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El obispado de Palencia en la Alta Edad Media

por Javier Iglesia Aparicio
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Nave prerrománica de la cripta de San Antolín de Palencia

El obispado de Palencia remonta sus orígenes a la época del reino visigodo de Toledo. Tras la conquista musulmana de la península Ibérica se pierde su rastro -salvo unos años en el siglo X- hasta que es definitivamente restaurado en el año 1034 por el rey Sancho III de Pamplona.

Orígenes legendarios: los obispos Pastor y Pedro

Pedro Fernández del Pulgar en su obra Historia secular y eclesiástica de la ciudad de Palencia (1679) asegura que los orígenes del obispado de Palencia se han de rastrear en el siglo V aunque, hoy en día, es difícil poder asegurarlo. Para él, el primer obispo de Palencia sería Pasto a quien se atribuye la autoría de un pequeño libro dogmático.​ Cita el historiador Fernández del Pulgar a Honorio de Autun, que afirma:

Pastor Obispo, compuso un Libro pequeño en modo de Symbolo, que contiene casi toda la doctrina Eclesiástica por sentencias; en el qual entre las demás maldades de disensiones, que anatematiza, dexando los nombres de sus Autores, condena à los Priscilianos, con el Autor, Obispo Prisciliano, que les diò nombre.

Sí es cierto que en la segunda mitad del siglo V, Genadio de Marsella habla en su De uiris illustribus (capítulo 77) de un obispo Pastor que compuso una pequeña obra a modo de símbolo de fe en la que se recogía toda la doctrina de la Iglesia y se condenaba una serie de prácticas heréticas, entre ellas el priscilianismo. Por otra parte, Hidacio de Chaves (m. c. 470) menciona en su Crónica que el año 433 fueron ordenados obispos en el convento jurídico lucense Pastor y Siagrio. Hidacio no especifica la sede episcopal de estos dos prelados, tan sólo indica que fueron consagrados con la oposición del obispo Grecio de Lugo.

Actualmente se acepta que tanto Genadio como Hidacio se refieren a un mismo Pastor. Éste fue, por tanto, un obispo galaico ordenado en el año 433 que compuso un opúsculo en el que se compendiaba la doctrina de la Iglesia y se combatían las prácticas heréticas, especialmente el priscilianismo. Poco más se puede decir acerca de Pastor sin entrar en hipótesis: la localización de su sede episcopal en Palencia o en Palas de Rey (Lugo); su captura por los godos en la ciudad de Astorga en 457; y su supuesta muerte en la Galia, concretamente en la ciudad de Orleans, se basan en conjeturas.

Enrique Flórez identifica a otro obispo palentino en el silo VI: Pedro. Dice que es el Petrus Episcopus de Palatio que asistió al concilio de Agde (506). Flórez deduce que Palatio es Palencia, basándose en el hecho de que Pierre de Marca, arzobispo de París, reconoció al obispo de Palencia llamándolo Palatio y, asimismo, que en la Galia no había ningún título similar y el concilio se llevó a cabo durante el reinado y en tierras del rey visigodo Alarico II, por lo que no sería raro hallar un obispo hispano que pudiera encontrarse en aquel momento en la corte de Toulouse y asistiera al concilio.

​La ausencia de Pedro durante este período, que supuestamente permanecería en la corte visigoda, sirve de motivo a Flórez y Fernández del Pulgar para explicar las cartas que Montano, arzobispo de Toledo envió en el 527 al territorio palentino, como veremos a continuación.

El obispado de Palencia en época visigoda

Las cartas del arzobispo Montano de Toledo a Palencia (527)

La primera noticia cierta sobre la existencia de un obispado en la ciudad de Palencia procede del II Concilio de Toledo, celebrado en el año 527 bajo el reinado de Amalarico. En el anexo a las actas conciliares se han conservado dos cartas que el arzobispo de Toledo, Montano, dirigió a los habitantes del territorio palentino.1

La primera misiva narra que la sede seguía estando vacante después de muchos años y denuncia dos hechos: que se había invitado a obispos del reino suevo a consagrar iglesias en las tierras de la diócesis palentina, algo que contravenía los intereses del rey; y critica las alabanzas que por palabra, no por obra, se hacia en dicho territorio de la herejía priscilianista y denuncia la bendición del crisma por sacerdotes, que toman así una función propia de los obispos.

La segunda carta de Montano va dirigida a un personaje llamado Toribio, quien debía de ser un alto cargo eclesiástico en Palencia, aunque no es citado como obispo. Incide en los mismos temas que la primera carta, pero especificando que los obispos extranjeros no debían de entrar en los municipios de Buitrago, Coca y Segovia y que si esta amonestación no daba resultado, demandaría a Toribio ante el rey y ante Erganes, probablemente un juez regio en dicha comarca. No podemos asegurar si Toribio adquirió o no la dignidad episcopal.

El primer obispo conocido: Murila (a. 589 – c. 609)

El primer obispo del que tenemos constancia aparece en el III Concilio de Toledo (589): el obispo Murila. Acerca de él han llegado dos testimonios. El primero es su presencia, antes citada, en Toledo en el concilio del 589. Su nombre (escrito de muy diferentes formas Murila, Murillo, ​Murilla, ​Mavulanes,​ Mavila o Maurilano) es el segundo en la lista, lo cual indicaría que sería el segundo más longevo de los asistentes. Por otro lado, Ildefonso de Toledo lo cita en su obra De Viris Illustribus diciendo que fue el antecesor del obispo Conancio y que fue un obispo arriano que se convirtió al catolicismo coincidiendo seguramente con la conversión ordenada por el rey Recaredo.

Conancio (c. 609 – 639) y la escuela episcopal de Palencia

Conancio sucedió a Murila a fines del reinado de Witerico. Acudió a tres concilios del Toledo: el IV celebrado el 633 (Ecclesiae Palentinae episcopus subscripsi), el V en el año 636 (Ego Ecclesia Palentinae episcopus subscripsi) y el VI del año 638 (Ecclesia palentinae episcopus subscrips).

El obispo Conancio de Palencia aparece también en De Viris Illustribus de Ildefonso de Toledo donde dice que gobernó la sede durante treinta años y que destacó en la liturgia, la poesía y la música, usando en la prosa un lenguaje corriente y sin pretensión. Según la Vita Fructuosi, una obra hagiográfica sobre San Fructuroso de Braga, este obispo fue discípulo de Conancio de Palencia, adonde acudió a una escuela episcopal.

Ascárico, Concordio y Basualdo

El siguiente obispo conocido de Palencia es Ascárico, quien acudió al VIII Concilio de Toledo (653). Se suele atribuir que, bajo su gobierno, se construyó la cripta de San Antolín de Palencia pues coincide con el reinado del rey Wamba.

Su sucesor fue el obispo Concordio quien aparece en los concilios XI (675), XII (681), XIII (683), XIV (684) y XV (688) de Toledo. Concordio acudió personalmente a todos los concilios salvo al XIV, donde envió al prelado Gravidio.

El último obispo palentino de época visigoda conocido es Basualdo o Boroaldo, quien acudió al XVI Concilio de Toledo (693).

El obispo Julián de Palencia (c. 940 – c. 944)

Tras la destrucción del reino visigodo por el califato omeya de Damasco nada se sabe acerca de la sede episcopal de Palencia hasta el siglo X.

El 11 de abril del año 940 tenemos la primera aparición, tras más de doscientos años, de un obispo con sede en Palencia: “Julianus, Dei gratia seáis pallentinae episcopus”. El obispo Julián de Palencia confirma, junto con los obispos de Oviedo, Zamora, León, Astorga, Viseo, Lugo, Orense, Compostela y Coimbra, la donación de la iglesia de San Martín del valle de Parada y Cebraria de Astorga realizada por el rey Ramiro II al monasterio de Santiago de Peñalba.2

El 11 de noviembre de 944 aparece de nuevo firmando la donación del rey Ramiro II de la villa de Pozolos al monasterio de Sahagún: “Iulianus palentine sedis episcopus (signo)”.3 Y, por último, el 22 de noviembre de ese mismo año aparece (“episcopus Palentia sedis”) en un documento de ratificación del conde Ansur Fernández de Monzón y Castilla de la venta de Santa Eulalia de Agés al monasterio de San Salvador de Loberuela.4

Estas son las tres menciones documentadas sobre la figura de este obispo palentino. Es posible que a la vez que se crea, tras la victoria de Simancas, el condado de Monzón para la familia Ansúrez, se quiera dotar de una organización eclesiástica al territorio de la mano de la sede palentina.

También las fuentes musulmanas se hacen eco del obispo Julián. Ibn Hayyan, en su al-Muqtabis V, nos dice que con la embajada de paz que se formó para formalizar una tregua tras la batalla de Simancas, entre el 28 de julio y el 26 de agosto de 941, estuvieron entre otros, como testigos y embajadores en la corte califal, el obispo Julián. ¿Es posible que fuera mozárabe y acudiera allí por saber árabe?

Gonzalo Martínez Diez cree posible que este Julián sea un obispo sevillano, a quien, emigrado de su diócesis hispalense, se le encomendaría el nuevo obispado palentino. Para él, en el año 931 el obispo Julián ya es probable que rigiera la diócesis palentina desde el lugar de Castro Vivester, despoblado actual a orillas del Esgueva, para pasar a establecerse con posterioridad, probablemente el año 937 y con certeza el 940, desde la propia ciudad de Palencia hasta al menos el año 944 y posiblemente hasta más allá del 950.5

Nada más se sabe del obispado de Palencia hasta su completa restauración en el siglo XI. Hay noticias de un obispo de nombre Sindonio en el monasterio de Dueñas en el 974 que no sabemos si fue o no sucesor de Julián.6

La restauración definitiva de la sede palentina por Sancho III de Pamplona (1034)

La restauración oficial de la diócesis palentina por Sancho III de Pamplona, gobernante de facto de los condados de Castilla y Monzón, tuvo lugar el 21 de diciembre de 1034. Pero con anterioridad el rey pamplonés había encomendado la restauración del obispado palentino al monje catalán Poncio o Ponce.

En el año 1025, Poncio fue promovido al obispado de Oviedo, desde donde, en torno al año 1030, partió hacia tierras palentinas para organizar la segunda restauración de la diócesis. Para ello se asentaría en la abadía de Santa María de Husillos. Allí aparece en un documento del 30 de junio del 1033: “Pontius, Dei gratia Palentine ecclesie episcopus”; y en un documento de Sahagún del 30 de noviembre de 1033 que dice: “Pontius episcopus in Sancta Martia de Fusellos”.7

El rey Sancho el Mayor, en un diploma fechado el 21 de diciembre de 1034, dirigido al obispo Poncio y a Bernardo, después obispo de Palencia, aprobaba la creación y dotación de la diócesis palentina, fijando sus límites.​8 Ponce vuelve a aparecer el 21 de enero de 1035 en la ceremonia de consagración de la catedral de San Antolín de Palencia junto con el nuevo obispo de Palencia Bernardo que «fue elegido por consejo del mismo Don Ponce».9

Los límites geográficos establecidos por Sancho III para la diócesis de Palencia en 1034, estaban señalados en el oeste por el río Cea hasta el Duero, en el este por el Pisuerga, y por las villas de Peñafiel, Portillo y Sieteiglesias (en la confluencia entre los ríos Adaja y Eresma).

El 17 de febrero de 1035 Bermudo III confirmó la nueva diócesis y amplió sus dominios, sobre todo a costa de las diócesis de León y del condado de Castilla, que poco después será centralizada en Burgos. Le asignó los derechos episcopales sobre los alfoces de Abia, Herrera, Castrojeriz, Villadiego, Amaya, Ibia, Iguña, Astudillo, La Vid y Campoo hasta los términos de Santillana.10

Mapa del obispado de Palencia en 1035
Mapa del obispado de Palencia tras su restauración por Sancho III. Tomado de Vaca Lorenzo, Ángel: El obispado de Palencia desde sus orígenes, Actas del I Congreso de Historia de la Iglesia y el Mundo Hispánico, Hispania Sacra, 52 (2000)
Mapa del obispado de Palencia con las nuevas propiedades confirmadas por Bermudo III. Tomado de Vaca Lorenzo, Ángel: El obispado de Palencia desde sus orígenes, Actas del I Congreso de Historia de la Iglesia y el Mundo Hispánico, Hispania Sacra, 52 (2000)
Mapa del obispado de Palencia con las nuevas propiedades confirmadas por Bermudo III. Tomado de Vaca Lorenzo, Ángel: El obispado de Palencia desde sus orígenes, Actas del I Congreso de Historia de la Iglesia y el Mundo Hispánico, Hispania Sacra, 52 (2000)

La leyenda de su restauración

La restauración también tiene su versión legendaria que nos ha llegado, por ejemplo, en el cantar de gesta las Mocedades del Cid: Estando de caza el rey Sancho III en las cercanías de Palencia, el monarca cayó en una hoya mientras cabalgaba. Allí vio la cueva y descubrió un epitafio que le informaba que hacia trescientos años que ese lugar había sido derrumbado y que había un cuerpo santo en el lugar, el de San Antolín.

La sede de Palencia durante el siglo XI y la delimitación definitiva de su territorio

El sucesor del obispo Poncio fue Bernardo I, quien se mantuvo en la sede hasta el año 1059. Su nombre, por ejemplo, aparece en la famosa lápida de Husillos datada en el 1039.

A su muerte fue sucedido por el obispo Miro Aldobaldiz, momento en el cual los obispos limítrofes, aquellos que se habían visto perjudicados por la nueva demarcación, volvieron a exponer sus quejas al rey, a la sazón Fernando I.

Fernando I se vio en la obligación de dictar una resolución sobre la dotación y configuración territorial del nuevo obispado de Palencia. Por ello, el 29 de diciembre del 1059, confirmó, en primer lugar, al obispo Miro y a sus sucesores de un modo más explícito el dominio sobre la ciudad de Palencia y sus gentes, así como sobre otros derechos y bienes de la diócesis ya donados por su padre, el rey Sancho III. Y en segundo lugar, atiende las quejas de los obispos Alvito de León y Gómez de Oca sobre la disminución territorial de sus respectivas diócesis con una nueva y más determinada configuración territorial de la de Palencia.11

Mapa del obispado de Palencia tras las acciones de Fernando I (1059). Tomado de Vaca Lorenzo, Ángel: El obispado de Palencia desde sus orígenes, Actas del I Congreso de Historia de la Iglesia y el Mundo Hispánico, Hispania Sacra, 52 (2000)
Mapa del obispado de Palencia tras las acciones de Fernando I (1059). Tomado de Vaca Lorenzo, Ángel: El obispado de Palencia desde sus orígenes, Actas del I Congreso de Historia de la Iglesia y el Mundo Hispánico, Hispania Sacra, 52 (2000)

Miro Aldobaldiz se mantuvo en la sede hasta el año 1062. Fue sucedido por los obispos Alonso Martínez (1063-1075) , Bernardo II (1075-1085) y Raimundo I (1085-1108). Bajo este último obispo el rey Alfonso VI volvió a dictaminar sobre los límites del obispado en un documento del 31 de marzo del 1090.12


  1. Juan Tejada y Ramiro: Colección de cánones de la iglesia española, vol. II, pp. 208-212 Versión en latín y castellano.
  2. Quintana Prieto, A.: Peñalba (estudio histórico sobre el monasterio berciano de Santiago de Peñalba). León 1963, doc. I, 120
  3. MÍNGUEZ, Sahagún, I, núm. 93, 123-124.
  4. Del Álamo, J. : Colección diplomática de San Salvador de Oña (822-1284). Madrid, CSIC, 1950, tomo I, núm. 2, 6.
  5. Martínez Díez, G: Restauraciones y límites de la diócesis palentina, Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses, ISSN 0210-7317, Nº. 59, 1988, págs. 353-354
  6. González, J: V Siglos de Reconquista, Historia de Palencia. Volumen I: Edades Antigua y Media. Falencia, Excma. Diputación Provincial, 1984, p. 182
  7. Del Álamo, J. : Colección diplomática de San Salvador de Oña (822-1284). Madrid, CSIC, 1950, tomo I, doc. 26; y Herrero de la Fuente, M.: Colección diplomática del monasterio de Sahagún (857-1230). II (1000-1073). León, Centro de Estudios e Investigaciones San Isidoro, 1988, doc. 435.
  8. Abajo Martín, Teresa: Documentación de la catedral de Palencia (1035-1247), Burgos, 1986, doc. 1
  9. Abajo Martín, Teresa: Documentación de la catedral de Palencia (1035-1247), Burgos, 1986, doc. 2
  10. Abajo Martín, Teresa: Documentación de la catedral de Palencia (1035-1247), Burgos, 1986, doc. 4
  11. Abajo Martín, Teresa: Documentación de la catedral de Palencia (1035-1247), Burgos, 1986, doc. 9
  12. Abajo Martín, Teresa: Documentación de la catedral de Palencia (1035-1247), Burgos, 1986, doc. 15

Bibliografía

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