Yazid II ben ‘Abd al-Malik (en árabe يزيد بن عبد الملك) [Damasco, 687 – 26 enero 724]

Noveno califa omeya (720-724)

Hijo del califa ‘Abd al-Malik y Atikah bint Yazid, sucedió a su primo ‘Umar II tras su muerte por envenenamiento.

Cambió el curso del enfrentamiento contra los jarayitas. En vez de continuar las negociaciones de ‘Umar II se enfrentó a ellos con el ejército. Tras varias derrotas iniciales, los jarayitas fueron derrotados y su líder, Shawdhab, asesinado. Durante su gobierno aparecieron varios conflictos internos. El primero fue protagonizado por Yazid ben al-Muhallab, antiguo gobernador de Iraq bajo al-Walid II, que había sido encarcelado en el gobierno de ‘Umar II. A la muerte de ‘Umar logró escaparse de la prisión y se estableció en Iraq sin reconocer la autoridad de Yazid II. La revuelta fue aplacada duramente por las tropas lideradas por Maslamah ben ‘Abd al-Malik y al-Abbas ibn al-Walid en la batalla de Basora (720).

También hubo conflictos en la provincia de Ifriqiya (norte de África) y en al-Andalus. En el año 721 el gobernador de Ifriqiya, Yazid ben Muslim, acusado  de tratar con dureza a los bereberes, fue derrocado y sustituido por el antiguo gobernado Muhammad ben Yazid. Este hecho fue aceptado por Yazid II aunque Muhammad fue relevado a los pocos meses.

Yazid II es más conocido por su edicto iconoclasta del 721. El cronista bizantino Teófanes afirma que un mago dijo a Yazid II que si se oponía a los iconos cristianos, reinaría durante cuarenta años. Yazid emitió el edicto que ordenaba la destrucción de las imágenes cristianas. El edicto fue cumplido sólo en algunas provincias de califato.

El califa Yazid II pretendió nombrar a su hijo al-Walid como sucesor, pero éste era menor y bajo la presión de numerosos magnates omeyas accedió a nombrar a su hermano Hisham. Yazid II murió el 26 de enero de 724 afectado por la tuberculosis.

 

La política de Yazid II en Al-Andalus

En el extremo occidental del imperio, en al-Andalus, gobernaba desde el año 719 el valí al-Samh ibn Malik al-Jawlini. En el año 721 volvió a cruzar los Pirineos e intentó conquistar Carcasona, pero la perspectiva de un largo asedio, debido a las poderosas murallas de la ciudad, le hizo continuar hacia Tolosa para tomarla. Después de tres meses de asedio, cuando Tolosa estaba a punto de rendirse, el duque Eudes de Aquitania, que había dejado la ciudad para buscar ayuda, regresó con un ejército que derrotó al valí el 9 de junio de aquel año. La derrota fue aplastante y los árabes sufrieron graves pérdidas. Al-Samh murió al día siguiente debido a las heridas sufridas en la batalla. El resto de las tropas, dirigidas por su lugarteniente ‘Abd al-Rahman ben ‘Abd Allah al-Gafikí, al que proclamaron interinamente como nuevo valí en el mismo lugar de los hechos, retrocedió hacia Narbona sin que el duque Eudes los persiguiera. Al-Gafiqí era un hombre que gozaba de gran prestigio en al-Andalus, pero a pesar de ello, a los dos meses de su mandato, el valí de Ifriqiya, Bisr ben Safwan, lo sustituyó por ‘Anbasa ben Suhaym al-Kalbí.

En el año 722, el nuevo valí decidió aplastar el foco de rebeldía iniciado en 718 en Asturias. La rebelión se había iniciado con escaramuzas sin importancia en tiempos del visir al-Hurr en el califato anterior. Para sofocarla, envió una expedición que fue derrotada en la famosa batalla de Covadonga. El valí ‘Anbasa intentó conquistar las ciudades de Carcasona y Nimes en la Septimania, lo cual consiguió en el 725.

Durante su mandato se manifestaron en al-Andalus las primeras rivalidades entre los dos grandes grupos de poder árabes: los qaysíes (sirios) y los kalbíes (yemeníes). También se agravó la presión fiscal contra cristianos y judíos lo que provocó varias revueltas.