Alfonso II, el Casto [c. 760-842]

Rey de Asturias (783) y (791-842)

Hijo de Fruela I y Munia López de Álava. Tras el asesinato de su padre (768), protegido por su tía Adosinda, fue enviado al monasterio de San Juan de Samos. Tras la muerte del rey Silo (783), su viuda Adosinda, tía de Alfonso, y un grupo de nobles lo proclamaron rey pero fue pronto destronado por Mauregato. Su candidatura fue de nuevo desechada en el 789. Pero, tras la derrota asturiana en la batalla de Burbia, Bermudo I abdicó el trono en Alfonso II, quien fue ungido el 14 de septiembre del 791.

Las crónicas del ciclo de Alfonso III refieren que se mantuvo casto y que no tuvo descendencia, de aquí el sobrenombre de el Casto. Sin embargo, Lucas de Tuy y Rodrigo Jiménez, en el siglo XIII, argumentan que estuvo casado, aunque no llegó a consumar el matrimonio, con una hermana de Carlomagno llamada Berta.

Su dilatado reinado estuvo lleno de acontecimientos tanto militares como religiosos. Sus dominios se extendían por Asturias, Cantabria, Galicia, Bardulia y Vasconia (probablemente Vizcaya y Álava) aunque los límites no eran claros. Hacia el sur, el dominio sobre la meseta norte es impreciso, posiblemente no mucho más al sur de la cordillera Cantábrica, y por el oeste llegaba hasta Lamego.

Se inicia con Alfonso un período de mayor enfrentamiento contra el emirato de Córdoba. Hisham I había decidido acabar con la resistencia del núcleo asturiano. En 794 envió dos potentes ejércitos hacia el norte. ‘Abd al-Karim entró en Álava y las Bardulias, devastándolas y con el objeto de distraer la atención del rey astur. Mientras, ‘Abd al-Malik penetraba en Asturias llegando hasta Oviedo, ciudad que fue saqueada e incendiada, haciendo huir a Alfonso II. Pero cuando los cordobeses volvían con el botín, fueron sorprendidos por una emboscada de Alfonso en la zona pantanosa de Lodos. Las tropas musulmanas no pudieron maniobrar y fueron diezmadas, muriendo ‘Abd al-Malik.

Hisham I quiso vengar esta muerte y derrotó a Alfonso II en la batalla de Las Babias (18 de septiembre de 795), quien tuvo que huir apresuradamente hacia una fortaleza a orillas del río Nalón. Oviedo volvió a ser saqueada e incendiada.

Alfonso II se sentía en peligro y acudió a solicitar la ayuda de los francos. Envió una embajada al hijo de Carlomagno, Luis de Aquitania, gobernador de la Marca Hispánica en el 796. Se enviaron dos más los años 797 y 798. El resultado fue la firma de un tratado en Toulouse para combatir conjuntamente a los cordobeses, aunque no se hizo efectivo. Parece que también se trataron temas relativos a la herejía adopcionista, extendida por la península Ibérica y combatida por Carlomagno.

Hisham I murió en el 796. Le sucedió su hijo al-Hakam I, quien a pesar de sus problemas internos, envió una nueva aceifa contra el reino asturiano el año 797. De nuevo, el general ‘Abd al-Karim dirigió al ejército. Remontó el río Ebro y saqueó al-Qilá, el país de los castillos, es decir, Castilla. Pero los continuos desórdenes del emirato obligaron a retrasar una nueva aceifa hasta el 801. Esta inactividad fue aprovechada por Alfonso II para llegar hasta Lisboa (798), devastarla e incendiarla, volviendo con un ingente botín.

En el 801, al-Hakam I vuelve a la ofensiva y envia a Mu’awiya hacia al-Qilá y Álava. Fue emboscado en las Conchas de Arganzón y, aunque Mu’awiya consiguió volver a Córdoba, murió dos meses después angustiado por las terribles pérdidas de su ejército. La siguiente aceifa, en el 803, dirigida de nuevo contra Álava y al-Qilá, es dirigida por ‘Abd al-Malik ben Mugith a quien acompañaba el príncipe ‘Abd al-Rahman. Trata de castigar la región en respuesta a su alianza con los Banu Qasí, pero parece que no logró grandes triunfos. A pesar de la conflictividad en la zona, Juan instaura el obispado de Valpuesta en el 804.

En el 805 otra aceifa al mando de Abu ‘Utman ‘Ubaih Allah fue derrotada en las Hoces del Pisuerga; en 808, Hisham, hijo de al-Hakam I, realizó una victoriosa aceifa en Galicia. Alfonso II respondió en el 809 con una ofensiva que llegó hasta el río Henares. La reactivación de los ataques cordobeses coincide con un momento de debilidad de Alfonso II. En el 801 u 802 una conjura nobiliaria obliga a Alfonso a recluirse en el monasterio de Abelania1. Otro grupo nobiliario mandado por Teudis logró restablecerlo en el reino. Se desconocen por completo las causas de la revuelta y quiénes fueron sus instigadores. Una vez restablecido en el trono, parece que es este el momento en el que trasladó la capital desde Cangas de Onís a Oviedo. En dicha ciudad patrocinó la construcción de algunos edificios religiosos, de los palacios regios y de otros edificios públicos2.

En el 812 los francos toman Pamplona. al-Hakam I, temeroso de una alianza entre francos y asturianos, envió en la primavera del 816 un potente ejército a las órdenes de ‘Abd al-Karim y presentó batalla en el río Orón, en las cercanías de Miranda de Ebro. Ambos bandos sufrieron fuertes pérdidas, pero los cordobeses no consiguieron avanzar y se retiraron a los tres días.

Muerto al-Hakam I en el 822, le sucede su primogénito, ‘Abd al-Rahman II, quien de nuevo tuvo que enfrentarse a multitud de problemas internos. Despejada la situación, ya en el 823, lanzó una triple ofensiva contra el reino astur. ‘Abd al-Karim penetró en Álava y la devastó. Mientras los hermanos Malik Quarishim y al-Abbas Quarishim avanzan, con un movimiento de tenaza, por Galicia. Alfonso II se dirigió hacia Galicia interceptando al ejército de al-Abbas en el río Narón y lo derrota. Otro ejército asturiano esperaba a Malik en Anceo y derrota a los cordobeses.

‘Abd al-Rahman II seguirá enviando aceifas primavera tras primavera, consiguiendo botines pero sin quebrantar la fortaleza de Alfonso II, quién llegó a responder llegando en una ocasión hasta Medinaceli (839).

En el 838 el bereber Mahmud ben ‘Abd al-Yabar, principal instigador de la sublevación antiomeya de Mérida iniciada en el 828, pide asilo a Alfonso II y se instala en la zona entre Oporto y Lamego con sus seguidores. Mahmud se rebeló contra el rey asturiano en el 840 y pidió ayuda a ‘Abd al-Rahman II, pero no llegó a tiempo. Las tropas alfonsíes tomaron el castillo de Santa Cristina, donde se había hecho fuerte Mahmud. Mahmud fue derrotado y muerto

En el ámbito religioso va a ocurrir un hecho trascendental. En el 813, cerca de Iria Flavia, se descubrió el supuesto sepulcro del apóstol Santiago el Mayor. Alfonso II se trasladó al lugar y dio consentimiento para edificar sobre la tumba una iglesia y edificios para albergar una comunidad de benedictinos. En treinta años, el sepulcro se convertiría en un centro de peregrinación gracias a la protección regia y al celo del obispo Teodomiro. Santiago de Compostela se convertiría en la capital religiosa y cultural del reino y acogerá a peregrinos de toda Europa. Este descubrimiento vino a dotar a la lucha entre asturianos y cordobeses una poderosa fe y dio un nuevo sentido a la lucha, convirtiéndose también en una guerra de religión.

También se le considera el verdadero restaurador del orden gótico y por lo tanto, el iniciador de la corriente ideológica que identifica la lucha contra los musulmanes con la restauración del reino visigodo de Toledo, el ideal de Reconquista. Así dice la Crónica Albeldense: « […] y todo el ceremonial de los godos, tal como había sido en Toledo, lo restauró por completo en Oviedo, tanto en la Iglesia como en el Palacio.»

Alfonso II, sin descendencia, asoció al trono desde el 830, como gobernador de Galicia, a Ramiro, hijo de Bermudo I. Murió muy anciano, en el 842, y sus restos se depositaron en el panteón real que él mismo había mandado construir en la iglesia de Santa María de Oviedo.


1. Tradicionalmente se ha identificado Abelania con Ablaña. Para Bonnaz es Beleña, y para Ruiz de la Peña, Santa Eulalia de Abamia, cerca de Covadonga.

2. Las crónicas asturianas del ciclo de Alfonso III describen con bastante profusión la obra constructiva de Alfonso II. La Crónica Rotense dice:

«También edificó una basílica en honor a Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, añadiendo altares para los Doce Apóstoles, y asimismo construyó una basílica en honor de Santa María siempre Virgen, con sendos altares a uno y otro lado, con arte admirable y sólida construcción; todavía edificó otra iglesia, la del bienaventurado mártir Tirso, cerca de la iglesia de San Salvador, y además levantó bastante lejos del palacio una iglesia en honor de los santos Julián y Basilisa, con dos altares de mucho arte y admirable disposición; por lo demás, también construyó y mandó equipar los regios palacios, los baños, almacenes y toda clase de servicios» .

La Crónica ad Sebastiam:

«También construyó con obra admirable una basílica con la advocación de Nuestro Redentor Jesucristo, por lo que también se llama especialmente Iglesia de San Salvador, añadiendo al altar principal, de uno y otro lado, doce altares con reliquias guardadas de todos los apóstoles; edificó también una iglesia en honor de Santa María siempre Virgen, hacia la parte del norte, pegada a la iglesia ya dicha, en la cual, aparte del altar principal, erigió al lado derecho un altar en memoria de San Esteban, y a la izquierda un altar en honor de San Julián; además, en la parte occidental de este venerable edificio, construyó un recinto para sepultar los cuerpos de los reyes, y también una tercera basílica en memoria de San Tirso, obra cuya belleza más puede admirar quien esté presente que alabarla un cronista erudito. Edificó también al norte, distante del Palacio casi un estadio, una iglesia en memoria de San Julián mártir, poniendo alrededor, aquí y allá, dos altares decorados con admirable ornato. Mas también los palacios reales, los baños, comedores y estancias y cuarteles, los construyó hermosos, y todos los servicios del reino los hizo de lo más bello.»

Según la Crónica Albeldense:

«Este construyó en Oviedo el admirable templo de San Salvador y los Doce Apóstoles, de piedra y cal, y la iglesia de Santa María con sus tres altares. También erigió la basílica de San Tirso, admirable edificación, con numerosos ángulos, y todas estas casas del Señor las adornó con arcos y con columnas de mármol, y con oro y plata, con la mayor diligencia y, junto con los regios palacios, las decoró con diversas pinturas.»

También se realizó durante su reinado la Cruz de los Ángeles, ofrecida en el 808 a la iglesia de San Salvador de Oviedo.