La Crónica bizantina-arábiga del 741 es una obra de autor anónimo que comienza con la muerte del rey visigodo Recaredo (601) y acaba con el fallecimiento del califa omeya Yazid II (724). Se suele decir que es una crónica del 741 porque habla de la subida al trono bizantino de León III (717-741) y menciona la duración de su reinado. Para escribir este artículo se ha tomado como base la traducción de la Crónica bizantina-arábiga realizada por José Carlos Martín y publicada en la revista e-Spania.

No existe en este caso ninguna referencia a fenómenos celestes pero sí al carácter adivinatorio de la astronomía. Téngase en cuenta que en la Alta Edad Media no existe ninguna división entre lo que hoy en día llamamos Astronomía y Astrología. En aquellos tiempos quienes estudiaban los cielos tenían también el propósito de adivinar el futuro. Y esto es lo que nos indica esta crónica:

12. Durante el séptimo año del citado príncipe, los sarracenos, enemigos de las provincias de los romanos, rebelándose atacan éstas mediante rápidas e inesperadas incursiones más que por medio de una guerra abierta. Teodoro, hermano de Eraclio Augusto, se enfrentó a ellos en muchos combates. Al ser informado de ello Eraclio, advirtió a su hermano que no luchase en modo alguno contra esas gentes. Eraclio no era, en efecto, desconocedor de la ciencia de la astrología, y no ignoraba por ello cuál sería el resultado de la guerra en el caso de que ésta se produjese.

El cronista habla del emperador bizantino Heraclio I (610-641). Heraclio, tras repeler con éxito las acometidas de los persas sasánidas de Cosroes II y derrotarlos completamente en el 628, tiene que vérselas con un nuevo enemigo: los sarracenos, es decir, los seguidores de Mahoma. Según el cronista fue Teodoro, hermano del emperador, el encargado de combatirlos. Pero parece que el destino ya estaba forjado y que alguna adivinación astrológica ya había profetizado que los sarracenos no iban a ser derrotados.

El cronista asegura que Heraclio practicaba la astrología. Se refiere en este caso a una tradición musulmana que seguramente conoce y acepta. La tradición es la siguiente. Cuenta Ibn An-Natur, gobernador de Jerusalén, que en el 628 se encontraba allí de visita el emperador Heraclio. Una mañana el emperador se levantó pesaroso y triste. Algunos sacerdotes le preguntaron la razón y el respondió: «Durante la noche, mientras estudiaba las estrellas, vi que el líder de aquellos que practican la circuncisión ha aparecido y se convertirán en conquistadores. ¿Quiénes practican la circuncisión?». Los sacerdotes le contestaron que únicamente los judíos lo hacían y que no debía de preocuparse por ellos. Aún así ordenó matar a todos los judíos de Jerusalén, pero mientras discutía con sus consejeros llegó un mensajero enviado por el rey de Ghassan con un mensaje de Mahoma. Tras leer la misiva, en la que Mahoma le invitaba a convertirse al Islam, Heraclio ordenó que fueran a comprobar si el mensajero de Ghassan estaba circuncidado. Al comprobar que sí lo estaba, Heraclio le preguntó si los árabes también lo practicaban. El mensajero respondió que así era.

Entonces Heraclio proclamó que el poder los árabes había surgido. Escribió una carta a un amigo astrólogo de Roma contándole los hechos. Al poco se retiró a Homs y allí recibió la respuesta del astrólogo romano, quien coincidía con él en la emergencia del profeta Mahoma. Heraclio convocó a su consejo en Homs y recomendó a todos sus nobles convertirse al Islam si querían sobrevivir. Pero los nobles se opusieron vehementemente y Heraclio, ante la realidad de los hechos, tuvo que retractarse de lo que había dicho.