Córdoba, junto con Burgos, son las dos capitales protagonistas de la leyenda de los Siete Infantes de Lara. Mientras el cantar original situaba la derrota y muerte de los infantes en el campo soriano de Araviana, en la frontera cristiano-musulmana del siglo X, las tradiciones cordobesas modifican lo escrito en las crónicas y proponen su propia versión.

Un Sumario de Crónicas de España, hecho a fines del siglo XIV, decía que los siete infantes «fueron muertos cerca de Córdoba». El historiador del siglo XVI Ambrosio de Morales precisa que la muerte fue «en el campo de Albácar, castillo famoso a cuatro leguas de Córdoba, donde las sierras abren ancho llano para se poder dar una batalla». Ese castillo de Albácar está efectivamente a cuatro leguas de Córdoba, sobre el río Guadiato, y allí se señala un campo de Arabiana, quizá nombre erudito colocado allí para competir con el Arabiana de Soria. En 1615, Ambrosio de Salazar, maestro de español en la corte de París, en una violenta discusión lexicográfica con el gramático francés César Oudin, también maestro de español, le corrige (muy sin razón por cierto) el significado de la voz tremedal, diciéndole “que es un montón de piedras como el que está en los campos de Arabiana, junto a Córdoba, no sé si pasaste por allí…, donde hay un calvario que es donde murió Gonzalvillo, el menor de los Laras”.

Salazar usa aquí la voz calvario en el mismo sentido que montículo; y a este propósito recuerdo que un erudito cordobés del pasado siglo, Luis Ramírez Casas-Deza, en un artículo publicado en el Semanario Pintoresco de 1849, sobre la muerte de los siete infantes, escribe: «en la misma Córdoba se designa otro sitio de sus muertes a una legua de la ciudad, cerca del santuario de Nuestra Señora de Linares, y allí se ven como señales siete montones de piedras que se han ido formando desde tiempos muy antiguos«. Se refiere a la vieja costumbre existente entre muchos pueblos, de señalar el sitio donde ha ocurrido una muerte violenta, arrojando el transeúnte en aquel lugar una piedra, acompañada de una oración o una maldición según la calidad de la víctima; de modo que los siete montículos en Nuestra Señora de Linares o en el campo de Albácar, formados desde tiempos muy antiguos, nos revelan un culto popular a la memoria de los jóvenes burgaleses caídos en defensa de la fe religiosa y de la fe civil de la España reconquistadora.

La ermita de Nuestra Señora de Linares

Esta ermita (en la imagen), edificada en 1862, aprovechó el edificio de un antiguo castillo o torre vigía musulmana, pues aún conserva una torre de posiblemente del siglo IX o X. Probablemente este fuera el castillo de Albácar. Según la tradición fue el lugar donde Fernando III eligió que se hiciera el primer templo dedicado a la Virgen en Córdoba, poco antes de su conquista definitiva. Desconozco si hoy en día se conservan los montículos de piedras en sus cercanías.

Más información sobre la ermita en http://www.virgendelinares.com/.

Agradecimientos: Debo el descubrimiento de esta información al artículo que José Manuel Molina publicó en este enlace:http://enigmasdecordoba.blogspot.com.es/2010/11/los-infantes-de-lara.html.

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