendario juez de Castilla, Laín Calvo, y un montañés llamado Martino. Se completaba con caballeros de La Bureba, el Condado de Treviño, las Merindades de Castilla la Vieja, de Castrojeriz y de Asturias. En total había otros 200 caballeros y 6.000 infantes.
  • El tercer haz, comandado por el propio conde Fernán González, donde también estaban los infanzones del alfoz de Lara, Ruy Cavia y Nuño, así como miembros de la familia Velasco. El grueso de la columna estaría compuesto por soldados del propio alfoz de Lara y serranos, de la Sierra de la Demanda. En total son 50 caballeros, 20 de ellos escuderos del conde, y 3.000 infantes.

Tras discutir con sus oficiales la organización de la batalla, llega la noche. Pero no el descanso para los castellanos, pues tuvieron que asistir a un hecho espeluznante. En plena oscuridad vieron aparecer a un dragón ensangrentado (sierpe) que iluminaba el cielo con sus llamaradas y daba grandes alaridos. El ejército castellano estaba aterrorizado pero Fernán González les calmó. Aseguró que aquello era obra del diablo, quien quería ayudar a Almanzor, quien además disponía de hechiceros y magos entre sus filas. Con esto, los cristianos se fueron a descansar. A la mañana siguiente comenzaron a desplegarse por el campo de batalla.

El primer día de la batalla de Hacinas

Durante el primer día de la batalla de Hacinas se destaca el conde Fernán González quebrantando las haces musulmanas. En uno de sus lances se enfrenta a un rey moro del norte de África, a quien acabó derribando del caballo y matando. Pero al punto se ve cercado por los vasallos de dicho rey. Su caballo acabó muriendo por las lanzadas y se enfrenta a pie a sus enemigos. Cuando todo parece perdido, los castellanos logran llevar un caballo a su señor y escapa del lugar.

Por otro lado Gustios González, Diego Laínez y el resto de caudillos castellanos se esfuerzan y causan grandes bajas entre los ejércitos de Almanzor. La lucha fue encarnizada y pareja, sin un claro vencedor. Así que, al llegar la noche, se tocó el cuerno y los ejércitos volvieron a sus campamentos.

El segundo día de la batalla de Hacinas

Al día siguiente la batalla se reanuda con mayor ímpetu si cabe. De nuevo es Fernán González el guerrero más destacado siempre acompañado por su alférez Órbita. De nuevo el combate acabó en tablas pero en esta ocasión las tropas castellanas empiezan a acusar el desgaste y el enfrentamiento contra un enemigo superior en número. Acaban la jornada muy cansados y con muchos heridos y muertos. Ante esta situación, Fernán González convoca esa misma noche a sus mesnadas. Arenga a sus soldados y les cita antes del amanecer para asestar el golpe final al ejército de Almanzor ya que, por la tarde, tendrán la ayuda que necesitan para ser vencedores.

El tercer día de la batalla de Hacinas

Apenas amanece el nuevo día y las tropas cristianas vuelven a la carga. El enfrentamiento, de extrema dureza y sin tregua, se cobra algunas bajas de renombre como el infante de Lara Gustios González. Este hecho desmoraliza a las tropas castellanas y es el propio conde de Castilla el encargado de buscar al causante de dicha muerte, de nuevo un rey africano, y enfrentarse a él. Fernán González mató al rey y, en respuesta, recibió la acometida de 1.000 jinetes sarracenos. La situación es crítica: las bajas castellanas son muchas y los ánimos decaen. Fernán González pide desesperado la ayuda divina prometida…

Y, de repente, se escucha una gran voz en el campo de batalla: «Fernando de Castilla, hoy aumenta tu bando». Era Santiago Apóstol que comandaba un enorme ejército de caballeros fantasmales aparecido de la nada. El bando musulmán no se explica lo ocurrido. Cuando parecía que su victoria estaba cerca aparece esta mesnada milagrosa. Sus tropas comienzan a replegarse y a desmoralizarse. Finalmente, Almanzor se ve obligado a retirarse del campo de batalla. Las tropas castellanas persiguieron a los derrotados durante un día y dos noches, hasta las cercanías de Almenar de Soria, en la frontera musulmana.

Fruto de esta legendaria batalla es el encumbramiento de San Pedro de Arlanza como el monasterio de Castilla. Según el Poema, en el se sepultan los restos de todos los soldados cristianos caídos en la batalla. Además, parte del botín que Fernán González obtuvo en esta batalla será la causa legendaria de la independencia de Castilla: el azor mudado y el caballo árabe que venderá al rey de León y que, al no ser pagados a su debido tiempo, devengará una deuda impagable.

 

La batalla de Hacinas y la creación de San Millán matamoros

Es en el siglo XIII cuando la batalla de Hacinas empieza a mencionarse y citarse en diversos documentos. El primero es el de los Votos de Fernán González o Privilegio de Fernán González concedido al monasterio de San Millán de la Cogolla. Aunque datado en el 934, es un documento falso y posiblemente elaborado en el primer tercio del siglo XIII en el mismo monasterio de San Millán de la Cogolla. Posteriormente se realizaron varias versiones de él en romance castellano. La más antigua localizada en Cuéllar. En general narran una curiosa fusión entre los hechos históricos acaecidos en la batalla de Simancas (939) y la legendaria batalla de Hacinas, dándose preemenicencia a San Millán frente a Santiago, tratando así de justificar los llamados Votos de San Millán (como un reflejo de los Votos de Santiago) de forma que se hicieran donaciones al monasterio de San Millán de la Cogolla por parte de los pueblos de Castilla.

También en La vida de San Millán de Gonzalo de Berceo (s. XIII) se narra la batalla en estos términos:

vidieron dues personas fermosas e luzientes,

mucho eran más blancas qe las nieves rezientes.

Vinién en dos cavallos plus blancos que cristal,

armas quales non vío nunqa omne mortal;

el uno tenié croça, mitra pontifical;

el otro una cruz; omne non vío tal.

[…]

El qe tenié la mitra e la croça en mano,

éssi fue el apóstol de sant Jüán ermano;

el que la cruz tenié e el capiello plano,

éssi fue sant Millán el varón cogollano

 

San Millán va en un caballo blanco y con una cruz de forma similar a Santiago. La batalla de Hacinas será un componente fundamental para elaborar la figura de San Millán matamoros, adalid de la cristiandad y patrón de Castilla1. Esta figura quedó inmortalizada en el fresco que Juan Ricci pintó en torno a 1653 en el monasterio de San Millán de la Cogolla y que representa a San Millán a caballo en la batalla de Hacinas blandiendo una espada llameante2.

 

Restos materiales de la legendaria batalla de Hacinas

Como gran parte de los hechos legendarios, hubo un tiempo en que la batalla fue tomada por cierta y se identificaron elementos relacionados con ellas o se levantaron monumentos en su honor. La batalla de Hacinas no escapó a esta moda, muy típica de los siglos XVI y XVII. En concreto hemos identificado tres:

  • La lápida funeraria de Velasco de San Pedro de Arlanza, atribuida a uno de los dos Velasco que según la tradición fue armado caballero en la batalla de Hacinas. La lápida es del siglo XVI y dice así:

AQUI YAZE VELASCO QUE FUE UNO DE LOS DOS CABALLEROS VELASCO SEÑORES QUE ARMO CABALLEROS EL CONDE HERNANDO GONCALEZ EL DIA QUE DIO LA BATALLA AL RREY ALMANZOR EN AUN AS LOS QUALES YBAN CON LA MISMA PERSONA DEL CONDE EN LA BATALLA QUE EL YBA

La familia Velasco se atribuía este origen legendario a su nobleza. Así lo explica Hernando del Pulgar —humanista e historiador castellano del siglo XV− en su obra Claros Varones de Castilla, cuando habla de Juan de Velasco, camarero mayor del reino en época de Juan II: «Su linage es grande é antiguo; é según ellos dicen, vienen del linage del Conde Hernán González; pero yo no lo leí. Pero es verdad que en la Historia que habla del Conde Fernán González dice que su hijo el Conde Garcí Fernández en unas Cortes que hizo en Burgos armó Caballeros dos hermanos que se llamaban los Velasco. Si éstos eran parientes del Conde, é si dellos vienen los Velasco no lo dice la Historia.»

En el Poema de Fernán González se habla de un don Velasco, procedente de Salas, que dirige parte de las tropas. Es probable que con esta lápida los Velasco quisieran dejar constancia de su origen y nobleza y despejar las dudas que su historia provocaba en las personas más eruditas.

Lápida caballero Velasco en San Pedro de Arlanza

Lápida del caballero Velasco en San Pedro de Arlanza

  • Existen topónimos en las cercanías de Hacinas que los habitantes atribuyen a la existencia de dicha batalla: Campo de los Muertos, Acerón… En 1840 en unas excavaciones realizadas en un ribazo aparecieron una gran cantidad de huesos humanos que se atribuyeron, sin mucha base científica, a dicha batalla.
  • En el claustro románico descubierto no hace mucho en Palamós, cuya procedencia parece ser del entorno burgalés, existe un capitel cuádruple románico sobre una batalla que algunos interpretan que puede representar a la batalla de Hacinas.

 

1. Para los que quieran profundizar en la elaboración de la figura de San Millán como patrón de Castilla y de la Reconquista, recomendamos este artículo de Lidwine Linares: La transmisión de una  leyenda hagiográfico-política: San Millán en la batalla de Hacinas de la Edad Media al Siglo de Oro. http://www.bibliotecagonzalodeberceo.com/berceo/linareslidwine/leyendahagiopoliticahacinas.htm

2. En este artículo podemos leer una completa descripción de su confección y simbología: Jesús Mª González de Zárate, La visión emblemática de San Millán en la pintura de Juan de Ricci: http://www.vallenajerilla.com/berceo/gonzalezarate/juandericci.htm