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Lápida de Husillos

por Javier Iglesia Aparicio
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Lápida de Husillos

La abadía de Santa María de Husillos, o “Fusiellos” en la documentación medieval, cercana a Palencia capital, constituye uno de los templos más interesantes desde el punto de vista histórico del sur de la provincia palentina. Si bien los orígenes podrían remontarse a época visigoda, datando la primera referencia documental de 904, las crónicas afirman que la iglesia sería fundada por el conde Ansur, primer conde de Monzón, en el paraje conocido como Santa María de Dehesa Brava.

Estrechamente vinculada al condado de Monzón, las donaciones se sucederían a lo largo de todo el siglo X a cargo de los sucesivos condes, que la transformarían en cenobio propio y panteón familiar (al que habría pertenecido, presumiblemente reutilizado, el sarcófago romano de Husillos conservado hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid). Se convertiría igualmente en centro de peregrinación por sus valiosas reliquias. Pudo ser afectado por las razias de Almanzor de finales del siglo X, lo que llevaría seguramente a la destrucción o deterioro de la abadía y a la pérdida de importancia del condado de Monzón coincidiendo con el mayor protagonismo del condado de Castilla.

Con la restauración de la diócesis de Palencia por Sancho el Mayor, éste concedería Husillos al obispado. En 1088 se celebra en Husillos un Concilio al que acudirá el propio rey Alfonso VI en compañía de su curia.

El edificio conservado hoy en día, básicamente la iglesia, sería de época tardorrománica, primera mitad del siglo XIII, con restauraciones posteriores del XVI, habiendo desaparecido la totalidad del claustro románico, demolido en ese siglo para sustituirlo por otro del que apenas queda nada. La parte actualmente visible no da idea de lo que la abadía de Husillos ha sido a lo largo del tiempo, permaneciendo un período de su historia, el más primitivo, prácticamente ignorado.

De hecho, en el Museo de Palencia se hallan recogidas una cincuentena de piezas románicas -impostas, cimacios, capiteles, fragmentos escultóricos- y algunas quizá más antiguas, aparecidas en las obras de restauración de hacia 1982, al realizar zanjas en la zona del claustro y remover el suelo de la iglesia, pertenecientes todas ellas a un edificio anterior al actual, principalmente en la zona claustral, momento y espacio al que podría asociarse el hallazgo de la lápida, si bien este extremo no puede ser confirmado de manera incuestionable.

Descripción de la lápida de Husillos

La lápida tiene forma rectangular y contiene una inscripción en caracteres visigóticos enmarcada por una franja decorativa a base de rosetas lineales de ocho pétalos inscritas en cuadrados y cruceta diagonal en la parte superior y derecha de la pieza y de trenza en su parte inferior. Está cortada en su lado izquierdo unos 8 cm. como se aprecia por la ausencia de la franja decorativa en ese lado, así como por la mutilación de una pequeña parte de texto de la inscripción: la cruz que precede al texto.

En la parte central superior, dentro del canto de la lápida se le ha practicado un pequeño receptáculo, o loculus, en forma rectangular, para contener reliquias, similar a otros ejemplos altomedievales conocidos, indicando una posible reutilización, empotrándola en el muro, de una pieza anterior, tal vez mesa de altar.

Fue adquirida por la Junta de Castilla y León en el comercio de antigüedades. El origen de la lápida permanece envuelto en circunstancias cuanto menos oscuras, aunque parece verosímil su hallazgo durante alguna de las restauraciones a que ha sido sometida la iglesia de Husillos en los últimos años. Desde entonces, habría pasado por varios destinos hasta acabar en una casa de subastas madrileña donde fue finalmente adquirida por la Junta, ingresando en el Museo de Palencia en el año 2009, con el número de inventario 2009/4/1.

La inscripción de la lápida de Husillos y su interpretación

El campo epigráfico, de 74 por 33 cm, lleva una inscripción en cinco líneas, de altura desigual, separadas por otras tantas molduras de separación, excepto en las dos últimas líneas, similares a las que enmarcan el conjunto, que tiende a estrecharse hacia el final. Su texto dice:

(Crux) I[n] nomine simplo diuinoque ausilio et in ono/rem Sancte Marie Virgine vel plurimi sanctique / […edi]ficauit Monio abbas cum ceteri fratres hoc opus lu[… /… a]d exemplum Benedicti patris conviuar[i] sub ius / […] vel ausilio Bernali episcopi et Garseani principe era LXXVIIa

(Cruz) En el nombre y con el auxilio del Único y en honor de la Virgen Santa María y de todos los santos, el abad Monio edificó con los otros hermanos esta obra para convivir según el ejemplo del padre Benito, bajo el mandado y auxilio del obispo Bernardo y del príncipe García, en la era 77. (año 1039)

Textos de “En torno a una pieza epigráfica de la Diócesis de Palencia del año 1039”, Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses, 82-83, pp. 452-453
Lápida de Husillos
Lápida de Husillos. Fotografía tomada de http://hesperia.ucm.es/consulta_aehtam/Generalidades.php?id=4899

El único personaje que resulta indubitable es el obispo Bernardo, que, coincidiendo con la fecha que aparece en la lápida, fue el segundo obispo de Palencia, sede restaurada poco antes – en 1034- por Sancho III de Pamplona, También se podría identificar al príncipe García que se menciona en la lápida con García de Nájera, el rey García Sánchez III de Pamplona (1035-1054), primogénito de Sancho el Mayor.

Desconocido es el abad Monio, que al frente de una comunidad benedictina edificaría el monasterio de que se habla en la inscripción. Esta vinculación de Husillos a la orden benedictina es un dato absolutamente relevante sobre el origen de la abadía, confirmando lo que hasta ahora podían ser solo conjeturas, anticipándose esta inscripción en más de cien años a la más antigua que se conserva en la iglesia, fechada en 1158.

¿Original o falso epigráfico?

Según V. García Lobo y A. García Morilla, hay algunas formas que se alejan del canon visigótico y recuerdan más el carolino: la O redonda que vemos al final de la primera línea, al principio de la palabra ONOREM, o la inscrita en la M de MONIO, o la de AUSILIO, en la quinta línea; la E que tiende a ensancharse en sus trazos horizontales; la B también tiende a ensancharse, S de PATRIS en la cuarta línea, que tiende a la doble curva casi perfecta y, sobre todo, la R cuyo tercer y último trazo tiende a cerrarse en curva en las palabras de la segunda línea. Por todo ello, concluyen que el autor tiene delante e imita, además de posibles inscripciones, un códice visigótico.

Además de estos rasgos, proponen que estemos ante un falso epigráfico de época posterior al concilio de Coyanza (1055), quizás en torno al concilio de Palencia de 1101 y hecho ambientes próximos al obispo de Palencia, tratando de reclamar los derechos episcopales sobre la abadía.

Bibliografía

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