[¿Córdoba?, 25 julio 717 – Toledo, c. 808] Arzobispo de Toledo y teólogo adopcionista

Según Enrique Flórez, en su España Sagrada, V, Cap. 5, nació el 25 de julio del 717, pues en la carta que escribió a Félix de Urgel, dice que el 25 de julio del 799 había cumplido ochenta y dos años.

Carecemos de información segura sobre el lugar del nacimiento de Elipando. Beato sugiere que había sido monje en Córdoba, de donde algunos deducen que habría nacido en aquella ciudad bética. Se apoya
esta hipótesis en el conocimiento que parece tener de las cosas del sur de España, pues alude a sus intervenciones en Sevilla y, sobre todo, da a entender que cuenta con numerosos partidarios en Córdoba, con los que mantiene un asiduo intercambio epistolar.

Se sabe que, antes de acceder a la silla toledana, adquirió, pese a su formación monacal, una cultura profana más que notable, y que frecuentó los círculos culturales islámicos, lo que le granjeó prestigio e influencia. Sucedió al arzobispo Cixila en torno al año 783.

Al poco de comenzar su gobierno estalló una sublevación en Toledo, en el 785, encabezada por
el hijo menor de Yusuf al-Fihri, de corta duración, que fue reprimida por el emir en persona.

Elipando, el defensor del adopcionismo

Ya en tiempos de su antecesor, Cixila, se habían producido, por el trato entre cristianos y musulmanes, ciertos planteamientos teológicos herejes sabelianos. Y coincidiendo con el arzobispado de Elipando, éste tuvo que combatir el migecianismo, una herejía propagada por Migecio en al-Andalus en torno al 780. Incluso el papa Adriano I, secundado por Wilcario, arzobispo de Sens, envió al recién nombrado obispo Egila, probablemente un hispano-godo, a Hispania, con el fin de promover una reforma, vinculada a Roma. El combate contra el migecianismo fue apoyado por Elipando pero, sin embargo, Migecio logró poner de su lado a Egila, lo que resultó en la Carta a Migecio, donde Elipando combate su herejía. El migecianismo fue condenado en el concilio de Sevilla del 784.

Sin embargo, en la iglesia hispana, y sobre todo dentro de la mozárabe, había aparecido una nueva corriente denominada adopcionismo, doctrina según la cual Cristo, como hombre, no es verdadero hijo de Dios, sino adoptivo: “el Logos divino había adoptado la humanidad en la naturaleza, no en la persona de Cristo”.

Esta corriente tuvo como principales seguidores a Elipando de Toledo, el abad Fidel de Asturias, el obispo Ascárico y el obispo Félix de Urgel. Opustos a ellos estaban Eterio, obispo de Osma, Teodulo de Sevilla y con Beato de Liébana. Eterio y Beatos fueron acusados de herejes por Elipando: “[…] no me consultan, sino que intentan darme una lección, pues son servidores del Anticristo”.

Por su parte, éstos redactaron (c. 786) su Tratado Apologético; obra interesante, pero de no muchos valores teológicos, cuyo punto central en debate era la palabra “adoptivo”. Ahora bien, según Livermore, “[…] en la Iglesia española, los términos ‘adoptivus’, ‘adoptatus’ eran constantemente empleados, mientras que en las demás iglesias occidentales habían sido sustituidos por expresiones de otro tipo”.

El adopcionismo, que no Elipando, fue condenado por primera vez en el Concilio de Ratisbona (julio-agosto del 792). A fines del 793, éste convocó un sínodo en Toledo, del que no se ha conservado documentación alguna. En la Pascua del 794, un Concilio en Francfort lo condena y otro convocado en Roma, en 798, por León III anatematizaba tanto a la herejía como a sus difusores.

A partir del año 800, se dejan de tener noticias sobre Elipando. Al parecer, permaneció en el error hasta su óbito; por el contrario, Félix —muerto en el 816—, parece ser que se retractó.

Las enseñanzas de Elipando sobrevivieron por escaso tiempo; se trataba de una herejía más sutil y menos al alcance del pueblo que la de Nestorio, de ahí su efímera existencia. Hacia el año 830 no quedaban rastros de estas enseñanzas en el norte cristiano, y en el 849, todavía es posible comprobar cómo Álvaro de Córdoba insta a un pariente suyo al abandono de tales puntos de vista sobre Cristo.

No se conoce la fecha exacta de su muerte. El martirologio escrito por Juan Tamayo de Salazar (Martyrolgium Hispanum Anamnesis o Commemoratio ómnium ss. Hispanorum, Ponyficum, Martyrum, Confessorum, Virginum, Viduarum, ac anctarum mulierum, 1651 – 1659) dice que fue el 25 de octubre del 808, aunque no es una fuente nada fiable.

Obras de Elipando de Toledo

Se conservan siete cartas escritas por Elipando:

  • Carta contra Migecio (Epistola Migetio haeretico directa sive Epistola in Migetium), condenando a Migecio como hereje. Estaría escrita antes del 785.
  • Símbolo de la fe que profesaba (Simbolus fidei Elipandianae). Forma parte del Libro I de la obra de Eterio y Beato. Empieza con una especie de autopresentación: “Yo, Elipando, arzobispo de la sede toledana, con todos los que están de acuerdo conmigo”.
  • Carta a Fidel (Epistola ad Fidelem) Conocemos la fecha de la carta por el tratado de Eterio y Beato. Elipando la escribió “en el mes de octubre de la era 823”, o sea, en octubre del 785. De ella tuvieron noticia directa Beato y Eterio un mes después con motivo de la profesión religiosa de la reina Adosinda, viuda del rey Silo, el 26 de noviembre. Conmovidos profundamente por la autoridad de Elipando y porque la carta había recorrido los rincones de Asturias ganando adeptos para su causa, Eterio y Beato compusieron su Tratado Apologético.
  • Carta a los obispos de Francia (Epistolae episcoporum Hispaniae ad episcopos Franciae). Es posiblemente el documento más importante entre los escritos de Elipando. Sabiendo que fuera de las fronteras españolas habían surgido opositores a sus tesis, hace una especie de manifiesto de la doctrina adopcionista tratando de confirmarla con textos de la Escritura, de los Santos Padres y de la Liturgia toledana.
  • Carta a Carlomagno (Epistolaeque episcoporum Hispaniae ad Karolum Magnum) Elipando sabía y reconocía que Carlomagno era el príncipe más importante de la cristiandad. Aunque la sede toledana quedaba fuera de la jurisdicción de Carlomagno, estaba convencido de que con su palabra o su poder podía inclinar cualquier balanza. Esta carta tiene escaso valor doctrinal en el contexto de la controversia.
  • Carta a Alcuino (Epistola ad Albinum sive Rescriptio de adoptione ad Alcuinum). Elipando reta a Alcuino para que le presente pruebas de Santos Padres “de que no hubo en el Hijo de Dios adopción alguna de la carne ni humanidad verdadera” y le acusa de haber mancillado al “reino de los reinos, Austrasia”, con sus herejías, lo mismo que Beato había hecho con las tierras astures. Por su parte, Alcuino escribió dos cartas a Elipando.
  • Carta a Félix de Urgel (Epistola ad Felicem episcopum Urgellensem sive Epistola ad Felicem nuper conversum), instándole a resistir después del Concilio de Roma y donde alaba al obispo Ascárico. Por la edad que Elipando asegura tener -81 años cumplidos-, esta carta pudo ser escrita después del encuentro de Félix con Alcuino en Aquisgrán el año 799 y del concilio celebrado en Roma el mismo año. En consecuencia, Félix se encontraba, según el parecer del Primado, en una fase de fidelidad a la doctrina adopcionista después del concilio y las abjuraciones de Roma (799).