[Galia Narbonense, s. VIII – ?, d. 784] Agila o Egila. Obispo de Iliberri

Lo que conocemos de él se debe a tres cartas del papa Adriano I: la epístolas 95 y 96, dirigidas al obispo Egila, aunque sin mencionar la sede; y la 97, dirigida a los obispos de Hispania.1

Seguramente era de origen visigodo y procedente de la Galia Narbonense, zona que había pertenecido al reino visigodo y que permaneció bajo poder andalusí hasta que entre los años 752 y 760 fue conquistada por los francos.

Fue ordenado por Wulcharius, arzobispo de la Galia quien así se lo propuso al papa Adriano (772-795):

Hace algún tiempo que Wulchario, arzobispo de las Galias, se interesó ante Nos en favor de Egila para que le consagrásemos obispo, alabándonosle sobremanera en cuanto a su fe, sus costumbres y sus actos, rogándonos que, una vez consagrado, le enviásemos a esas vuestras partes a predicar. Nos, dando fe a las palabras y ruegos del dicho arzobispo Wulchario, le dimos a él mismo la acostumbrada licencia para que lo examinara canónicamente, y dado que, después de una investigación y examen serio y a fondo, le hallara católico y recto en todo, le ordenase de obispo con la condición de
que no aceptase ni usurpase ninguna silla ajena, antes se contentase con ofrecer a Dios el lucro de las almas. Luego, le enviamos a esas vuestras partes acompañado del presbítero Juan.

Carta 97 de Adriano I, a los obispos de Hispania

No se le asignó, en principio, sede episcopal concreta, sino que se le envió a predicar a Hispania, acompañado por el presbítero Juan, con el objetivo de combatir varias ideas consideradas heréticas como el migecianismo. Esta misión no parece en absoluto una legación papal al uso, puesto que la iniciativa de la misma partió del arzobispo Wulcario. Por lo tanto, desde el punto de vista de la Iglesia hispana, era visto como una injerencia franca.

En principio, los frutos obtenidos en su actividad pastoral fueron comunicados por carta al papa. A su vez, Adriano I le remitió dos cartas (Ad Egilam episcopum in partibus Spaniae), en el 782, en las que alababa su labor aunque le advertía de la peligrosidad de determinadas desviaciones heréticas que le rodeaban. En ambas se dirige a él como “al dilectísimo Egila, Obispo”. La segunda carta describe con detalle las herejías que circulaban en Al-Andalus en esa época, sobre todo referidas a la celebración de la Pascua y la prohibición de comer ciertos alimentos.

Pero, parece ser que al poco tiempo de su llegada a Al-Andalus, y contraviniendo el deseo de Adriano de que no obtuviera ninguna sede, fue nombrado obispo de Iliberis (en la actual provincia de Granada), cuando quedó vacante esta sede episcopal. Agila ejerció su episcopado probablemente entre el 777, tras el obispo Balduigio, y el 784, año en el que le sucedió Daniel.

Según la carta de Adriano a los obispos españoles, escrita en el 785, parece ser que, al final, Egila se alió con Migecio, cuyas doctrinas fueron condenadas en un concilio celebrado en Sevilla, por Elipando de Toledo. Así dice la carta del papa:

Mas ha llegado a nuestros oídos el rumor de que el dicho Egila, cosa la más lamentable, no predica la doctrina recta de la fe, antes se empeña en predicar los errores enseñados por su maestro Migecio, defendiéndolos con ardor, a más de otros capítulos y puntos fuera de la disciplina católica, según se nos dice. Si es así, vuestra fidelísima dilección, que en todo sigue la norma y disciplina de esta santa Iglesia Romana, en modo alguno dé crédito a su locura ni le sigan. Porque no creemos de ningún modo que ignore la doctrina de la Santa Iglesia Romana, y así confiamos que bastará una seria admonición, para que lo reduzcáis a la fe verdadera y ortodoxa.

Carta 97 de Adriano I, a los obispos de Hispania

Después ya no volvemos a tener noticias de él.


  1. Se pueden leer estas cartas en latín y su traducción al castellano en Roser Sabanés i Fernández: Los concilios de la provincia eclesiástica Bética en los siglos VIII y IX, Almuzara, 2022